¡¡Qué fuerrrte lo de Bildu!!

La derechona tiene razón. Que una acémila como el Errandonea este, al salir de la cárcel tras cumplir 25 años de condena por sus afición a los ametrallamientos, agarre una pancarta de BILDU y la exhiba, no hay democracia que lo aguante.

La Abogacía del Estado estudiará la foto del etarra Errandonea

Parece ser que el hecho de que un terrorista salga de la cárcel y se sume a una campaña electoral en favor de una opción política legal -por mucho que duela a algunos- es algo nefasto y tremendamente inadmisible.

La protesta orquestada por este asunto es tan ridícula y burda que parecería que fuera BILDU quien hubiera realizado un acto de ensalzamiento de la violencia, cuando lo que ha ocurrido es que un personaje que ha cumplido pena por diversas violencias como este tipo, sale abrazando una opción política que ha fundamentado sus principios en el abandono de aquella.

¿Que haya podido ser una provocación?. Quizá, al utilizar la conjunción “eta” de forma tan destacada en el eslógan “Independencia y Socialismo”. Pero si ha sido así, vaya que ha conseguido su propósito, porque la caverna política de España al completo, ha caído de lleno en esa infantil provocación.

Probablemente esta gente esperaba a un terrorista aferrado a su devoción por la metralleta y sus principios violentos para ver autocumplidas sus profecías, pero al menos esta vez ha sido todo lo contrario.

Como ha dicho Juan Carlos Rodríguez Ibarra, expresidente extremeño “Hay que apostar por Bildu como se hizo con Fraga”

SORTU

Tres obviedades sobre Batasuna

Ignacio Escolar

La primera:

Los partidos son ilegales si incumplen la ley, no si nos disgustan sus ideas.

La segunda:

Esa “cuarentena” que pide la derecha no existe ni en la ley de Partidos ni en el Código Penal ni en ninguna otra ley conocida. ¿Acaso hubo cuarentena para los herederos políticos de la dictadura?

La tercera:

Son los jueces quienes pueden ilegalizar un partido, no el Gobierno o la oposición. Subrayo esta última evidencia porque en negarla coinciden tanto Batasuna como el mismísimo PP, que tolera y hace suyas las tesis paranoides de Mayor Oreja. Para evitar que los abertzales se presenten, el Gobierno no puede hacer mucho más de lo que ya hace: enviar los estatutos a la Fiscalía y después pedir su ilegalización. Pero será el Supremo y el Constitucional quienes decidan, no Rajoy o Zapatero.

Dentro de unos años, si es que todo sale bien y ETA se acaba, costará poner fecha precisa a la noticia. Más que una foto final, será una sucesión de pequeños grandes momentos históricos. El de estos días pasados es uno de ellos, uno importante: por primera vez, Batasuna rompe con la violencia de ETA, se desmarca claramente de la tutela de la banda terrorista e incluso tiene palabras para el “reconocimiento y la reparación de las víctimas”. Los estatutos que han presentado para constituir un nuevo partido han ido mucho más allá de lo que se esperaba, por mucho que haya quien minimice este paso.

Se puede discutir sobre Batasuna y los intangibles: la sinceridad, la buena voluntad, el arrepentimiento, la credibilidad… Es difícil tener fe después de la T-4. Pero con estos estatutos y estas declaraciones, los tribunales tienen muy pocos argumentos para mantener esta situación de excepcionalidad democrática: la ilegalización de un partido político.