ADMONICIONES, una más de las magníficas columnas de Blanca Alvarez

«Puede que, finalmente, este país haya descubierto la forma de convivir en laico respeto»

Sin cayado, sin equipaje, aceptando hospedarse donde fueran invitados, sin provisiones, sin dinero. De este modo pidió el propio Jesucristo a los suyos que peregrinaran por el mundo anunciando la Buena Nueva. Casi del mismo modo que el Papa. Tal vez, intuyo, por esa razón no fueron tantos los presentes en esta visita. O puede que, finalmente, este país haya descubierto la forma de convivir en laico respeto, olvidando el crujir de los potros de tortura, el olor de las hogueras y la visión de los dictadores caminando bajo palio.
No dejo de preguntarme si Benedicto XVI nos visitó en calidad de sucesor de Pedro, como jefe de Estado, supremo y no democrático, o como anunciante de un próximo alzamiento por parte de las fuerzas reaccionarias del mundo.
Si nos visitó como el sucesor de Pedro, piedra sobre la cual Cristo edificó su Iglesia, le ha faltado cumplir con los requisitos de su papado, sin portar en su equipaje un gramo de caridad. Si nos visitó como jefe de Estado, no dejo de imaginar cómo reaccionaríamos ante la visita de un jefe de Estado de un país musulmán que nos ‘recomendara’ recordar los tiempos en que casi todo nuestro territorio patrio pertenecía a tal creencia y nos exhortara a regresar hasta esas ‘raíces religiosas’. Ahora bien, si la intención de su visita consistía en anunciarnos el advenimiento de un nuevo alzamiento reaccionario, entonces juro que me lo creo. Por algo conoció en su temprana adolescencia, allá por los años treinta, los republicanos años treinta, la ascensión y entronización de Hitler en su país.
Hemos recibido, con honores de jefe de Estado, a quien llegó para tirarnos de las laicas orejas. ¿Qué fue del respeto debido a la soberanía del otro?
Y en cuanto a las católicas raíces europeas, un poco de memoria, por favor: Europa, antes que otra cosa, fue politeísta, tuvo druidas, brujas sagradas, vírgenes negras, diosas y solsticios festivos. También fue musulmana, judía, pagana y, en breves momentos, laica, revolucionaria y pragmática.
Por otra parte, este país nuestro ha pagado, con doblones, tercios y reyes inclinados, el privilegio de sentirse querida por el papado y ser nombrada católica, apostólica y romana.
Finalmente, me pregunto qué fuerza moral puede tener el máximo representante de una institución fatalmente herida de pederastia y abusos a menores; de qué caridad puede hablarnos la institución dueña de una banca privada, bienes muebles e inmuebles tan cuantiosos como para pagar la deuda del Tercer Mundo y aún sobrar. Llegó el representante de un fundamentalismo masculino que deja para las mujeres tareas de limpieza y colocación de mantel, y defendiendo una familia que existe en su virginal y rancia catequesis.
Con todo, lo más preocupante debería ser esa injerencia, aderezada con amenazas, sobre la soberana decisión del soberano pueblo al cual pertenecemos por darnos el derecho a ser laicos practicantes.
BLANCA ÁLVAREZ en diario El Correo
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