Desmontando falacias: Las empresas no crean empleo

No pasa una semana sin que, desde el gobierno, desde las patronales de empresarios o desde la bien pensante gente en cualquier lugar -ya que es una creencia muy extendida-, oigamos la manida frase de que “las empresas son las que crean empleo” y, por lo tanto deberemos veneración a este principio y así plegarnos a las sucesivas y abusivas demandas de la patronal, por ser ella la poseedora de esa alta sabiduría en la creación de tan importante valor. Esto, sencillamente, no es cierto.

Pues no, las empresas no crean empleo.

Y si esto es así, ¿quién lo hace, entonces?.

La respuesta es compleja y desde luego muy alejada de la simpleza divulgada, pero lo cierto es que el “sujeto” de la creación de empleo es algo impersonal, y en realidad no es un sujeto sino un proceso que comúnmente se conoce como “coyuntura económica”.

Y es esta, la coyuntura, como mecanismo social, a través de la cual se producen simultáneamente ingresos, gastos y producción o dicho de otra forma, se crea empleo cuando las personas y los hogares “deciden” que van a gastar en vez de ahorrar, cuando las empresas “ven” que es el momento de hacer inversiones, y en esta dinámica se genera la oportunidad de producir. Todo ello, lógicamente bajo un contexto macroeconómico favorable.

En todo este delicado proceso las empresas no crean el empleo sino que “operan” el empleo determinado por la coyuntura. 

Y por otra parte, hemos de recordar, que las empresas “crean” el mínimo empleo necesario para la obtención de sus objetivos de producción y enriquecimiento, y nunca más allá ni con ningún otro supuesto objetivo social

Y esta es la mala noticia para el pensamiento neoliberal imperante, si queremos empleo debemos interesarnos por la coyuntura, no por las empresas. Pero claro, hacer entrar esto en cabezas interesadas en eliminar trabas administrativas a las empresas, bajarles sus impuestos, incrementar sus incentivos fiscales y promover procesos de privatización de lo público, parece una tarea condenada al fracaso.

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Fuente: Frédéric Lordon en Le Monde Diplomatique

¿Por qué no se habla de la reforma empresarial?

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA

El artículo señala que el énfasis en las reformas del mercado de trabajo como manera de salir de la crisis ignora la evolución del comportamiento empresarial que gobierna las grandes compañías transnacionales. Tales comportamientos, favorecidos y estimulados por intervenciones públicas que los han promovido, han sido responsables del gran crecimiento del desempleo y de la escasa recuperación económica que los países desarrollados están experimentando. El artículo señala como la manera como se ha llevado a cabo la globalización económica ha conducido a un sistema económico en el que unas elites empresariales muy minoritarias –la plutocracia- controlan no solo el mundo del trabajo sino también el mundo del consumo a nivel internacional, realidad que ha sido incentivada por intervenciones públicas de los Estados donde tales empresas tienen sus sedes. Esta situación es un ejemplo más de la excesiva influencia que tales elites tienen sobre los Estados, influencia que ha violado (hasta casi destruirlo) al proceso democrático.

La gran atención dedicada a la crisis financiera por parte de los medios de comunicación ha facilitado que quedara en segundo plano uno de los fenómenos más importantes y preocupantes en la evolución de la economía productiva, es decir, en el sector de la economía donde se producen los bienes y servicios. Hasta hace poco los beneficios de las grandes empresas dependían primordialmente de la demanda doméstica para tales productos. De ahí que era importante que los salarios, por ejemplo, fueran elevados, pues la mayoría del consumo de tales empresas (alrededor del 80%) procedía del consumo de los asalariados y sus familias en el país donde se ubicaban sus sedes centrales.

Pero esto está cambiando muy rápidamente. Actualmente, el consumo de tales grandes empresas, hoy en día transnacionales, se produce fuera del país, y de una manera creciente en los países emergentes. China es importante, no sólo por la baratura de su fuerza de trabajo, sino por el enorme potencial de consumo de su población: casi una quinta parte de la población mundial. Jeffrey Immelt, el CEO (Chief Executive Officer) de la General Electric, es decir el que manda más en dicha empresa, indicó recientemente que de los 14.250 millones de dólares en beneficios que la compañía estadounidense hizo en 2010, 9.100 millones se habían realizado fuera de EEUU, siendo China uno de los países que generó mayores beneficios. Estos beneficios se basan, no sólo en los bajos salarios de los trabajadores chinos (la gran mayoría de empleados de las grandes empresas como Apple, Hewlett Packard, General Electric o empresas de Internet, están en China), sino también en el consumo realizado por los millones de chinos que están integrados ya en el mercado internacional. Y no sólo en China. En 2001, el 32% de los ingresos de las 500 compañías estadounidenses más importantes, procedían del extranjero. En 2008 tal porcentaje había subido al 48%. El ciudadano estadounidense, pues, deja de tener importancia para las grandes empresas transnacionales no sólo como trabajador, sino también como consumidor. El bajón de su capacidad adquisitiva y, por lo tanto, de la demanda de los productos de tales transnacionales, ha sido sustituida por la demanda generada por las “nuevas clases medias” que están surgiendo en los países emergentes.

La respuesta propuesta para subsanar esta situación era que los trabajadores estadounidenses y de otros países desarrollados, como los europeos, pudieran competir con los trabajadores chinos o de los otros países emergentes a base de aumentar su productividad. Pero esta situación está perdiendo validez a medida que la productividad en los países emergentes está creciendo enormemente.

Esta situación explica, en parte, la situación aparentemente paradójica de que, aunque la economía de EEUU y de los países de la Unión Europea está creciendo muy poco y la capacidad adquisitiva de los trabajadores ha ido descendiendo, los beneficios empresariales de tales empresas transnacionales han crecido exponencialmente. Los beneficios empresariales de las grandes empresas transnacionales en EEUU alcanzaron en 2010 la astronómica cifra de 1.659 billones (europeos) de dólares, 28% superior a la del año anterior, mientras que el salario de los trabajadores (la mediana) bajó 159 dólares de 2001 a 2009, quedándose en 26.261 dólares. El salario por hora para nuevos trabajadores de la manufactura es de 15 dólares, la mitad de hace diez años.

Las grandes empresas entienden el mundo como un mercado. Y sus trabajadores están también en todo el mundo. Se construye así un mundo en el que unos pocos, las élites dirigentes de tales empresas, tienen todo el dominio, frente a la mayoría de las clases populares, que se van empobreciendo en la medida que tales empresas van desplazándose de país en país en busca de trabajadores de bajos salarios, asegurándose su consumo mediante el desplazamiento de sus mercados.

Naturalmente que existen variaciones de lo que he descrito, según los sectores económicos. Como promedio, y según las cifras del Bureau of Economic Analysis (BEA) del gobierno federal estadounidense, el porcentaje de empleados fuera de EEUU en las compañías transnacionales basadas en EEUU ha pasado de ser un 26% en 1982 a un 36% en 2008. En la manufactura, así como en la industria del automóvil, el cambio ha sido más sustancial. En Ford, tal porcentaje ha pasado de ser un 47% en 1992 a un 68% en 2010.

¿Puede esta situación revertirse?

La respuesta es sí, pues la causa determinante de esta movilidad ha sido el dominio de estas elites empresariales (la plutocracia) sobre los Estados en los que se asientan. Tal globalización ha sido facilitada por las intervenciones públicas, que pueden revertirse de manera que se regule y/o se incentive esta reversión. Hasta ahora, el intento de revertir esta movilidad se hizo mediante abaratamiento de la fuerza del trabajo y la reducción de su protección social. El enorme ataque a los sindicatos que estamos viendo en EEUU y en España responde a este objetivo. Algunas de las empresas que la Ford contrata en California (como en la fábrica de tractores en Dearborn) el salario horario es ya semejante al que Ford tendría que pagar en China en 2015.

Pero esta medida no resolverá el problema de la escasa demanda. De ahí que se hagan necesarias otras medidas intervencionistas del Estado, revirtiendo los incentivos y ventajas fiscales que hoy se otorgan a las compañías exportadoras, y exigiendo una desglobalización de las transnacionales, lo cual no quiere decir que abandonen los mercados exteriores, sino que prioricen los mercados interiores mediante medidas intervencionistas. Y sus frutos aparecen ya. Estamos hoy viendo compañías como Ford, Caterpillar, Wham-O Inc., Master Locks, Suarez Manufacturing e incluso General Electric, que están transfiriendo producción de China y Méjico a los Estados de Georgia, Ohio, Indiana, Wisconsin, California y Michigan. Lo que se requiere es un intervencionismo público encaminado a retener los puestos de trabajo, lo cual requiere un cambio muy notable de políticas públicas encaminadas a facilitar el mantenimiento de puestos de trabajo en lugar de su exportación. Estas políticas son necesarias también en la Unión Europea y en España. Medidas encaminadas a cambiar el comportamiento de las empresas transnacionales, incrementando el poder del mundo del trabajo a nivel empresarial son medidas alternativas a las existentes, cuya eficacia ha sido probada en otros países.

Las “Puertas Giratorias” en la política española

“Corrupción elegante”: Los políticos que han pasado desde las empresas privadas y viceversa.

 por Jesus Encinar
Puertas giratoriasAlgunos de los políticos que han pasado a la empresa privada

Elena Salgado, ex vicepresidenta y ministra de economía del último gobierno socialista hasta hace apenas tres meses, pasará a engrosar la nómina de Endesa Chile en las próximas fechas según adelantaba ayer El Confidencial. no se trata del primero ni seguramente será el último fichaje que una empresa privada hace de un ex ministro, presidente del gobierno u otro tipo de político con poder de regulación sobre diversos sectores, pero sí debería ser un acicate para cerrar la entrada de políticos en empresas que dependen directamente de la supervisión del estado, como compañías eléctricas, energéticas, de telecomunicaciones o incluso, de la banca.

Una lista de políticos que han sido fichados por empresas privadas reguladas en los últimos años a modo de ejemplo sería la siguiente:

Políticos actuales que han fichado por empresas de sectores regulados:

político empresa/organismo
elena salgado endesa
ángel acebes bankia
josep piqué grupo ferrocarril, vueling, applus…
josé maría michavila jp morgan
pedro solbes enel, barclays
josé maría aznar endesa (también holding murdoch)
felipe gonzalez gas natural
eduardo zaplana telefónica
rodrigo rato lazard, santander y bankia
isabel tocino banco santander
josu jon imaz petronor
alfredo timmermans telefónica
luis de guindos lehman brothers

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Casos de anteriores generaciones de políticos

político empresa/organismo
adolfo suarez telefónica
leopoldo calvo sotelo moto vespa, banco central hispano americano, ferrovial, dragados…
miguel boyer banco exterior, fcc, clh…
josé antonio ardanza euskaltel
narcis serra caixa catalunya, gas natural…

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Políticos fichados por empresas con menor dependencia regulatoria

político empresa/organismo
miguel angel moratinos qatar
adolfo suarez yllana bufete ramón hermosilla & gutiérrez de la roza
juan costa ernst & young
manuel pimentel baker & mckenzie
manuel pizarro baker & mckenzie
jordi sevilla pricewaterhouse coopers (pwc)
eduardo serra everis
david taguas seopan
juan manuel eguiagaray eads

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Como puede observarse, no es algo de los tiempos actuales sino que lleva muchos años practicándose. tampoco es algo ligado al color político, ya que ser del Partido Popular (PP), del Partido Socialista (PSOE) o incluso nacionalista nunca ha sido un freno para caer en los brazos de las compañías privadas. Tampoco es algo ligado a España, ya que fuera de nuestras fronteras también se han dado casos como el fichaje de el ex canciller Gerhard Schröder por la petrolera rusa Gazprom o la entidad financiera Rothschild o John Bellinger (ex dirigente de George Bush) por Huawei.

En mi opinión, esto es un modo de “corrupción elegante”. en lugar de dar dinero a alguien para que regule a tu favor se opta por el “ya sabes que estamos aquí para lo que necesites”, el “hablamos cuando salgas del gobierno” o el “recuerda que no serás siempre ministro”.

Me parece adecuado que los políticos salten de la política al sector privado si es para empresas no dependientes de la administración (como consultoras o bufetes de abogados, por ejemplo), pero creo que es muy peligroso que sean “fichados” por compañías que viven de regulación.

Aunque en política deberían regir aquellas palabras que Julio César dedicó a su hermosa esposa Pompeya al ser cortejada por un joven patricio (“la mujer del césar no sólo debe ser honrada, sino parecerlo”), es evidente que este es un aro por el que nuestros políticos no quieren pasar. por ello, creo que debería ser regulado ya que fomenta que continúen las oligarquías en varios sectores clave de nuestra economía.

Aunque es cierto que actualmente existe una ley de incompatibilidades de altos cargos públicos, hay casos como el fichaje del ex ministro Pedro Solbes por la italiana ENEL -empresa que consiguió comprar Endesa tras una serie de decisiones políticas que alejaron a otros pretendientes como la alemana EON- o el actual de Elena Salgado por Endesa Chile que dejan claro las gateras con las que cuenta dicha ley que necesitan ser tapiadas.

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Actualización del editor el 4-01-2013:

  • Telefónica ficha a Rodrigo Rato como asesor para Latinoamérica y Europa.

Actualización del editor el 21-04-2013:


 

“Reforma Laboral”. Sus frutos

Tal como se elaboró la Reforma Laboral, que -discursos oficiales aparte- facilita y abarata el despido y da más facilidades a los empresarios para ignorar los convenios de ámbito superior al de la empresa, se hacen evidentes sus primeros resultados. Consolida la escalada del paro con la mayor subida en el mes de Febrero de los últimos años :

EL PARO.  OTROS DATOS

Datos de finales de 2011

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PARO JUVENIL:

 Fuentes:  El País, New York Times, lainformacion.com, Público.es 

LA NUEVA ESTAFA DE RUIZ MATEOS

“NUEVA RUMASA es la RUMASA de siempre”

Ahora que se cumplen 28 años (el 23 de este mes) de la expropiación de Rumasa, don Jose María vuelve por sus fueros.

Resultaba altamente sospechosa la potentísima y exagerada campaña publicitaria de “Nueva Rumasa” que veíamos a doble página en los diarios más importantes, en domingo y días de mayor difusión, y durante un largo período de tiempo en el último año.

Al final…  lo de siempre, lo que acostumbra este empresario modelo de ese estilo gansteril tan generalizado en este país. Impagos a la tesorería de la Seguridad Social, trabajadores camino del paro, estafa a más de 5000 inversores, deudas con proveedores hasta llegar a -según diferentes registros de morosos-, unos “impagados” por valor de 76 millones, etc.

La campaña era esta:

Este conglomerado de 60 marcas de las que son propietarios la familia RUIZ MATEOS se agrupan bajo la bandera de Nueva Rumasa, aunque en realidad no están consolidadas como un holding, lo que significa que son independientes, para una mayor impunidad.

Por otra parte, cumpliendo fielmente el libro de estilo del buen empresario español, la gran mayoría de estas empresas están controladas desde… “Paraísos Fiscales”.

LAS EMPRESAS TOMAN LA DEMOCRACIA DE EEUU

Noam Chomsky *

El 21 de enero de 2010 quedará registrado como un día oscuro en la historia de la democracia de Estados Unidos y su declive. Ese día, la Corte Suprema dictaminó que el Gobierno no puede prohibir que las compañías hagan aportaciones económicas en las elecciones.
La decisión afecta profundamente a la política gubernamental, tanto en el plano interno como en el internacional, y anuncia incluso mayores conquistas de las corporaciones sobre el sistema político de EEUU. Para los editores de The New York Times, el fallo “golpea el corazón mismo de la democracia” al haber “facilitado el camino para que las corporaciones empleen sus vastos tesoros para inundar [con dinero] las elecciones e intimidar a los funcionarios elegidos para que obedezcan sus dictados”.
La Corte estuvo dividida, cinco contra cuatro. A los cuatro jueces reaccionarios (engañosamente llamados conservadores), se les sumó el magistrado Anthony M. Kennedy. El magistrado presidente, John G. Roberts Jr., tomó un caso que se podía haber resuelto fácilmente sobre bases más limitadas y maniobró en la Corte con el fin de hacer aprobar un dictamen de gran alcance que revierte un siglo de restricciones a las contribuciones de las empresas en las campañas federales.
Ahora, los gerentes de las compañías podrán, de hecho, comprar directamente comicios, eludiendo vías indirectas más complejas. Es bien sabido que las contribuciones empresariales, en ocasiones envueltas en paquetes complejos, pueden inclinar la balanza en las elecciones y, así, dirigir la política. La Corte acaba de entregar mucho más poder a ese pequeño sector de la población que domina la economía.
La Teoría de inversiones de política, del economista político Thomas Ferguson, ha constituido durante mucho tiempo un exitoso pronóstico de la política gubernamental. La teoría interpreta las elecciones como ocasiones en las que segmentos del poder del sector privado se unen para invertir en el control del Estado. La decisión del 21 de enero refuerza los medios para socavar la democracia funcional.
El trasfondo es revelador. En su disensión, el juez John Paul Stevens admitió que “desde hace tiempo se ha sostenido que las corporaciones están amparadas por la Primera Enmienda [la garantía constitucional de la libertad de expresión, que incluye el derecho a apoyar a candidatos políticos]”.
A principios del siglo XX, teóricos legales y tribunales implementaron un fallo de la Corte de 1886 mediante el cual las corporaciones -esas “entidades colectivistas legales”- debían tener los mismos derechos que las personas de carne y hueso. Este ataque al liberalismo clásico fue condenado con rotundidad por la especie en extinción de los conservadores. Christopher G. Tiedeman describió el principio como “una amenaza a la libertad del individuo y a la estabilidad de los estados americanos como gobiernos populares”.
En su trabajo de historia sobre la ley, Morton Horwitz escribe que el concepto de personalidad corporativa evolucionó a la par que el desplazamiento del poder de los accionistas hacia los gerentes y, finalmente, condujo a la doctrina de que “los poderes de la mesa directiva son idénticos a los poderes de la corporación”. En años posteriores, los derechos corporativos se expandieron mucho más allá que los de las personas, particularmente mediante los mal llamados “acuerdos de libre comercio”. Bajo esos acuerdos, por ejemplo, si General Motors establece una planta en México, puede exigir ser tratada igual que una empresa mexicana (trato nacional), a diferencia de un mexicano de carne y hueso que pretendiera en Nueva York un trato nacional o, incluso, los mínimos derechos humanos.

Rivales del Gobierno
Hace un siglo, Woodrow Wilson, en aquel entonces un académico, describió un Estados Unidos en el que “grupos comparativamente pequeños de hombres”, gerentes corporativos, “ejercen un poder y control sobre la riqueza y las operaciones de negocios del país”, convirtiéndose en “rivales del propio Gobierno”. En realidad, esos grupos pequeños se han convertido cada vez más en los amos del Gobierno. La Corte Suprema les da ahora un alcance aún mayor.
El fallo de 21 de enero llegó tres días después de otra victoria para la riqueza y el poder: la elección del candidato republicano Scott Brown para reemplazar al finado senador Edward M. Kennedy, el león liberal de Massachusetts.
La elección de Brown fue presentada como una “rebelión populista” contra los elitistas liberales que manejan el Gobierno. Los datos de la votación revelan una historia diferente. Una asistencia alta de votantes de los suburbios ricos y baja en las áreas urbanas demócratas contribuyeron a la victoria de Brown. “Un 55% de los votantes republicanos dijo estar muy interesado en la elección, en comparación con un 38% de los demócratas”, según la encuesta de The Wall Street Journal/NBC. De manera que los resultados fueron, en realidad, una revuelta contra las políticas del presidente Obama: para los ricos, no estaba haciendo lo suficiente para enriquecerlos aún más, en tanto que para los sectores pobres estaba haciendo demasiado en favor de los poderosos.
La ira popular es perfectamente comprensible, dado que los bancos están prosperando gracias a los rescates, mientras que el desempleo se ha elevado al 10%. En el sector de la manufactura, uno de cada seis está sin trabajo: un desempleo en el nivel de la Gran Depresión. Con la financialización creciente de la economía y el desplome en la industria productiva, las perspectivas de recuperar los tipos de empleo que se perdieron son sombrías.

La salud pública
Brown se presentó como el voto 41 contra el programa de salud pública; esto es, el voto que podría socavar el dominio demócrata en el Senado de EEUU.
El programa de atención médica de Obama fue, en efecto, un factor en la elección de Massachusetts. Los titulares están en lo correcto cuando informan de que el público se está volviendo contra el programa. Las cifras de la encuesta explican por qué: porque la iniciativa no llega lo suficientemente lejos. El sondeo de The Wall Street Journal/NBC reveló que la mayoría de los votantes desaprueba el manejo del sistema de salud tanto por los republicanos como por Obama.
Estas cifras están en la línea de otras encuestas nacionales recientes. La opción pública de la salud es apoyada por el 56% de los encuestados y el acceso a Medicare a los 55 años de edad, por el 64%; pero ambas iniciativas fueron abandonadas. Un 85% opina que el Gobierno debería tener el derecho de negociar los precios de los medicamentos, como en otros países; sin embargo, Obama garantizó a las grandes industrias farmacéuticas que no elegirá esa opción.
Amplias mayorías de ciudadanos están a favor del recorte de costes, lo que tiene sentido: el coste per cápita en EEUU por atención médica es aproximadamente el doble que en otros países industrializados y los resultados en términos de salud están en el extremo inferior.
Pero el recorte no puede ser emprendido seriamente cuando se trata con gran generosidad a las compañías farmacéuticas y el sistema de salud está en manos de aseguradores privados prácticamente sin regulación -un sistema costoso, peculiar de EEUU-.
El fallo del 21 de enero eleva nuevas e importantes barreras para superar la grave crisis del cuidado de la salud o para afrontar asuntos tan críticos como las inminentes crisis ambiental y energética. La brecha entre la opinión pública y la política pública es cada vez mayor. Y el daño a la democracia estadounidense es tan grande que difícilmente se puede exagerar.
*Noam Chomsky, distribuído por The New York Times Syndicate.