En memoria de Labordeta. (1935-2010)

Habrá un día
en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.

Hermano, aquí mi mano,
será tuya mi frente,
y tu gesto de siempre
caerá sin levantar
huracanes de miedo
ante la libertad.

Haremos el camino
en un mismo trazado,
uniendo nuestros hombros
para así levantar
a aquellos que cayeron
gritando libertad.

Habrá un día
en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.

Sonarán las campanas
desde los campanarios,
y los campos desiertos
volverán a granar
unas espigas altas
dispuestas para el pan.

Para un pan que en los siglos
nunca fue repartido
entre todos aquellos
que hicieron lo posible
por empujar la historia
hacia la libertad.

Habrá un día
en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.

También será posible
que esa hermosa mañana
ni tú, ni yo, ni el otro
la lleguemos a ver;
pero habrá que forzarla
para que pueda ser.

Que sea como un viento
que arranque los matojos
surgiendo la verdad,
y limpie los caminos
de siglos de destrozos
contra la libertad.

Habrá un día
en que todos
al levantar la vista,
veremos una tierra
que ponga libertad.

HA FALLECIDO UN GRAN HOMBRE, JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Además de poeta, cantante, maestro, persona comprometida con los derechos humanos y la justicia, Labordeta ejerció hasta hace poco tiempo una labor de político, muy poco convencional:

En un debate sobre la guerra de Irak, Labordeta acabó su intervención leyendo unos versos de un poeta aragonés, escritos en los cincuenta y se lo dedicaba al Presidente Aznar:

Mataros
Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.

Invadid con vuestro traquetreo
Los talleres, los navíos, las universidades
Las oficinas espectrales donde tanta gente languidece.
Triturad toda rosa, hollad al noble pensativo.
Preparad las bombas de fósforo y las nupcias del agua con la muerte

Inundad los periódicos, las radios, los cines, las tribunas,
Pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo
Ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.

Asesinaos si así lo deseais,
Exterminaos vosotros: los teorizontes de ambas cercas
Que jamas asireis un fusil de bravura.
Asesinaos pero vosotros
Los inquisitoriales azuzadores de la matanza

Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna,
Al campesino que nos suda la harina y el aceite,
Al joven estudiante con su llave de oro,
Al obrero en su ocio ganado fumandose un pitillo
Y al hombre gris que coje los tranvías
Con su gabán roído a las seis de la tarde.

Esperan otra cosa.
Los parieron sus madres para vivir con todos
Y entre todos aspiran a vivir / tan solo esto.
Y de ellos ha de crecer
Si surge
Una raza de hombre y mujeres con puñales de amor inverosímil hacia otras aventuras mas hermosas.


Otra ocasión, en el Congreso de los Diputados, de las muchas suyas en la que su franqueza superaba la cursilería habitual del lenguaje parlamentario:

Pero hombre, yo voy tranquilamente… ¿pero no puede uno hablar aquí, o qué? ¡Coño!, que a ver si no puede uno hablar aquí… a la mierda, joder!

Estoy hablando con el ministro y no con ustedes… Estoy hablando con el ministro y no con ustedes. Ustedes están habituados a hablar siempre, porque aqui han controlado el poder, ustedes, toda la vida, y ahora les fastidia que vengamos aquí las gentes que hemos estado torturados y ¿roturados? por la dictadura a poder hablar. ¡Eso es lo que les jode a ustedes! Coño, ¡si es verdad! Jodér, hala, ¡a la mierda!

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