Un atisbo de esperanza

En todas las ciudades europeas y norteamericanas se han producido a lo largo de los dos últimos años multitudinarias manifestaciones en contra de los recortes que los distintos gobiernos han ido imponiendo a base de decretazos. Manifestaciones y huelgas que no tenían eco en el pasado, con cifras estratosféricas de participantes. Es más, incluso se han gestado movimientos de la multitud, de la ciudadanía en el más amplio sentido de la palabra, completamente nuevos que han configurado un nuevo reto para toda la política tradicional y para el propio Estado moderno. El 15M en España u Occupy en Estados Unidos y Reino Unido han transformado nuestra gramática y parecen tener una gran proyección de futuro.

La calle ha sido clara pero no parecía concretarse con resultados electorales notables. La separación entre instituciones caducas guardianes del viejo orden y los nuevos movimientos ciudadanos no ha dejado de agrandarse. Presxs de nuestra propia path dependence veíamos con cierta impotencia la falta de alternativas en el marco institucional vigente. Las protestas no han sido capaces de parar los distintos programas -mal denominados- de ajustes ni de revertir la dramática trayectoria sistémica. Pero, aun así, la ciudadanía europea y mundial está demostrando una gran madurez democrática y podemos empezar a vislumbrar un atisbo de esperanza con los resultados en Alemania, Grecia, Francia e Italia.

En efecto, la crisis se ha llevado por delante a todos los gobiernos que han intentado gestionarla (siempre obedeciendo los dictámenes de los poderes financieros), desde los social-liberales hasta los de derechas. De hecho, lo común a todos estos gobiernos ha sido seguir las exigencias de la ortodoxia económica liberal. Austeridad, recorte del gasto público, subida de impuestos…Daba igual si era el PSOE de Zapatero, el PS de Sócrates, el PASOK de Papandreu o el Partido Conservador de Cameron. Y lxs ciudadanxs han ido mostrando su rechazo a los distintos planes de reestructuración financiera (dinero público a la banca), de programas de reformas regresivos y de recortes al estado del bienestar. A modo de ejemplo, en España, el PP ganó con mayoría absoluta gracias a la hecatombe socialista (merecida por su nefasta gestión de la crisis y de su traición a cualquier principio socialdemócrata). Es decir, lxs ciudadanxs han demostrado su rechazo a las políticas emprendidas, tanto en las calles como en las urnas.

La guindilla a este rechazo se produjo ayer, cuando un candidato como François Hollande ha podido superar la agresiva campaña que ha sufrido en su contra para ganar unas elecciones en las que se ha presentado con un programa muy progresista (cercano al de IU en España) y como abanderado de la política del crecimiento (de las políticas de estímulo económico). Puede que nos decepcione y que todo su discurso no sea más que una mera escenificación pero le daremos un voto de confianza (al menos los 100 días).

Todavía más esperanzador es el caso griego. Los dos partidos tradicionales y únicos defensores de los planes de rescate impuestos por la troïka se llevaron el varapalo más sonado que se recuerda. El primer bipartidismo que cae en la UE. Y es normal, esperemos que esta actitud se extienda para ganar más democracia en el resto de Europa. Los griegos han sufrido un gobierno de ND, estafó a propios y extraños con las cuentas públicas, se dio entonces un voto de confianza al PASOK y éste decepcionó todavía más (por traicionar sus propios principios y hacer un gobierno de concentración con la extrema derecha representada en LAOS y con ND). Si en el 2009 ND y el PASOK obtuvieron el 80% de los votos, hoy, en el 2012, se desploman hasta el 33%. En otras palabras, un 67% de los votantes griegos ha RECHAZADO de raíz los planes de ajustes que tanto están asfixiando la ya mermada economía helénica.  La izquierda entra con mucha fuerza (30% de los votos entre SYRIZA, la IU local, KKE -el PCPE griego- e Izquierda Democrática -que sería un ala izquierdista del PSOE).El auge de la extrema derecha no deja de ser una expresión más del descontento griego y de los draconianos y suicidas planes que se le van imponiendo a su población.

Por su lado, Angela Merkel no deja de cosechar derrota tras derrota allí donde se celebran elecciones.

La política económica que se está llevando a cabo en Europa no solo está suponiendo un sonoro fracaso en cuanto a resultados macroeconómicos (la cosa no para de empeorar año tras año) se refiere sino que no cuenta con el consentimiento de la mayoría de la ciudadanía. Ésta, muestra su descontento de distintas formas (unas más novedosas, transgresoras y emancipadoras como podrían ser el 15M u Occupy y otras más tradicionales a través del voto en las urnas o los canales habituales de protesta sindical) aunque los mercados no dejen de penalizar dichas actitudes. El divorcio entre capitalismo y democracia ha quedado bien reflejado en diversas ocasiones con las reacciones de las bolsas ante los resultados electorales que se producían en los distintos países (Perú de Humala, Grecia hoy o Francia son algunos ejemplos), en continuos ataques a las soberanías nacionales.

Por eso debemos continuar movilizándonos, crear nuevas formas de biopoder (en las plazas, en las calles) e intentar seguir buscando la alternativa institucional y no institucional a este sistema. Y para ello es necesario reivindicar más democracia, más política. Alejarnos de corporativismos y luchar por un mundo más justo por y para el 99%. La superación de este sistema lleva consigo la liquidación de las obsoletas estructuras de poder que lo mantienen y por ello se debe y se producirá un curioso juego entre la política real, la de lxs ciudadanxs en las calles y la puramente institucional (que ofrecerá muchas resistencias al cambio). Tenemos una cita muy importante al respecto  los próximos días 12-15 de mayo para seguir edificando el nuevo sistema.

Sin embargo, no podemos perder el oremus. Todo esto va para largo y el plan B del capitalismo, del 1%, es la dictadura (Monti y Papadimos han sido el primer aviso). La escalada represiva en el estado español y el preocupante auge de la extrema derecha son el segundo aviso. Deberemos mantenernos alerta.

¿DÓNDE ESTÁ EL ‘TSUNAMI’?

Vicenç Navarro Politólogo y economista. Catedrático de la Universidad Pompeu Fabra; Ilustración de Mikel Jaso

No hay plena conciencia en los mayores centros de los establishments políticos y mediáticos españoles del grado de descontento de la mayoría de la población hacia la clase política. Una de las expresiones utilizadas por el Movimiento 15-M para manifestar su desacuerdo con las políticas públicas altamente impopulares aprobadas durante los años de crisis por mayorías en las Cortes españolas (y en varios parlamentos autonómicos), es que tales políticos “no nos representan”, dicho que goza de una simpatía generalizada entre la población. Las encuestas de opinión popular expresan que la clase política se ha convertido en uno de los mayores problemas que existe en España.
Este desapego con las instituciones políticas está basado, en parte, en la naturaleza poco representativa del Parlamento, resultado de un sistema electoral poco representativo, hecho que se ha mostrado con toda claridad en las elecciones del 20-N.
La interpretación más común en los medios de mayor difusión españoles es que la población se ha movido hacia la derecha, eligiendo masivamente al partido conservador. Con ello se señala por parte de tales medios que existe un amplio apoyo a las propuestas electorales de tal partido, que se centran en la necesidad de hacer recortes masivos de gasto público. Rajoy señaló en campaña que, excepto las pensiones, ningún otro capítulo del presupuesto se salvaría de las reducciones de gasto público.
La victoria del PP se está presentando, pues, como una victoria abrumadora, utilizándose el término tsunami con gran frecuencia. Y como muestra de este tsunami se presenta el mapa electoral de España cubierto de azul, el color del PP, excepto en Catalunya y en el País Vasco. Tal tsunami se presenta también como un mandato para hacer políticas de austeridad. Por cierto, en Catalunya, la victoria de CiU también se ha presentado como una aprobación masiva por parte del pueblo catalán de las políticas de recortes que ha realizado tal partido en el Gobierno.

En todas estas interpretaciones se ignora la escasa calidad democrática del sistema electoral español. Veamos los datos:

El PP consiguió sólo el 30% del voto del censo electoral, es decir, de todos los españoles adultos que podían votar. Ello quiere decir que el 70% no le votó. No es cierto, por lo tanto, que el pueblo español que incluye, además de los votantes del PP, a los abstencionistas y a los votantes de otras opciones políticas, haya dado su apoyo al PP y a sus políticas de austeridad. La gran mayoría del pueblo español no votó al PP, ni apoya sus políticas.
Es más, los datos tampoco confirman que haya habido un movimiento del pueblo español hacia la derecha. El voto del PP fue del 30,27% de todas las personas que podían votar, que fue sólo un 0,96% (repito, sólo un 0,96%) más del que consiguió en 2008 en las anteriores elecciones legislativas (un 29,31%). Es difícil sostener que ha habido un tsunami a favor del PP, la expresión utilizada en la mayoría de los medios. Continúa siendo un partido que, bajo un sistema proporcional que diera el mismo peso a todos los votos, sería minoritario.

Su aumento acentuado de número de parlamentarios se debe primordialmente al colapso del PSOE, que pasó de representar el 32,19% del censo electoral al 19,49%, precisamente por haber hecho los recortes que ahora el PP quiere expandir. No es coherente argumentar que hay un mandato popular para realizar las políticas de austeridad del PP cuando el PSOE fue expulsado del Gobierno precisamente por llevar a cabo tales políticas.

Una situación incluso más acentuada ocurre en Catalunya con CiU. Este partido consiguió sólo el voto del 18,8% de todos los catalanes que podían votar, lo cual quiere decir que el 81,2% no le votó. Deducir de ello –como ha concluido el presidente de tal partido y de la Generalitat– que el resultado de las elecciones es una muestra de apoyo del pueblo catalán a sus recortes es una lectura excesivamente sesgada que carece de credibilidad. Aquí, de nuevo, el hecho de que se presentara a toda Catalunya bajo los colores de CiU se debe predominantemente al descenso tan notable del PSC, que pasó de cosechar el apoyo de un 31,74% del censo electoral (de todos los catalanes que podían votar) a un 17,1%, resultado en gran parte de la identificación del PSC con los recortes del Gobierno Zapatero.

No hay, pues, un mandato popular para que el PP o CiU realicen las políticas de recortes, si por mandato se entiende el deseo de la mayoría de la ciudadanía. En realidad, las encuestas que tenemos disponibles muestran que la mayoría de la población no está de acuerdo con tales políticas, favoreciendo otras alternativas, muchas de las cuales ni siquiera están siendo consideradas (encuesta del CIS de 2010 y 2011).

Vemos, pues, que el partido que gobernará es un partido minoritario entre la población española, aunque tenga gran mayoría en escaños. De ahí que cuando el Movimiento 15-M denuncie a las Cortes españolas por realizar las políticas impopulares de recortes, por no representar a la mayoría de la población, llevará toda la razón, pues representarán sólo a una minoría. El PP tendrá un control casi absoluto sobre los aparatos del Estado sin que le haya votado la mayoría de los españoles, por mucho que los medios pinten en azul el mapa de España. No hay duda de que, de llevarse a cabo tales políticas de recortes, además de generar gran conflicto social, desacreditarán todavía más a la clase política y a la democracia española.

Las nuevas generaciones, educadas ya en valores democráticos, son más exigentes que las que les precedieron y no aceptarán la democracia limitada que tenemos, resultado de una Transición inmodélica que determinó una democracia incompleta, responsable de un bienestar insuficiente.

Edifici 15O, de la indignación a la acción. O de cómo juntas construimos lo imposible

Hibai Arbide

15 de Octubre, manifestación con el lema “De la indignación a la acción”. Cientos de miles de personas en la manifestación de Barcelona. Como ya es tradición, las asambleas de pueblos y barrios organizan columnas que parten de diferentes lugares y confluyen en Plaça Catalunya, lugar de inicio oficial de la mani.

Y esta vez, una novedad: al finalizar la marcha, aparecen bengalas de colores y banderas que concuerdan con el enigmático mensaje que corría por twitter desde días antes: blanco sanidad, rojo educación, verde vivienda: sigue tu color. La mani no ha acabado, de hecho Arc de Triunf es el punto de inicio de otras tres comitivas. La blanca, compuesta por miles de personas se dirige al Hospital del Mar, el primer hospital público que sufre un ERE que afecta a cientos de trabajadoras (número desconocido debido al pacto de silencio del comité de empresa y la dirección). La roja toma la facultad de El Raval de la Universitat de Barcelona, una ocupación que dura todo el fin de semana y de la que sale la propuesta de una huelga general de universidades para el 17 de noviembre.

La verde, la de la vivienda, es la más pequeña de las tres en cuanto al número de gente: sólo participan unas 1500 personas. Entran al metro y se dirigen a Nou Barris, zona alejada del centro de Barcelona. Se trata de un barrio popular, hijo de la inmigración del siglo pasado, epicentro de las luchas vecinales desde los 70. La manifestación acaba con la toma de un edificio de 4 plantas en la calle Almagro número 2.

La okupación tenía, y tiene, objetivo de realojar allí familias que han sido desahuciadas de otros edificios. Según datos oficiales, en Barcelona hay una media de 10 desahucios cada día.

El inmueble es el típico producto de la burbuja inmobiliaria. Un edificio que pretendía ser “de lujo” –cuenta con unos estándares más lujosos que los edificios que lo rodean- construido en los años en los que desde toda instancia política o económica se aseguraba que era imposible que el precio de la vivienda bajara, que no había inversión más segura que el ladrillo, que la economía española era sólida, etc. Mejor dicho, casi construido: según el promotor, se ha ejecutado el 97 por ciento de la obra. Nunca se llegó a terminar, nunca se llegó a vender un piso, nunca se llegó a ofertar.

El inmueble es propiedad de Cajamar desde agosto en virtud de una ejecución hipotecaria por valor de 3,4 millones de euros. Cuando la empresa promotora VERSUS 23.06 S.L. quebró, Cajamar aceptó la dación en pago como forma de saldar la hipoteca contraída para la ejecución de la obra. Es decir, el sistema de pago final por parte del deudor de una hipoteca inmobiliaria a la que no puede enfrentar las cuotas impuestas por el crédito hipotecario establecido y en la que se entrega el inmueble, en vez de dinero, para liberarse de la deuda.

Porque mientras Cajamar y el resto de entidades bancarias se niegan a aceptar este mecanismo para saldar la deuda hipotecaria de particulares, lo que ha originado la campaña de la PAH y otras entidades (LINK: http://afectadosporlahipoteca.wordpress.com/campana-dacion-en-pago), es habitual que acepten este mecanismo para las constructoras, inmobiliarias o promotoras que no pueden pagar sus hipotecas.

Cajamar denunció la ocupación, argumentando que se trataba de un delito de usurpación comprendido en el artículo 245.2 del Código Penal y la denuncia recayó en el Juzgado de Instrucción 6 de Barcelona. El criterio del Magistrado titular de dicho juzgado, Sr Tabarés Cabezón, en casos de ocupaciones anteriores, solía ser la de dictar una orden de desalojo cautelar durante la instrucción. Lo había hecho, por ejemplo, un par de meses antes respecto de un inmueble que en el momento de ser okupado llevaba años abandonado.

Tal vez debido a la relevancia mediática del caso, el Juez acordó la citación de las personas identificadas a las que se imputa el delito y también, cosa muy poco habitual, la celebración de una vista para que la fiscalía y las defensas se pronunciaran sobre la medida cautelar (el desalojo) solicitada por Cajamar tras las declaraciones de las inculpadas.

La fiscalía solicitó el desalojo argumentando que si bien la situación de las familias alojadas era preocupante, el derecho a la propiedad debía prevalecer frente a otras consideraciones.

Las defensas argumentaron, dicho de una manera muy resumida, lo siguiente:

– El edificio lleva más de 5 años abandonado, por lo que la propiedad no está ejerciendo la posesión. Ni la anterior, Versus SL, ni la actual Cajamar. El recurso a la denuncia penal por parte de Cajamar supone un uso instrumental de la administración de justicia, un abuso de derecho.

– La aplicación del artículo 245 del Código Penal, en virtud del principio de última ratio de del derecho penal propio de los ordenamientos jurídicos garantistas, debe reservarse únicamente a las perturbaciones graves de la posesión. Existen otras vías menos lesivas para la recuperación de la posesión a disposición de la propiedad.

– No ha quedado acreditada la autoría del supuesto delito, en tanto que la ocupación la realizó un numeroso grupo de gente y la gestión del edificio la realiza una asamblea, mientras que las personas que residen allí sólo son usuarias temporales del inmueble, sin que de ello se pueda deducir la autoría del supuesto delito, que sigue siendo desconocida.

– Cajamar denuncia un delito de usurpación, cuando realmente la usurpadora es ella, por cuanto es propietaria del inmueble mediante un mecanismo expresamente prohibido por el Código Civil.

Por todo lo anterior, no sólo se oponían al desalojo sino que solicitaban el archivo de la causa.

Pocos días después, el Juzgado dictaba un extenso Auto en el que se recogían prácticamente todos los argumentos de la defensa y se dictaba el sobreseimiento. En la medida en que la fiscalía ha anunciado que no recurrirá el Auto –está tan bien argumentado que sería muy improbable que la Audiencia Provincial estimara el recurso- este ya es firme, por lo que, oficialmente, la ocupación no reviste caracteres de delito ni siquiera en modo indiciario.

Son muchas las lecciones que podemos extraer del caso, pero señalaré sólo dos. La primera, que el marco jurídico actual no es un muro infranqueable. Es otro terreno de batalla más que debemos hackear. Buscar los bugs del programa para colarnos dentro y ampliar la esfera de lo posible.

Y, sobre todo, que el repertorio de acción del movimiento 15M es tan amplio como queramos, siempre que cuente con un consenso amplio. Es decir, siempre que se actúe con la inteligencia colectiva que lo ha caracterizado desde mayo. Ampliando el repertorio de desobediencia sin tomar atajos, sin imponer identidades asociadas a ninguna práctica concreta y respondiendo a las necesidades materiales en vez de a los proyectos ideológicos.

Porque, como se ha repetido desde el 15 de octubre, si desalojan el Edifici15o, habrá uno en cada barrio. Y si no lo desalojan… también. Atentos a sus pantallas, puede que pronto le nazcan hermanitos.

Blog del Edifici15o: http://edifici15o.wordpress.com

Twitter: @edifici15o

Auto de archivo de la causa penal: http://edifici15o.files.wordpress.com/2011/11/auto-arxiu-ocupacic3b3-edifici-nou-barris.pdf


Todos tienen prisa por institucionalizar al 15-M


Ángeles Diez* en Rebelión

El domingo 2 de octubre la periodista de origen Iraní Nazanin Armanian, titulaba su columna del periódico Público El 15-M frente al 20-N”. En ella recriminaba al movimiento que “sigue debatiendo sobre el número de ángeles que caben en la punta de un alfiler”, en vez de “formar una alternativa electoral democrática y unitaria” ante las próximas elecciones que tendrán lugar en España el 20 de noviembre. Urgía a que el movimiento cree un “frente amplio” –se entiende electoral-, y ponía como ejemplo de lo que debería hacer: sumarse a la “hoja de ruta” de la organización “Democracia Real Ya”. El 17 de julio, Belén Barreiro, expresidenta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), directora de la fundación Alternativas, vinculada al PSOE, y miembro del Comité de Estrategia del PSOE, en una larga entrevista también a Público decía que “Muchos de los que están en el 15-M acabarán en un partido” y añadía que el 15-M puede perdurar “transformándose y entrando en los partidos [….] Todo dependerá de la capacidad de las formaciones para absorberlo”. Intelectuales progresistas como Nazanin y gestores del PSOE coinciden pues en lo que esperan y desean para el 15-M.

También en algunos grupos de trabajo y comisiones del movimiento, a título individual, surge este planteamiento en distintas asambleas. Siempre obteniendo, hasta ahora, un generalizado rechazo por la mayor parte de los participantes.

El 26 de septiembre la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, relacionaba al 15-M con los golpes de Estado en la presentación del libro de José Bono –presidente del Congreso y miembro del PSOE- sobre la Revolución Francesa diciendo que abogan «por un principio de democracia directa» bajo el que, ha advertido, «se puede esconder un golpe de Estado«, como en la Francia de 1793. En ese acto, Bono afirmó refiriéndose a los indignados: «Si quieren negar el valor de las urnas, aunque fuese perdiendo, me quedo con las urnas siempre antes que con las masas parisinas«. Al acto asistía buena parte de la clase política, encabezada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy; y una parte importante del mundo empresarial como el Corte Inglés.

Parece claro que todo el espectro político de izquierda más o menos institucionalizada, desde el PSOE, a intelectuales progresistas, hasta la izquierda minoritaria, comparten expectativas. En los últimos dos meses, en los medios de comunicación masivos, también se aprecia una tendencia -casi campaña- a favor de “poner orden” en un movimiento que está resultando difícil de embridar. Ni amaina su capacidad movilizadora, ni se diluye en alguna de las identidades múltiples que lo nutren, ni abandona los principios que lo hicieron emerger el 15 de Mayo: no nos representan”; “lo llaman democracia y no lo es”; “vamos despacio porque vamos lejos”.

El hecho de que haya tanta unanimidad en plantear la institucionalización del 15-M, incluso que surja este tema en algunos de las personas que forman parte del movimiento (personas que a su vez militan en organizaciones: sindicales, asociaciones de vecinos, partidos políticos, etc.) plantea un par de cuestiones para reflexionar. La primera, el interés de las organizaciones de izquierda, la tradicional y la más moderna, la más institucionalizada y la menos, por nutrir sus filas y/o capitalizar la potencia del movimiento que, como dice la sra. Barreiro, parece que se trata de un movimiento que “se identifica con la ideología de izquierdas”. Para los asesores del candidato a presidente Rubalcaba, los guiños al 15-M -se transforme o no en una plataforma política-, pueden tener interés para contrarrestar el ascenso del PP; para tener una plataforma afín con la que interactuar, pactar, negociar…, o en último extremo porque incluso como “voto útil” pueden ser votantes del PSOE. Para otra parte de la izquierda institucional como IU se trata de un movimiento que de forma natural puede hacerla repuntar electoralmente pues el miedo a la derecha (ppista o psoista) conducirá a las personas del 15-M, que se abstuvieron o votaron en blanco en las pasadas elecciones, a apoyarlos ahora en las urnas. Para otros grupos de izquierda que parecen aspirar a la institucionalidad como Izquierda anticapitalista o Democracia real ya, también es el movimiento un campo en disputa ya que ellos sí “recogerán las verdaderas aspiraciones del movimiento”, serán su voz en las instituciones. Entre estos grupos de izquierda minoritaria el desprecio que muestran hacia los participantes del 15-M está muy generalizado y lo expresa de forma muy ilustrativa la periodista Nazanín cuando acusa al “voto en blanco de la indignación popular” de fantasioso, infantil, voluntarista y simplista.

La segunda cuestión que nos plantea el interés de todos por que el 15-M sea una organización política o se decida a apoyar a alguna organización política, tiene que ver con los recelos hacia la potencialidad implícita del movimiento para ser algo más, mucho más, que flor de primavera. Los planteamientos abstractos, genéricos pero de gran calado, se van concretando poco a poco en los barrios, en las luchas sectoriales que las gentes del 15-M van alimentando. Así ha sido el caso de la movilización contra los recortes en educación en la comunidad de Madrid; los sindicatos mayoritarios han ido perdiendo el paso. Las asambleas se han convertido poco a poco en asambleas “con espíritu del 15-M”, en las que los maestros, algunos sindicados, otros no, reivindican que en las mesas donde se deciden las movilizaciones estén delegados de los institutos de zona elegidos como tales por las asambleas, no de los afiliados, sino de todo el personal de los centros. En la última de estas asambleas se planteó que los sindicatos dejaran por escrito que no negociarán nada que no salga de estas asambleas.

La presidenta de la CAM, Esperanza Aguirre, en la misma intervención pública de la que hablábamos antes dijo: «Bajo la apariencia de inocentes movilizaciones se esconde la deslegitimación de nuestro sistema representativo”. Daba en el clavo.

Para las organizaciones institucionalizadas esto es un sinsentido. ¿Puede alguien en su sano juicio creerse que esto que tenemos no es una democracia? Una cosa son los lemas y otra muy distinta si nos los empezamos a tomar en serio, si comenzamos a creer que ciertamente este sistema, este y no otro, es el resultado de una transición fallida hacia una democracia que no ha llegado a ser, por más que se vista de lagarterana. No es seguro, pero en la trayectoria del movimiento 15-M, si analizamos la coyuntura en la que surge, el carácter y los contenidos de las más importantes movilizaciones, encontraremos precisamente eso, un cuestionamiento del sistema político. Un hacer explícito que las reglas de este juego están amañadas, que no nos sirven para hacer que la política esté al servicio del pueblo y no al servicio de los intereses económicos. Eso fue y eso es todavía lo que nos sacó a todos a las calles, no sólo en Madrid sino en el resto de España.

Durante todo este tiempo los intentos de convertir al 15-M en una sigla más del abanico de siglas que inundan las protestas sociales han sido sistemáticos y abundantes. Las resistencias de la mayoría de los participantes han sido también grandes. La consciencia de que ser una sigla más que aporta “gente” en las calles es el principio del fin que ronda nuestras cabezas. En una de las Asambleas Populares en la que participan las asambleas de barrios y pueblos de Madrid algunas personas plantearon precisamente crear un grupo 20-N para, de cara a las elecciones, concretar propuestas, interactuar con los partidos y los medios etc. Todo el mundo escuchó, ese es uno de los logros del movimiento, pero la propuesta no contó con la aceptación de la mayor parte de los asistentes. No se trataba de un bloqueo, se trataba de una intuición generalizada: una transformación real no puede transitar por los caminos ya trazados. Esos caminos sabemos a dónde conducen, en concreto a lo que tenemos ahora.

Los intentos de normalización e institucionalización del movimiento, aun teniendo por las izquierdas institucionalizadas y las derechas diferentes pretensiones -en el caso de las primeras instrumentalizar y capitalizar, en el de las segundas, delimitar y reprimir- tendrían, creo, un mismo resultado: la disolución del 15-M.

* Ángeles Diez es Dra. en CC. Políticas y Sociología y profesora de la UCM

7 MOTIVOS PARA EL 15-O

Ignacio Escolar en Público

1. Porque no me resigno a que de esta crisis sólo podamos salir agachando la cabeza, apretando los dientes y renunciando a lo que tantos años costó construir.

2. Porque no fueron ni los trabajadores ni los parados ni los profesores ni sus alumnos ni los médicos ni sus pacientes ni los pensionistas ni nuestros hijos quienes hundieron la economía. Pero sí son ellos, somos nosotros, los únicos que lo vamos a pagar.

3. Porque quiero un modelo fiscal donde cada cual aporte según su capacidad y cada cual reciba según su necesidad. Porque exijo ese “sistema tributario justo, inspirado en los principios de igualdad y progresividad” que me prometió el artículo 31 de la Constitución.

4. Porque la Constitución también me dijo que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”, no en el Banco Central Europeo o en Wall Street.

5. Porque si hay dinero público suficiente para volver a rescatar a los bancos, a las cajas o a sus millonarios directivos, también debería haberlo para ayudar a esas familias hipotecadas que lo pierden todo porque no pueden pagar.

6. Porque las desigualdades económicas aumentan y me niego a que sea la eficacia, sin la equidad, el único patrón para medir el éxito de una sociedad.

7. Porque tal vez no sirva de nada. Porque tal vez nada vaya cambiar. Porque puede que sólo nos quede la protesta y la palabra. Pero lo que seguro que será completamente inútil es quedarse en casa y esperar sentado a que todo se solucione sin más.

Por estos siete motivos, y otros cuantos muchos más, este sábado 15 de octubre estaré en la calle para pedir al mundo un cambio global. Un cambio a mejor.