“Indignados”, una marea pacífica imparable. Algunas ideas para administrar la victoria

 Carlos Carnicero

Siento una profunda emoción desde Buenos Aires al ver la marea humana desbordarse por las calles de toda España y por algunas ciudades del mundo. Más tarde empezaremos la manifestación de Buenos Aires, como testimonio de solidaridad con las enormes manifestaciones de toda España.

Era un momento crucial, una encrucijada, de la que dependía, en gran parte, el futuro de este movimiento que ahora ya es imparable. Había mucha gente esperando un fracaso. El miedo promueve acciones innobles. Hay quien ha quedado señalado para siempre.

El president de la Generalitat, que ante la violencia injustificable de  unos pocos –estoy ansioso porque la policía y la fiscalía los identifique, incluso a los que en los vídeos parecen policías de paisano- la utilizara (la violencia) de una forma torticera para salpicar a tantos. Las frases de Artur Mas y de su conseller de Interior son para no olvidar: “guerrilla urbana”, “kale borroka” , “indignados convertidos en indignos”, “los votantes de CiU somos más, los indignados son una minoría”.

Hay medios de comunicación honorables –no hablo de los de la derecha extrema- tan fluctuantes en su desconcierto que están empezando a dar pena. Cuando los éxitos del movimiento son claros, no tienen más remedio que reconocerlo para no quedar en  una evidencia irreparable; en cuanto hay oportunidad, arremeten para demonizar la protesta.

Utilizan a figuraras venerables como José Luis Sampedro  para no quedarse fuera, alaban sus tesis para reflejar justamente, con saña, todo lo contrario. Ese zigzag les va a resultar agotador: van a perder oyentes y lectores por los dos lados. Los bienpensantes – esa rara especie de españoles antiguos, incapaces de innovar su pensamiento, temerosos de todo cambio, empeñados en que todo permanezca- , en su desconcierto piden firmeza contra quienes perturban su status quo ; quienes participan en esta pacífica revuelta no van a volver a confiar en los medios de comunicación que cada día miran la brújula antes de escribir sus primeras páginas. No se puede estar con todos los bandos en función del clima de cada día.

Los grandes partidos, incluida Izquierda Unida y los nacionalistas de la periferia, ya no tienen tiempo de engancharse al movimiento. Observar la foto de primera página de El País de Alfredo Pérez Rubalcaba “levitando” sobre sus militantes, proponiendo a estas alturas un “MIR” para los profesores como si fuera toda una revolución es sencillamente patético; sobre todo comparada con la marea humana que se ha querido criminalizar. El titular de ese mismo periódico, para referirse a la manifestación que ha desbordado Madrid era: “Madrid se blinda ante las manifestaciones del 19-M”. ¿De verdad no se han dado cuenta todavía de que quién está blindado es Rubalcaba y este PSOE que no ha entendido nada?

Ahora hay que administrar la victoria con inteligencia. Dar continuidad al movimiento, concretar las propuestas y formularlas de manera que se puedan ir concretando en batallas que se puedan ganar, torciendo el pulso a quienes tienen poder para tomar las decisiones.

Creo que hay una enorme inteligencia en estos “indignados” que paso a paso, sin correr, están demostrando que son una fuerza social y política imprescindible. En las próximas elecciones, por acción o por omisión, el 15-M y el 19-J son, somos ya, una fuerza determinante.
Ahora, en asambleas, con talento, hay que definir los próximos pasos desde esta posición de fuerza que se ha alcanzado hoy. Estamos cambiando la historia.

La imparable fuerza de la no violencia. MANUAL PARA DESACREDITAR A LOS “INDIGNADOS”

 Carlos Carnicero

Empecemos por el principio: toda manifestación de violencia es condenable; si va dirigida contra los legítimos representantes de los ciudadanos, es absolutamente intolerable. Si además pretende impedir que los diputados ejerzan sus responsabilidades parlamentarias, no sólo es radicalmente reprobable sino que representa un hecho insólito en la vida democrática española que no se puede consentir.

Hasta aquí, las manifestaciones de principios.

Pero analicemos un poco más los hechos, para que los principios enunciados no nos impidan ver la globalidad de lo ocurrido.

Cuando el Barça celebra una liga o una champions, es usual que grupos de descontrolados -o no tanto- terminen usando la violencia en Las Ramblas, sembrando el pánico en los transeúntes y motivando la actuación de la policía. Entonces, a nadie se le ocurre decir con los socios del Barça sean unos vándalos. Se dice que unos “incontrolados” al calor de la celebración, aprovecharon para armar actos de violencia.

El señor Félix Millet, que continúa en libertad, hizo un agujero tan grande en el Palau de la Música que nadie se explica como pudo haberse llevado tantos millones de euros sin que nadie se dirá cuenta. Ese hecho insólito, no suficientemente explicado, y judicialmente manejado de manera harto extraña,  no convierte a la burguesía nacionalista catalana en ladrona de fondos públicos.

Ahora veamos los golpes de efecto de los incidentes en las proximidades del Parlament. Primero, que más llamativo que un helicóptero para acudir al pleno. Se se utiliza un artefacto volador, será porque algo verdaderamente grave estaba pasando. ¿Había otra manera de resolver la situación? ¿Podía emplearse el helicóptero porque se sabía o al menos se intuía que iba a haber actos violentos. Serían, en todo caso, los primeros incidentes de violencia después de un mes de movilizaciones.

El movimiento de “indignados” es incómodo para demasiada gente. Al principio, casi nadie se tomó en serio la manifestación del 15-M. Cuando los asistentes desbordaron todas las previsiones, los medios de comunicación clásicos o tradicionales se llevaron las manos a las barbas para acariciárselas  y buscar un tratamiento adecuado. Hubo reacciones tardías, porque las primeras cuarenta y ocho horas, en las tertulias de radio y en los artículos de opinión, no hubo reprise para adecuarse al fenómeno.

Estaban los libros de Stéphane Hessel y de José Luis Sampedro. Demasiado éxito de ventas como para ponerles reparos, pero en el fondo era un aplauso de claque obligada; sin entusiasmo. La misma reacción que frente al pensamiento de José Saramago o Eduardo Galeano.

Al primero se le dio un premio Nóbel pero nadie del stablishment tomó en consideración su pensamiento sobre el capitalismo. Hay que leer lo que dice Galeano sobre los ejecutivos financieros, pero es como un jarrón chino de nuestro sistema de pensamiento: está bien que esté al lado de la chimenea, se dice que se le valora, no gustaría que se rompiera, pero nadie lo tiene en consideración ni siquiera para ponerle, al jarrón, flores frescas. Son como la coartada necesaria de una civilización que se tambalea pero que no quiere cambiar para sobrevivir, porque hay demasiado acomodo en este sistema imperfecto e injusto.

Con esos parámetros, la persistencia de la “indignación” había comenzado a ser terriblemente indigesta. Para los grandes partidos, incluida Izquierda Unida, era una amenaza que podría llegar a convertirse en alternativa. Con todas las dificultades que tiene un movimiento transversal hermanado sólo en la protesta podría -y todavía puede- generar una democracia alternativa e integrarse en el sistema sin el control de los partidos ni de las instituciones.

Y de repente fueron apaleados en la Plaza Catalunya. Ahí están los vídeos, los testimonios y la desproporción en el uso de la fuerza de los Mossos d’Esquadra. El conseller Puig, no sólo no aceptó responsabilidades sino que se inventó un futuro casco con vídeo para demostrar retroactivamente lo contrario de lo que todos los fotógrafos, testigos y cámaras de televisión observaron: unos ciudadanos que ejercían la resistencia pacífica fueron brutalmente aporreados por la policía.

Los Mossos d’Esquadra tienen una bien merecida fama de policía xenófoba, torturadora y racista, entre otras “cualidades”; bueno, para no caer en la descalificación generalizada que ahora se aplica a los “indignados”, diremos que sumergidos en esa policía que parece que tiene patente de gracia por su pátina de catalanidad, hay individuos, bastantes individuos, “adornados” con las cualidades que se han apuntado.

Cualquier periodista que haya hecho información de Interior sabe que las fuerzas antidisturbios son instruidas en las academias de policía en la infiltración para reventar manifestaciones. Hay vídeos tomados de los sucesos de ayer en el Parlament que cuanto menos dan para una investigación. Esas personas que llegaron juntas, con chaquetas hasta de cuero en día de tanto calor, e iniciaron los actos de violencia, ¿eran en realidad policías de paisano? Si no lo eran, nadie mas interesado que la Generalitat en demostrar la falsedad de esa imputación. Y, si lo eran, ¿nadie va a cargar con las responsabilidad de una maniobra tan sucia con respecto a un movimiento que hasta ese momento no había sido cogido en renuncio?

Es una preocupación que no puede quedar sin investigación, precisamente para señalar a todos los culpables de las agresiones y proteger el crédito de quienes se manifestaron de forma pacífica y no utilizaron la violencia.

Este esfuerzo mío me temo que va a ser solitario y además manipulado. No servirá de nada que haya condenado explícita y radicalmente el uso de la violencia y la coacción frente a los parlamentarios catalanes. La campaña ya está desatada. No conozco a nadie que le convenga que los indignados tengan recorrido político más que a ellos mismo y a quienes directamente les apoya.

Los medios de la caverna les llaman “perroflautas”, drogadictos, violadores y cualquier otra lindeza. Los medios tradicionales que no son de la derecha extrema, se están dando un baño de pureza democrática para condenar la violencia al mismo tiempo que no les viene mal desprestigiar un movimiento al que no le dan mucho recorrido y que además está motivando un sistema de comunicación alternativo a los medios tradicionales. La extensión de la responsabilidad por lo sucedido se generaliza a todo el movimiento de “indignación”. El juego de palabras del president Mas ha sido el pistoletazo de salida para el descrédito. “indignados” o “indignos”: demasiado fácil la disyuntiva; demasiado precipitado el diagnóstico.

Si en Italia las redes sociales han vencido a las cadenas de televisión de Berlusconi, por qué la democracia 2.0 no puede pasar por encima de las barreras de la prensa empeñadas en poner en cuestión la legitimidad, fundamento y desarrollo de las propuestas de los manifestantes.

Hay algo esencial para que todo no acabe en un falso sueño. La no violencia es un fin en sí mismo –por el rechazo a toda forma de coacción en un sistema democrático, y ésta sin duda lo es- y además la condición esencial de que el movimiento iniciado por quienes están siendo castigados por un sistema desproporcionado e injusto tenga futuro.

No es fácil controlar multitudes; es muy difícil, todavía más difícil, evitar que fuerzas policiales de paisano lleguen a infiltrarse como provocadores.

No es una acusación, es una invitación urgente a que se investiguen los hechos. Pero me temo que sus señorías están tan indignadas como la mayor parte de la prensa y los intelectuales orgánicos. Pensar independiente es correr riesgos incluso de ser despedido. No conozco mucha gente en este oficio ni en el oficio de pensar que esté por la labor de arriesgarse a nadar contra la corriente. El compromiso intelectual siempre fue un acto de soledad y que ha exigido prescindir de la condición de oportunidad. Los pensamientos no deben entender de narcisismo utilitarista frente a los espejos convexos de ésta sociedad.