Tanto Gobiernos del PSOE como del PP agasajaron al dictador
Su primera visita oficial a nuestro país se produjo en diciembre de 2007
El rey viajó a Trípoli en 2009

Diario Público
- «¡Dios mío!». La exclamación es de otro septiembre, de 2003, y la profirió José María Aznar cuando Gadafi le regaló un purasangre, de nombre El rayo del líder, que Libia prometió enviar a España por avión. Ese mes, el Consejo de Seguridad de la ONU había levantado las sanciones contra el país norteafricano, después de que se responsabilizase del atentado de Lockerbie y se comprometiese a dejar el terrorismo.
La puertas se abrieron sin demasiados problemas. «Todos los pasos dados por Libia son positivos –aseguró Aznar entonces–. Libia está haciendo el camino contrario a Cuba, y eso conviene saberlo». La visita del líder del Ejecutivo había sido precedida por viajes del ministro Josep Piqué. Su sucesora, Ana Palacio, también voló a Trípoli. Igual hizo Moratinos, ya con José Luis Rodríguez Zapatero en la Moncloa. Mientras, se expandían los lazos comerciales. En febrero de 2007, Repsol YPF anunció el descubrimiento del mayor pozo petrolífero de su historia, que le iba a permitir duplicar su producción, hasta los 450.000 barriles diarios. En diciembre, el ministro alababa la «actitud constructiva» del régimen en asuntos «que interesan a la estabilidad del mundo». Hoy, Libia es el segundo suministrador de crudo de España, tras Irán. Le proporciona el 13% del total.
La jaima ambulante
Ese diciembre de 2007, Gadafi hizo su primera visita oficial a España desde su llegada al poder (vía golpe de Estado) en 1969. El presidente showman no defraudó. Llegó con un séquito de 300 personas –incluidas las amazonas vírgenes– y un reguero de lujosos Mercedes. Estuvo primero por Andalucía con su jaima y recibió a Aznar, que le pidió una exhibición de caballos en directo. Luego se trasladó a Madrid (y con él su jaima) y fue recibido con todos los honores de Estado. El rey Juan Carlos le devolvió la visita en enero de 2009. Aquel fue el primer viaje oficial del monarca.
En junio de 2010, Zapatero se estrenó en Trípoli. Gadafi le recibió en su jaima en las afueras de la ciudad. «Fue una reunión más ceremoniosa y protocolaria que otra cosa», relata uno de los miembros de la reducida delegación española. «Mucho lujo no había. Era una sala espaciosa, pero austera, con dos torres de frío en el exterior, con alfombras en el suelo y lonas algo más fuertes en las paredes. Nos sirvieron café, té o zumo. Gadafi hablaba como suele hacer, creyéndose un profeta. Las relaciones comerciales se abordaron con el primer ministro, no con él. Él es el boato». Zapatero y el autócrata libio se vieron una vez más. Fue el pasado 29 de noviembre, con ocasión de la cumbre Unión Europea-África. En aquella ocasión no hubo jaima, sino una charla informal de apenas cinco minutos en un hotel de la capital. El presidente del Gobierno regresó esa misma noche a Madrid.
Los intereses de los mercaderes de Europa y de Estados Unidos están por encima de los derechos ciudadano. Mientras los ciudadanos han estado en silencio, nada ha importado. Ahora intentan que sea un cambio lampedusiano, y no está descartado que lo consigan si los ciudadanos no están al tanto. Seguro que surgirán líderes para «conducir el proceso que evite desmanes», que es el eufemismo que utilizarán para logran que la gente trague con unas pinceladas en la fachada, que tiempo habrá para «reconducir» la situación y