Nuevas aportaciones de la organización WikiLeaks

WikiLeaks (WikiFiltraciones o WikiFugas en inglés) es una organización que desde el año 2006 publica en su web informes y documentos filtrados con contenido muy interesante, sensible en materia religiosa, corporativa o gubernamental, preservando el anonimato de sus fuentes.

Para ello, la organización ha habilitado una web, War logs, donde cualquier lector puede navegar con facilidad sobre los archivos.

Su actual director es el australiano Julian Assange y como es de suponer no goza de las simpatías de los grandes poderes.

En la foto aparece en la rueda de prensa que ha dado esta mañana en Londres para defender su segunda publicación masiva de documentos secretos sobre la guerra de Irak y para anunciar la publicación en breve de una nueva remesa de 15.000 informes sobre las operaciones del Ejército del Estados Unidos en Afganistán.

Respecto a ésto, anoche colgó en su web 391.000 páginas con las que trata de dar una información neutral de lo ocurrido durante el conflicto, como el uso sistemático de torturas, los 109.000 muertos en Irak entre 2003 y 2009 -el 63% de ellos, civiles-, y las ayudas de Irán a las milicias iraquíes, como revelaciones principales.

En la misma rueda de prensa, el abogado Phil Shiner, del grupo Public Interest Lawyers, ha asegurado que los documentos demuestran que en algunos momentos se puede demostrar la presencia de fuerzas británicas en algunas acciones ilegales que podrían ser objeto de un proceso judicial.

Como demuestran los documentos publicados, el Ejército iraquí formaba parte de un sistema creado por la coalición ocupante basado en hacer la ‘vista gorda’.

Existe una gran cantidad de informes médicos sobre presos que fueron encapuchados, colgados por muñecas o tobillos y sometidos a electro shocks o palizas. Pero parece demasiado fácil hacer que recaigan todas las barbaridades cometidas en Irak sobre el Ejército o las fuerzas de seguridad iraquíes (El recuerdo de Abu Ghraib sigue presente).

Para empezar, porque las fuerzas de la coalición conformaron, dieron el visto bueno y adiestraron a ese nuevo Ejército.

Para continuar, por datos como los siguientes: EEUU estuvo involucrado en la muerte de más de 600 civiles en los ‘check points’. Y eso, tal y como indica el periódico estadounidense, fue una de las principales causas que provocaron un aumento de la violencia sectaria a partir del tercer año de la guerra. (Ver tabla siguiente)

Fuentes: Diario Público, El País, The Guardian y Wikipedia.

¡¡Qué envidia me da Francia!!

…y qué pena España.

No puedo evitar comparar la activa sociedad francesa defendiendo sus amenazados derechos frente a la narcotizada ciudadanía española plegándose con docilidad a los sucesivos abusos que vienen perpetrando nuestros políticos gobernantes.

Creo que con la de hoy, si no he perdido la cuenta, van nueve huelgas generales y con todo, las manifestaciones de hoy en París han batido records de fechas anteriores.

Las protestas piden -entre otras cosas-  la retirada de un proyecto de ley del Gobierno de Nicolas Sarkozy, que se debate actualmente en el Senado y que pretende retrasar la edad legal de jubilación de 60 a 62 años, mientras que nuestra legislación pretende llevar la nuestra hasta los 67 años.

Ante el fraude y la ruptura del contrato social consistente en dejar que nos gobiernen los mercados, la codicia y los poderes financieros en lugar de los gobiernos democráticamente elegidos, parece que por ahora sólo podemos mirar a Francia para recuperar alguna esperanza.

Bin Laden tiene piso en Caracas

Isaac Rosa,  en Público

“El gobierno de Hugo Chávez no sólo da amparo y cobijo a los etarras, sino que también les asesora, adiestra y les prepara para cometer atentados.” -Carmelo Barrio, Diputado del PP en el Parlamento Vasco-

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No sé qué hacen buscando a Bin Laden en desiertos remotos y montañas lejanas, cuando es de sobra conocido que el líder de Al Qaeda vive en Venezuela, protegido por el gobierno venezolano (perdón, el régimen venezolano, o sea, el régimen de Chávez, es decir, la dictadura chavista). ¿Qué no me creen? Vale, pero no me negarán que al menos es verosímil. Hagan la prueba con sus amistades, díganles que en el telediario han contado que Bin Laden está en Venezuela, y ya verán como no ponen mucha cara de sorpresa.

La verosimilitud se construye a base de años lanzando mensajes que apuntan a la Venezuela de Hugo Chávez como la capital del mal universal, donde caben todos los villanos que en el mundo son. Hoy toca ETA, ayer las FARC, pero también se le ha querido vincular con los planes atómicos de Irán, con Hezbolá, y sí, con Al Qaeda, que recuerdo unas informaciones hace años sobre campos de entrenamiento de Bin Laden en el país.

Ayer un diario español comenzaba su información así: “Una vez más, las siglas de ETA se unen al Gobierno de Hugo Chávez.” En efecto, de eso se trata, de conseguir a toda costa que aparezcan Chávez y ETA en la misma frase. Para eso basta la declaración de un terrorista durante el período de incomunicación, porque por lo visto los terroristas nunca mienten al ser interrogados. ¿Nunca mienten? No sé, yo prefiero no creerme lo que dicen, porque hay muchos precedentes de acusaciones en el aire (ahí está Egunkaria, donde había incluso supuestos documentos); pero sobre todo porque, por coherencia, si creo a un etarra cuando apunta a Venezuela, también debería creerle cuando horas después denuncia torturas. ¿En qué quedamos, les creemos o no?

Que unos cuantos etarras se entrenasen en Venezuela tampoco sería tan extraño, pues allí cuentan con una buena colonia que les dé cobertura, y en Francia ya está muy complicado. Pero incluso si así fuera, hay un salto enorme entre decir “entrenados en Venezuela” y “entrenados por Venezuela”; salto que ayer daban muchos sin vértigo alguno. Pero con Chávez, contra Chávez, vale todo. Y además es verosímil.

CHÁVEZ NO AMPARA A ETA

Juan Carlos Escudier en Público

Dos presuntos etarras han declarado haber recibido adiestramiento en Venezuela en un curso organizado por un viejo activista de la banda, Arturo Cubillas, que trabaja en la Administración de aquel país. Quienes crean haber encontrado la prueba de la connivencia entre Chávez y ETA deberían conocer antes otras cosas. La primera es que buena parte de los etarras que viven en Venezuela se instalaron hace casi 30 años, entre ellos el ya citado Cubillas, deportado desde Francia en 1989. Allí se casó, montó un restaurante con el nombre de su comando –Oker- y ya desde 1995, cuatro años antes de que Chávez llegara al poder, era citado por el ABC como “el gallito de la comunidad etarra”.

Cubillas, es cierto, tiene un puesto menor en el Ministerio de Agricultura, empleo que probablemente deba a su mujer, la periodista de origen vasco Goiceder Odriozola, quien ha ocupado diversos cargos en Venezuela, entre ellos el de directora de relaciones institucionales del Ministerio para el Deporte. Odriozola gozaba de alguna influencia política años antes del ascenso de Chávez. ¿La prueba? El diario antes aludido relataba que en 1995 la Policía detuvo a Cubillas por incumplir el trámite de presentarse mensualmente ante las autoridades y no pudo hacer lo mismo con su señora porque tres congresistas acudieron a su domicilio y lo impidieron.

¿Colabora Venezuela con la Justicia española? Hasta el punto de haber deportado ilegalmente a España a dos etarras en 2002. A raíz de aquella acción, Chávez trató de evitar la condena de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos indemnizando a los deportados y nacionalizando a otros cuatro etarras, pero desistió de su propósito por indicación del Gobierno español.  ¿Extraditará Venezuela a Cubillas? Pues no, porque el etarra tiene la nacionalidad venezolana y su Constitución lo prohíbe. Sólo podría ser entregado si los delitos que se le atribuyen fueran anteriores a su naturalización, aunque eso no excluye su enjuiciamiento a solicitud de España.

A Venezuela se le pidió el favor de acoger etarras hace tres décadas y lo hizo. En ese tiempo, unos rehicieron sus vidas, otros continuaron vinculados a la banda y un tercer grupo buscó allí refugio por su cuenta. A Chávez se le puede pedir colaboración, pero  sería injusto acusarle de connivencia.

Somalia: Lo que gastamos en mantener a nuestros corsarios frente a los piratas locales

Hace unos días se ha hecho público que enviar a nuestros pesqueros a esquilmar el Índico, aprovechando la ausencia de regulación de un estado fallido como es Somalia, se cifra en un millón de euros anuales.

Frente a los medios de comunicación españoles que, como acostumbran, no han ido más allá  del estereotipo de unos piratas que han descubierto un  lucrativo filón en el negocio del secuestro y los rescates, se alzan otras voces denunciando esa explotación pesquera protegida por mercenarios (empresas de seguridad privada, se llaman ahora) y militares que financiamos a medias con los armadores de los barcos.

Así lo manifestaba en octubre el primer ministro somalí, Omar Abdirashid Ali Sharmarke, quien dijo que son muchos los países que están pescando ilegalmente en Somalia, empujando a antiguos pescadores a este negocio.

Otros, como el investigador noruego Stig Jarler Hansen, en un informe reciente sobre piratería apoyado por el Ministerio noruego de Defensa, señalan que muchos de éstos son policías y guardacostas entrenados por peregrinos programas de cooperación para vigilar las costas. Al acabarse estos proyectos, cientos de somalíes se vieron con formación militar y sin sueldo.

Ésta es también la teoría defendida por la investigación llevada a cabo por periodistas de Al Jazeera, Huffington Post y WardheerNews, incluida en la selección de las 25 noticias más censuradas de 2009.

Entre otras muchas consideraciones económicas que se pueden hacer, son 200.000 las toneladas de atún que al año son suministradas desde el Índico para el consumo español, gracias a una flota de factorías flotantes y son 300 millones de euros al año la estimación de las pérdidas que provoca, ésta nuestra pesca pirata, a Somalia.

¿ES TAN MALO SER ANTISISTEMA?

FRANCISCO FERNÁNDEZ BUEY y JORDI MIR,  en PÚBLICO

Venimos observando que, en los últimos tiempos, los medios de comunicación de todo tipo han puesto de moda el término antisistema. Lo usan por lo general en una acepción negativa, peyorativa, y casi siempre con intención despectiva o insultante. Y aplican o endosan el término, también por lo general, para calificar a personas, preferentemente jóvenes, que critican de forma radical el modo de producir, consumir y vivir que impera en nuestras sociedades, sean estos okupas, altermundialistas, independentistas, desobedientes, objetores al Proceso de Bolonia o gentes que alzan su voz y se manifiestan contra las reuniones de los que mandan en el mundo.

Aunque no lo parezca, porque enseguida nos acostumbramos a las palabrejas que se ponen de moda, la cosa es nueva o relativamente nueva. Así que habrá que decir algo para refrescar la memoria del personal. Hasta comienzos de la década de los ochenta la palabra antisistema sólo se empleaba en los medios de comunicación para calificar a grupos o personas de extrema derecha. Vino a sustituir, por así decirlo, a otra palabra muy socorrida en el lenguaje periodístico: ultra. Pero ya en esa década la noción se empleaba principalmente para hacer referencia a las posiciones del mundo de Herri Batasuna en el País Vasco. En la década siguiente, algunos periódicos a los que no les gustaba la orientación que estaba tomando Izquierda Unida ampliaron el uso de la palabra antisistema para calificar a los partidarios de Julio Anguita y la mantuvieron para referirse a la extrema derecha, a los partidarios de Le Pen, principalmente, y a la llamada izquierda abertzale. Así se mataba de un solo tiro no dos pájaros (de muy diferente plumaje, por cierto) sino tres.

Esa práctica se ha seguido manteniendo en la prensa aproximadamente hasta principios del nuevo siglo, cuando surgió el movimiento antiglobalización o altermundialista. A partir de entonces se empieza a calificar a los críticos que se manifiestan de grupos antisistema y de jóvenes antisistema. Pero la calificación no era todavía demasiado habitual en la prensa, pues el periodista de guardia de la época, Eduardo Haro Teglen, en un artículo que publicaba en El País, en 2001, aún podía escribir: “Las doctrinas policiales que engendra esta globalización que se hace interna hablan de los grupos antisistema. No parece que el intento de utilizar ese nombre haya cundido: se utilizan los de anarquismo, desarraigo, extremismo, agitadores profesionales. Pero el propio sistema tendría que segregar sus modificaciones para salvarse él si fuera realmente un sistema y no sólo una jungla, una explosión de cúmulos”.

En cualquier caso, ya ahí se estaba indicando el origen de la generalización del término: las doctrinas policiales que engendra la globalización. Desde entonces ya no ha habido manifestación en la que, después de sacudir convenientemente a una parte de los manifestantes, la policía no haya denunciado la participación en ellas de grupos antisistema para justificar su acción. Pasó en Génova y pasó en Barcelona. Y también desde entonces los medios de comunicación vienen haciéndose habitualmente eco de este vocabulario.

El reiterado uso del término antisistema empieza a ser ahora paradójico. Pues son muchas las personas, economistas, sociólogos, ecólogos y ecologistas, defensores de los derechos humanos y humanistas en general que, viendo los efectos devastadores de la crisis actual, están declarando, uno tras otro, que este sistema es malo, e incluso rematadamente malo. Académicos de prestigio, premios Nobel, algunos presidentes en sus países y no pocos altos cargos de instituciones económicas internacionales hasta hace poco tiempo han declarado recientemente que el sistema está en crisis, que no sirve, que está provocando un desastre ético o que se ha hecho insoportable. Evidentemente, también estas personas son antisistema, si por sistema se entiende, como digo, el modo actualmente predominante de producir, consumir y vivir. Algunas de estas personas han evitado mentar la bicha, incluso al hablar de sistema, pero otras lo han dicho muy claro y con todas las letras para que nadie se equivoque: se están refiriendo a que el sistema capitalista que conocemos y en el que vivimos unos y otros, los más moran o sobreviven, es malo, muy malo.

Resulta por tanto difícil de entender que, en estas condiciones y en la situación en que estamos, antisistema siga empleándose como término peyorativo. Si analizando la crisis se llega a la conclusión de que el sistema es malo y hay que cambiarlo, no se ve el motivo por el cual ser antisistema tenga que ser malo. El primer principio de la lógica elemental dice que ahí hay una incoherencia, una contradicción. Si el sistema es malo, y hasta rematadamente malo, lo lógico sería concluir que hay que ser antisistema o estar contra el sistema. Tanto desde el punto de vista de la lógica elemental como desde el punto de vista de la práctica, es indiferente que el antisistema sea premio Nobel, economista de prestigio, okupa, altermundista o estudiante crítico del Proceso de Bolonia.

Si lo que se quiere decir cuando se emplea la palabreja es que en tal acción o manifestación ha habido o hay personas que se comportan violentamente, no respetan el derecho a opinar de sus conciudadanos, impiden la libertad de expresión de los demás o atentan contra cosas que todos o casi todos consideramos valiosas, entonces hay en el diccionario otras palabras adecuadas para definir o calificar tales desmanes, sean éstos colectivos o individuales. La variedad de las palabras al respecto es grande. Y eligiendo entre ellas no sólo se haría un favor a la lengua y a la lógica sino que ganaríamos todos en precisión. Y se evitaría, de paso, tomar la parte por el todo, que es lo peor que se puede hacer cuando analizamos movimientos de protesta.
Francisco Fernández Buey y Jordi Mir son del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales (CEMS)-Universidad Pompeu Fabra

Ilustración de Iker Ayestaran