LAS CAJAS DE AHORRO


Me apunto a la postura islandesa: en lugar de pagar, ¡que les den!

BLANCA ÁLVAREZ,   en   El Correo
Ahora comprendo las palabras de la empleada en Cajastur, cuando trataba de convencer a un cliente para que no cancelara sus cuentas en la entidad: «La Caja somos todos». ¡Por eso nos piden a todos unos cuantos millones con el fin de evitar que se vayan a pique algunas cajas españolas! Ahora esas cajas ‘enfermas’ son de todos, nos dicen; todos formamos parte de su cuerpo místico, carne y espíritu de sus reservas e hipotecas. ¿Acaso participamos en sus ganancias? No señor; ni nos consultaron para favorecer a sus amigos ni a ciertos políticos, empresarios y otras hierbas; tampoco nos consultaron cuando prejubilaron a ‘enemigos políticos’ en perfecto estado de salud y con menos de cincuenta años. Las decisiones las tomaban a puerta cerrada, sin repartir beneficios con nosotros. Ahora, las abren para que nos vaciemos los bolsillos rellenando el agujero de sus decisiones.
Me apunto a la postura islandesa: en lugar de pagar, ¡que les den! Y de paso que investiguen sus miseria s y no se pasen por el forro de sus porquerías un agujero del cual no nos hemos beneficiado. Que los investiguen, que, siguiendo el ejemplo islandés, sus responsables sean castigados y sus entidades se hundan si han malversado.
Lo curioso es el modo en que llevan a cabo estos asuntos: sin mover una ceja, lanzándonos la culpa por haber sido inconscientes consumidores, pedigüeños de sus créditos, estúpidos urgidos de bienes inmobiliarios que, en algunos casos, ellos financiaban a doble banda: a los promotores y a sus víctimas. Lo piden como una urgencia que nos corresponde a nosotros subsanar porque, de lo contrario, nos iremos al caos.
Cierto, ni el mundo es perfecto ni, tal vez, logremos una sociedad de hombres y mujeres sabios, por lo tanto buenos en el sentido más clásico del término; pero resulta urgente poner un límite a la indecencia. No esperamos que los bancos se conviertan en organizaciones benéficas, ni siquiera las cajas por más que nacieron casi con tal ideario, pero va comenzando a ser prioritario poner unos ciertos límites a esta desvergüenza masiva de instituciones cuyos ejecutivos, por negligencia, incompetencia o pura y simple corruptela, han provocado un desastre social que hemos de pagar entre todos.
Cierto, no somos egipcios ni libios, por eso no temen una salida masiva de ciudadanos a la calle, pero Islandia nos queda muy próxima, en democracia y sistema de vida. No parecen fanáticos de ninguna religión, ni bárbaros sin educación, ni pertenecientes a ex colonias de ningún imperio. Ellos han dicho basta, han tumbado al Gobierno apabullado y dispuesto a pagar la deuda contraída por los bancos, han enviado a la cárcel o al exilio a los banqueros fraudulentos. Como en la canción de La Estaca, han dicho basta cual gallinas hartas de poner el huevo para que se lo coman otros. Antes de seguir pagando deudas corruptas, ¿no podríamos imitar a los islandeses?
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Un comentario sobre “LAS CAJAS DE AHORRO

  1. Banca publica, etica social, erradicacion de las clases privilegiadas, justicia e igualdad. Aun, en el siglo XXI, puras utopias.

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