Grecia: esperanzas y decepciones

El Gobierno de Alexis Tsipras se enfrenta a las enormes expectativas generadas

Hibai Arbide Aza, desde Atenas para Diagonal

El 28 de enero de 2015, Yanis Varou­fakis acudió por primera vez a su despacho en el Ministerio de Fi­nan­zas. Fue recibido con aplausos por las trabajadoras de la limpieza acampadas en la entrada. Se trataba de parte de las 595 mujeres que limpiaban las oficinas del ministerio hasta que fueron despedidas en septiembre de 2013 para ser sustituidas por una subcontrata. Entre ellas se en­contraba Evan­gelina, una de sus portavoces. Tras los aplausos, se acercó y le dijo que estaban felices por su nombramiento, pero que su lucha no acababa ahí. No desmontarían la acampada hasta que Syriza no cumpliera su promesa de readmitirlas. 

Las limpiadoras eran el principal símbolo de la lucha contra la austeridad desde 2012, el año en que se vaciaron las plazas y Syriza perdió unas elecciones. También fue el año en el que miles de personas, incluyendo las bases de Syriza, decidieron que esperar a una victoria electoral no era suficiente. La red Soli­darity 4 All tomó impulso y florecieron por todo el país –sobre todo en el cono urbano de Atenas– clínicas sociales, farmacias autogestionadas, comedores populares, bancos de tiempo y redes de intercambio.
La de las limpiadoras no fue la única demanda amigable pero firme que se encontró el nuevo Gobierno. La citada red solidaria también le esperaba con aplausos y exigencias. Y, más importante, con un diagnóstico de la situación, fruto del trabajo de base, que señalaba las urgencias: garantizar los suministros, bonos de comida, un sistema de tarjetas de débito para que las beneficiarias de las ayudas no sufran estigma en la cola del supermercado al adquirir los productos de primera necesidad. El nuevo Gobierno utilizó ese conocimiento activista para elaborar su plan de choque humanitario.

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Primeros resultados

El 18 de mayo había ya 212.897 solicitudes en el programa de ayudas contra la crisis humanitaria. Una semana antes, las limpiadoras desmontaron su campamento. Fueron readmitidas, junto a otros 4.000 funcionarios. El Gobierno anunció su intención de readmitir o contratar 11.000 más durante este año en lo que la prensa española interpretó como un desafío a las instituciones europeas. “No vamos a consultar a nuestros acreedores si podemos contratar funcionarios; somos un Estado soberano”, zanjó el ministro del Interior Voutsis en el Parlamento.  Ese mismo día, 11 de mayo, Nikos recuperaba su trabajo de editor de vídeo en la televisión pública ERT. Llevaba dos años alternando trabajos puntuales como freelance y paro, como otros 1.500 periodistas y técnicos. Cerrar ERT supuso la mayor crisis del anterior Gobierno.

El 18 de mayo, el Gobierno griego había recibido 212.897 solicitudes en el programa de ayudas.
Cristos prefiere no revelar su verdadero nombre. Es gitano, sin techo y gay. Tiene veintitantos años y trabaja en la entrada del metro vendiendo una publicación similar a La Farola. Puede leer lo que vende desde hace poco, hasta hace un año era analfabeto. Le gusta el teatro y recita de memoria un texto de Eurípides. Su vida no ha cambiado con el nuevo Gobierno y las expectativas no son halagüeñas. Sin embargo, sí ha experimentado una notable mejoría este año: tiene una nueva dentadura que muestra orgulloso mientras sonríe. Llevaba tiempo sin dientes, desde que los perdió en una paliza que le propinaron varios miembros de Amanecer Dorado. “Uno de ellos se llevó su merecido y acabó en el hospital pero eran muchos y yo estaba sólo. No pude ni defenderme”, cuenta sin perder la sonrisa.
Ya no son tan frecuentes las palizas, los repartos de comida “sólo para griegos” y las rondas por los comercios regentados por migrantes. “Los jefes están en la cárcel o siendo juzgados y los soldados rasos tienen miedo desde que metieron dos balazos en la nuca a dos de ellos en venganza por el asesinato del rapero Pablo Fisas. Ya no se atreven a ser tan visibles pero les siguen votando 300.000 personas”, explica María, joven ateniense.

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Junio, mes clave

Kostas es pintor de iconos religiosos, aunque no es creyente. Cree que los cambios prometidos no se han cumplido. “Es evidente que el nuevo Gobierno tiene un estilo diferente. Pero Syriza ganó las elecciones con el lema ‘Llega la esperanza’. Pues bien, la esperanza llegó y se fue”.
Marina trabaja en una guardería a jornada completa por un sueldo que no llega a los 500 euros. Discrepa. “No es lo que dijeron, pero la esperanza sigue, es lo último que se pierde. Se necesita mucho más tiempo, la gente sigue confiando en Varoufakis”, dice.
A la prensa internacional rara vez le importan las historias de gente como Evangelina, Nikos, Cristos, María, Kostas o Marina. Prefiere fijarse en las cifras macroeconómicas. Dice que Grecia ha vuelto a entrar en recesión, obviando que cuando supuestamente crecía su gente seguía empobreciéndose.
Desde el punto de vista macro, junio es el mes crucial. Acaba la prórroga del crédito acordado con el Eurogrupo. En junio también se presentan los resultados de la primera fase de la Comisión de la Verdad Sobre la Deuda que tiene por objetivo identificar la parte ilegítima, ilegal, odiosa o insostenible. Las negociaciones se llevarán a cabo con este elemento de fuerza, pero si no hay acuerdo Grecia entra en bancarrota.
Varoufakis ha puesto fecha: “Si no hay acuerdo, impagaremos al FMI el 5 de junio”. Marina apunta un par de meses más allá: “Yo tengo miedo de que todo pase en agosto, de que intenten imponer recortes mientras estamos de vacaciones. Si eres periodista, no te vayas lejos”.
Cuando Timeo de Tauromenio escribió la anécdota moral acerca de Damocles no podía ni imaginar lo útil que resulta su espada para explicar el momento por el que atraviesa Grecia.
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