Cómo trataron los medios en su día, el cierre de Egunkaria

Egunkaria, ¿y la reparación?

Javier Vizcaino en Público

No sólo lo recuerdo. También lo guardo en mi archivo de los horrores. Al poner la radio aquel 20 de febrero de 2003, Luis del Olmo, entonces señor de las mañanas de Onda Cero, me atizó este directo al hígado: “En Euskadi están desmantelando a estas horas el aparato de captación de la banda criminal ETA, el diario Egunkaria”. Con su proverbial facundia, el cacareador hoy venido a menos inquirió a uno de sus palmeros opinativos: “No sé si conocías este panfleto”. Ni puñetera idea tenía el fulano.

Aturdido e indignado, pero dueño de mis actos, quise meterme en la boca del lobo episcopal. El futuro eurodiputado del PP, Luis Herrero, auriga de aquel programa moderado en comparación con lo que vendría después, tenía el tafanario hecho pepsicola: “Me da igual dónde trabajen. Esta operación, en todo caso, es una buena noticia y como tal hay que saludarla”. Y entró la cuña correspondiente: “Auna patrocina la buena noticia del día”.

¿Denuncias de tortura? ¡Qué risa!

Cuatro días después, algunos de los detenidos denunciaron haber sido víctimas de torturas. Manuel Antonio Rico, voceador nocturno de la Radio Nacional aznaril, se lo tomaba a guasa: “Yo lo de la bolsa, por un lado, no sé en qué consiste. ¿Qué es eso de la bolsa? ¿Alguien lo sabe? ¿Alguien ha sido torturado alguna vez?” Y claro, ahí estaba la divertida Curri Valenzuela: “Cuando has dicho eso de que dice este etarra o lo que sea, o director de periódico, que le habían torturado obligándole a decir quinientas veces que España empezaba en Irun y terminaba en Algeciras, yo iba en el coche y he dicho en alto: ‘mira, quinientas veces, no, pero una o dos que lo tuviera que decir, tampoco le pasaba nada’, ja, ja, ja”.

El jolgorio duró meses. En otoño de aquel negro año, sin media prueba más, Román Cendoya, garganta de alquiler de la radio pública con bigotillo, aullaba: “Hay que sentir vergüenza de que se utilice un periódico como instrumento terrorista. Esto era un zulo. Esto era un instrumento de la ETA, un arma tan arma como las pistolas”.

En las mismas ondas, Isabel Durán se engorilaba: “La realidad es que ese medio de comunicación estaba dirigido por ETA, se había nombrado por parte de la banda terrorista al director de turno. Hay pruebas absolutamente concluyentes de que ese medio de comunicación, su empresa editora, financiaba a ETA”. Este lunes la aún llamada Justicia concluyó que de eso, nada de nada. Absolución, sí. Pero, ¿y la reparación?

CASO EGUNKARIA, O COMO UN JUEZ -UNA VEZ MÁS- PUEDE HACER UN DAÑO IRREPARABLE

Ahí tenemos la sentencia.

Siete años se han tomado para decir que no hay NADA DE NADA en este asunto. Tras cerrar un medio de comunicación, dejar 180 trabajadores en la calle, someter a cárcel a sus directivos, y todo ello por el desaforado celo de la guardia civil y un inepto juez instructor alentados por aquella nefasta política del PP de la última época en la que gobernó y en la que se dedicó axfisiantemente a judicializar todo lo que se le antojaba pudiera estar en “el entorno del entorno de ETA”, u otro entorno cercano o inventado.

Como es costumbre, detrás de todo ello se habían personado al juicio como acusación popular las organizaciones ultraderechistas  Dignidad y Justicia (DyJ) y Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT).

La sentencia valora abiertamente el nivel de ineptitud del juez instructor con perlas como éstas:

– La orden de cierre del diario Egunkaria “no tenía habilitación constitucional directa y carecía de una norma legal, especial y expresa que la autorizara”

– El diario no era una herramienta de ETA, y el simple análisis de la línea informativa “permitía descartar que el periódico fuera instrumento para la comisión de delitos”

– Las acusaciones fueron incapaces de acreditar “ni directa ni indirectamente” que Egunkaria defendiera los postulados de la banda terrorista, “haya publicado un solo artículo a favor del terrorismo o de los terroristas, ni que su línea editorial tuviese siquiera un sesgo político determinado”. ” Esto último, además, no sería delictivo”.

– Los editoriales de Egunkaria ni  defendían “los postulados de ETA” ni mucho menos se escribían por “órdenes de ésta”. En conclusión:  no cabe interpretar que los procesados “fueran designados, estuvieran vinculados, colaboraran u obedecieran consignas” de la banda armada.
Es preciso recordar que, a pesar de que la fiscalía en el 2006 ya pedía el archivo de la causa por no apreciar ningún indicio delictivo, el gran Marianorajoy pedía en enero del 2007 “la mayor pena posible para los encausados”.