Grecia vuelve a la (maldita) normalidad

Los bancos están abiertos, los bomberos apenas tienen medios para apagar incendios por los recortes, el gobierno incumple su programa, y cada día cientos, miles de refugiados sirios huyendo de la guerra cruzan el país… ¡Maldita normalidad!
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HIBAI ARBIDE AZA en ctxt

Nueva imagen (5)
Un grupo de refugiados sirios pasa el día en la plaza Omonia de Atenas. 

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“Ya está, se acabó”, dice Irini mientras abre la puerta de una sucursal bancaria en el barrio de Koukaki, centro de Atenas. Son las 8 de la mañana del lunes 20 de julio. Aunque se mantienen ciertos controles para evitar la fuga de capitales, las oficinas bancarias vuelven a estar abiertas al público.

Una pequeña cola formada por ocho personas esperan a que Irini abra para poder hacer los trámites que no han podido realizar el último mes. “Volvemos a la normalidad” dice un hombre de unos cincuenta años, vestido con traje y corbata.

El mismo día, lunes 20 de julio, entró en vigor la subida del IVA en el sector de la restauración y el transporte público. Es una de las medidas impuestas por el Eurogrupo como condición previa al tercer rescate.

Costas regenta una taberna especializada en carnes a la brasa en la calle Kolokotroni, cerca de la plaza Syntagma. “No sé cómo nos afectará la subida del IVA del 10 por ciento” dice a CTXT, “lo que tengo claro es que la credibilidad de Tsipras sí queda muy dañada. Ahora va a tener que pactar con el Pasok [socialdemócratas] o Potami [centro] porque casi 40 diputados de Syriza votaron en contra. Yo me siento representado por esos 40”.

“YO ME SIENTO REPRESENTADO POR ESOS 40 DIPUTADOS DE SYRIZA QUE VOTARON EN CONTRA DEL ACUERDO”, SEÑALA EL TABERNERO COSTAS.

Como señala Costas, el acuerdo con el Eurogrupo ha desatado una tormenta política en el seno de Syriza cuyas consecuencias aún no están claras. La más inmediata fue la remodelación del gobierno para sustituir a los cargos que se pronunciaron en contra del tercer rescate. El cambió más relevante es el cese de Panagiotis Lafazanis, ministro de reestructuración productiva, energía y medio ambiente. Le sustiutyó Panos Skourletis, un humbre de la confianza de Tsipras. Una docena de viceministros, secretarios de estado y altos cargos dimitidos han sido sustituidos.

Lafazanis es, además, el líder de la Plataforma de Izquierdas, la principal corriente crítica dentro de Syriza. El próximo viernes 24 de julio, Syriza ha convocado una reunión de su Comité Central. En ella se comprobará si Tsipras sigue contando con el respaldo de la mayoría dentro de la Coalición.

La Plataforma de izquierdas ha manifestado que no apuesta por la escisión, pero cada vez más voces de la misma abogan por separarse de Tsipras, a quien consideran responsable de la claudicación ante los acreedores.

La Plataforma cuenta con el 30 % de representación interna, pero 109 de los 201 miembros del Comité Central de Syriza propusieron votar en contra del acuerdo. Aún no se sabe qué posición tendrán los miembros de la dirección que, sin pertenecer a la corriente de Lafazanis, se posicionaron junto a ella la semana pasada.

El economista Kostas Lapavitsas es la voz más conocida de la Plataforma de Izquierdas. El pasado 17 de julio participó, junto a otros destacados intelectuales y activistas, en el congreso Democracy Rising celebrado en Atenas. Su conferencia se convirtió en una encendida discusión en la que partidarios y detractores de Tsipras se acusaron mutuamente de estar destruyendo Syriza. Lapavitsas sostuvo “nadie quiere dividir Syriza ni que caiga el gobierno” pero “el verdadero debate es por qué hemos aceptado un rescate igual que los rescates que venimos rechazando durante cinco años”.

El KOE, la segunda corriente crítica más importante de Syriza, es más dura. Uno de sus diputados sí ha dimitido y se espera que el resto lo hagan pronto. Considera que Syriza se ha convertido “en aquello que combatía” por reproducir “el régimen de la deuda que convierte a Grecia en un protectorado”.

Es probable que la reunión del Comité Central fijada para el próximo viernes 24 sea la última en la que participe el KOE. Si nada les hace recuperar la confianza perdida en el gobierno Tsipras, cuya política consideran anti-popular y catastrófica, abandonarán la coalición.

El viernes 17 de julio, cuando todas las miradas estaban puestas en la remodelación de gobierno, un incendió forestal eclipsó el nombramiento de los nuevos ministros. Enormes columnas de humo provenientes de las laderas del monte Ymittos, una de las tres montañas que rodean Atenas, fueron visibles desde casi cualquier punto de la capital helena.

“LA MITAD DE NUESTROS VEHÍCULOS NO FUNCIONAN Y NO HAY DINERO PARA REPARARLOS”, DENUNCIA YORGOS, BOMBERO DE LA ÁTICA.

Grecia ha sufrido devastadores incendios forestales durante la última década. En 2007, el año más trágico, 63 personas fallecieron y 6.000 perdieron sus casas. A pesar de ello, el cuerpo de bomberos ha sufrido grandes recortes desde 2010. “La mitad de nuestros vehículos no funcionan y no hay dinero para repararlos” denuncia a CTXT Yorgos, bombero de la región de Ática.

Panagiotis Lafazanis, al que sólo quedaban unas pocas horas como ministro antes de ser destituido por Tsipras, se desplazó hasta las inmediaciones del fuego. “O te quitas la chaqueta y vienes al monte con nosotros o te largas de aquí”, le increparon algunos de los vecinos. Se fue.

Dimitris, el jefe de la de la brigada de bomberos que extinguía las llamas, expresó a CTXT su convencimiento de que el fuego era provocado. “Los vecinos han visto que el fuego prendía en varios puntos a la vez. Pero es que aquí siempre es provocado. La ley prohíbe construir en suelo quemado pero se hace siempre. Se paga una pequeña multa y se legaliza la edificación. Siempre hay intereses urbanísticos detrás” dijo Dimitris.

Refugiados sirios

La normalidad son también los refugiados sirios que se reúnen en la plaza Omonia. Asma llegó a Atenas el sábado 18 de julio, procedente del campo de refugiados de Mitilini, en la isla de Lesbos. Abandonó Siria una semana antes, escapando de la guerra junto a su marido y sus cuatro hijos. Los niños tienen la cara quemada del sol y el salitre, del trayecto en patera entre Turquía y Grecia. Asma atiende a CTXT con extrema amabilidad en la plaza Omonia, en donde descansa unas horas antes de continuar su viaje hacia Alemania.

“En Grecia he encontrado gente maravillosa. En la isla, una familia nos invitó a comer en su casa varios días. Otras familias alojaban a niños por las noches. No era gente rica, pero compartieron lo que tenían con nosotros. Quiero que digas que estoy muy agradecida a la gente de Grecia, tienen buen corazón” dice Asma con una sonrisa. Su marido aplica crema solar a los pequeños mientras asiente. “Esta crema nos la han comprado hoy unas señoras griegas” dice.

Cerca de ella, Souvli se enciende un cigarro y ofrece tabaco a los de alrededor. Tiene 26 años, es licenciado en Economía, especialista en márketing. No quiere que le graben las cámaras de televisión pero se muestra encantado de hablar con los periodistas. “No quiero que mi madre me vea en estas condiciones” dice.

Es de Alepo. Viaja junto a su mujer, con quien lleva casado 5 meses, y dos amigos. Su esposa es licenciada en Filosofía, uno de sus amigos se dedicaba a las importaciones y el otro era, como él, economista. Como la mayoría de los refugiados que llegan a Grecia –el país heleno e Italia han recibido a 40.000 en los últimos meses–, su destino es Alemania. “Hasta Turquía es fácil. Puedes ir al Líbano y de allí coger un avión a Estambul, o viajar en bus desde Damasco, si vives en la zona controlada por el gobierno de Assad. Desde Turquía, en barca hasta alguna isla griega. Allí pasamos varios días en el campo de refugiados, hasta que nos traen en Ferry hasta Atenas”, cuentan entre los cuatro.

Planean coger un autobús hasta Tesalónica y, desde allí, caminar hasta la frontera de la República de Macedonia. “Vamos a ir a pie desde Tesalónica hasta Hungría, pasando por Macedonia y Serbia. Los dos principales miedos que tenemos son las mafias de la frontera de Macedonia, que atracan a los refugiados, y la entrada en Hungría. Tendremos que saltar la valla que ha construido allí la UE”.

Varios de los presentes hablan con temor de la entrada en Hungría: “Sabemos que allí, tras saltar la valla, nos pueden detener y deportar”. Según Souvli, ni siquiera ese es el principal problema, sino que “según la legislación de la UE, sólo se puede pedir asilo en el país de Europa al que llegas. O sea, que el problema no es sólo la valla y las detenciones, sino que si te toman las huellas dactilares en Hungría, corres el riesgo de que Alemania no te reconozca como refugiado porque no cumples la ley”.

Mientras tanto, la Unión Europea sigue regateando con los Estados el número de refugiados que acogerá cada país. Las noticias llegadas de Bruselas el 20 de julio cuentan que Hungría no aceptará ninguno; Alemania, 8.763; Francia, 6.752, y España, 4.288. Italia y Grecia seguirán negociando.

La frialdad de las cifras europeas, igual que sucede con los números del tercer rescate, esconden el miedo y la tristeza de los que huyen y la solidaridad y la generosidad de quienes los atienden al llegar. Gente como Hamil. También es sirio, pero lleva viviendo en Atenas 9 años. Viene cada día a la plaza Omonia para ayudar a sus compatriotas. “Algunos tienen miedo de nosotros, de los que llevamos aquí un tiempo, porque a veces les roban” explica. Les lleva comida, les acompaña a una farmacia cercana y les ayuda a entender dónde están y hacia dónde seguir su viaje. “Es así cada día. Cada día, miles de sirios escapan de la guerra y llegan a Grecia con las esperanza de vivir en Alemania”.

Estas son algunas de las historias cotidianas de esa Grecia que recobra la normalidad. Que un gobierno incumpla su programa es lo normal. Que los sectores más castigados por cinco años de austeridad soporten más recortes es normal. Que los ciudadanos suplan las funciones de un estado que no les garantiza sus derechos es normal. Que hombres, mujeres y niños arriesguen sus vidas para huir de la guerra es normal. Maldita normalidad.

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