El éxito de la Power Balance como síntoma

Luis Alfonso Gámez en su blog «Magonia»
Me afeaba el otro día un buen amigo que le hubiera criticado aquí al lehendakari López por usar la pulsera Power Balance. Lo consideraba algo anecdótico sobre lo que no merecía la pena perder el tiempo ni hacer sangre. No estoy de acuerdo. Creo que no se debe pasar por alto el hecho de que el representante de todos los vascos haga publicidad de un timo. Porque eso es la pulsera Power Balance, un producto milagro que, como tal, no hace lo que sus fabricantes y distribuidores dicen que hace. ¿Por qué la llevaba puesta Patxi López en su foto con el presidente gallego, Alberto Núñez Feijoó, en la portada del XL Semanal? El lehendakari ha dicho que no es que crea en los poderes del amuleto, sino que lo compro por Internet para regalárselo a su madre. Vale, voy a creerle; aunque yo, cuando le compro un regalo a mi madre, procuro dárselo sin haberlo abierto ni usado. Pero, si bien esa justificación me tranquiliza ya que implica que López no cae en timos directamente -sí, indirectamente, porque ha pagado por un artículo fraudulento, aunque no sea para él-, me sigue pareciendo molestando que su imagen, o la de cualquier otro cargo público, se vincule a un objeto así. López debería ser consciente de que hay gente que puede creer que esa pulsera funciona simplemente porque alguien como él la lleva puesta. Los productos milagro son una estafa, la Power Balance es un producto milagro, y un responsable político no debería servir de soporte publicitario para un objeto que vulnera la ley. Y esto vale para López, Esperanza Aguirre, Leire Pajín, Gustavo de Arístegui y cualquier otro político. ¿Qué hay otros personajes públicos que la llevan, como Manolo Santana, Severiano Ballesteros, la infanta Elena, Mercedes Milá y Pablo Motos? Claro, es que hay gente que cree en cualquier bobada y otra que es capaz de decir que vivir entre basura es saludable o que tirarse por la ventana ofrece una perspectiva diferente y recomendable del mundo si el cheque que le ponen delante tiene los suficientes ceros.El éxito de la pulsera del equilibrio prueba que unos espabilados pueden hacerse de oro gracias a la ignorancia de la gente mientras las autoridades y los medios de comunicación miran para otro lado. Estamos, como acertadamente apuntó Miguel Artime ya en enero, ante una reedición del timo de la pulsera magnética, aquélla que se vendía en farmacias. El éxito de la Power Balance se basa en la utilización disparatada de jerga científica para dar una pátina de alta tecnología a lo que no es nada más que una pata de conejo y el apoyo de famosos, previo pago. No es el objetivo de estas líneas, porque ya lo han explicado otros colegas mejor de lo que lo pueda hacer yo, pero les voy a recordar brevemente por qué el artilugio no funciona como prometen sus fabricantes.

Palabras sin sentido

«Power Balance es una frecuencia en sí, almacenada en un medio (el holograma), que restaura el equilibrio eletromagnético de tu cuerpo aislando a cada célula viva de los factores externos que le impiden funcionar al 100% de sus capacidades», dice la compañía. La frecuencia, añade, procede de «materiales naturales conocidos por sus efectos beneficiosos para nuestro cuerpo». Y explica: «Casi todo tiene una frecuencia que le es propia. Algunas frecuencias reaccionan de manera positiva con tu cuerpo y otras negativamente. Cuando el holograma se pone en contacto con el campo de energía de tu cuerpo, permite a tu cuerpo interactuar con la frecuencia beneficiosa natural almacenada en el holograma». La compañía asegura que esa tecnología «se diseñó originalmente para ayudar a los atletas profesionales a lograr su máximo rendimiento, pero sus beneficios han sido reconocidos por personas con muy distintos estilo de vida. No importa si estás buscando mejorar el equilibrio y la flexibilidad, renovar tu fuerza y energía o mejorar tu bienestar, Power Balance te puede ayudar».

Veamos, una frecuencia es el «número de veces que se repite un proceso periódico por unidad de tiempo» y un holograma, una imagen tridimensional. Una frecuencia es, por tanto, una medida; no existe aisladamente. Un proceso periódico como el paso de trenes por una estación -«uno cada cinco minutos en hora punta»- tiene una frecuencia, pero nosotros no, aunque nuestro corazón lata a una frecuencia determinada y respiremos a otra. Los responsables de Power Balance, en su descaro, dicen que su holograma almacena frecuencias beneficiosas que hacen que mejoren nuestro equilibrio, flexibilidad y energía. «No es posible capturar una frecuencia en un holograma, como no es posible fotografiar un gramo o grabar un kilómetro en CD», indica con su habitual claridad el periodista científico Mauricio-José Schwarz. Como almacenar una frecuencia en un holograma es imposible, nuestro cuerpo no tiene una frecuencia y un holograma tampoco es un emisor de nada -exeptuando la radiación infrarroja, que emite todo-, no hace falta seguir adelante: el principio es falso y todo se reduce a jerga destinada a engañar a los ingenuos para que paguen más de 30 euros por un amuleto.

A pesar todo esto, hay usuarios de la pulsera que dicen sentirse mejor. ¡Pura sugestión! Se sentirían igual de bien si creyeran que dar el primer paso del día con el pie derecho hace que la jornada sea afortunada y cumplieran el rito. Y se sentirían mal, muy mal, si creyeran que las frecuencias almacenadas en la pulserita pueden interferir con su energía vital y provocarles mutaciones monstruosas, cáncer incluido. De hecho, hay tantas pruebas de esto último como de la efectividad de las pulseras Power Balance, así que más vale no ser crédulo. La compañía no puede presentar ningún estudio que apoye sus afirmaciones, y las pruebas que se han hecho demuestran que estamos ante un puro placebo aderezado con testimonios e imágenes de famosos -talonario de por medio-, mentiras como que están prohibidas en las competiciones de surf por la ventaja que proporcionan y un envoltorio pseudocientífico incomprensible para la mayoría de la población.

La abdicación del periodismo

Las pulseras Power Balance llevaban meses a la venta en nuestro país cuando, el 28 de abril, Facua las denunció ante las autoridades sanitarias y el Instituto Nacional de Consumo, dependiente del Ministerio de Sanidad, alertó a las comunidades autónomas de que el fabricante incurre en publicidad engañosa. ¿En qué planeta habían estado hasta entonces las organizaciones de consumidores y las autoridades de consumo?, ¿qué han hecho las segundas desde entonces? Si algo demuestra el caso Power Balance, además de que vivimos rodeados de ingenuos, es la lentitud de las organizaciones de consumidores y el pasotismo absoluto de la Administración. ¿Dónde están los expedientes a Power Balance y las otras marcas de timopulseras?

Los medios de comunicación también han quedado en evidencia. La mayoría sólo ha hablado de la estafa después de la denuncia de Facua, y eso que el tema era goloso desde el punto de vista periodístico. El primer medio que llamó la atención críticamente sobre las pulseras del equilibrio fue el diario Público a mediados de abril, en un reportaje del periodista y bloguero José María Mateos. La Prensa, la radio y la televisión han llegado al asunto, en general, tarde y mal. Sólo cuando ya había denuncias como la de Facua -y, en algunos casos, después de haber hasta vendido las pulseras de marras-, se subieron a un carro del que llevaban meses tirando varios blogueros.

Los que mejor lo han hecho en este caso han sido algunos blogueros. Tan bien que ha habido periodistas de medios que han copiado usado como fuente algunas bitácoras, sin citarlas, por supuesto. J.M. Hernández denunció el fraude ya en noviembre, Miguel Artime lo hizo en enero y, además, explicó cómo hacer un artefacto casero igual de (in)efectivo; Gorka Cabañas publicó los resultados de una prueba experimental de su inutilidad en febrero; y Kurioso metió en el ajo a la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) a mediados de abril. Todos ellos, y otros blogueros, han hecho en el caso de la timopulsera lo que no han hecho ni periodistas, ni representantes de la Administración, ni asociaciones de consumidores: denunciar un engaño palmario para proteger al ciudadano.

Lo único bueno de toda esta historia es que el amuleto nos puede ayudar a identificar a una parte de la población, como ilustra esta viñeta del humorista gráfico J.R. Mora:

10 bochornosos ejemplos de manipulación en fotografía de prensa


Eduardo Parra  en el bog «Quesesabede.com»

La teoría -y la ética- periodística sostienen que en el ámbito de la fotografía de prensa la manipulación es la peor de las prácticas. Una imagen destinada a los medios de comunicación ha de tener un compromiso con la realidad y rehuir el retoque. Ésa es la teoría.

La realidad es que, de vez en cuando, se cuelan en los periódicos y las revistas imágenes falsas, verdades a medias nacidas de la falta de talento o el oportunismo. Remiendos digitales que no siempre pasan desapercibidos y que pueden desencadenar el llamado efecto Streisand, capaz de convertir en mofa planetaria una pequeñez.

El michelín perdido. En verano de 2007, las vacaciones del presidente francés Nicolas Sarkozy dieron que hablar por múltiples motivos. Uno de los más sonados, por curioso, fue la fotografía publicada en la prestigiosa revista Paris Match, en la que Sarkozy aparece remando en una canoa junto a su familia. La revista L’Express destapó el asunto al afirmar que «Paris-Match ha hecho desaparecer, con una varita mágica, la curva de la felicidad que engordaba algo la silueta de Nicolas Sarkozy». El gran error de Paris Match fue obviar que la imagen había sido distribuida por agencias y publicada -sin retocar- en medios de todo el mundo.


Competencia mal entendida. Un caso destacable por lo chapucero de su ejecución lo protagonizó el diario As también en 2007. En esa ocasión, la ética periodística fue aplastada por el espíritu competitivo al eliminar de forma burda y chapucera un cartel publicitario del rotativo Marca -medio competidor- clonando al público como si de una epidemia de gemelos se tratase. Lo más curioso es que, a pesar de haberse comentado en múltiples blogs, la foto sigue colgada en la página web del periódico deportivo como si tal cosa.


Una manipulación totalmente innecesaria. Uno de los casos más recordados en la reciente historia de la llamada «prensa seria» española ocurrió en 2006. La toma, recogida en una visita de Ángel Acebes a Ávila, mostraba al ex ministro junto a la hermana de Miguel Ángel Blanco, concejal asesinado por ETA. El trucaje, que pasó desapercibido tanto para la Agencia EFE como para el diario El País -que publicó la imagen-, lo advirtió un lector del diario aficionado a la fotografía. Este montaje será especialmente recordado por la prácticamente nula mejora informativa en la imagen trucada: se acercó Acebes a Mar Blanco obviando a una tercera persona entre ellos. Quien también la recordará toda su vida es la fotógrafa colaboradora de la Agencia EFE que manipuló la imagen y que poco después recibiría una carta de despido.


El humo mutante. Polémica donde las haya, la fotografía pésimamente editada de Adnan Hajj, de Reuters, dio la vuelta al mundo y se llevó la carrera del informador por delante. Hajj retocó en 2006 la imagen de un paisaje del Líbano humeante tras un ataque israelí haciendo más negro y abundante el humo de los incendios. El retoque tuvo dos polémicas: la primera, por si hacer más oscuro el humo es realmente manipulación (cualquier fotógrafo sabe que, en ocasiones, los tonos se apagan en la imagen si la luz habiente no es directa); la segunda, en torno a si un montaje tan malo pudo haberlo hecho un fotógrafo profesional o se trataba de una burda manipulación que buscaba hundir su vida profesional. Por desgracia para Hajj, Reuters descubrió otra foto manipulada por el mismo fotógrafo y lo mandó a la calle, junto a las 920 imágenes que conformaban su archivo gráfico en la prestigiosa agencia.


Cuestión de simultaneidad. Caso aparte y realmente curioso fue el protagonizado por el diario El Mundo en septiembre de 2009. El rotativo tomó dos fotografías servidas por la agencia Reuters de dos momentos diferentes de un mitin político del PSOE en Rodiezmo, y las fusionó creando una falsa panorámica que ilustraba un gesto -los cuatro puños en alto de forma simultánea- que jamás se produjo. Al igual que sucedió con el «affaire» Sarkozy de Paris Match, El Mundo no tuvo en cuenta -o ignoró- que las fotos originales habían sido distribuidas por una agencia y que, por tanto, estaban a disposición de todos los medios.


La huella de la sangre. Especialmente triste es el uso torticero del retoque por parte del diario La Prensa, de Honduras. Los responsables del periódico estimaron conveniente borrar digitalmente la sangre de un herido -posteriormente fallecido- durante las cargas policiales en las manifestaciones hondureñas, presumiblemente por la simpatía política entre el diario y el Gobierno golpista del país. El retoque salió a la luz gracias a los bloggeros opositores, que difundieron la noticia de la muerte del joven Isis Obed Murillo. El diario se disculpó alegando que «por un error en su proceso, la gráfica publicada en nuestra edición del lunes 6 de julio del joven que murió en la manifestación del domingo, Isis Obed Murillo, salió distorsionada».


Momento dramático. En 2003 se conoció uno de los primeros grandes casos de manipulación fotoperiodística en la era de Photoshop. El fotógrafo Brian Walski, del diario Los Angeles Times, tomó dos imágenes en las afueras de Basora, donde un grupo de iraquíes eran custodiados por soldados británicos. En una imagen, uno de los soldados conmina a un iraquí a que no se levante mientras éste mira para otro lado. En la siguiente, el hombre iraquí sí mira al soldado, pero la actitud de éste es aparentemente indiferente. Walski decidió que las fotografías por sí solas no eran lo bastante dramáticas y las combinó, creando un fotomontaje que fue publicado en portada y que, a la postre, causaría el despido del informador, en plantilla en el periódico californiano durante casi quince años.


Espías de la TIA. No siempre son los medios de comunicación los que meten la pata. Incluso algunas veces son ellos quienes descubren el pastel. El diario El Mundo advirtió el año pasado que el que era por aquel entonces director del Centro Nacional de Inteligencia, Alberto Sainz, había estado de pesca en Senegal de forma presuntamente fraudulenta. Las pruebas que aportó el periódico español fueron unas fotos en las que, en efecto, se ve al directivo con dos piezas de gran tamaño. Sin embargo, en la fuente de las imágenes, la web albatros-peche.eu, las fotografías habían sido sustituidas por otras manipuladas: la cabeza -único rasgo identificativo- de Sainz, había sido sustituida por la de uno de los escoltas que también salían en la imagen original. Un montaje perfecto, salvo para Google y su caché.


«The Iran incident». Érase una vez un país que quiso demostrar su potencial militar, aunque sin demasiado éxito. Irán distribuyó en 2008 una imagen en la que se veía el lanzamiento de cuatro misiles. La toma fue portada en medio mundo. Sin embargo, The New York Times concluyó que la imagen estaba manipulada. El transmisor de la fotografía, la agencia Agence France-Presse, inició una investigación y contactó con la fuente original, Sepah News, el medio oficial de la Guardia Revolucionaria iraní, para pedir explicaciones. Sepah News reconoció el montaje y distribuyó al día siguiente, vía Associated Press, la imagen original sin trucar, en la que se veía cómo la lanzadera de uno de los misiles había fallado, dejando el ingenio volador en tierra para bochorno del ejército de Irán.


La Real chapuza. Sin duda uno de los casos más sorprendentes de manipulación fotográfica para los medios de comunicación, tanto por la situación como por lo chapucero del montaje, lo protagonizó la Casa Real española y su postal navideña de 2005. Según reconoció la institución a los pocos días, la imposibilidad de juntar a toda la familia para la toma de la fotografía obligó a los técnicos de Zarzuela a editar fotos individuales de sus componentes para montarlas en una única imagen destinada a los medios. El montaje, sorprendentemente nefasto, fue descubierto de inmediato por los medios y se convirtió en una fuente de inspiración increíblemente fecunda para nuevos fotomontajes que inundaron la red española durante aquellas Navidades. Cuenta una versión oficiosa que fue la propia reina Sofía quien, ratón en mano, recortó y pegó a los protagonistas de la postal.