Obama trata con el desprecio que se merece a Netanyahu

LAURA L. CARO (CORRESPONSAL en JERUSALÉN) en EL CORREO

(Titular, editor de este blog)

Benyamin Netanyahu entró a las 17.34 horas del martes en la Casa Blanca henchido de autoconfianza ante la oportunidad de arreglar las cosas con Estados Unidos y salió tres horas y media después desencajado, directo a la Embajada israelí para tratar de digerir con los suyos la que puede ser la encrucijada más difícil desde su vuelta al poder.
Sobre lo que ocurrió en el Despacho Oval, Washington guarda hermetismo. Pero no así Israel, donde fuentes cercanas al primer ministro judío filtraron los detalles de un encuentro que la prensa de Tel Aviv no ha dudado en tildar de «emboscada» y en el que Barack Obama «humilló» a su invitado por su desafiante expansión colonial. Además, según ha trascendido, el presidente norteamericano enumeró trece exigencias y reclamó a su interlocutor contestarlas ya con decisiones «prácticas», y por escrito, para conseguir un acuerdo final con los palestinos en dos años. A pesar de que le cueste a Netanyahu el colapso de su alianza de Gobierno con los ultraderechistas.
«La cultura de las mentiras ha terminado», sentenciaba el analista Ben Caspit en su columna del ‘Maariv’. «Todo el mundo entendió que, esta vez, Obama tiene a Netanyahu contra la pared», resumía Shimon Shiffer en el ‘Yedioth Ahronoth’, donde apuntaba que Estados Unidos ha presionado con lo más sensible para el «interés vital» de Israel: dejar solo al líder del Likud ante la amenaza de Irán.
El diario de mayor tirada del país hebreo era el que ayer recreaba fotograma a fotograma la presunta secuencia puertas adentro de la Casa Blanca. Sin cámaras, sin testigos, el mandatario judío recibió -según el rotativo- «el trato reservado al presidente de Guinea Ecuatorial». Obama llegó a interrumpir la reunión para ir «a cenar con Michelle y las niñas», dejando plantado a Netanyahu con un «voy a estar por aquí, si hay novedades házmelo saber».
El desaire se produjo después de noventa minutos infructuosos. Las «ideas generales» y «teóricas» ofrecidas por el dirigente judío en respuesta a la pregunta de qué estaba dispuesto a hacer para rescatar las abortadas «negociaciones de proximidad» con los palestinos, agotaron la paciencia del norteamericano. Pero no sólo eso. Obama interrogó a su interlocutor acerca de la aprobación horas antes del permiso para edificar veinte nuevos apartamentos en Jerusalén Este y Netanyahu dijo otra vez no saber nada. Trató de excusar la coincidencia remitiéndose a la imposibilidad de conocer por adelantado en qué momento culminan los complejos trámites de autorización urbanística. El mandatario afroamericano se echó la mano al bolsillo y le mostró un detallado «organigrama describiendo el proceso de aprobación de las construcciones en Jerusalén».
«Fue horrible»
«Fue horrible», concluía un congresista norteamericano citado por el ‘Yedioth Ahronoth’. Y más cuando en Washington todavía no se habían apagado los ecos de los dos mensajes lanzados por Netanyahu a su llegada: uno, que «construir en Jerusalén es igual que hacerlo en Tel Aviv». El segundo, su advertencia de que si los palestinos insisten en pedir la congelación de las colonias las conversaciones de paz podrían retrasarse un año.
El jefe del Gobierno hebreo aprovechó el receso para verse con sus asesores y con su ministro de Defensa, Ehud Barak, en la sala Roosevelt. Después se encontraría de nuevo con Obama durante veinticinco minutos. A su término, en una decisión desacostumbrada cuando se trata de reuniones entre líderes, la Casa Blanca no emitió comunicado alguno. Por contra, y al revés de lo que ha sido la tradicional cortesía entre aliados, el ‘Haaretz’ señalaba ayer que el presidente norteamericano despidió al israelí advirtiéndole que no se marchara del país sin dar respuesta a sus demandas.
Entre las peticiones de Obama están que la actual moratoria parcial y limitada a la construcción en los asentamientos se prorrogue y se amplíe a Jerusalén Este, que se liberen presos palestinos y se cumpla el plazo de dos años para alcanzar un acuerdo final de paz. Como novedad, se ha añadido que Israel retire su presencia militar de Cisjordania, que deberá quedar bajo responsabilidad exclusiva de la Autoridad Nacional Palestina en los términos anteriores a septiembre de 2000.
Comentarios de Ehud Barak en Washington advirtieron de que la coalición que gobierna con Netanyahu nunca aceptará. Sin ir más lejos, el ministro responsable de las autorizaciones urbanísticas y jefe del Shas, Eli Yishai, daba ayer «gracias al Creador» en una entrevista por haberle concedido «el privilegio» de haber construido «miles de viviendas en Jerusalén». El partido opositor de Tzipi Livni ha empezado a ofrecerse para sustituir a los ultraderechistas en el Gabinete si hay oportunidades de paz por delante, pero no para que Netanyahu «sobreviva».
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