El Tea Party en Ciutat Vella (BARCELONA)


Publicado en “ENFOCANT” por Hibai Arbide Aza

Las pasadas elecciones autonómicas supusieron una enorme derrota para los derechos de las personas migrantes. No tanto y no sólo por sus resultados; el reparto de escaños es casi lo de menos, en la medida en que las comunidades autónomas ni siquiera tienen competencias para legislar los aspectos relevantes de las políticas migratorias. Lo realmente grave es la demostración de que el discurso xenófobo de la extrema derecha se ha extendido tanto que impregna la práctica totalidad de las propuestas electorales.

Los datos más espectaculares son los siguientes: Plataforma Per Catalunya recibió en Ciutat Vella el 2,3% de los votos, lo que le sitúa muy cerca de obtener representación. El PP consiguió que la inmigración fuera uno de los temas centrales de las elecciones. El número dos de la coalición ganadora y político mejor valorado en las encuestas alertó en campaña del “peligro” de que en Catalunya nazcan demasiados “hijos de madre inmigrante”. Hay muchos más ejemplos, pero quedarnos ahí sería coger el rábano por la hojas.

Más allá de las siglas, el problema es que los grupos de presión “de derechas“, al estilo del Tea Party americano, son capaces de imponer, o como mínimo influir, en el discurso dominante. El PXC y el PP se llevan la fama, pero sus premisas son compartidas por la mayoría de partidos, que consideran que la migración es “el problema de la inmigración”, que está relacionada con “la inseguridad ciudadana”, que los migrantes son sólo o sobre todo mano de obra por lo que su permiso de residencia debe estar supeditado a que tengan un contrato de trabajo formal, que la presencia de otras religiones es un problema (recordemos que la prohibición del velo es idea del PSC), que relacionan inmigración con “incivismo”, etc.

Como señala Raimundo Viejo, la extrema derecha lleva décadas produciendo discurso de manera radical. Su capacidad para permear el discurso del centro-derecha, cuando no del centro-izquierda, radica precisamente en su habilidad para contraponer un discurso articulado, generador de sentido para sus audiencias.

En el libro No pienses en un elefante, su autor, Georges Lakoff, explicaba la importancia del discurso en la política. Su hipótesis sugiere que cuando la izquierda pierde la capacidad de definir la agenda pública con su prisma particular, la ciudadanía la acaba identificando como oportunista e incoherente.

KENTUCKY PER VIURE

Me interesa centrarme en nuestro Tea Party local, ese conglomerado de comerciantes y vecinos que, desde la Plataforma Raval Per Viure y sus exitosas pancartas “Volem un barri digne” extiende su influencia o propuestas por el Gòtic, La Barceloneta (una manifestación de casi 150 personas el pasado 18 de Diciembre convocada por La Veu del Barri) e incluso más allá de Ciutat Vella (Trinitat Vella, Poble Sec…).

Hace más de cinco años, cuando La Plataforma Raval Per Viure no existía, la revista Archipiélago publicó el artículo en el que podemos encontrar algunas de las claves del éxito de movimientos como este, titulado “¿Nueva Derecha? O la reivención del populismo frente al vacío de la izquierda”, escrito principalmente por Emmanuel Rodríguez.

El poder de este tipo de movimientos se debe sobre todo a su capacidad para generar adhesiones y producir medios de subjetivación que hacen de la Nueva Derecha (ND) algo “más popular” que la izquierda. Por eso es mucho más conveniente hablar del ascenso de una nueva hegemonía, en términos de Gramsci (constelación de poderes y de ideas capaz de presentarse como interés general), e intentar comprender este nuevo bloque de alianzas, que utilizar los viejos clichés izquierdistas sobre la estupidez del pueblo, la alienación generalizada o el fascismo de masas.

El diagnóstico de la Nueva Derecha en general -y de Raval Per Viure en concreto-, receta una permanente contrarrevolución que trata de restaurar un orden dañado y corrompido (“este barrio ya no es lo que era”), que naturalmente exige medidas drásticas como la guerra contra la delincuencia, la droga o cualquier elemento susceptible de convertirse en “enemigo interno” (los inmigrantes, las prostitutas, los okupas…) y la autodefensa preventiva (que supone la ruptura de los viejos órdenes jurídicos garantistas y el advenimiento de la policía y las medidas de excepción como norma de gobierno). Contra el pensamiento postmoderno, Raval Per Viure escenifica una puesta en escena de valores sustantivos, fuertemente morales, en una sociedad erosionada en parte (y ésta es la paradoja) por la propia política desarrollada bajo los criterios del neoliberalismo que reivindica. Nos encontramos así con comerciantes que “quieren un barrio digno” en el que puedan pagar salarios bajos y sacar provecho de la precariedad sin asumir que cuanta más gente viva en la pobreza mayor será la sensación de inseguridad en los barrios.

Gracias al extremado corporativismo de las burocracias sindicales, la esclerotización del viejo sistema de partidos y la escasa permeabilidad de los medios de comunicación y de sus élites culturales, la Nueva Derecha se puede presentar, como antes lo hiciera la izquierda, como adalid del hombre común, de sus expectativas y sobre todo de sus miedos, en un espacio (el viejo espacio de las clases medias y el Estado asistencial) que efectivamente se está desmoronando. Esto es lo que le otorga su carácter populista. Raval Per Viure pretende representar “a la gente normal”, a “los vecinos que se enfrentan a los políticos que no hacen nada”.

Basta un repaso por su blog para comprobar su habilidad comunicativa: el ataque al lenguaje “políticamente correcto” defendido por la izquierda se convierte, para ellos, en una tarea de desenmascaramiento del cinismo que esconde. Por el contrario, el uso directo de argumentos clasistas o racistas “deja de ocultar la realidad”, “llama a las cosas por su nombre” y expresa lisa y llanamente “lo que muchos piensan y no se atreven a decir”. La superioridad mediática de la Nueva Derecha frente a la cultura “progre” se basa en la sustancia de sus enunciados, por perversos que sean, frente a la retórica vacía y la carcasa liberal de las “clases medias progresistas”, que no alcanzan ni de lejos a hablar al corazón de los efectos sociales de la gran transformación capitalista de las últimas décadas (precarización generalizada de la vida, etc.).

No es casualidad que, en el caso de Barcelona, este fenómeno nazca en el Raval, en donde las formas caciquiles y corruptas de la Asociació de Veins del Raval y sus chanchullos con el Ajuntament son de sobra conocidos. Donde no hay un tejido social fuerte sino una red clientelar que vive de Plans Integrals, favores especiales y amiguismos, hay campo abonado para populistas de este u otro cuño.

Mientras tanto, el desconcierto hace que los movimientos sociales y el movimiento vecinal combativo no se vean capaces de contrarrestar fenómenos populistas como este porque no saben qué hacer, porque creen no tener “alternativas” en temas como inmigración, inseguridad… El movimiento vecinal de Ciutat Vella seguirá creyendo que no es capaz mientras siga aceptando como inevitables el análisis y las tesis de la nueva derecha. Si cree que, en el fondo, tienen razón quienes dicen que los inmigrantes son el problema, quienes dicen que deberíamos renunciar a parte de nuestra libertad a cambio de mayor “seguridad”, quienes nos quieren hacer creer que la prostitución en el Raval es un fenómeno nuevo y molesto, quienes creen que la droga la traen los pequeños camellos.

Pero hablar de pequeños robos no es más importante que denunciar la corrupción sistemática y el saqueo de los bienes públicos que se practica desde hace demasiado en Ciutat Vella. Más cámaras de vigilancia y más patrullas no nos van a proteger, sino que van a reprimir a nuestros vecinos negros, por ser negros. No quiero un barrio en el que la seguridad de los turistas la tengamos que pagar entre todos, cuando los beneficios del turismo sólo se reparten entre unos pocos.

Denunciar esto sí lo hace el movimiento vecinal, a través de sus asociaciones, de la Xarxa Veinal de Ciutat Vella o de la Asamblea de barri del Raval, por ejemplo, y lo hace muy bien. Ese mismo movimiento vecinal tiene que dejar de “pensar en elefantes”. Tiene que afirmar sin ambigüedades que tan vecino es el pakistaní que llegó hace seis meses como la andaluza que llegó hace 60 años, el que lleva 3 generaciones aquí o el que se acaba de mudar. Tenemos que darnos cuenta de que pedir más policía en los barrios no traerá “más seguridad para los vecinos” sino más protección a comerciantes y turistas, y un barrio más caro del que tendrá que marchar quien no pueda pagarlo. Tenemos que recordar que son los narcotraficantes como José Mestre y sus amigos del puerto los que se enriquecen a costa de la salud de los yonkis que vemos en nuestras calles, y es en ellos en quien deberían centrar la vigilancia.

Gracias a los vecinos y vecinas que viven y que luchan, aunque no sean barrios de clase alta, los nuestros son barrios muy dignos.

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2 comentarios sobre “El Tea Party en Ciutat Vella (BARCELONA)

  1. Como antiguo miembro de la Plataforma Raval per Viure quiero decirte que no entiendo por qué atacas a los vecinos que se han asociado en esta plataforma.

    Te inventas que es un movimiento de derechas cuando es expresamente apolítica. Insinúas que es un movimiento racista basándote simplemente en tus prejuicios (lo cual es bastante irónico) cuando hay miembros de varias razas que colaboran con esta plataforma. Atacas a unos vecinos desesperados que sólo quieren vivir sus vidas con dignidad, sacándote de la chistera que dignidad significa ” pagar salarios bajos y sacar provecho de la precariedad”.

    ¿Te has planteado acaso por qué estos vecinos se unen en una Plataforma que les quita dinero y no les reporta dinero alguno? (A diferencia de otras asociaciones que citas en tu artículo) ¿Se te ha ocurrido pensar qué alternativas tienen vecinos como Eduard, amenazado de muerte por los delincuentes de su calle?

    http://www.lavanguardia.es/ciudadanos/noticias/20101104/54066189137/una-calle-del-raval-planta-cara-a-sus-traficantes.html

    No, claro. Otra vez tus prejuicios dirán que todos son unos racistas de ultraderecha que quieren limpiar el barrio de negros, putas e indigentes.

    Porque cometes tú mismo el error que achacas a la izquierda, por el cual está perdiendo los barrios como el Raval. ¿Tú crees que estos vecinos van a simpatizar con una izquierda que no sólo les tiene abandonados sino que encima les llama racistas, clasistas o nuevo Tea Party? Tú mismo perteneces a esa izquierda que mira por encima de su hombro de superioridad moral a vecinos que no pueden dormir por las noches, que viven rodeados de incivismo, de violencia, de suciedad y les dices “eh, sois unos clasistas”.

    Me parece estupendo que el Raval ya te parezca un barrio digno. Otros vecinos necesitan vivir tranquilamente, sin amenazas, sin sufrir cuando una hija adolescente aun no ha vuelto a casa y en la calle estalla una pelea, sin sufrir condiciones de insalubridad en sus calles. Más de un vecino se ha largado ya porque no aguantaba más. Incluso los inmigrantes, a la que pueden se largan a vivir a otros barrios.

  2. Respuesta a Hibai Arbide
    A pesar de las citas, con las que supongo intentas dar un barniz intelectual a tu artículo, el análisis que haces no puede ser más simplista y erróneo, además de permitirte afirmaciones perversas respecto de Raval per Viure.
    La mayoría de tus afirmaciones se basan en supuestos que no podrías mantener delante de un juez (de esto debes saber algo, ya que según tu perfil en Internet, has estudiado derecho).
    Atribuyes a un grupo de vecinos un poder, unas habilidades y un discurso del que carecemos, ya que dada la pluralidad del grupo, a nivel ideológico y en otros ámbitos, lo único que hemos consensuado es la exigencia hacia las administraciones del cumplimiento de las normativas y las leyes establecidas desde el estado de derecho (de este tema también deberías saber algo).
    Desconoces la realidad de lo que suponen lo que tu llamas pequeños robos. Detrás de cada chorizo hay una infraestructura mafiosa que utiliza de manera infame a los más desfavorecidos (sin papeles, menores…). Estos “pequeños robos” , a algunos nos desvelan cada madrugada por la violencia que los caracterizan. ¿Te parece que renuncio a parte de mi libertad por intentar vivir sin la violencia instalada en las calles de mi barrio?
    Y Raval per Viure ha denunciado, con la misma contundencia, tanto la inseguridad en la calle, como la corrupción administrativa, así como los perjuicios derivados de un turismo asfixiante que está colaborando muy activamente a la degradación del barrio y de algo más.
    En ningún momento hemos considerado menos vecinos a los inmigrantes; de hecho, han colaborado con nosotros en más de una ocasión. Y hemos rechazado con absoluta contundencia la utilización de nuestra iniciativa por parte de quién ha querido rentabilizarlo a nivel político desde planteamientos populistas.
    Sólo en una cosa te voy a dar la razón; estamos en un barrio que carece de un tejido social fuerte; y también hemos denunciado la prolífica “red clientelar ” que vive del cuento, del amiguismo, de los favores y de las subvenciones públicas, ya que pensamos que tiene una relación muy directa con lo que pasa en el barrio. Tristemente, te tengo que hacer saber que las campañas, en contra de lo que representamos, llevadas a cabo por algunas de estos entes, utilizan la difamación, con la misma ligereza que utilizas tú en tu pretendido brillante artículo.
    Con tan poca consistencia argumentando, no me gustaría que tuvieras que ser mi abogado defensor, en caso de necesitarlo.

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