Una democracia que aún da para envolverse en ella

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Isaac Rosa, en Público

“El 15-M tiene que dejar absolutamente claro su respeto a la democracia, porque en España ha costado mucho conquistarla.” -Manuel Chaves, vicepresidente tercero del Gobierno-

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“Ataque a la democracia”. “Democracia secuestrada”. “En defensa de la democracia”. Leyendo los titulares y editoriales de la mayoría de periódicos ayer, y oyendo a tertulianos y dirigentes políticos, cualquiera diría que Tejero ha vuelto a entrar en el Congreso. Pero no, no ha habido ningún intento de golpe de Estado, tranquilos.

Nadie defiende los empujones, escupitajos y sprays a los diputados catalanes. Fueron obra de unos pocos, y todas las asambleas del 15-M los han condenado. Es más: en las imágenes se ve a otros manifestantes interponiéndose para evitar agresiones, de la misma forma que decidieron marcharse antes de que el enfrentamiento fuese a mayores.

Ahora bien, el bloqueo al Parlament no fue un acto violento de unos pocos exaltados, sino que formaba parte de la convocatoria que se venía calentando en las redes sociales y en las asambleas de barrio desde hace días: no en vano se llamaba “Paremos el Parlament”, y hablaba sin medias tintas de “desobediencia civil” pacífica y de formar un cordón humano para frenar la aprobación de los recortes. No sólo eso: ¿hace falta recordar que los principales lemas del movimiento son “Lo llaman democracia y no lo es”, y “No nos representan”?

La clase política es dura de oído, ya lo sabemos. Sin que haya que llegar al extremo de lincharlos a la puerta del parlamento, sí parece que hay que gritar mucho para que se enteren de algo. De otra forma no se entiende que después de un mes con miles de personas tomando las plazas y manifestándose ante ayuntamientos y parlamentos, todavía no se hayan enterado de que el 15-M no sólo es una expresión de malestar por la crisis y las medidas anticrisis –que también-, sino una enmienda a la totalidad del sistema político e institucional, una exigencia de “democracia real” frente a esta democracia demediada que en los momentos críticos se muestra rehén del poder económico.

Si la única respuesta a ese descontento es envolverse en la bandera de esa misma democracia cuestionada, el desencuentro irá a más, y a peor. Siguen sin entender nada.

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