RECORTES (2ª parte): La Crisis internacional, la Estafa y su aprovechamiento. Algunas fechas clave.

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Crisis

2007

9 de agosto.  La crisis hipotecaria hace caer las bolsas de Estados Unidos y Europa. El Banco Central Europeo (BCE) inyecta 95.000 millones de euros a 49 entidades bancarias con problemas de financiación, debidos, en parte, a la crisis especulativa y crediticia en EE UU, cuyo detonante fue el estallido de la burbuja inmobiliaria con las hipotecas basura (“subprime”). Sigue leyendo “RECORTES (2ª parte): La Crisis internacional, la Estafa y su aprovechamiento. Algunas fechas clave.”

El hundimiento de la economía española

Daniel Albarracín, Nacho Álvarez, Manuel Garí y Bibiana Medialdea *

La altanera incompetencia de Rajoy
La batería de medidas anunciadas el día 11 de julio por Rajoy en medio de los indignos aplausos de su bancada constituye un ataque contra la mayoría social y supone una declaración de guerra contra la población asalariada. De entre ellas destaca, por el grado de desprecio que representa hacia las personas más débiles, la referente a los recortes de la prestación de desempleo. Por ello no es extraño que hayan suscitado inmediatamente reacciones contrarias por parte de las organizaciones sindicales y sociales.
Que las medidas adoptadas son duras agresiones antisociales ni el presidente del gobierno se atreve a desmentirlo. Que todo el ajuste presupuestario se ha venido realizando hasta la fecha sobre el recorte del gasto y no se ha abordado la cuestión central del aumento de los ingresos fiscales –en caída libre desde hace años–, hoy es acerbo común. Y, sin embargo, Rajoy ha presentado estas medidas en sede parlamentaria –siguiendo el dictado impuesto por el BCE, la Comisión europea y el FMI- como necesarias e ineludibles, como la “única” solución posible. Es más, les atribuyó, como en su día hizo con la contrarreforma laboral, una carga de eficacia económica que nos asegurará la recuperación. El trilero intenta, una vez más, engañarnos con sus pases de mano y su supuesto sentido común y, encima, lo hace de forma terriblemente contraproducente para el futuro inmediato de la economía. Y en esto radica su talón de Aquiles.
Mientras tanto, el PSOE con Rubalcaba a la cabeza interviene sin capacidad de incidir en el debate político, atrapado por su pasado inmediato (¡mayo 2010!), su concepción social liberal de la economía y la UE (que le impide disponer de una alternativa diferenciable) y su papel (que nadie le otorga ni agradece) de partido que hace política de estado en momentos que hay que hacer política de mayoría social frente a la barbarie.

Creando depresión y otras penas
En 1966 el filósofo, lingüista y sicólogo Maurice Godelier cuestionó la razón capitalista desde el título mismo de una de sus obras Racionalidad e irracionalidad de la economía. Pareciera que actualmente Bruselas, Berlín y Madrid se debaten de nuevo entre ambos términos de la dicotomía, tal y como corresponde a la naturaleza contradictoria del capitalismo. Por un lado, los principales gobiernos europeos y las instituciones de la UE actúan como representantes de los intereses del capital financiero, garantizando que las deudas contraídas sean cobradas por los acreedores.

Para ello, el Memorando que impone al estado español el “rescate” de la UE obliga –con el objetivo de recapitalizar la banca española y que ésta pague a sus acreedores extranjeros– a liberar los recursos necesarios mediante recortes en los gastos sociales, ajustes salariales, aumentos impositivos, etc.

Por otro lado, no obstante, las medidas que vienen aprobando Montoro, De Guindos y Rajoy, incluidos los nuevos ajustes, son una buena muestra de la irracionalidad e incompetencia de estos servidores de los mercados, dado que las efectúan en nombre de un supuesto saneamiento económico necesario para salir de la crisis y, sin embargo, no hacen sino reforzar la situación actual de depresión. El trío no parece saber muy bien ni qué hacer ni qué consecuencias tienen sus decisiones, aunque éstas han situado a la economía española en el centro de un cenagal de arenas movedizas. La chulesca imposición de Montoro –aprisa y corriendo– a las Comunidades Autónomas de un objetivo de déficit aún más severo que el “aprobado” hace dos meses, producirá nuevos recortes sociales en servicios públicos básicos como sanidad, enseñanza y dependencia, pero también supone un duro golpe económico para diversos sectores que conocerán más recesión y más paro. La eliminación de la paga extra de Navidad para decenas de miles de empleados de la función pública supone la enésima agresión salarial al colectivo y tendrá, también, efectos sobre los gastos y la demanda de los mismos con consecuencias similares a lo expuesto. Las privatizaciones de los restos de las joyas de la corona como RENFE, sólo traerán reducciones de plantilla, peores servicios públicos y mayores ganancias privadas. En todos estos casos el “ahorro” o el “ingreso” van a ser menores que las pérdidas económicas que van a generar para el conjunto de la sociedad. En medio del marasmo aprovechan además para anunciar la disminución del importe de las cuotas a la seguridad social (un nuevo regalo para los patronos a costa de nuestro salario y nuestras coberturas), así como un impuesto sobre la energía con finalidad recaudadora. Este nuevo impuesto, lejos de resolver la estafa del déficit tarifario, se traducirá en aumentos de precios finales para los pequeños consumidores, sin que logre tampoco reducir la demanda global energética efectiva ni redunde en cambios hacia las energías renovables que verán peligrar su futuro.


La novedad en esta situación no son las anunciadas e imprescindibles movilizaciones populares. Lo novedoso es que, por primera vez desde la constitución del gobierno del PP, la orientación de éste ha provocado críticas muy severas desde diversos sectores empresariales en torno al efecto pernicioso de la disminución de la masa salarial de los empleados de la función pública y muy especialmente ante la subida del IVA que regirá a partir del 1 de septiembre. Buena parte de los empresarios y de sus analistas temen que el incremento impositivo deprima aún más la demanda. Tal es el caso del sector turístico, para el que Exceltur estima que cada punto de incremento del IVA que se traslade directamente al precio provocará una reducción de ingresos de 1.005 millones de € al año, lo que puede implicar una merma de millares de empleos. Rosell, el patrón de patronos de la CEOE, sigue mostrando su comprensión y apoyo hacia las medidas del PP, pero la unidad monolítica que mantuvieron ante la reforma laboral se ha resquebrajado.
Ante todo ello, tenemos que convenir con Ernest Mandel lo que en 1983 planteó en una de sus conferencias universitarias en la hoy torturada y combativa Atenas: “La sociedad burguesa en su conjunto se caracteriza por una combinación sui géneris de racionalidad parcial y de irracionalidad global”.

El aumento del IVA como paradigma
Por fin el PP ha decidido aumentar los ingresos fiscales subiendo fuertemente los impuestos. Pero al igual que recientemente hizo con el IRPF sobre las rentas salariales, la subida pesará y recaerá sobre las clases trabajadoras. La pieza clave del aumento de ingresos radica en el incremento del IVA. El resto de medidas impositivas van a tener menos incidencia inmediata.

Como es sabido, el IVA es un impuesto indirecto que pagan los consumidores finales y tiene una fuerte carga regresiva, pues tiene escasas modulaciones para corregir los efectos perversos que provoca. Es un impuesto “fácil” que pesa sobre la población –con escasos recursos para oponerse– y no sobre los detentadores de las fuentes de riqueza –ricos también en instrumentos de presión–.

La subida del tipo general del 18% al 21% y del reducido del 8% al 10% supone que el 60% de los bienes y servicios reflejados por el PIB se verán afectados. Además diversos bienes y servicios dejan de tributar con el tipo reducido y pasan al general. Ello significa que no solo se incrementa para bienes de lujo o bienes prescindibles, sino también para bienes de primera necesidad como el vestido, el transporte de viajeros, la vivienda, la electricidad o el agua, y afectará a bienes y servicios como telefonía, gafas graduadas y lentillas, pañales, peluquerías o alimentos elaborados, así como a bares, restaurantes y hoteles.
El tipo más bajo quedará en el 4% y afectará a alimentos frescos –como leche, huevos, frutas, verduras y legumbres–, libros y periódicos, material escolar, medicamentos y viviendas de protección oficial. Pero ello no significa que los precios de, por ejemplo, los alimentos no vayan a subir pues los productores repercutirán en sus precios los 400 millones de € que deberán pagar por el incremento de dicho impuesto en sus consumos y adquisición de maquinaria.
Ningún bien, por tanto, se verá exento del encarecimiento. Los precios subirán de forma generalizada, contribuyendo con ello a la erosión de la capacidad adquisitiva y a un mayor deterioro de la demanda agregada. La OCU cuantifica el incremento medio del gasto al año en 415 € por familia, y otras estimaciones en casi 800 €.
Si a las actuales subidas añadimos las habidas en julio de 2010, cuando el tipo general pasó del 16% al 18% y el reducido del 7% al 8%, nos encontramos con que el IVA –tan regresivo en términos sociales– aumentó en dos años un 23,8% en el tipo general y un 30% en el tipo reducido. O sea, cada familia gastará de media 800 € más que en 2010, lo que significa que para una gran parte de la población casi un sueldo mensual se le irá en aumentos del IVA. En 2010 la recaudación se incrementó en 5.000 millones de euros anuales. Ahora el gobierno estima que aumentará en 7.500 millones en los doce meses posteriores a la entrada en vigor del impuesto. Craso error, la situación de estancamiento hoy es más grave que hace dos años. Es por tanto más que probable es que la recaudación no aumente, porque el aumento del tipo se verá contrarrestado por la bajada de actividad. Desde medios gubernamentales se argumenta que Alemania estableció una subida de tres puntos en el IVA en 2007, del 16% al 19%. Lo que no aclaran es que lo hizo en un momento en que su economía crecía por encima del 3%. En el caso español, la previsión del gobierno para 2012 es que el PIB caerá un 1,7% y la demanda interna un 4,4%.
En nuestro país, debido al fin de la metástasis inmobiliaria, la permisividad con el fraude fiscal y la bajada incesante de impuestos sobre las rentas del capital desde 1996, la presión fiscal sobre el PIB se ha situado en niveles muy por debajo del área comunitaria, particularmente del área euro. Ello ha sido una de las principales causas del rápido incremento del déficit público, cuando en 2007 se partía de un superávit. Y, por tanto, es uno de los factores que presionan sobre el incremento de la deuda pública.
A partir de este momento se va dar la paradoja de que España sea a la vez uno de los países de la UE con menor presión fiscal y sin embargo tenga uno de los IVA más altos. O, sea, incrementa la regresividad fiscal. Desde el inicio de la crisis actual, de los 27 estados miembros de la UE, 17 han subido el IVA. Solo Hungría y Rumanía aprobaron un incremento superior al anunciado por el gobierno, pero partían a su vez de tipos menores. En la zona euro, solo Grecia, Irlanda, Portugal y Finlandia mantendrán un tipo impositivo, el 23%, superior al español.

Sí, se puede
¿No hay más soluciones que las propuestas por el trío español y la troika comunitaria? Las hay y en todos los órdenes. Basten unas pistas hacia otro horizonte. Si hablamos de deudas: ¿Ha de pagar la ciudadanía las deudas de bancos y empresas? ¿Toda la deuda es legítima? ¿Hay que pagar de golpe toda la legítima? Si hablamos de finanzas: ¿Por qué no convertir el negocio financiero privado en una gran banca pública que invierta en actividad productiva y maximice el bienestar social? ¿Por qué no combatir la depresión de la demanda con incrementos generalizados de salarios y pensiones? Si hablamos de paro y producción: ¿Por qué no repartir el trabajo y el empleo reduciendo la jornada laboral? ¿Por qué no impulsar inversiones masivas en energías alternativas, sanidad, enseñanza o investigación? Si hablamos de déficit: ¿Por qué no combatir y erradicar el fraude fiscal, estimado en un 6% del PIB (es decir, un monto de 70.000 millones €, equivalente a lo que el gobierno quiere ahorrar y recaudar sobre las espaldas de los más débiles)? ¿Por qué aceptar las transacciones con paraísos fiscales? ¿Por qué no incrementar la imposición sobre las ganancias empresariales y acabar con refugios como las SICAV en un país donde el Impuesto de Sociedades tiene un tipo efectivo en torno al 10%, debajo incluso del tipo nominal de la Irlanda pre-rescate situado en el 12,5%? ¿Por qué no restituir el impuesto sobre patrimonio y crear además un impuesto a las grandes fortunas?
Estas y otras muchas preguntas apuntan hacia medidas posibles y razonables, que harían posible que la crisis no la pagasen las clases trabajadoras y populares. Para ponerlas en pie se necesita acumular energías sociales y políticas que acaben con la orientación antisocial que ofrecen quienes gobiernan en la UE y en Madrid.

* Este artículo es una versión ampliada del aparecido en Público.es

¿Y SI ESPAÑA SE NEGASE A PAGAR SU DEUDA? Guía, paso a paso

Alberto Sicilia

Los recortes sociales en nuestro país están generando mucho sufrimento humano.

El objetivo de este artículo es explorar algunas preguntas relacionadas con nuestra situación económica: ¿porqué España tiene deudas? ¿A quién debemos el dinero? ¿Cuándo una deuda es ilegítima? ¿Qué pasaría si España se negase a pagarla?

¿Por qué un país tiene “deudas”?

Un país financia sus servicios públicos con el dinero que recauda por impuestos. Pero si el país gasta más de lo recauda, el gobierno busca dinero en los mercados financieros.

Emitir deuda es pedir un préstamo que será devuelto con ciertos intereses en un plazo determinado. El gobierno organiza una subasta y adjudica su deuda al inversor que ofrece el dinero al interés más bajo.

¿Qué tasa de interés le piden a España para prestarle dinero?

En estos momentos, los inversores piden, para el bono a 10 años, un interés del 6,41% a España y un 1,20% a Alemania.

La diferencia entre lo que paga España y lo que paga Alemania es la famosa “prima de riesgo”. En este caso, 641-120 = 521.

¿Quién presta dinero a España?

Dos tercios de la deuda española está en manos de inversores españoles y un tercio en manos de inversores extranjeros.

Una comparación para que os hagáis una idea: el 38 % de la deuda francesa la poseen inversores franceses. Sin embargo, más del 65 % de la deuda española la poseen inversores españoles.

En los últimos meses, se ha producido una tremenda huída de inversores extranjeros: ahora mismo, nuestra deuda pública sólo la compran inversores españoles.

¿Quiénes son esos inversores? ¿Quiénes son “los mercados”?

Fundamentalmente, son bancos y fondos de pensiones.

En el siguiente punto hablaremos de los bancos, permitdme hablar ahora de los fondos de pensiones. Seguramente sabéis que la Seguridad Social tiene una “hucha” para pagar las pensiones futuras. Como la población española está envejeciendo, en el futuro habrá más pesionistas y menos cotizantes. Por eso, hace años, se creó el “Fondo de Reserva” de la Seguridad Social. Pues bien, el 90% del dinero de ese Fondo de Reserva está invertido en deuda del Estado.

¿Y los bancos, de dónde sacan el dinero para comprar deuda española?

De los depósitos de sus clientes. Un banco se dedica, básicamente, a recoger depósitos y conceder créditos. La mayor parte de los dépositos no están en la caja fuerte del banco, sino que han sido prestados a alguien (en forma de hipotécas, créditos a empresas, compra de la deuda de algún país, etc.).

Lo paradójico de la situación española es que los bancos compran deuda al Estado y, a su vez, el Estado “rescata” a los bancos. Ahora mismo, el sistema financiero español y el gobierno son como dos borrachos que sólo se mantienen en pie apoyándose el uno contra el otro.

Además, hay otro aspecto sangrante: los bancos españoles han obtenido préstamos por valor de 1 billón de euros del Banco Central Europeo al 1%. ¡Y luego se lo prestan al Estado al 6%!

¿Cuánto paga España cada año por los intereses de su deuda?

En 2012, se calcula que España pagará 29.000 millones sólo en intereses de su deuda.

Para que os hagáis una idea de lo significa este número: España pagará en intereses diez veces más que los recortes en Sanidad y Educación.

¿Un país puede negarse a pagar su deuda?

Sí. De hecho, casi todos los países del mundo han dejado de pagar la deuda alguna vez en su historia. (Los periódicos suelen usar el termino inglés “default” cuando se refieren al impago de la deuda nacional).

Además del default, hay otra solución intermedia: negociar con los inversores que la cantidad a devolver sea menor de la acordada o en un plazo más largo.

En 1557, España fue la segunda nación en la historia que suspendió el pago de su deuda. Al llegar al trono, Felipe II se dió cuenta de que los metales preciosos de América no eran suficientes para pagar los intereses de la deuda contraída por su padre con los banqueros holandeses. El mismo rey volvió a declarar bancarrota en 1577 y 1597. En total, nuestro país ha dejado de pagar su deuda en 14 ocasiones.

La última vez que España declaró un default fue en 1939, cuando al terminar de la Guerra Civil, Franco se negó a pagar la deuda contraída por el gobierno de la República.

En Europa, todos los países se han declarado en default alguna vez: Francia en 9 ocasiones, Rusia 7 veces y el Reino Unido en 5 ocasiones.

¿En qué circunstancias los países pueden negarse a pagar su deuda?

Básicamente hay dos situaciones diferentes:

1) Me niego a pagar la deuda por “razones técnicas”: sencillamente porque no tengo dinero.

2) Me niego a pagar la deuda por “razones morales”: considero que la deuda es ilegítima.

¿Cuándo una deuda es “moralmente ilegítima”?

En esta discusión existen muchos puntos de vista diferentes. Pero, en mi opinión hay casos evidentes de deudas ilegítimas. Por ejemplo, si cae una dictadura, ¿porqué los ciudadanos de ese país tienen que pagar la deuda adquirida por el tirano? Lo mismo puede decirse de países africanos que han sido expoliados por Occidente.

Quizás la mejor definición de “deuda ilegítima” es la propuesta por el economista Jeff King: “son ilegítimas aquellas deudas contraídas contra los intereses de la población de un país y con el completo conocimiento de su acreedor”.

En este artículo de Wikipedia podéis leer una larga discusión sobre la deuda ilegítima.

¿Cuáles son las ventajas de negarse a pagar la deuda?

El dinero que te ibas a gastar en pagar la deuda, lo puedes dedicar a educación, sanidad, pensiones, etc.

¿Y cuáles son los inconvenientes?

Evidentemente, también hay incovenientes en negarse a pagar la deuda:

A partir de ese momento, el Estado no puede gastar más de lo que recauda porque nadie le presta dinero.

En el caso de España, descontando todo pago por la deuda, seguiría existiendo un déficit de unos 50.000 millones (que habría que compensar recortando gastos o subiendo impuestos). Tendrán que pasar algunos años hasta que alguien vuelva a confiar en prestarte dinero, pero la Historia nos enseña que todos los países europeos que se han declarado en default han vuelto a acceder a los mercados de deuda poco tiempo después.

Además, como hemos visto antes, nuestros principales acreedores son bancos y fondos de pensiones españoles, que colapsarían inmediatamente. Por eso es más sencillo declarse en default cuando la mayoría de tus acreedores son extranjeros.


“LA BANCA NOS TIENE SECUESTRADOS”, entrevista a Bibiana Medialdea

Charlamos con Bibiana Medialdea, doctora profesora de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid.

“La economía ha bajado a la calle” es el título de un artículo que la profesora Medialdea escribió hace un año y que definía a la perfección el estado en el que se encuentran los ciudadanos en un momento en el que conceptos como la prima de riesgo o rescate han pasado a formar parte de la vida cotidiana como el pan o el amor.

Prueba de ello son las más de 150 personas que esperaban a la profesora en la plaza Fuente Dorada de Valladolid el pasado 13 de junio para escucharla hablar sobre la deuda pública y privada, sobre el rescate de España y cómo los ciudadanos podemos defendernos del chantaje al que estamos siendo sometidos cuando nos obligan a pagar con dinero nuestro la deuda de bancos y grandes empresas contraída de manera principalmente especulativa.

Poco antes de esta charla, organizada por el 15-M, hablamos con ella. En sus palabras brillan un cierto realismo, una sencillez y una claridad que no es fácil encontrar en otros economistas, tal vez porque, como ella misma afirma, “los tecnicismos económicos y la oscuridad de su jerga han servido siempre para imponer una visión determinada de la realidad y mantener alejada a la gente de las decisiones más importantes”. Por eso, aclara que se metió en la comisión de Economía del 15-M de Sol.

Y, entonces, le preguntamos: Ese alejamiento también se ha producido porque parece que según se iban conquistando espacios democráticos, las personas que deciden se han ido buscando otros lugares para no ser controlados, como es el caso de los grandes organismos internacionales, ¿crees que en España los ciudadanos se están dando cuenta de esto?

– Creo que sí –contesta ella-. Pero lo dramático son las consecuencias sociales que van asociadas a esa toma de conciencia, aunque ya llevaba pasando mucho tiempo. Por ejemplo, los mecanismos básicos de política económica desde hace mucho no son decididos por los ciudadanos cuando votamos, porque desde 1999 vienen blindados desde Bruselas con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, primero, y, después, con el Pacto del Euro. Efectivamente, hemos conquistado espacios de decisión, pero cuando entrábamos por la puerta, las cosas importantes se estaban escapando por la ventana. Han huido de nuestro parlamento. Y ahora vemos que se está cayendo el disfraz porque las cosas son más explícitas. Por lo que la gente está más enfadada es porque nos están estafando, porque en los parlamentos no se decide nada importante, lo que se está haciendo no venía en ninguno de los programas políticos. O sea que se está tirando del hilo de la farsa liberal en la que estamos instalados.

– ¿Crees que esa huída de las cosas importantes por la ventana está ligada al proceso de de financiarización de la economía que se ha vivido en los últimos años?

– Creo que el capitalismo es un sistema de poder muy concentrado y organizado y a lo largo de su corta historia (300 años) toma distintas formas. Las finanzas no son el único culpable y no podemos idealizar otras formas de capitalismo como si hubiesen sido más amables. Realmente el sistema funciona así, expropiando a la gente su trabajo, privatizando beneficios y socializando pérdidas, es su lógica normal de funcionamiento. Pero en las últimas décadas la forma concreta del capitalismo ha sido lo financiero. La simbiosis entre el capital financiero y los centros políticos que deciden, que no son ni Rajoy ni Rubalcaba,  está muy asentada. Las relaciones en Estados Unidos entre las grandes empresas financieras y la financiación de los partidos -Goldman Sachs dio dinero, apunto yo, a la campaña de Obama-, son muy estrechas, o sea que el capital financiero no es un extraterrestre sin vínculos con los otros espacios de poder.

– Ese proceso ha estado muy apoyado por los políticos desde finales de la década de 1970, ¿por qué se empieza a producir esa financiarización de la economía?

– En los 70 no hay una crisis cualquiera. En esos años salen a la luz dificultades del capital para seguir obteniendo rentabilidad en el ámbito productivo. Se choca con una de las contradicciones básicas que tiene, algo que, por cierto, ya en el pasado había sucedido y se había solucionado de forma destructiva, una guerra mundial o algo similar, para poder reiniciar el proceso de acumulación de dinero desde cero y reencontrar espacios de ganancia. Es decir, en esa década caen los niveles de productividad y las empresas no tienen beneficios como para que les resulte atractivo seguir invirtiendo en la economía productiva y, entonces, los capitales ven en el ámbito financiero la posibilidad de ganar más. Podríamos decir que, en realidad, se va a lo financiero “por necesidad” y se empieza a pujar por que se liberalicen los mercados financieros, los tipos de interés, etc. y es ahí cuando la inflación se convierte en algo sacrosanto, en el gran objetivo a cumplir. Nunca nos han explicado por qué la inflación es tan grave, por qué no se puede vivir con niveles de inflación altos y sí con desempleo alto, con hambre, etc. Y es que la inflación tiene que ver con esa financiarización. Si tienes un activo que te promete que te va a dar rentabilidad, entonces en la medida en que haya un crecimiento de los precios, ese rendimiento financiero futuro cada vez valdrá menos. Desde ese punto de vista, la inflación es problemática y, por eso, en Europa y Estados Unidos, desde los 80, se coloca en el centro de la cuestión. Es muy importante tener esto en cuenta cuando vemos ahora que lo financiero ha sido una burbuja hinchada, explosiva, y pensamos que lo que ha fracaso es la globalización financiera, pero no nos olvidemos de por qué llegamos hasta ahí, que fue para arreglar el problema de que el capital no encontraba la ganancia que necesitaba para seguir operando en lo productivo. Es decir, nos ha fallado la solución al problema. Y es que ahora estamos enredados en esto, pero cuando salgamos de aquí, el capital tendrá que enfrentarse de nuevo a su problema original.

– Y, ¿dónde estaría la solución?

– En ser capaz de organizar la actividad económica con unos criterios que tengan en cuenta el medio y largo plazo, los beneficios públicos, las utilidades que las poblaciones tienen que recibir aunque no tengan acciones de una empresa, que eso no responda solo de la rentabilidad privada. Es necesario, y la crisis lo evidencia, equilibrar el crecimiento y las condiciones de vida, pues 10 años antes de la crisis en nuestro país, con un crecimiento bestial, las condiciones laborales y de vida no hacían más que empeorar, lo cual ya nos indicaba que estamos en un sistema un poco loco. Se trata de solucionar el fregado que tenemos con la crisis pero sin creer que volviendo al instante previo al estallido hemos solucionado el problema, pues ese funcionamiento previo es lo que nos ha traído hasta aquí. Necesitamos garantías de que los recursos de la población se están gestionando con una sensibilidad que vaya más allá del beneficio privado a corto plazo.

– Ahora se habla mucho de la deuda, como un pecado, pero Francia, Italia o Alemania han estado siempre muy por encima del 60% del PIB permitido por la UE, ¿cómo encaja la deuda en el sistema financiero y por qué en la actualidad es un problema, mientras que antes no lo era?

– En efecto, antes España tenía un 36% del PIB de deuda pública, en 2007. El asunto tiene que ver con lo que pasó en la década de 1970. Veamos un ejemplo. Una de las contradicciones básicas que tiene el capitalismo es que a nivel individual cada empresario quiere bajarle los sueldos a sus trabajadores para quedarse con el máximo de beneficio. Sin embargo, si todos hacen los mismo, los trabajadores no tendrán dinero y no podrán comprar lo que los capitalistas venden a sus trabajadores y a los de las demás empresas. Es decir, la contradicción está en bajar los salarios. En aquella década el sistema se choca contra esto y parece que las finanzas permiten superarlo a través de la deuda, algo que los economistas llaman efecto riqueza y que en España hemos tenido muy presente en los últimos años: los salarios no subían, en términos reales estaban estancados, las condiciones de trabajo cada vez eran más precarias e inestables, y sin embargo la capacidad de consumo de la población estaba aumentando. De hecho en los años previos a la crisis, el consumo de las familias era lo que estaba tirando del crecimiento del país. Parece magia: el crédito bancario, fundamentalmente las hipotecas, la deuda, permite la cuadratura del círculo, tener salarios bajos y, al mismo tiempo, que no haya problemas de demanda. Pero ahora ha estallado y no solo tenemos el problema de la deuda sino que cuando eso se solucione el capital seguirá teniendo pendiente la contradicción que dejó en suspenso en los años 70: es decir, si sigues machacando salarios cómo demonios vas a vender. Ahí encaja lo financiero con los problemas de lo productivo.

Ahora es un problema porque el nivel de endeudamiento, principalmente de grandes empresas y bancos, que es el más importante, ha llegado a cotas insostenibles, y los bancos alemanes, que eran los que prestaban a los españoles y, por tanto, los que han inflado la burbuja, no prestan y no se fían de los españoles, porque la máquina funcionaba mientras las casas se vendieran a precios mayores, pero ahora que se ha parado, no hay ingresos y la realidad te da un toque, pues si la gente deja de pagar esas barbaridades por las casas, se acaba el origen inicial del dinero. El detonante es el estallido de las burbujas inmobiliarias en Estados Unidos, Irlanda, Gran Bretaña, España… pero el mecanismo estaba desquiciado y hubiese saltado antes o después.

– De hecho, la deuda privada está en torno al 190% del PIB, de lo cual más de un 60% es de empresas y bancos, pero nunca se habla de esto.

– Exactamente. Si cogemos la deuda total y pensamos que es 100, el 63 % es de empresas no financieras (constructoras, inmobiliarias, etc.), financieras y bancos, no es de las pymes. Así, que si alguien ha vivido por encima de sus posibilidades son ellos. Pues el 21% es de familias y el 16% de las instituciones públicas. En este contexto, la deuda privada se convierte en pública porque esas empresas no quieren hacerse cargo de sus pérdidas. El capitalismo nos podrá parecer mejor o peor, pero se suponía que esto era un juego de personas arriesgadas que corren con las consecuencias, es decir, cuando va bien tienen beneficios y cuando va mal, pierden. Y lo que vemos es todo lo contrario, un sector financiero, bancario y constructor muy arriesgado y que ha obtenido muchos beneficios durante años, que cuando llega el momento de las pérdidas encuentra los mecanismos para no asumir esas pérdidas en soledad sino socializarlas, lógicamente porque tiene conexión con lo político …

– Viéndolo así, ellos serían losa auténticos anticapitalistas…

– Bueno, es que, en realidad, el capital es muy pragmático: no tiene problemas en pedir nacionalizaciones cuando lo necesita o intervenciones públicas. Yo creo que los economistas neoliberales que escriben libros de texto son ya los únicos que se creen lo de los mercados libres, la competencia y demás, porque en la vida real no es así. En los años 30 pasó y ahora también. Por supuesto, saben que es un ejercicio de pasarle las pérdidas a otro y cuando esto vaya bien de nuevo volverán a privatizarse los beneficios. Pero si un sector lleva acumulando más de 15 años beneficios impresionantes y ahora tiene pérdidas, éstas deberían sufragarse con aquéllos.

– Y en esa socialización de las pérdidas es cuando se hace público el problema…

– Claro, según diferentes mecanismos. El mecanismo principal de socialización de pérdidas en España está siendo a través de la banca. El caso de Bankia es clarísimo. No tenemos los datos definitivos, pero seguramente sea la entidad más expuesta al ladrillo, la que más ha negociado con las inmobiliarias y la que más beneficios obtuvo de ello, repartiendo bonos a lo bestia a sus directivos, etc. Y de repente dice que tiene un problema, un agujero, que ni siquiera puede devolver el dinero de un posible préstamo estatal sino que necesita que el Estado meta dinero sin más, una recapitalización, y que pase a ser accionista. Entonces, lo hacemos con 24.500 millones que no son un crédito. Vale. Nos gastamos el dinero, pero podríamos decir que ya somos Bankia, que ahora el Estado podrá recuperar el crédito para pymes, decir algo sobre los deshaucios, pues es la entidad que más deshaucios ejecuta, o sea, ya tenemos un banco público con el que poder hacer algo: pues no. El poder político que debiera acompañar a ese desembolso económico tan importante no se va a ejercer y, además, tienen el descaro de ni siquiera ocultarlo, y dicen que cuando la entidad esté bien el Estado la venderá y, naturalmente, a precio de ganga para devolverla al capital privado…

– O sea, que ni siquiera se prevé que se vaya a recuperar lo gastado en Bankia revendiéndola…

– No. Venderán las acciones muy baratas. Acordaos de mí: cuando Bankia empiece a repartir dividendos, a ver cuánto tiempo tardan en privatizar la parte que ha comprado el Estado. Por eso, es importante no ser muy rígidos y no pensar que son promercado o algo así. No. Son pragmáticos.

– ¿Era necesario el rescate?

– Si me preguntas si hacía falta mucho dinero para solucionar la situación del sector bancario, sí; que el Estado no podía emitir deuda pública para hacer frente a esa situación, también. Lo que pasa es que esto no es un rescate. España no tiene recursos para solucionar lo que han liado sus bancos. En realidad, lo que se llama rescate es una ampliación de deuda y esto se acompaña de condiciones, pues cuando te dan deuda para solucionar deuda, te imponen condiciones para garantizar ese pago: es decir, cerrar los quirófanos, los colegios, despedir a maestros, quitar prestaciones, subir el IVA y bajar las pensiones. Eso es lo que ha pasado en Gracia, Portugal, etc. y lo que está pasando aquí ahora. Si de facto ya estábamos intervenidos a través del Pacto del Euro, pues vemos cómo punto por punto se ha hecho lo que Bruselas nos imponía, empezando por la reforma laboral del PSOE y el pensionazo, y siguiendo después con lo recortes de Rajoy, ahora tenemos una vuelta de tuerca más: habrá más intervención y más recortes. La cuestión es que tenemos un problema en los bancos muy grande, pero no se sabe cómo de grande. Las cifras que dan las auditorías, el FMI o el Banco de España no se sabe de dónde salen. El FMI dice hace una semana que necesitamos 38.000 millones y el Banco de España dijo que 176.000. Así, que hacer hipótesis sobre el sector bancario con esta política de ocultación brutal es imposible. Un ejemplo: Eurostat (la oficina de estadística de la Unión Europea) hace dos años que no publica en la web ciertos datos que antes sí sacaba, que eran públicos.

– Si esto lo ve cada vez más gente, hasta los medios conservadores piensan que los recortes solo nos endeudan más y nos meten en una espiral infernal…

– Sí, y además, la deuda nunca se da en millones de euros sino en porcentaje del PIB, por tanto, cuanto menos creces, la deuda será mayor porque tu PIB es más pequeño.

– Vale. Mi pregunta es ¿por qué lo están haciendo así? ¿Adónde quieren llegar?

– Al límite. Para esto, creo que es muy ilustrativo estudiar lo que pasó en América Latina en los años 80. Tenían un problema de deuda externa muy importante y llegó un punto en el que era evidente que no podían pagar; igual que lo es ahora, por cierto. De repente, los tipos de interés subieron mucho, la deuda se multiplicó y aunque cada vez dedicaban más de sus recursos a pagar, no había forma de hacerlo. El FMI sale, entonces, a escena y les pone programas de ajuste, de recortes, de austeridad, como los nuestros y les ofrece rescates, que entonces no se llamaban así, y les ofrecen nuevos créditos para pagar la deuda de hoy con deuda de mañana a cambio de condiciones. Y así, ya en 1982 México dice que no puede pagar y le siguieron otros. Como está pasando en Europa. Sin embargo, el FMI tarda todavía siete años, hasta 1989, en reaccionar. Es decir el año 82 lo podemos comparar con el año pasado en Grecia, cuando se hizo evidente que no podrá pagar, que se podrán renegociar deudas o lo que sea, pero que la deuda tal y como está no se puede devolver. Y, sin embargo, lo alargan porque son conscientes de que habrá quitas en la deuda, renegociaciones, y de que por mucho que te esfuerces, no se conseguirá pagar ni con todo el sacrificio humano. Esto lo saben los bancos alemanes, pero el asunto es llegar a esa renegociación más fuerte que el otro porque así obtendrás mejores condiciones. Intentan recuperar todo lo que puedan de esa deuda, y esto significa cerrar quirófanos, despedir a profesores, pagar menos pensiones, reducir prestaciones. Es decir, antes de rendirse y asumir que no podrán recuperarlo todo, nos van a estrujar lo posible. Por eso, en economía a esos años en América Latina se los llama la década perdida, porque el continente retrocedió 40 años en niveles de esperanza de vida, etc. En Grecia ya se ve con los niños abandonados, los suicidios, etc. Así que, la idea es que una vez que el país haya dado todos los recursos de los que sea capaz para pagar la deuda, ahí se sentarán a negociar el impago de la deuda y se renegociarán condiciones y ajustes.

– ¿Ese es el camino que nos espera…?

– Desearía que no porque es desesperante, es un camino largo y una tragedia social. Aun hoy América Latina sigue pagando la deuda externa.

– Pero hubo países que dijeron que no iban a pagar, que esa deuda no les pertenecía, que era odiosa o ilegítima. Eso es lo que sucede ahora en Grecia, que se piensa en hacer una auditoría para ver qué le corresponde pagar a la gente y qué no…

– Sí. En América Latina en la década de 1980 había movimientos sociales reivindicando no pagar la deuda, pues la subida de intereses la había hecho crecer de manera desproporcionada. También en Europa, los más críticos tomaron esa idea de trabajar las deudas ilegítimas. A finales de la década de 1990, cuando empezaron a subir a los gobiernos algunos partidos o personajes de corte más o menos progresista, recuperan, entonces, la idea. El caso de libro es Ecuador. Tenía una deuda muy grande y con parte de ella había base jurídica para afirmar que era ilegal, pues la habían contraído políticos corruptos con empresas cuyas relaciones eran abusivas. Así, que los movimientos sociales de allí empiezan a trabajar con la idea de auditar esa deuda para no pagarlo todo. Cuando Correa llega al gobierno, pone facilidades para que se lleve a cabo. De modo que la gente que la hizo, algunos especialistas como Éric Tousaaint, determinó que había un 65% de deuda con base jurídica para negarse a pagarla. Estaba clasificada, había contratos y era evidente que cualquier tribunal los declararía ilegales: es decir, deuda odiosa. Aun así, Correa fue muy prudente y decidió no pagar solo el 20% que cualquier juzgado le iba a reconocer, por lo evidente que era. Así lo hizo y lo anunció. Pero no tuvo que hacer nada, no fue a los tribunales, pues sólo con este anuncio, el valor de la deuda bajó más de un 80% y, entonces, la compró. Es decir, al final pagó su deuda, solo que aun precio bajísimo y ahorró muchísimo dinero al país. Y esto me gusta porque fue muy inteligente, un político gestionó bien los recursos públicos, y no estamos acostumbrados a ello, y, además, pone en evidencia la importancia que tuvo en sí el proceso de la auditoría. Se había generado credibilidad, es decir, es importante que los deudores nos demos cuenta del poder que tenemos: si tú le debes 1.000 euros al banco, tú tienes un problema, pero si le debes 100.000 millones, el problema lo tiene él. Así que, la auditoría de la deuda es buena porque ayuda a romper tabúes: parece que la deuda está por encima de todo, que es sagrada y si tienes que vender un riñón para pagar, no pasa nada. Yo creo que el proceso de la auditoria, en la medida en que hace conscientes a los deudores de la posibilidad de no pagar esa deuda odiosa, es bueno. Al final, si pagar deuda significa cerrar colegios, quirófanos, etc., hay que plantearse que a lo mejor no hay que pagar esa parte. Esto, además, ya está incluido en los intereses: a los clientes como España y Grecia, que tenemos pinta de ser complicados, ya nos prestan dinero a un interés mayor para cubrir la posibilidad de que no les podamos pagar.

– En España, ¿puede haber ese tipo de deuda odiosa? ¿Se está pensando en investigarla?

– Sí la hay. Por ejemplo, la deuda que ha generado el Estado por rescatar a la banca, la deuda que se genera por ataques especulativos dirigidos por bancos antes de una cumbre europea, haciendo subir la prima de riesgo, las operaciones deliberadas que se hacen para elevar los tipos de interés cuando se van a hacer emisiones de deuda pública, es decir, esos tipos de interés extra, abusivos, no habría que reconocerlos. Pero en el caso español también podríamos considerar la deuda pública ligada a la construcción de infraestructuras que nunca han tenido un uso público, como los aeropuertos peatonales u otras cosas, y solo han servido para enriquecer a grupos privados concretos. Aquí hay legitimidad para decir que ese dinero no se ha gastado en un bien público, por lo que no puede generar una deuda pública. Pero además en España tiene mucho sentido hacer una auditoría porque nos falta muchísima información. Ha habido cerrojazo de las estadísticos en Estados Unidos y Europa, pero en nuestro país la opacidad es impresionante con todo lo que tiene ver con la deuda. Nos falta muchísima información para hacernos una idea de en qué punto estamos. Pedir una auditoría es pedir información porque no nos podemos fiar de las autoridades que han estado supervisando la economía, así que hay que hacer un ejercicio ciudadano de pedir responsabilidades y que sean expertos independientes, controlados socialmente, los que hagan la evaluación. Esto es lo primero que habría que hacer para poder saber lo que tenemos y cómo solucionarlo.

– Este es el camino de los ciudadanos…

– Creo que sí. Yo misma he dicho que el sector bancario necesita dinero, pero a costa de ello nos tiene secuestrados, los bancos nos tienen chantajeados. Es cierto que un colapso bancario tendría consecuencias dramáticas en términos de destrucción de empleo, de deshaucios, etc. pero es un chantaje real, nos tienen contra las cuerdas y hay que ver cómo se gestiona eso.

– El gobierno ha contratado a unas agencias para que hagan esa auditoría…

– Claro, pero lo que tendremos son nuevas cifras a sumar al abanico que ya tenemos. Por eso, necesitamos a expertos independientes controlados, pues el FMI y el Banco de España publican solo un resumen de sus conclusiones, y nosotros queremos ver los datos completos…

– En cuanto a las responsabilidades de todo esto, puesto que nos machacan día a día con “la herencia recibida”, ¿quién es más responsable?

– Todos. Me parece indignante el peloteo del “tú más” que se traen. También es verdad que este gobierno solo lleva seis meses, pero en este tiempo no lo ha podido hacer peor. Y no hablemos de Zapatero, que desde 2004 pisó el acelerador del crecimiento inmobiliario basado en deuda hasta que le estalló y, después, acató sin titubeos, en mayo de 2010, lo que le dijeron los mercados para aplicar lo contrario de su programa electoral. Pero también el PP en las autonomías y ayuntamientos ha tenido una gestión ruinosa y para qué hablar de las cajas y de los pelotazos urbanísticos, etc. Para qué hablar de la liberalización del suelo de Aznar, que fue abrir la veda para la locura inmobiliaria en España, etc. Por eso, creo que han perdido credibilidad. Lo que necesitamos son personas que no sean políticos profesionales, que lo vean de otra manera, que no tengan hipotecas con el mundo empresarial. Y necesitamos también mucha gente en la calle apoyando a esos políticos valientes y no profesionales, pues no nos podemos relajar frente a nadie. La política tiene que sentirse vigilada y controlada constantemente por los ciudadanos.

Texto: Carlos Chávez. Foto: Almudena Zapatero

La víctima griega

El desastre se originó en Bruselas, Fráncfort y Berlín, al crear un sistema monetario defectuoso

Paul Krugman 

Desde que Grecia cayó en picado, hemos oído hablar mucho de lo que no va bien en todo lo que sea griego. Algunas de las acusaciones son ciertas, y otras son falsas, pero todas ellas son irrelevantes. Sí, existen importantes fallos en la economía griega, en su política, y, sin duda alguna, en su sociedad. Pero estos fallos no son los que causaron la crisis que está desgarrando a Grecia, y que amenaza con extenderse por Europa.

No, los orígenes del desastre se encuentran más al norte, en Bruselas, Fráncfort y Berlín, donde las autoridades crearon un sistema monetario profundamente defectuoso —y quizás abocado a morir— y luego agravaron los problemas de ese sistema sustituyendo el análisis por las lecciones de moral. Y la solución a la crisis, si es que existe alguna, tendrá que llegar de los mismos lugares.

Por tanto, veamos esos defectos griegos: sin duda alguna Grecia tiene mucha corrupción y mucha evasión fiscal, y el Gobierno griego tiene por costumbre vivir por encima de sus posibilidades. Más allá de eso, la productividad laboral griega es baja de acuerdo con los niveles europeos, ya que es inferior en un 25% a la media de la Unión Europea. Sin embargo, vale la pena señalar que la productividad laboral en, vamos a decir, Misisipi, es más o menos igual de baja según los niveles estadounidenses, y más o menos por el mismo margen.

Por otra parte, muchas cosas de las que se oyen sobre Grecia no son ciertas. Los griegos no son vagos; al contrario, trabajan más horas que casi todo el mundo en Europa, y muchas más horas que los alemanes en concreto. Grecia tampoco tiene un Estado del bienestar desenfrenado, como les gusta afirmar a los conservadores; el gasto social como porcentaje del producto interior bruto (PIB), la medida habitual del tamaño del Estado del bienestar, es considerablemente más bajo en Grecia que en, digamos, Suecia o Alemania, que son países que hasta ahora han capeado la crisis europea bastante bien.

Entonces, ¿cómo se metió Grecia en tantos problemas?. Miren al Euro.

Hace 15 años, Grecia no era un paraíso, pero tampoco estaba en crisis. El desempleo era elevado pero no era catastrófico, y el país más o menos se valía por sí mismo en los mercados mundiales, ya que ganaba lo bastante con las exportaciones, el turismo, los barcos y otras fuentes como para pagar más o menos sus importaciones.

Luego Grecia se incorporó al euro, y sucedió algo terrible: la gente empezó a creer que era un lugar seguro para invertir. Entró dinero extranjero en Grecia, una parte de él, pero no todo, para financiar los déficits del Gobierno; la economía se aceleró; la inflación aumentó; y Grecia perdió cada vez más competitividad. Sin lugar a dudas, los griegos despilfarraron mucho, si no la mayor parte, del dinero que entraba a raudales, pero también es verdad que todos los que quedaron atrapados en la burbuja del euro hicieron lo mismo.

Y luego estalló la burbuja, y en ese momento, los fallos esenciales de todo el sistema del euro se hicieron demasiado evidentes.

Pregúntense por qué la zona dólar —también conocida como Estados Unidos de América —funciona más o menos, sin las graves crisis regionales que afligen ahora a Europa. La respuesta es que tenemos un Gobierno central fuerte, y las actividades de este Gobierno proporcionan a todos los efectos rescates automáticos a los Estados que se meten en problemas.

Piensen, por ejemplo, en lo que podría estar sucediendo en Florida ahora mismo, tras su enorme burbuja inmobiliaria, si el Estado tuviera que sacar el dinero para la Seguridad Social y Medicare de sus propios ingresos que se vieron reducidos repentinamente. Por suerte para Florida, es Washington en vez de Tallahassee quien se está haciendo cargo de la factura, lo que significa que Florida está recibiendo a todos los efectos un rescate a una escala que ningún país europeo podría soñar.

O piensen en un ejemplo más antiguo, la crisis de las cajas de ahorros de la década de 1980, que fue en gran medida un problema de Tejas. Los contribuyentes acabaron pagando una enorme suma para resolver el lío, pero la inmensa mayoría de esos contribuyentes estaba en otros Estados que no eran Tejas. Una vez más, el Estado recibió un rescate automático a una escala inconcebible en la Europa moderna.

Por eso Grecia, aunque no exenta de alguna culpa, se encuentra en apuros principalmente debido a la arrogancia de las autoridades europeas, en su mayoría procedentes de países más ricos, que se convencieron de que podrían hacer que funcionase una moneda única sin un Gobierno único. Y estas mismas autoridades han empeorado la situación al insistir, a pesar de las pruebas, en que todos los problemas de la moneda estaban causados por el comportamiento irresponsable de esos europeos del sur, y que todo funcionaría si la gente estuviera dispuesta a sufrir un poco más.

Lo que nos lleva a las elecciones del domingo en Grecia, que acabaron por no solucionar nada. Puede que la coalición de Gobierno haya logrado mantenerse en el poder, aunque ni siquiera eso queda claro (el segundo socio de la coalición está amenazando con abandonarla). Pero, de todas maneras, los griegos no pueden resolver esta crisis.

La única forma en la que el euro podría —podría— salvarse es si los alemanes y el Banco Central Europeo se dan cuenta de que son ellos los que tienen que cambiar su comportamiento, gastar más y, sí, aceptar una inflación más elevada. Si no, bueno, pues Grecia pasará a la historia como la víctima del orgullo desmedido de otros países.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008.
© 2012 New York Times Service. Traducción de News Clips.

¡¡Por la revolución griega!!

Este domingo, el partido de la izquierda radical SYRIZA, y su líder Alexis Tsipras, pueden poner fin a la humillación que viene padeciendo Grecia en los últimos años

Syriza mantendrá a Grecia en el euro si ganas las eleccionesEste es su programa electoral :

1. Realizar una auditoría sobre la deuda pública. Renegociar su devolución y suspender los pagos hasta que se haya recuperado la economía y vuelva el crecimiento y el empleo.

2. Exigir a la UE un cambio en el papel del BCE para que financie directamente a los Estados y a los programas de inversión pública.

3. Subir el impuesto de la renta al 75% para todos los ingresos por encima del medio millón de euros anuales.

4. Cambiar la ley electoral para que la representación parlamentaria sea verdaderamente proporcional.

5. Subir el impuesto de sociedades para las grandes empresas al menos hasta la media europea.

6. Adoptar un impuesto a las transacciones financieras y también un impuesto especial para los productos de lujo.

7. Prohibir los derivados financieros especulativos, como los swaps y los CDS.

8. Abolir los privilegios fiscales de los que disfruta la iglesia y los armadores de barcos.

9. Combatir el secreto bancario y la evasión de capitales al extranjero.

10. Rebajar drásticamente el gasto militar.

11. Subir el salario minimo hasta su nivel previo a las recortes (751 euros brutos mensuales).

12. Utilizar los edificios del Gobierno, la banca y la iglesia para alojar a las personas sin hogar.

13. Poner en marcha comedores en los colegios públicos para ofrecer desayuno y almuerzo gratuito a los niños.

14. Ofrecer sanidad pública gratuita para las personas desempleadas, sin hogar o sin ingresos suficientes.

15. Ayudas de hasta el 30% de sus ingresos para las familias que no pueden afrontar sus hipotecas.

16. Subir las prestaciones de desempleo para los parados. Aumentar la protección social para las familias monoparentales, los ancianos, los discapacitados y los hogares sin ingresos.

17. Rebajas fiscales para los productos de primera necesidad.

18. Nacionalización de los bancos.

19. Nacionalizar las antiguas empresas públicas de sectores estratégicos para el crecimiento del país (ferrocarriles, aeropuertos, correos, agua…).

20. Apostar por las energías renovables y por la protección del medio ambiente.

21. Igualdad salarial para hombres y mujeres.

22. Limitar el encadenamiento de contratos temporales y apostar por los contratos indefinidos.

23. Ampliar la protección laboral y salarial de los trabajadores a tiempo parcial.

24. Recuperar los convenios colectivos.

25. Aumentar las inspecciones de trabajo y los requisitos laborales para empresas que accedan a concursos públicos.

26. Reformar la constitución para garantizar la separación iglesia-Estado y la protección del derecho a la educación, la salud y la protección del medio ambiente.

27. Someter a referéndum vinculante los tratados europeos y otros acuerdos de importancia.

28. Abolición de todos los privilegios de los parlamentarios. Eliminar la especial protección legal de los ministros y permitir a los tribunales ordinarios procesar a los miembros del gobierno.

29. Desmilitarizar la guardia costera y disolver las fuerzas especiales antidisturbios. Prohibir la presencia de policías encubiertos o con armas de fuego en las manifestaciones y mítines. Cambiar los planes de estudio de los policías para poner énfasis en los temas sociales, como la inmigración, las drogas o la exclusión social.

30. Garantizar los derechos humanos en los centros de detención de inmigrantes.

31. Facilitar a los inmigrantes la reagrupación familiar. Permitir que los inmigrantes, incluso los indocumentados, tengan acceso pleno a la sanidad y la educación.

32. Despenalizar el consumo de drogas, combatiendo solo el tráfico. Aumentar los fondos para los centros de desintoxicación.

33. Regular el derecho a la objeción de conciencia en el servicio militar.

34. Aumentar los fondos para la sanidad pública hasta los niveles del resto de la UE (la media europea es del 6% del PIB y Grecia gasta el 3%).

35. Eliminar el copago en los servicios sanitarios.

36. Nacionalizar los hospitales privatizados. Eliminar toda participación privada en el sistema público de salud.

37. Retirada de las tropas griegas de Afganistán y los balcanes: ningún soldado fuera de las fronteras de Grecia.

38. Romper los acuerdos de cooperación militar con Israel. Apoyar la creación de un estado Palestino dentro de las fronteras de 1967.

39. Negociar un acuerdo estable con Turquía.

40. Cerrar todas las bases extranjeras en Grecia y salir de la OTAN.

Los Mercados tienen nombre y apellidos

Geoffrey Geuens en Le Monde Diplomatique 
Los socialistas europeos denuncian con virulencia “las finanzas” que reinan sin restricciones en el mundo y que habría que controlar mejor. Sin embargo, la imagen descarnada de los “mercados” tiene como efecto dejar en las sombras a los verdaderos beneficiarios de la crisis y de las medidas de austeridad en curso.

El ex banquero socialista Jean Peyrelevade, que pasó de la banca pública a las finanzas privadas, y de Francois Mitterrand a M. Francois Bayrou, explicaba en 2005: “El capitalista ya no es directamente identificable (…) ¿Con quién se rompe cuando se rompe con el capitalismo? ¿Qué instituciones hay que atacar para poner fin a la dictadura del mercado, fluido, mundial y anónimo?”. Este ex director adjunto del gabinete del primer ministro Pierre Mauroy concluía: “A falta de un enemigo identificado, Marx es impotente” (1).

Que un representante de las altas finanzas –presidente del grupo Banca Leonardo (familias Albert Frère, Agnelli y David-Weill) y gerente del grupo Bouygues– niegue la existencia de una oligarquía, ¿debe realmente sorprender? Más extraño es que los medios de comunicación dominantes difundan esa imagen desencarnada y despolitizada de las poderosos de las finanzas. La cobertura periodística de la designación de Mario Monti como presidente del Consejo Italiano bien podría constituir, en ese sentido, el ejemplo perfecto de un discurso-pantalla que hace referencia a “tecnócratas” y “expertos” allí donde se conforma un gobierno de banqueros. Incluso pudo leerse en el sitio internet de algunos diarios que “personalidades de la sociedad civil” acababan de tomar las riendas (2).

Puesto que el equipo de Monti también cuenta en sus filas con profesores universitarios, la cientificidad de su política fue establecida de antemano por los comentaristas. Aunque, observado de cerca, la mayoría de los ministros del equipo integraban los directorios de los principales trusts de la península.

Corrado Passera, ministro de Desarrollo Económico, es director ejecutivo de Intesa Sanpaolo; Elsa Fornero, ministra de Trabajo y profesora de economía de la Universidad de Turín, ocupa la vicepresidencia de Intesa Sanpaolo; Francesco Profumo, ministro de Educación e Investigación y rector de la Universidad Politécnica de Turín, es director de UniCredit Private Bank y de Telecom Italia –controlada por Intesa Sanpaolo, Generali y Mediobanca– y ya pasó por Pirelli; Piero Gnudi, ministro de Turismo y Deportes, es gerente de UniCredit Group; Piero Giarda, encargado de las relaciones con el Parlamento, profesor de Finanzas Públicas de la Universidad Católica de Milán, es vicepresidente del Banco Popolare y gerente de Pirelli. En cuanto a Monti, fue asesor de Coca Cola y de Goldman Sachs, y director de Fiat y de Generali.

No tan distintos

Si bien los dirigentes socialistas europeos carecen actualmente de palabras lo suficientemente duras como para calificar la omnipotencia de los “mercados financieros”, la reconversión de los ex referentes del social-liberalismo se opera sin que sus antiguos compañeros expresen realmente su indignación. El ex primer ministro de los Países Bajos, Wim Kok, integró los directorios de los trusts neerlandeses ING, Shell y KLM. Su homólogo alemán, el ex canciller Gerhard Schröder, también se recicló en el ámbito privado como presidente de la empresa Nord Stream AG (joint-venture Gazprom/E.ON/BASF/GDF Suez/Gasunie), gerente del grupo petrolero TNK-BP y asesor para Europa de Rothschild Investment Bank. Esta trayectoria a primera vista sinuosa en realidad no tiene nada de singular. Varios antiguos miembros de su gabinete, miembros del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), también cambiaron el traje de funcionario público por el de hombre de negocios: el ex ministro del Interior Otto Schilly asesora actualmente al trust financiero Investcorp (Bahrein), donde se encontró con el canciller austríaco conservador Wolfgang Schüssel, el vicepresidente de la Convención Europea Giuliano Amato o incluso Kofi Annan, ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El ex ministro de Economía y Trabajo alemán, Wolfgang Clement, es socio de la firma RiverRock Capital y gerente de Citigroup Alemania. Su colega, Caio Koch-Weser, secretario de Estado de Finanzas de 1999 a 2005, es vicepresidente del Deutsche Bank. Finalmente, el ministro de Finanzas del primer gobierno de Angela Merkel, el SPD Peer Steinbrück, es gerente de ThyssenKrupp. En cuanto a los “dignos herederos” (3) de Margaret Thatcher y ex líderes del Partido Laborista, juraron a su vez lealtad a las altas finanzas: el ex ministro de Relaciones Exteriores David Miliband asesora a las empresas VantagePoint Capital Partners (Estados Unidos) e Indus Basin Holdings Ltd. (Pakistán); el ex Comisario Europeo de Comercio, Peter Mandelson, trabaja para el banco de negocios Lazard; en cuanto al mismo Anthony Blair, ejerce simultáneamente los cargos de asesor de la empresa suiza Zurich Financial Services y administrador del fondo de inversión Landsdowne Partners y el de presidente del comité consultivo internacional de JPMorgan Chase, junto a Annan y Henry Kissinger.

Esta enumeración que lamentamos infligirle al lector resulta sin embargo indispensable cuando los medios de comunicación omiten constantemente dar a conocer los intereses privados de las personalidades públicas. Más allá de la porosidad entre dos mundos que se muestran fácilmente como distintos –si no opuestos–, la identificación de sus dobles agentes es necesaria para la buena comprensión del funcionamiento de los mercados financieros.

Así, y contrariamente a una idea en boga, las finanzas tienen uno o, más bien, varios rostros (4). No el del jubilado de Florida o el pequeño tenedor europeo complacientemente descrito por la prensa, sino más bien los de una oligarquía de propietarios y administradores de fortunas. Peyrelevade recordaba en 2005 que el 0,2% de la población mundial controlaba la mitad de la capitalización bursátil del planeta (5). Estas carteras son administradas por bancos (Goldman Sachs, Santander, BNP Paribas, Société Générale, etc.), empresas de seguros (AIG, AXA, Scor, etc.), fondos de pensión o inversión (Berhshire Hathaway, Blue Ridge Capital, Soros Fund Management, etc.); instituciones que invierten además sus propios fondos.

Esta minoría especula con la cotización de las acciones, de la deuda soberana o de las materias primas, gracias a una gama casi ilimitada de productos derivados que revelan la inagotable inventiva de los ingenieros financieros. Lejos de representar el resultado “natural” de la evolución de economías maduras, los “mercados” constituyen la punta de lanza de un proyecto que, tal como advierten los economistas Gérard Duménil y Dominique Lévy, fue “concebido para incrementar los ingresos de la clase alta” (6). Un éxito innegable: el mundo cuenta actualmente con alrededor de 63.000 “centimillonarios” (poseedores de al menos 100 millones de dólares), que representan una fortuna combinada de aproximadamente 40 billones de dólares (es decir, un año de Producto Interno Bruto mundial).

Irresponsables de ayer, sabios de hoy

Esta encarnación de los mercados puede resultar molesta, pues a veces es más cómodo luchar contra molinos de viento. “En esta batalla que se libra, voy a decirles cuál es mi verdadero adversario –exclamaba el entonces candidato socialista a la elección presidencial francesa, François Hollande, en su discurso de Bourget (Seine-Saint-Denis), el pasado 22 de enero–. No tiene nombre, ni rostro, ni partido; nunca presentará su candidatura, nunca será, pues, elegido. Este adversario es el mundo de las finanzas”. Atacar a los verdaderos actores de la alta banca y de la gran industria habría podido conducirlo igualmente a nombrar a los dirigentes de los fondos de inversiones que deciden, con plena conciencia, lanzar ataques especulativos sobre la deuda de los países del Sur de Europa. O incluso, a cuestionar el doble rol de algunos de sus asesores, sin olvidar el de sus (ex) colegas socialistas europeos que pasaron de una Internacional a la otra.

Al elegir como jefe de campaña a Pierre Moscovici, vicepresidente del Círculo de la Industria, un lobby que reúne a los dirigentes de los principales grupos industriales franceses, el candidato socialista señalaba a los “mercados financieros” que decididamente alternancia socialista ya no rimaba con ruptura revolucionaria. ¿Acaso no estimó Moscovici que “no había que tenerle miedo al rigor”, al afirmar que en caso de triunfar, los déficits públicos serían “reducidos a partir de 2013 por debajo del 3% (…), cueste lo que cueste”, lo que implicaría “tomar las medidas necesarias”? (7).

Figura obligatoria de la comunicación política, la denuncia de los “mercados financieros”, tan virulenta como inofensiva, sigue siendo hasta ahora letra muerta. Al igual que el presidente Barack Obama, que otorgó su indulto presidencial a los responsables estadounidenses de la crisis, los dirigentes del Viejo Continente perdonaron en muy poco tiempo los excesos de los especuladores “ávidos” que ponían en el banquillo de los acusados. Sólo quedaba entonces recuperar el prestigio injustamente mancillado de los dignos representantes de la oligarquía. ¿Cómo? Designándolos a la cabeza de comisiones encargadas de elaborar nuevas reglas de conducta para los mercados, ¡por supuesto! De Paul Volcker (JPMorgan Chase) a Mario Draghi (Goldman Sachs), pasando por Jacques de Larosière (AIG, BNP Paribas), Lord Adair Turner (Standard Chartered Bank, Merrill Lynch Europe) o incluso el barón Alexandre Lamfalussy (CNP Assurances, Fortis), todos los coordinadores encargados de brindar una respuesta a la crisis financiera mantenían estrechos lazos con los más importantes operadores privados del sector. Los “irresponsables” de ayer, como por obra de gracia, acababan de metamorfosearse en “sabios” de la economía, alentados por los medios de comunicación e intelectuales dominantes que, poco tiempo antes, no tenían palabras lo bastante duras como para denunciar la “suficiencia” y la “ceguera” de los banqueros.

Finalmente, ya no existen dudas de que algunos especuladores hayan podido sacar provecho de las crisis que se sucedieron estos últimos años. Sin embargo, el oportunismo y el cinismo del que dan muestras los “depredadores” en cuestión no debe hacer olvidar que contaron, para alcanzar sus objetivos, con el apoyo de las más altas esferas del Estado. ¿Acaso John Paulson, luego de haber ganado más de 2.000 millones de dólares en la crisis de las subprime, de la que fue el principal beneficiario, no contrató al ex patrón de la Reserva Federal, Alan Greenspan, entonces asesor de Pimco (Deutsche Bank), uno de los principales acreedores del Estado estadounidense? Y qué decir de los principales administradores internacionales de hedge funds: el ex presidente del National Economic Council (bajo el gobierno de Obama) y ex secretario del Tesoro de William Clinton, Lawrence Summers, fue director ejecutivo de la firma D.E. Shaw (32.000 millones de dólares de activos); el fundador del grupo Citadel Investment, Ken Griffith, oriundo de Chicago, financió la campaña del actual presidente de Estados Unidos; en cuanto a George Soros, contrató los servicios del laborista Lord Malloch-Brown, ex director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo…

Las finanzas tienen rostros:  se les puede ver desde hace mucho tiempo en los pasillos del poder.

Notas:

1. Jean Peyrelevade, Le Capitalisme total, Seuil/La République des Idées, París, 2005, págs. 37 y 91.

2. Anne Le Nir, “En Italie, Mario Monti réunit un gouvernement d’experts”, www.la-croix.com, 16-11-11; Guillaume Delacroix, “Le gouvernement Monti prêt à prendre les rênes de l’Italie”,www.lesechos.fr, 16-11-11.

3. Keith Dixon, Un Digne héritier. Blair et le thatchérisme, Liber/Raisons d’Agir, París, 2000.

4. Léase “Où se cachent les pouvoirs”, Manière de voir, N° 122, abril-mayo de 2012 (en kioscos).

5. Jean Peyrelevade, Le Capitalisme total, ob. cit. 1% de los franceses posee el 50% de las acciones.

6. Gérard Duménil y Dominique Lévy, The Crisis of Neoliberalism, Harvard University Press, Cambridge (MA), 2011.

7. “Pierre Moscovici: ‘Ne pas avoir peur de la rigueur’”, www.lexpress.fr, 8-11-11.

  • Geoffrey Geuens es Profesor de la Universidad de Liège. Autor de La Finance imaginaire. Anatomie du capitalisme: des “marchés financiers” à l’oligarchie, Aden, Bruselas, 2011.
  • Traducción: Gustavo Recalde