OIGA, ¿TENEMOS REY PARA MUCHO?

¿El rey se cura?,  …¡España se cura!

¿El rey está bien?,  …¡España está bien!

¿El rey no tiene cáncer?,  …¡España no tiene cáncer!

Perfecto, todos estamos contentos, y yo también. Pues, hala rey mío, es momento de volver a casa a recuperarte del todo y dejarte de preocupaciones. Lo mejor -para todos- es que dejes el trono y devuelvas la República al lugar del que fué arrebatada violentamente por los que te pusieron a tí.

Además acabo de oir por boca de su esposa que «EL REY TIENE GANAS DE TRABAJAR».

mmm… ¿En qué querrá trabajar?

Salud.

Furia en el cinturón industrial

Noam Chomsky

El 18 de febrero, Joe Stack, un ingeniero informático de 53 años de edad, se suicidó estrellando su pequeño avión contra un edificio en Austin, Texas. En su acción destruyó una oficina del Servicio de Recaudación Fiscal (IRS, por sus siglas en inglés), mató a una persona y lesionó a varias más.

Sack dejó un manifiesto contra el Gobierno en el que explicaba su decisión. La historia empieza cuando él era un adolescente que vivía en la penuria en Harrisburg, Pensilvania, cerca del corazón de lo que alguna vez fue un gran centro industrial.

Su vecina, una octogenaria que sobrevivía con alimento para gatos, era la “viuda de un obrero metalúrgico retirado. Su esposo había trabajado toda su vida en las fundidoras del centro de Pensilvania, confiado en las promesas de las grandes empresas y del sindicato de que, por sus 30 años de servicio, tendría una pensión y atención médica durante su retiro”.

“En vez de ello, fue uno de los miles que no recibieron nada porque la incompetente administración de las fundidoras y el sindicato corrupto (por no mencionar al Gobierno) irrumpieron en sus fondos de pensiones y robaron su retiro. Todo lo que ella tenía para vivir era la Seguridad Social”.

Podía haber añadido que los muy ricos y sus aliados políticos siguen tratando de eliminar la Seguridad Social.

Stack decidió que no podía confiar en las grandes empresas y que emprendería su propio camino, todo para descubrir que tampoco podía confiar en un Gobierno al que no le interesaba la gente como él, sino sólo los ricos y privilegiados; ni en un sistema legal en el cual “hay dos interpretaciones de cada ley, una para los muy ricos y otra para todos nosotros”.

El Gobierno nos deja con “la broma que llamamos sistema de salud estadounidense, incluidas las compañías farmacéuticas y de seguros (que) están asesinando a decenas de miles de personas al año”, pues asignan la atención con base sobre todo en la riqueza, no en la necesidad.

Stack remonta el origen de estos males a un orden social en el cual “un puñado de rufianes y saqueadores pueden cometer atrocidades impensables… Y cuando es la hora de que su fuente de dinero fácil se agote bajo el peso de su codicia y su abrumadora estupidez, la fuerza de todo el Gobierno federal no encuentra ninguna dificultad para acudir en su ayuda en cuestión de días, si no de horas”.

El manifiesto de Stack termina con dos frases evocadoras: “El credo comunista: que cada uno dé según su capacidad, que cada uno reciba según su necesidad. El credo capitalista: que cada cual dé según su credulidad, que cada cual reciba según su codicia”.

Estudios estremecedores de las zonas industriales abandonadas de Estados Unidos revelan una indignación semejante entre las personas que han sido desplazadas a medida que los programas corporativo-estatales han cerrado plantas y destruido familias y comunidades.

Una aguda sensación de traición se percibe en la gente que creía haber cumplido su deber con la sociedad mediante un pacto moral con las empresas y el Gobierno, y que ha descubierto que fue mero instrumento del lucro y el poder.

Existen semejanzas asombrosas con China, la segunda economía más grande del mundo, investigadas por la experta de la Universidad de California (UCLA) Ching Kwan Lee.
Lee ha comparado la indignación y desesperación de la clase obrera en los desmantelados sectores industriales de EEUU con lo ocurrido en el centro industrial estatal socialista del noreste de China, ahora abandonado por el desarrollo de la zona de rápido crecimiento en el sudeste.

En ambas regiones, Lee encontró protestas laborales masivas, pero diferentes en carácter. En la zona industrial abandonada, los obreros expresan la misma sensación de traición que sus contrapartes en EEUU; en su caso, traición de los principios maoístas de solidaridad y entrega al desarrollo de la sociedad, que ellos consideraban un pacto social y que, fuera lo que fuese, es ahora un amargo fraude.

En todo el país, millones de trabajadores separados de sus unidades de trabajo “están invadidos por una profunda sensación de inseguridad” que engendra “furia y desesperación”, escribe Lee.

El trabajo de Lee y estudios de la zona industrial abandonada de EEUU dejan claro que no deberíamos subestimar la profundidad de la indignación moral que subyace en la amargura airada, a menudo autodestructiva, hacia el Gobierno y el poder empresarial.

En EEUU, el movimiento populista llamado Tea Party –y, más aun, los círculos más amplios a los que llega– refleja el espíritu de la desilusión. El extremismo antifiscal del Tea Party no es tan inmediatamente suicida como la protesta de Joe Stack, pero, en todo caso, es suicida.

California es un ejemplo dramático. El mayor sistema público de educación superior del mundo está siendo desmantelado.

El gobernador Arnold Schwarzenegger dice que tendrá que eliminar los programas estatales de salud y beneficencia a menos que el Gobierno federal aporte unos 7.000 millones de dólares. Otros gobernadores se le están uniendo.

Mientras tanto, un poderoso movimiento por los derechos de los estados está demandando que el Gobierno federal no se meta en nuestros asuntos, un buen ejemplo de lo que Orwell llamó “pensamiento doble”: la capacidad para tener en mente, y creerse, dos ideas contradictorias. Todo un lema de nuestros tiempos.

Alentar el sentimiento anti fiscal ha sido una característica de la propaganda empresarial. La gente debe ser adoctrinada para odiar y temer al Gobierno por una simple razón: de los sistemas de poder existentes, el Gobierno es el único que, en principio –y a veces de hecho–, responde al público y puede restringir las depredaciones del poder privado.

Sin embargo, esa propaganda antigubernamental debe ser matizada, ya que las empresas favorecen un Estado poderoso que trabaje para las instituciones multinacionales y financieras, e incluso las rescate cuando destruyen la economía. Pero, en un ejercicio brillante de pensamiento doble, la gente es instigada a odiar y temer al déficit público: de esa forma, las cohortes empresariales en Washington pueden acordar el recorte de beneficios y derechos como la Seguridad Social (pero no piden lo mismo con los rescates). Al mismo tiempo, los ciudadanos son aleccionados para no oponerse a lo que en gran medida está creando el déficit: el creciente presupuesto militar y el sistema privatizado de atención médica, absolutamente ineficiente.

Es fácil ridiculizar el modo en que Joe Stack y otros como él expresan sus inquietudes. Sería mucho más apropiado comprender qué radica tras sus percepciones y acciones en una época en que las personas están siendo movilizadas en formas que representan un gran peligro para ellas mismas y para otros.

EL OTRO SECRETO DE LOS LEGIONARIOS DE CRISTO: SUS DEUDAS MILLONARIAS CON EL ESTADO

Los Legionarios de Cristo no sólo son ya mundialmente conocidos por los abusos sexuales que han cometido sus religiosos, con su líder al frente, sino que además ahora se han conocido sus deudas millonarias con el Estado. No pagan a la Seguridad Social.

Sin embargo, a Esperanza Aguirre no le importa, y subvenciona a su universidad privada a pesar de que esta empresa incumple sus pagos. Se salta la Ley.

Esa universidad, subvencionada por la Comunidad de Madrid perteneciente a los Legionarios de Cristo es la universidad Francisco de Vitoria.

Fuera de España, solo en Mexico, se contabiliza en casi 400 mil millones de pesos la suma de los  activos de esta secta. Para que quede claro, de ser un país, los legionarios serían una economía más grande que Costa Rica, Panamá o Uruguay.

El emporio económico de los Legionarios de Cristo lo construyó el padre Marcial Maciel, con base en influencias y seduciendo a viudas. En 1941, relata Fernando González, autor del libro Marcial Maciel. Los legionarios de Cristo: testimonios y documentos inéditos, esta historia comenzó cuando el clérigo decidió fundar la orden y emplear al quinto obispo de Cuernavaca, su tío, Francisco González Arias para avalarlo, a pesar de que no contaba con unos mínimos estudios  de filosofía y teología.

EL PAPEL DE LA ONU EN LA PÉRDIDA DE LA TIERRA PALESTINA

Suhail Hani Daher Akel*

Son centenares las resoluciones no respetadas y violadas por Israel.

La Potencia Ocupante que nació de la probeta de la ONU, no tiene límites. Desde su creación se abocó a despedazar a Palestina y su milenaria Capital Jerusalem, imponer un sistemático plan de limpieza étnica contra la población palestina, diezmarla y cambiar la geografía de su tierra.
De este modo. Aplicó los deseos sionistas expansionistas de propagarse a lo largo de los territorios árabes. “Israel tus fronteras desde el Nilo hasta el Éufrates”. Lema que figuró sobre el parlamento israelí en la década del ’70 forjados en la imaginación colonialista de su principal ideólogo, el húngaro judío Theodoro Herzl, promotor en Basilea del Estado judío sobre Palestina en 1897. Además de la totalidad de Palestina, ocuparon el Golán de Siria y la aldea de Cha’aba al Líbano. Controlando el Nilo egipcio y teniendo a su principal socio y aliado Estados Unidos, en el Éufrates iraquí.

Entrometido en los derechos nacionales palestinos y sin ser un poder universalista, la ONU, creada en 1945, con total fragilidad y sin consultar la opinión del pueblo palestino, decidió la Partición de Palestina en su resolución 181/II de 1947 para crear dos Estados sobre esa pre-bíblica tierra de cananeos y filisteos (palestinos), los que le dieron su nombre histórico, Filistin (Palestina, en idioma arameo, árabe y hebreo). Uno judío (55%), emergido de la conciencia europea judía sionista del siglo 19, y el otro, la continuidad de Palestina como Estado árabe, con su capital Jerusalem internacionalizada, dentro de las fronteras del Estado Palestino (45%).


El desatado terrorismo europeo sionista en Palestina ocupada por los británicos, que en la década del ’40 demolió más de 418 aldeas y ciudades palestinas, y echó a 750 mil palestinos al mar, permitió el 15 de mayo de 1948 la creación unilateral del Estado de Israel con el 78% de la tierra Palestina, incluyendo a Jerusalem Occidental. Su población judía, ajena al lugar, llegó masivamente desde Europa y la Unión Soviética. Luego se establecieron judíos africanos, estadounidenses y latinoamericanos. Constituyendo un Estado militarista muy lejano a los principios religiosos judíos.


Con un reflejo acabado. Ocuparon un 23% más de lo otorgado por la ONU, violando su resolución madre. Y si bien la resolución 194/III del 11/12/1948, exigió el retorno de los refugiados palestinos a sus hogares y sus tierras, Israel nunca lo permitió. Al presente, los refugiados palestinos sembrados por el mundo superan los 7 millones de seres humanos. Muchos de ellos en carpas en estado calamitoso e inhumano, mirando desde lejos a ese Estado que se formó sobre su holocausto palestino, sus hogares y su tierra, gracias al rol de la ONU y el complot internacional surgido de la primera y segunda Guerra Mundial.


En 1949, la ONU, cometió otro error histórico. En su resolución 273 (11/5/’49) reconoció y admitió como miembro permanente al Estado de Israel con el 78% del territorio palestino, incluyendo el sector Occidental de Jerusalem, al tiempo que no reconoció al Estado de Palestina, tal como lo estableció en su resolución 181. Minimizando la cuestión del pueblo palestino a un simple caso de refugiados. Estallando el punto de eclosión del actual conflicto.


En 1967, la Potencia Ocupante, ya como un Estado nuclear consagrado en la década del ’50 por la cooperación de Francia con Shimon Peres, ocupó el resto del territorio de Palestina (22%), incluyendo el sector Este de Jerusalem. Manteniendo hasta la fecha a un territorio palestino separado entre si, por más de 100 kms. de distancia. Con Gaza, como una gran cárcel a cielo abierto, objeto de crueles ataques y la Ribera Occidental inmersa en un sólido Bantustan controlado por las fuerzas de ocupación.


Ilegalmente. El 30 de julio de 1980 convirtieron a Jerusalem, ciudad indivisible capital de Israel. La ONU en su resolución 478 del 20 de agosto de 1980, rechazó la ley básica israelí y exigió a Israel, la Potencia Ocupante (como lo señala la resolución), no cambiar el status político de Jerusalem ocupada y les pidió a los países miembros mantener sus legaciones diplomáticas en Tel Aviv, capital reconocida a Israel. No solo no acató la resolución, sino logró que sus lobby económicos judíos en el mundo consiguieran que los principales referentes incluyendo el Papa y el propio Secretario General de la ONU, comenzaran sus visitas oficiales a Israel desde Jerusalem. Una clara violación a las propias resoluciones. Un respaldo suficiente para que Tel Aviv mantenga su ilegal postura sobre Jerusalem e imponga su fortaleza imperial por sobre la precariedad y la insolvencia en el cumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas.


A partir de junio de 2002, la Potencia Ocupante comenzó la construcción del Muro de Apartheid (actualmente 810 kms de longitud de los 356 Kms. de la línea verde de 1967) y potenció su política de colonización mediante los asentamientos ilegales judíos, carcomiendo la tierra palestina desde Jerusalem a Gaza. Como la carcomió en 1948 desde Jerusalem a Galilea.


Generador de violencia. Israel siempre hizo caso omiso e ignoró las disposiciones de la Corte Internacional de Justicia, las leyes jurídicas internacionales y el IV Convenio de Ginebra de 1949, de la cual fue parte firmante y responsable de su cumplimiento.
Luego de 62 años de la caída de Palestina, la creación del Estado sionista y la prepotencia de Israel, la ONU sigue con su responsable rol de la tragedia palestina. Así como decidió la Partición de Palestina con la aprobación de 33 países sobre los 59 que la conformaban, hoy, compuesta por 199 países debe asumir con mayor fortaleza la restitución de la histórica Palestina a sus legítimos y milenarios dueños pre y pos-bíblicos. Los palestinos.

*Primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina – Rebanadas de Realidad – Buenos Aires, 29/04/10.-.

GARZÓN, LA JUSTICIA Y LA MEMORIA

Por Ignacio Ramonet en LE MONDE DIPLOMATIQUE

Mayo de 2010 -  número 175La prensa mundial, las asociaciones de defensa de los derechos humanos y los más eminentes juristas internacionales no salen de su estupor. ¿Por qué la justicia española, que tanto hizo estos últimos años para reprimir los crímenes de lesa humanidad en distintas partes del globo, quiere sentar en el banquillo a Baltasar Garzón, el juez que mejor simboliza el paradigma contemporáneo en la aplicación de la justicia universal?
Los medios internacionales recuerdan los méritos del «superjuez»: su trascendental papel en el arresto del dictador chileno Augusto Pinochet en Londres, en 1998; su denuncia de las atrocidades cometidas por los militares en Argentina, Guatemala y otras dictaduras latinoamericanas; su empeño en desmantelar a los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) y en enviar a los tribunales a Felipe González; su oposición a la invasión de Irak en 2003; y hasta su reciente viaje a Honduras para advertir a los golpistas de que los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles.


Como juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón ha encausado a unos mil activistas de la organización ETA (la derecha sugirió que se le concediera por eso el Premio Nobel de la Paz….). Lo que ha dado lugar a críticas, en particular su decisión de ordenar, en 1998, el cierre del diario Egin . O sus órdenes de detención, bajo régimen de incomunicación, de personas acusadas de terrorismo. Organismos como el Comité para la Prevención de la Tortura, del Consejo de Europa, reclaman la abolición de esa modalidad de detención. También se ha criticado la inmoderada afición del «juez estrella» por los primeros planos mediáticos.

En cualquier caso, Garzón ha demostrado ser un juez alborotador, independiente e incorruptible. Por eso ha acumulado tantos adversarios y se ve perseguido hoy por los corruptos de la trama «Gürtel» (1) y los herederos del franquismo. En el Tribunal Supremo hay, en efecto, tres denuncias contra él. Una sobre los honorarios que habría percibido por unas conferencias en Nueva York patrocinadas por el Banco Santander. Otra sobre unas escuchas telefónicas ordenadas en el marco de la investigación sobre la red «Gürtel». Y la principal: por investigar los crímenes del franquismo.
Dos organizaciones ultraconservadoras le acusan de «prevaricación» (2) por haber iniciado, en octubre de 2008, una investigación sobre las desapariciones de más de cien mil republicanos (cuyos restos yacen en las cunetas y fosas, sin derecho a un entierro digno) y sobre el destino de 30.000 niños arrebatados a sus madres en las cárceles (3) para ser entregados a familias del bando vencedor durante la dictadura franquista (1939-1975).
Si le declararan culpable, Garzón se enfrentaría a una suspensión de entre diez y veinte años. Sería una vergüenza. Porque, en el fondo, este asunto gira en torno a una cuestión central: ¿qué hacer, desde el punto de vista simbólico, con la Guerra Civil? La decisión administrativa tomada en 1977, con la Ley de Amnistía (que, en lo inmediato, buscaba esencialmente sacar de prisión a cientos de detenidos de izquierda), fue la de no hacer justicia y no encarar ningún tipo de política de memoria.
Obviamente, a 71 años del final del conflicto, y al haber desaparecido, por causas biológicas, los principales responsables, hacer justicia no consiste en llevar materialmente a los acusados de crímenes abominables ante los tribunales. Éste no es sólo un asunto jurídico. Si tanto apasiona a millones de españoles es porque sienten que, más allá del caso Garzón, lo que está en juego es el derecho de las víctimas a una reparación moral, el derecho colectivo a la memoria, a poder establecer oficialmente, sobre la base de atrocidades demostradas, que el franquismo fue una abominación. Y que su impunidad es insoportable. Poder enunciarlo, proclamarlo y mostrarlo en «museos consagrados a la Guerra Civil», por ejemplo; en los manuales escolares de historia; en días de solemne homenaje colectivo, etc. Como se hace en toda Europa en solidaridad con las víctimas del nazismo.
Los partidarios de la «cultura del ocultamiento» acusan a Garzón de querer abrir la caja de Pandora y enfrentar de nuevo a los españoles. Insisten en que en el otro bando también se cometieron crímenes. No acaban de entender la especificidad del franquismo. Se comportan como un periodista que, deseando organizar un «debate equilibrado» sobre la Segunda Guerra Mundial, decidiese: «Un minuto para Hitler y un minuto para los judíos».
El franquismo no fue sólo la guerra (en la que el general Queipo de Llano afirmaba: «Hay que sembrar el terror eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensan como nosotros.») fue sobre todo, de 1939 a 1975, un régimen autoritario de los más implacables del siglo XX que usó el terror de forma planificada y sistemática para exterminar a sus oponentes ideológicos y atemorizar a toda la población. Afirmar esto no es una consideración política, sino una constatación histórica.
La Ley de Amnistía condujo a imponer, sobre la «banalidad del mal» franquista, una suerte de amnesia oficial, una «escotomización», o sea un mecanismo de «ceguera inconsciente» (en este caso colectiva) mediante el cual un sujeto hace desaparecer hechos desagradables de su memoria. Hasta que un día regresan a borbotones, en un estallido de irracionalidad.
Es lo que ha querido evitar el juez Garzón. Revelar la naturaleza malévola del franquismo, para que la historia no pueda repetirse. Nunca más.

Notas:
(1) Que afecta a personalidades del Partido Popular, en especial al ex tesorero del PP, Luis Bárcenas.
(2) La prevaricación consiste en que una autoridad dicte una resolución, a sabiendas de que dicha resolución es injusta.
(3) Ricard Vinyes, Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas , Planeta, Barcelona, 2002. Ver el documental Els nens perduts del franquisme (Los niños perdidos del franquismo), de Montserrat Armengou y Ricard Belis.

LOS MERCADOS CONTRA LOS ESTADOS

Que vuelva el capitalismo de casino, pronto

Isaac Rosa en Público

“Los productos eran las fichas de un gigantesco casino, y luego ayudaron a estrangular la economía cuando el casino colapsó.” -Carl Levin, presidente de la Subcomisión de Investigación del Senado de EEUU-

Si el nuevo capitalismo que nos prometieron es el que estamos conociendo estos días, casi mejor nos quedamos como estábamos. Porque si el que nos llevó a la crisis hace dos años nos puso al borde del abismo, el que hoy sacude Europa es peor todavía, amenaza con arrasar todo y quiere comerse hasta los huesos.

El cambio es tremendo: hemos pasado de tener miedo a que se hundieran los mercados y nos arrastrasen en su caída, al miedo actual cuando esos mismos mercados se lanzan sobre países como Grecia o el nuestro.

Si es un mal sueño, ya toca despertar. Pinta de pesadilla sí que tiene: el sector financiero, tras recuperarse a base de nuestros billones, le está pegando dentelladas a unos Estados todavía debiluchos por la crisis y por el esfuerzo del rescate. Así es como nos agradecen la ayuda prestada. Los bancos, que pudieron respirar gracias al dinero barato de los bancos centrales, decidieron que en vez de dar créditos para reactivar la economía les traía más cuenta comprar los únicos productos que en plena tormenta parecían rentables y seguros: la deuda emitida por los Estados… obligados a endeudarse por la crisis. Y los inversores han decidido que aún pueden ganar más: que cuanto más hundido esté un país, más ganarán con su deuda; y que apostar por su hundimiento es un buen negocio.

Más que una pesadilla es una historia de terror: parece una de vampiros pero en realidad es una película de zombies: como un muerto viviente, ese mismo sector financiero que parecía cadáver cuando la crisis era sólo financiera, ha resucitado con más hambre que nunca, y tras su extensión a la “economía real” se lanza ahora contra los Estados.

Ay, cómo nos quejábamos del “capitalismo de casino” hace un par de años, ¿recuerdan?. Y al final vamos a acabar echándolo de menos. Al menos en el casino sabíamos a qué atenernos. Pero los jugadores ahora, una vez han quemado el casino, se dedican a hacer timbas de sótano donde ya no se respeta nada, donde van a por todas, y lo que es peor: donde se saben impunes y a salvo.