Era mentira

Ese mantra que se ha repetido hasta la saciedad tanto desde el gobierno como desde la oposición «pepera», y que decía algo así como… «mediante las vías políticas y rechazando la violencia, se puede defender cualquier cosa», era mentira.

Así lo ha venido a decir la sala 61 del Tribunal Supremo, que ha juzgado el hecho de que Sortu se pueda inscribir o no en el registro de partidos políticos y que a pesar de que los estatutos presentados son, a juicio de absolutamente todo el mundo impecables, han dictaminado su ilegalización por nueve votos frente a siete.

Supongo que el clima de prejuicios y presiones que ha rodeado este asunto habrá tenido alguna importancia:

– Es la misma «izquierda abertzale» que Herri Batasuna, Euskal Herritarrok, Batasuna, etc. Claro, ¿y?.  ¿No pedíamos que estos cafres volvieran al redíl abandonando la violencia?

– ¿Sortu va a incumplir los estatutos presentados?.  ¿Quien lo puede asegurar?.

– ¿Sortu se desmarca de la violencia por exigencia coyuntural?.  Quizá. Y si así fuera, ¿no es válido igualmente, el desmarque?

– ¿ETA no se ha disuelto aún?.  Eso no lo exige (ni puede) la «Ley de Partidos», bajo la cual se ha enjuiciado este caso.

En definitiva, ¿se puede ilegalizar a un partido por sospechas o presión social?

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