CHÁVEZ NO AMPARA A ETA

Juan Carlos Escudier en Público

Dos presuntos etarras han declarado haber recibido adiestramiento en Venezuela en un curso organizado por un viejo activista de la banda, Arturo Cubillas, que trabaja en la Administración de aquel país. Quienes crean haber encontrado la prueba de la connivencia entre Chávez y ETA deberían conocer antes otras cosas. La primera es que buena parte de los etarras que viven en Venezuela se instalaron hace casi 30 años, entre ellos el ya citado Cubillas, deportado desde Francia en 1989. Allí se casó, montó un restaurante con el nombre de su comando –Oker- y ya desde 1995, cuatro años antes de que Chávez llegara al poder, era citado por el ABC como “el gallito de la comunidad etarra”.

Cubillas, es cierto, tiene un puesto menor en el Ministerio de Agricultura, empleo que probablemente deba a su mujer, la periodista de origen vasco Goiceder Odriozola, quien ha ocupado diversos cargos en Venezuela, entre ellos el de directora de relaciones institucionales del Ministerio para el Deporte. Odriozola gozaba de alguna influencia política años antes del ascenso de Chávez. ¿La prueba? El diario antes aludido relataba que en 1995 la Policía detuvo a Cubillas por incumplir el trámite de presentarse mensualmente ante las autoridades y no pudo hacer lo mismo con su señora porque tres congresistas acudieron a su domicilio y lo impidieron.

¿Colabora Venezuela con la Justicia española? Hasta el punto de haber deportado ilegalmente a España a dos etarras en 2002. A raíz de aquella acción, Chávez trató de evitar la condena de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos indemnizando a los deportados y nacionalizando a otros cuatro etarras, pero desistió de su propósito por indicación del Gobierno español.  ¿Extraditará Venezuela a Cubillas? Pues no, porque el etarra tiene la nacionalidad venezolana y su Constitución lo prohíbe. Sólo podría ser entregado si los delitos que se le atribuyen fueran anteriores a su naturalización, aunque eso no excluye su enjuiciamiento a solicitud de España.

A Venezuela se le pidió el favor de acoger etarras hace tres décadas y lo hizo. En ese tiempo, unos rehicieron sus vidas, otros continuaron vinculados a la banda y un tercer grupo buscó allí refugio por su cuenta. A Chávez se le puede pedir colaboración, pero  sería injusto acusarle de connivencia.

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