LA BANCA NO SOMOS TODOS

Vicenç NavarroCatedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Existe una percepción bastante generalizada en España que considera que “el banco somos todos”. El dinero de la banca es el dinero de todos. Tal dinero son los depósitos de la mayoría de la ciudadanía que tiene sus ahorros depositados en la banca. En otras palabras, se asume que el dinero que existe y/o se utiliza por el banco es el depositado por cada uno de los ciudadanos, resultado de su ahorro, de sus nóminas o de sus pensiones, sean éstas públicas o privadas. Ésta percepción es promovida por los propios bancos que quieren transmitir el mensaje de que ellos desempeñan una función social, la de guardar el dinero de la ciudadanía, pagándoles unos intereses como incentivo, a la vez que ofrecen crédito a las personas y a las empresas que lo necesiten. La existencia de tal crédito es la función social que justifica su existencia. De esta percepción se deriva el mensaje que la banca y el Banco de España transmiten a los medios y que está calando en la población: intervenir y penalizar a la banca es penalizarnos a todos nosotros.

Esta percepción, sin embargo, es profundamente errónea. En realidad, la mayoría de ciudadanos no tiene mucho dinero en la banca, ni directa ni indirectamente (como en pensiones). Sería muy interesante poder corroborar los hechos con los datos pero, no podemos hacerlo en España, donde la opacidad estadística, tanto en temas de distribución de la renta como de la propiedad, hacen difícil conseguirlos. Además, los existentes no son creíbles. Fíjese el lector que, según los últimos datos de la OCDE (que extrae sus datos de las cifras oficiales del Estado español), el nivel de renta de la decila superior de España es de 32.000 euros. Cualquier persona que va por las partes alta de las grandes ciudades puede ver que los súper ricos tienen muchos más ingresos que los que constan en sus declaraciones de renta. (Tal opacidad es incluso más acentuada en el sistema financiero, como bien ha mostrado el colapso de Bankia).

Estados Unidos, sin embargo, sí que tiene datos más fiables. Y es más que probable que la distribución de la renta y de la propiedad en España sea bastante semejante a la de EEUU (España, junto con EEUU, es uno de los países más desiguales de la OCDE, el grupo de países más ricos del mundo). Pues bien, la gran mayoría de estadounidenses tienen muy poca propiedad financiera. Ésta está muy concentrada. La decila superior de la población estadounidense posee el 90% de todos los bienes financieros, siendo los más comunes sus acciones bancarias y sus pensiones. En realidad los súper ricos, el 1% de la población, posee el 38% de estos bienes financieros. La mayoría de la población sólo posee su casa, aunque poseer, poseer, es un decir. El banco es el que la posee, y el que vive en ella le paga al banco la hipoteca.

Cuando estamos hablando de los bancos, por lo tanto, estamos hablando predominantemente del dinero de una minoría: de los ricos y de los súper ricos. De ahí que sería razonable decir que cuando hablamos de los bancos no estamos hablando del conjunto de la población sino de los sectores más adinerados y de los gestores de su dinero (los banqueros). De ahí que también sería aconsejable que –tal como propone el que fue Secretary of Labor (Ministro de Trabajo) durante la Administración Clinton, y hoy Profesor de Políticas Públicas de la Universidad de California, el Sr. Robert Reich, se gravara a los banqueros, a los accionistas, y a los que tienen la mayoría de depósitos, haciéndoles pagar un 2% en sus bienes financieros, justificándose tal medida por los enormes beneficios que la banca ha alcanzado durante todos estos años de bonanza, beneficios conseguidos predominantemente de la especulación, incluida la especulación bancaria. Ello conseguiría en EEUU 70.000 millones de dólares más para el Estado (haciéndoles pagar tal 2% a los que tuvieran más de 7.2 millones de bienes financieros).

No estaría de más que se implementara esta política aquí en España, donde la concentración de la propiedad es igualmente acentuada. Hoy, las ayudas públicas al sector bancario español han alcanzado el nivel del 10% del PIB sin que con ello se haya resuelto el problema del crédito. Si a ello se añaden los 100.000 millones del rescate bancario, resulta que tal cifra ha doblado este porcentaje, alcanzando más del 20% del PIB, sin que ello haya facilitado o facilite en el futuro la provisión del crédito. Por cierto, es difícil de entender que estos 100.000 millones de euros que se gastarán supuestamente en la reestructuración del sistema financiero (a unos intereses que pueden significarle a la banca, según el Comisario de la Unión Europea, el Sr. Joaquín Almunia, casi un 8%) consigan lo que no han conseguido los casi 500.000 millones de euros que los bancos españoles e italianos han recibido desde el pasado diciembre del BCE a unos intereses de sólo un 1%. Tal rescate no resolverá el problema de la banca española, pues no se está tocando el problema clave que provocó la crisis: la burbuja inmobiliaria.

Todavía hoy hay más de tres millones de pisos vacíos (3.417.064 viviendas, según el Ministerio de Fomento). Durante el boom inmobiliario se construyeron 800.000 viviendas al año, más que Alemania, Gran Bretaña y Francia juntas. Los precios subieron un 155% durante una década, crecimiento artificial, que no se correspondía con el crecimiento del nivel de vida del país, y que se consiguió gracias a las prácticas especulativas de la banca. Cuando la burbuja explotó (debido al parón de transferencias del dinero de la banca alemana, contaminado por los “productos tóxicos” de la banca estadounidense), la banca española quedó estancada con sus propios productos tóxicos, las hipotecas, que no se podían pagar y continúan sin poder pagarse. Tales activos representan 150.000 millones de euros (equivalente al 15% del PIB). Y ahí está el problema, que requiere para su solución una intervención pública que el Estado español es reacio a tomar debido al enorme poder de la banca. Debería haberse resuelto a base de llenar estas casas vacías con familias que pagaran alquileres o hipotecas asumibles, penalizando a los bancos que se resistieran a tales medidas (en Dinamarca se multa a la vivienda que esta vacía durante más de seis semanas). Y muchos bancos deberían haber sido nacionalizados, con anulación de la deuda privada en gran número de casos. En lugar de ello, el Estado español ha escogido ayudar a los bancos a costa de los intereses de la población. Y de esto es de lo que no se habla. Las raíces de la crisis financiera -el excesivo poder de los ricos y de los súper ricos en España y de sus bancos- no se está ni siquiera tocando. Y así estamos.

El rescate traerá más recortes y no sirve para salir de la crisis

  • Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
  • Juan Torres López, Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Desde que la crisis se inició en 2007, la población española ha estado sometida a toda una serie de políticas públicas que han significado un gran recorte de sus derechos laborales y sociales, que han afectado de una manera muy notable al bienestar social y a la calidad de vida de las clases populares. Hemos visto durante estos años de crisis la congelación y pérdida de la capacidad adquisitiva de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, la reducción del gasto público en las transferencias y servicios del Estado del bienestar (con recortes muy acentuados de la sanidad pública, de la educación pública, de los fondos y servicios a las personas con dependencia, de las escuelas de infancia -erróneamente definidas como guarderías-, de los fondos para la prevención de la pobreza y de la exclusión social, de los servicios sociales, de las viviendas sociales, del nivel de cobertura de los seguros de desempleo y de las ayudas a la integración de los inmigrantes). Y hemos sufrido las reformas del mercado laboral, que se han llevado a cabo con el objetivo de reducir los salarios y la capacidad de negociación de los trabajadores. Y a todas esas medidas se han añadido la reducción del empleo público y de los salarios a tales empleados públicos.

Pues bien, hoy día sabemos a ciencia cierta que todas estas intervenciones han empobrecido todavía más al conjunto de la clases trabajadoras y que, lejos de haber hecho germinar los “brotes verdes” que las justificaron, han llevado a nuestra economía a una situación mucho peor y más cercana a la depresión.

  • El rescate no es una ayuda, es una imposición para realizar más recortes

Tales recortes se han justificado siempre como imprescindibles para reducir el déficit del Estado y el tamaño de su deuda pública, algo necesario, según se ha dicho siempre, para ganar la confianza de los mercados financieros y de esta manera poder conseguir dinero prestado para pagar los gastos del Estado.

Tanto el gobierno de Zapatero primero y ahora el de Rajoy han insistido constantemente en realizar esos recortes por encima de todo por el miedo a que no pudiéramos recuperar la famosa confianza de los mercados financieros y entonces fuésemos intervenidos por la llamada Troika, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero ahora resulta que a pesar de que se han llevado a cabo todos esos recortes, a pesar de que se han ejecutado una tras otra las imposiciones de los mercados, expresadas a cada momento muy claramente por esa Troika, España ha sido intervenida por esas tres instituciones

Digan lo que digan, lo cierto es que todos estos enormes sacrificios y recortes han sido en balde y cuando se ha producido su fracaso estrepitoso en forma de rescate, la respuesta del gobierno y del establishment político y mediático es la de negar que haya sido tal y que vaya a llevar consigo una intervención de nuestra economía.

El artículo de Guillermo de la Dehesa Precisiones sobre el rescate bancario, (El País 09.06.12), en el que trata de disimular la verdadera naturaleza del rescate, y las manifestaciones del Ministro de Economía, Luis de Guindos, en la rueda de prensa en la que lo anunciaba como un triunfo, son representativos de esta postura.

Según esas manifestaciones, a las que hay que añadir la del propio presidente Rajoy afirmando que lo ocurrido es algo que “ha conquistado” España, los 100.000 millones de euros no son un rescate, sino una ayuda a la banca que tiene por objetivo reestructurar el sector bancario y sin implicaciones macroeconómicas. Unas interpretaciones que caen por su propio peso cuando se lee el documento del Eurogrupo donde se manifiesta textualmente:

“El Eurogrupo considera que España ya ha implementado importantes reformas fiscales y del mercado de trabajo y medidas para reforzar el activo de los bancos españoles. El Eurogrupo confía en que España cumplirá sus compromisos en virtud del procedimiento de déficit recesivo y con respecto a las reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco de la Unión Europea. Los progresos en estas áreas serán revisados de cerca y con regularidad, también paralelamente con la ayuda financiera” (el subrayado es nuestro).

  • ¿Puede decirse de manera más clara que se trata de una intervención en toda regla?

El texto del acuerdo del Eurogrupo señala sin lugar a duda alguna que paralelamente a la supervisión financiera se hará la de las políticas fiscales y macroeconómicas. Y el significado y el objetico con el que se llevará cabo esta supervisión también aparece bien claro en los últimos documentos del FMI y en las declaraciones de sus responsables que constantemente insisten en que habrá que llevar a cabo más reformas del mercado laboral -para conseguir más bajadas salariales-, más reducción de las pensiones, y una reducción más acentuada del déficit, centrándose en el Estado del Bienestar que en España está gestionado por las comunidades autónomas.

Lo que ahora se busca con la excusa de eliminación del déficit de las éstas última no es otra cosa, en la práctica, que nuevos mayores recortes de las transferencias y servicios del Estado del Bienestar que gestionan, principalmente, en materia educativa, sanitaria y de cuidados a las personas.

  • El rescate no aumentará la confianza de los mercados sino todo lo contrario

Puesto que conocemos perfectamente lo que ha ocurrido en otros países y en situaciones semejantes cuando se toman este tipo de medidas, podemos afirmar ahora con seguridad lo que con toda probabilidad va a ocurrir en España, en contra de lo que vienen diciendo las autoridades sin ningún tipo de fundamento ni base científica ni empírica.

En concreto, es importante que la ciudadanía sepa que, aunque en teoría estas reformas se hacen para recuperar la famosa “confianza de los mercados”, toda la evidencia muestra que los resultados serán precisamente opuestos a este objetivo.

El resultado de los rescates en los otros países supuestamente rescatados es que la prima de riesgo de su deuda pública no ha disminuido. Antes al contrario, ha subido. Y eso ocurrirá igualmente en España porque los recortes adicionales que van a acompañar al rescate van a ralentizar todavía más, y sin ningún lugar a dudas, la marcha de la economía española, acentuando así la recesión.

Además, y en contra de lo que se está diciendo, el rescate aumentará la deuda pública, pues el Estado –el receptor de la supuesta ayuda- tendrá que pagar por las pérdidas de las bancas fallidas en el rescate y asumir sus intereses y el principal.

Y, finalmente, el rescate tampoco garantiza ni que el sector bancario pase a ser solvente ni, por supuesto, que el crédito vuelva fluir a la economía.

La estimación del Fondo Monetario Internacional de las necesidades de capital del sector están hechas ad hoc, para justificar la cantidad con la que se pensaba jugar de antemano. Las cifras que proporcionen las auditorías solicitadas por el gobierno serán otras: las que se desee, porque la experiencia demuestra (como en caso de los bancos que fueron calificados de plenamente solventes meses o semanas antes de que fuesen rescatados en otros países) que dependen de la valoración que se quiera dar a activos que han perdido prácticamente todo su valor. La deuda inmobiliaria con los bancos no es menor de 400.000 millones de euros, así que 100.000 millones (el techo más alto del rescate) serán insuficiente incluso en los escenarios más optimistas de su recuperación.

Y tampoco se garantiza que vuelva a generar crédito a la actividad productiva no solo porque la capitalización será insuficiente sino porque, mientras que las políticas que se vienen aplicando y que acompañarán al rescate sean recesivas, ni habrá demanda suficiente solvente ni compensará a la banca dejar de dedicar los recursos a donde obtiene mayor rentabilidad.

La realidad que el gobierno y los apologistas del rescate quieren ocultar es que éste no es sino únicamente el instrumento mediante el cual la troika gobernará la política fiscal y macroeconómica española para seguir imponiendo reformas y recortes y para asegurar la prioridad de cobro de la deuda que los bancos españoles tienen con la banca europea, y principalmente alemana.

Por tanto, hay que decirlo claramente: el rescate constituye un auténtico golpe de Estado bajo la apariencia de ayuda a la banca. A partir de ahora, el gobierno Rajoy hará lo que digan la Troika y el gobierno alemán. El federalismo de Merkel (“queremos más Europa… y los Estados tendrán que ceder soberanía”) es una manera amable de definir una relación colonial en la que a España le toca ahora ser la colonia.

  • ¿Por qué el rescate ahora?

La respuesta que las autoridades dan cuando se pregunta por qué se da justo ahora el rescate es que los intereses de la deuda pública estaban alcanzando un nivel prohibitivo y que, por tanto, había que hacer algo. Pero tal argumento también cae por su base porque significa ignorar que, como hemos demostrado en varias ocasiones, no son los mercados financieros sino el Banco Central Europeo el que realmente define los intereses de la deuda pública.

El hecho de que los intereses que está siendo obligada a pagar España sean altos se debe a que el BCE no ha comprado deuda pública española durante tres meses, lo que se podría considerar como una auténtica provocación de la situación final a la que se ha llegado que el BCE lleva a cabo habitualmente.

Así lo ha demostrado recientemente con datos indiscutibles la periodista Ana Tudela (BCE, la mano que mece la prima, Más Público, 11/05/12):

“¿Y si la prima (rentabilidad exigida a la deuda de un país respecto a la de Alemania) respondiese a algo más que a un mercado desquiciado? Hay algo más. El Banco Central Europeo (BCE) ha mecido al alza las primas en fechas concretas: las de las cumbres europeas y las semanas en que gobiernos y parlamentos decidían ajustes.

Como demuestra su propio calendario de actuaciones, el BCE dejó, en esas citas clave, de comprar deuda pública. Dejó solos a los Estados cuando más falta hacía. No una ni dos veces sino de forma sistemática desde hace ya dos años, el tiempo suficiente para cambiar Europa. Las peticiones de ayuda por gobiernos como el español, ante periodos de absoluta inactividad del BCE como el actual, caen en saco roto porque la autoridad monetaria, que se empeña en defender su independencia, tiene un objetivo.

Aunque desde Frankfurt se niegan a explicar el patrón de sus actuaciones, a concretar por qué han actuado en semanas con las primas relativamente relajadas y desaparecido cuando la tensión se disparaba, su intención no puede ser otra que propiciar reformas en línea con las tesis de la canciller alemana, Angela Merkel, y del Bundesbank”.

Y también se oculta que España podría seguir pagando la deuda pública a este nivel (y mucho más si el Banco Central Europeo ayudara a abaratar en lugar de encarecer su factura). De hecho, incluso ahora la deuda pública española es más baja que el promedio de la UE-15. Y según los cálculos del FMI, España pagaría el 3,5% del PIB en intereses en 2017, lo cual es una cifra asumible, semejante a la que pagan otros países como Alemania o Gran Bretaña.

La razón, entonces, de que haya sido justamente ahora cuando se ha producido el rescate es otra, y como siempre, no aparece en los medios. Es el temor de la Troika a que en las próximas elecciones griegas gane la izquierda, y se cuestionen con mucha más fuerza las políticas de austeridad que han llevado a Grecia (y a España) al desastre. Es por eso que la Troika quiere tener la sartén por el mango y forzar la continuación de tales políticas, porque sabe que es muy probable que tras las elecciones del próximo fin de semana (y a pesar de las injerencias constantes que están realizando para influir sobre la libre voluntad de los electores griegos) sea mucho más difícil defenderlas. Así de claro.

En definitiva, hay que denunciar el intento de ocultar la verdadera naturaleza del rescate, que está bien clara en el comunicado del Eurogrupo y en los informes del FMI:

– Quieren rescatar a los banqueros despreciando y por encima del bienestar de la inmensa mayoría de las personas.

– Se ha acordado ya, y se va a producir materialmente cuando se selle la letra pequeña del acuerdo, un auténtico golpe de Estado, porque a partir de ese momento España ya no estará implícitamente intervenida, como hasta ahora, sino expresa y visiblemente por funcionarios extranjeros que impondrán las líneas de gobierno a las que se habrán de ajustar las políticas económicas: nuevos recortes, privatizaciones y reformas institucionales encaminadas a desarmar de derechos políticos y mecanismos de representación a la ciudadanía.

Y se puede adelantar que nada de eso servirá para recuperar la actividad económica:

– Volverá a perderse empleo y cerrarán nuevas empresas.

– Nada garantiza que vuelva a generarse crédito para la economía.

– No bajará la prima de riesgo y ni siquiera el montante de nuestra deuda, sino todo lo contrario, cabe esperar que siga subiendo porque nada se ha hecho para frenar el impacto de la especulación generalizada en los mercados.

El rescate es un auténtico desastre para nuestra economía y para nuestra sociedad. Es una verdadera perversión política que el presidente del gobierno se alegre de que se haya producido y que el propio Rey Juan Carlos lo haya felicitado por haberlo reclamado a Europa. Los ciudadanos deben informarse bien, explicar con claridad a quienes tengan a su lado lo que de verdad ha ocurrido y exigir respuestas políticas que den la vuelta a la situación para poner en marcha medidas alternativas, que las hay sobradamente, como venimos poniendo de manifiesto en nuestros escritos y libros.

EL RESCATE, EXPLICADO EN 10 PUNTOS

El  sábado 9 a las 16.00 h Europa nos “rescató”. En medio de la Eurocopa,  de Roland Garrós y del Premio de Canadá de Fórmula 1. Un buen momento  para encontrar a todo el país delante de la pantalla y con pocas ganas  de salir a la calle y perderse el estreno de «la roja». Que los bancos  españoles necesitaban ese dinero se sabía hacía meses, pero se ha  esperado al momento oportuno para solicitar un rescate, que encima nos  venden como una gran victoria.

El  domingo 10, presionado por todos los flancos, nuestro presidente se  dignó a comparecer ante los medios para decirnos que  nos ha salvado de la intervención, que sólo se han pedido 100.000  millones de euros para la banca y que los ciudadanos podemos estar  tranquilos: ahora nuestros ahorros y nuestras casas están más seguros.

¿Cómo se puede mentir tanto a un país? ¿Cómo un Presidente que dentro de su programa electoral  estableció no dar ni un duro más a la banca puede seguir gobernando  después de incumplir esta promesa? ¿Cómo se pueden inyectar 23.000  millones de euros de dinero público a la fallida Bankia, que ya había  recibido 4.000 millones, y que Rodrigo Rato se retire con una  indemnización de 2 millones de euros? ¿No debería estar en la cárcel por  malversación de fondos públicos? Y nuestro Presidente, ¿no debería  dimitir ante la imposibilidad de cumplir sus promesas?

El Rescate en 10 puntos: que no te vendan la moto

1. El dinero procedente del fondo de rescate europeo (FEEF) se inyecta en el FROB (el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), un organismo público dependiente del Estado español que inyecta liquidez a los bancos con problemas.

2. El dinero procedente de Europa, por tanto, no va directo a los bancos como nos quieren hacer creer, sino a una entidad pública de la que responde el Estado, que actúa de avalista. Esto significa que si algún banco de los que recibe dinero a través del FROB no puede después devolverlo, cosa que sucederá dado el estado de éstos, el banco no responde, responde en última instancia el FROB, es decir, el Estado, es decir, nosotros los ciudadanos.

3. Los 100.000 millones de euros ingresados por el Estado en concepto de préstamo se contabilizan en los presupuestos como una deuda de 100.000 millones, más los intereses que devengue dicho importe. Dichos intereses los paga también el Estado, no los bancos, cuidado, es decir: nosotros los ciudadanos.

4. Europa exige a España que dé garantías suficientes (como en cualquier otra transacción de crédito) de que puede devolver el préstamo y los intereses. Esto significa que tenga “saneado” su presupuesto y que mantenga el déficit a raya.

5. Si en el presupuesto acaba de contabilizar una deuda de 100.000 millones de euros, el presupuesto no puede nunca cumplir los objetivos de déficit a menos que se ahorre y se ingrese por otro lado. Traducido a la práctica esto significa: más recortes y subidas de impuestos (que no sé por qué me da que va a ser el IVA de los consumidores, y no el impuesto de las SICAV (esas sociedades de inversión de grandes fortunas que solo cotizan al 1%)).

6. El Estado español lleva muchos meses financiándose a intereses muy elevados. Esto significa que si antes para obtener un crédito pagaba el 2,4% de intereses, ahora paga el 6%. Esto es así por dos razones.

7. Cuanta más incertidumbre se vierta sobre la solvencia de España, más intereses tiene que pagar el país para conseguir financiación, lo cual beneficia a los prestamistas, que en lugar de un 2,4% de intereses se llevan un 6% (y estamos hablando de mucho dinero).

8. Las cajas españolas, que se han sumado al carro de los excesos políticos y constructivos durante años, obteniendo con ello ingentes beneficios, están arruinadas desde hace tiempo porque forman parte de esa burbuja inmobiliaria que ningún Gobierno ha tenido el valor de pinchar. Eso lo saben los bancos e inversores de fuera, y están temerosos de invertir en ellos.

9. Ahora se supone que con el préstamo europeo pagamos menos intereses, ¿pero a cambio de qué? ¿De nada? Vayamos al último punto:

10. Esta dinámica de préstamo+intereses es la misma que ha tenido al continente africano sometido durante décadas, si no siglos. El país está tan endeudado y es esclavo de unos intereses tan altos que todo lo que ingresa va a parar a la devolución de dichos intereses. Para poder hacer frente a estos pagos, el país privatiza y vende toda su riqueza nacional y explota a los trabajadores y habitantes hasta límites inhumanos. África queda lejos, pensamos, pero Grecia no tanto. Y vamos derechitos al mismo resultado. Misma estrategia = mismo resultado.

¿Qué podríamos hacer?

# Dejar caer a los bancos y a sus accionistas, garantizando los depósitos de los ciudadanos corrientes.

# Nacionalizar los bancos: sus pérdidas pero también SUS BENEFICIOS. Actualmente, cada vez que el estado nacionaliza algo, sanea sus pérdidas con dinero público y, cuando ese algo empieza a dar beneficios, lo privatiza. Las pérdidas por tanto las pagamos los ciudadanos; los beneficios van a manos privadas.

# Obligar a los bancos a sacar al mercado todas las viviendas que tienen en stock. Obligarles a declarar dicha devaluación del valor como pérdidas en sus estados contables. De esta forma se conseguiría poner en el mercado cientos de miles de pisos a precios sociales de compra y alquiler, con la consiguiente reducción real del precio de la vivienda.

# Elecciones anticipadas. Un Gobierno que incumple reiteradamente su programa electoral debería estar obligado a convocar elecciones anticipadas para confirmar que sigue contando con el apoyo de los ciudadanos que le votaron convencidos de que iba a realizar otras políticas.

# Referéndum popular. Un rescate europeo que nos esclaviza durante generaciones, prolongar la edad de jubilación, rescatar a Bankia con nuestro dinero, abaratar el despido, recortar en sanidad, recortar en educación, subir los transportes públicos… Todo esto afecta vitalmente nuestro a bienestar, por lo que debería someterse a referéndum. Actualmente disponemos de la figura del referéndum popular: ¿por qué no se usa? ¿Por qué no la reclamamos?

# Denunciar a los responsables financieros y políticos de la crisis. Llevarlos ante los tribunales. Embargarles el patrimonio, el sueldo y la jubilación (lo tengan en Cáceres o en las Islas Caimán) hasta que hayan devuelto todo lo que deben. Hay muchas iniciativas en este sentido a las que te puedes sumar.

Mientras todo esto sucede, no podemos estar en casa mirando la final de Roland Garros. Si no cambiamos las cosas nosotros, no las cambiará nadie. En unos años podemos vernos, en lugar de viviendo, sobreviviendo.

 ¡Tomemos las riendas de nuestras vidas!

Hay miles de plataformas y movimientos a los que te puedes sumar para cambiar las cosas, aunque solo tengas una hora de tiempo libre a la semana. Muchas personas pequeñas, en muchos lugares pequeños, introduciendo cambios pequeños pueden cambiar el mundo.

¡Contra la estafa del rescate europeo, Plan de Rescate Ciudadano!

Fuente: Democracia Real Ya, en Madrilonia

Rescate: se consuma el engaño

 Juan Torres López

Primero los gobiernos les crearon las condiciones para que financiaran una burbuja de crédito sin precedentes y con la que han ganado docenas de miles de millones de euros. Dictaron leyes de suelo para que los promotores les pidieran préstamos que financiaran construcciones en todas las esquinas de España, que irían quedándose vacías y sin vender cada vez en mayor número. Aumentaron las facilidades fiscales para promover las ventas y desincentivaron el alquiler y el consumo colectivo de servicios de ocio o residencia.

Solo de 2000 a 2007, los bancos multiplicaron el crédito total destinado a la actividad productiva por 3,1, el dirigido a la industria por 1,8, el de la construcción por 3,6 y por 9 el dirigido a la actividad inmobiliaria. Y eso que cada vez disponían de menos depósitos para generarlo: en 2000 la banca española recibía 1,43 euros en depósitos por cada euro que concedía a crédito, mientras que en 2007 solo 0,76 euros.

No contentos con los beneficios que les daba el negocio inmobiliario que condenaba al monocultivo a la economía nacional, impusieron políticas de bajos ingresos y recortes salariales para que las familias y pequeños empresarios vivieran en el filo de la navaja y tuvieran que endeudarse hasta las cejas.

Pero no contentos con obtener beneficios normales, los bancos utilizaron a sus tasadores para aumentar artificialmente los activos sobre los cuales iban a dar créditos, para así generar más deuda y cobrar comisiones más suculentas y recurrieron a todo tipo de prácticas comerciales predatorias para fomentar el consumo: manejaban a su antojo los índices de referencia, incluían la abusiva cláusula que autoriza al banco a vender el piso en subasta notarial si se produce el impago de la deuda, reclamaban importes elevadísimos por cuentas que creían canceladas, cobraban comisiones leoninas (más que en cualquier otro lugar de Europa) por cualquier cosa, giraban una y otra vez un recibo inatendido por el cliente generando múltiples gastos de reclamación por una misma deuda, embargaban saldos en cuentas corrientes sin respetar lo establecido en la ley… hasta cuatro folios me ocupa el listado de malas prácticas que han recopilado las asociaciones de usuarios, es imposible consignarlas todas aquí. Y eso, por no hablar de las estafas estrella, que han podido suponer un auténtico robo de entre 12.000 y 15.000 millones de euros, si no más, mediante las participaciones preferentes, las cláusulas suelo, etc.

Mientras sucedía todo esto, las autoridades dejaron hacer, consintieron las tropelías bancarias y permitieron que se inflase la burbuja sin cesar, haciendo oídos sordos a todas las advertencias.

El actual Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, decía en 2003: “no existe una ‘burbuja inmobiliaria’ (…) el concepto de burbuja inmobiliaria es una especulación de la oposición que habla insensatamente de la economía de ladrillo y olvida que la construcción es un sector fundamental para la economía del país y en el que trabajan cerca de un millón de personas” (El Mundo 2  de octubre de 2003). Y el más tarde Ministro de Economía, Pedro Solbes, afirmaría que quienes auguraban el riesgo de recesión por esa causa “no saben nada de economía” (El País, 11 de febrero de 2008).

Los dirigentes de uno y otro partido negaban lo que hiciera falta, por muy evidente que fuese para el resto de los españoles, con tal de dejar que los banqueros y los grandes empresarios de la construcción literalmente se forraran a costa de todos los españoles.

El gobernador del Banco de España que había colocado el PP, Caruana, se pasaba por el arco del triunfo la denuncia de sus inspectores que en 2006 le señalaban formalmente que no se hacía nada frente a un endeudamiento creciente y muy peligroso de la banca española. Pero eso sí, no había declaración suya o más tarde de su sucesor, el socialista Férnandez, en la que no reclamasen moderación salarial y recortes de gasto social.

Pero gracias a todo ello, los bancos españoles se convirtieron en los más rentables del universo, justo, eso sí, en la misma medida en que situaban a nuestra economía entre las más vulnerables.

Cuando estalló la burbuja y ya no se iba a poder disimular lo que había pasado, el inmenso negocio que los bancos habían hecho a costa de la deuda, todos consintieron en disimular.

Permitieron que los bancos declarasen en balance los activos dañados a precios de adquisición siendo cómplices así de un engaño descomunal que hirió de muerte la credibilidad de nuestra economía porque, por mucho que Zapatero dijese en septiembre de 2008 -como le dictaban Botín y compañía- que el sistema financiero español era “el más sólido del mundo”, los inversores y prestamistas internacionales sabían lo que de verdad había hecho la banca española.

Los dos grandes partidos, a los que se  suman los de los nacionalistas de derechas de Cataluña y el País Vasco, colocaron en las cajas de ahorros a sus amigos y militantes y crearon una red de oligarquías provinciales que alentó la especulación, extendió la corrupción y que comenzó a llevar al desastre a la gran  mayoría de las entidades, al convertirlas en clones de los bancos privados, sin tener capacidad real ni naturaleza legal para serlo.

Y para facilitar la recuperación de los bancos mas grandes y dejarles a ellos todo el mercado consensuaron la ley de cajas que las llevaba a su bancarización forzada, para provocar cuanto antes su caída y el reforzamiento por esa vía de los bancos más grandes.

Claro que, a cambio, esos mismos partidos han recibido cientos de millones de préstamos para ir ganando las elecciones, ahora uno luego otro, que no devuelven, y han podido colocar en sus consejos de administración, o en los de empresas participadas, a docenas de ex dirigentes o socios.

Luego, cuando el sistema saltaba por los aires porque a los alemanes les consumía el ansia de cobrar los préstamos que con la misma compulsión habían dado a los bancos españoles, todos se concitaron para negar que iban a pedir un rescate. Diez días hace que lo negaba rotundo el presidente Rajoy: “no va a haber ningún rescate de la banca española” (EFE, 28 de mayo).

Y cuando lo han pedido, niegan lo que efectivamente han pedido: 100.000 millones de euros para entregar a la banca y que vamos a pagar todos los españoles. Niegan que vaya a tener efecto sobre el déficit y la prima de riesgo, cuando será el Estado quien tenga que devolverlo (¿cómo lo harían unas entidades que se capitalizan precisamente porque no tienen dinero?) y tratan de hacer creer que es algo positivo y una ayuda generosa: “Las noticias que traemos hoy son positivas”, dijo el Ministro de Guindos cuando empezaba la rueda de prensa que dio ayer para anunciar el rescate.

Nos han engañado a todos cuando dicen que van a rescatar a España cuando lo que van a hacer es hundirla para años. Nos han engañado los bancos, nos han engañado los gobiernos del PSOE y del PP. Nos han engañado los dirigentes europeos que están borrachos de ideología neoliberal y no se dan cuenta de que las medidas que toman llevan al desastre a los países que las aplican (¿o acaso es que está mejor la economía de Portugal, por no hablar de los ciudadanos portugueses, desde que fue “rescatada”?). Nos ha engañado el Fondo Monetario que se ha sacado de la manga un informe deprisa y corriendo solo para justificar la decisión ya tomada y en el que cifra las necesidades de financiación de la banca española en una horquilla que sitúa, nada más y nada menos, que entre 45.000 millones y 119.000 millones de euro. ¿En qué quedamos?

Y nos engañarán esta tarde el presidente Rajoy y el Príncipe Felipe si es que definitivamente se han ido a ver el partido de fútbol cuando griten ¡España, España!, porque lo que están demostrando es lo contrario: España, los españoles de abajo, les importamos un pepino. Ellos y el resto de los políticos que han permitido lo que acabo de señalar, junto a los banqueros y los grandes beneficiarios de la burbuja y de la crisis, que tendrían que vivir 500 años más para disfrutar de todo lo que han ganado a costa de los españoles, son los responsables de este engaño descomunal. Hay que pedirles cuentas a todos y echarlos para siempre.

¿OTROS PAÍSES RESCATARON A SUS BANCOS?

Pues no fué así en todos los casos, Islandia no lo hizo, y es a quien mejor le va

Hace dos años atrás nadie podía prever que la situación de España sería esta. Mientras se agudizaba la crisis causada por el estallido de la burbuja inmobiliaria, la  agencia de calificación Moody´s situaba a la banca española como la tercera más sólida de la zona euro, por detrás de Finlandia y Francia.

Pero este sábado, la situación obligó al Gobierno de Mariano Rajoy a solicitar un rescate al grupo europeo que podría llegar a los 100 mil millones de euros y que será monitoreado por el FMI.

El diario español El País, ayer recordó que otros países ya pasaron por eso.

Reino Unido: El banco Northern Rock fue el primero en caer, en 2008, afectado por el veneno de los activos tóxicos inmobiliarios provocado por las hipotecas subprime. El Gobierno de Gordon Brown lo nacionalizó y abrió la vía de las ayudas públicas para rescatar a la banca. En total, se inyectaron 155.000 millones de euros para rescatar a los bancos más afectados, entre ellos el Royal Bank of Scotland (RBS) y Lloyds.

Irlanda: Es el caso más representativo de las transferencias de dinero público para salvar al sector financiero. El país pasó de ser un milagro económico a una de las mayores decepciones en los meses que transcurrieron desde la caída de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, al momento en que el Gobierno de Dublín nacionalizó el Anglo Irish Bank y el Irish Nationwide que supuso un desembolso de 7.000 millones de euros.

Islandia: La crisis financiera derrumbó a los tres principales bancos del país. Entonces, las autoridades nacionalizaron Kaupthing, Glitnir y Landsbanki en octubre de 2008. En lugar de regarlos con miles de millones de dinero público para que afrontaran sus balances, decidió que suspendieran pagos a los acreedores internacionales, fundamentalmente entidades e inversores británicos. No obstante, garantizó los ahorros de los islandeses.

Holanda: Si bien sus bancos presentan ahora balances saneados, entre 2008 y 2009, el entonces Gobierno de centro izquierda efectuó dos grandes rescates. El primero afectó al banco y aseguradora Fortis, por 16.800 millones de euros estatales. El segundo fue el de ING. La entidad fue recapitalizada con una inyección de 10.000 millones de dinero público.

Portugal: Lisboa nacionalizó el Banco Portugués de Negocios (BPN) tras inyectar 700 millones de euros para asegurar los depósitos. Desde hace cuatro años, el Estado viene haciéndose cargo de las pérdidas de la entidad que llegan al menos 2.500 millones de euros.

De los 78.000 millones que el FMI, el Banco Central Europeo (BCE) y la Unión Europea (UE) prestaron en mayo de 2011 a Portugal para salvar a este país de la bancarrota, 12.000 millones estaban destinados desde el principio a sanear la maltrecha banca portuguesa.

Estados Unidos: La caída de Lehman Brothers lo precipitó todo pero la debacle arrastró a otras entidades, obligando al presidente George Bush a poner en marcha un fondo, el TARP, para inyectar hasta 700.000 millones a la banca. El desembolsó final de dinero público fue de 431.000 millones y la nacionalización parcial de la gran banca.

infobae.com (América)

El día que nos rescataron. ¿O fue a la banca?

A la espera de conocer con detalle el «Memorando» que a sangre y fuego se nos va a imponer, y otros detalles que ahora se nos ocultan incluyendo las mentiras con las que constantemente nos insulta el gobierno, lo que se ha conocido hoy, tras negarlo repetidas veces es lo siguiente:

En qué consiste el rescate y cómo nos afectará al bolsillo

– El Gobierno español asegura que no se trata del rescate a un Estado, sino de un préstamo a las entidades bancarias necesitadas de una recapitalización.

Veremos

¿En qué consiste el rescate financiero?

España ha solicitado un préstamo para recapitalizar a la banca, aunque será el Estado quien reciba el dinero directamente. Luego, a través del Fondo de Reestructuración Ordenada de la Banca (FROB), lo inyectará a las entidades financieras en dificultades que lo necesiten.

¿Quién financia el rescate?

El fondo europeo emitirá deuda para conseguir el dinero que luego prestará a España, que ha preferido recurrir a Europa porque el dinero es más barato que el que podría conseguir en los mercados, con un tipo de interés más alto.

¿Cuánto dinero es necesario para sanear la banca española?

Para saber la cantidad que se necesita, los organismos comunitarios (Comisión Europea, Banco Central Europeo y agencias de supervisión) someten a un chequeo al sistema financiero español, para así conocer el estado de salud del enfermo. En función de las dificultades que atraviesen los bancos afectados, se decidirá la cantidad y las condiciones en las que se efectuará el préstamo. Entre otros factores, Bruselas tendrá en cuenta la viabilidad de las entidades bancarias, en qué medida pueden arrastrar al resto del sistema, cuáles necesitan la inyección de dinero con más urgencia, cómo se producirá la devolución del préstamo y sus efectos en el déficit y la deuda españoles. El Fondo Monetario Internacional calcula que podría ascender a 80.000 millones de euros. Luis de Guindos, ministro de Economía español, considera que 100.000 millones serán suficientes para recapitalizar la banca y tener un margen de seguridad.

¿Es este rescate similar al de Irlanda, Grecia o Portugal?

No, puesto que no se trata del rescate a un Estado, sino de un préstamo a las entidades bancarias necesitadas de una recapitalización. En el caso de los citados países, también hubo inyecciones de capital a los bancos locales, pero dentro de un programa de rescate integral. Está por ver el grado de injerencia de los organismos europeos e internacionales en la toma de decisiones de nuestro país, es decir, cuánto poder político cederá España a cambio del préstamo.

¿Qué condiciones impone el rescate?

Las entidades serán sometidas a una intensa transformación, que también podría afectar al sector bancario en general. El ministro de Economía español, Luis de Guindos, ha asegurado que no implicará nuevos ajustes y recortes. Es decir, que las condiciones serán impuestas a los bancos y al sistema financiero, pero no se impondrán exigencias en materia fiscal o política. No sería, pues, una intervención integral como la sufrida por Grecia o Portugal.

¿En qué medida se beneficiarán los españoles?

Está por ver a corto plazo, pero, teóricamente, a medio plazo habrá más crédito para las empresas y para las familias. También se supone que, al no producirse un desembarco en nuestro Gobierno de los tecnócratas de los organismos internacionales (como ha ocurrido en Grecia, por ejemplo), no tendremos que seguir agujereándonos el cinturón para luego apretárnoslo más si cabe. O sea, supuestamente se espera que no habrá estratosféricas subidas de impuestos ni grandes recortes. «Las únicas condiciones son para los bancos, no para la sociedad española», ha dejado claro De Guindos.

¿Cuál será el coste para los ciudadanos?

Los bancos rescatados tendrán que devolver el préstamo una vez que hayan levantado la cabeza, pero el Gobierno podría inyectar en la práctica parte del dinero a fondo perdido. O sea, que si las entidades no devolviesen los préstamos pasado el tiempo, los intereses tendrían que ser afrontados hipotéticamente por el Estado, ya que ejerce como avalista. Y, como el Estado somos todos, en última instancia cada ciudadano terminaría rascándose su propio bolsillo.

¿Y qué pasará con sus ahorros?

Es de esperar que, tras la recapitalización, nuestro dinero esté más seguro. Sea como fuere, si tiene menos de 100.000 euros, el Fondo de Garantía de Depósitos le cubre hasta esa cantidad.

Declaración final tras la finalización de la videoconferencia del Eurogrupo:

DECLARACIÓN DEL EUROGRUPO SOBRE ESPAÑA
  • El Eurogrupo apoya los esfuerzos de las autoridades españolas para acometer con resolución la reestructuración de su sector financiero y saluda su intención de buscar asistencia financiera de Estados miembros de la zona euro con este fin.
  • El Eurogrupo ha sido informado de que las autoridades españolas presentarán en breve una solicitud formal y está dispuesto a responder favorablemente a tal petición. La asistencia financiera sería suministrada por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF)/Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) para la recapitalización de instituciones financieras. El préstamo será adaptado para proveer un respaldo efectivo que cubra todos los posibles requisitos de capital estimados en el diagnóstico que las autoridades españolas han encargado a los evaluadores externos y a las auditoras internacionales. El importe del préstamo debe cubrir requisitos de capital estimados con un margen de seguridad adicional, que se calcula suman hasta 100.000 millones de euros.
  • Después de la solicitud formal, una evaluación debe ser entregada por parte de la Comisión Europea, en colaboración con el Banco Central Europeo (BCE), la Autoridad Bancaria Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI), así como una propuesta sobre las condiciones necesarias para el sector financiero que debe acompañar la asistencia.
  • El Eurogrupo considera que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), que actuará como agente del Gobierno español, podría recibir los fondos y canalizarlos hacia las instituciones financieras afectadas. El Gobierno español tendrá la plena responsabilidad de la asistencia económica y firmará el Memorando de Entendimiento.
  • El Eurogrupo observa que España ya ha implementado importantes reformas fiscales y reformas en el mercado laboral y medidas para fortalecer la base de capital de los bancos españoles.
  • El Eurogrupo confía en que España respetará sus compromisos bajo el procedimiento por déficit excesivo y con respecto a las reformas estructurales, con vistas a corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco del semestre europeo.
  • El progreso en estas áreas será revisado de cerca y regularmente en paralelo con la asistencia financiera.
Más allá de la aplicación decidida de estos compromisos, el Eurogrupo considera que las condiciones de la asistencia financiera deberían centrarse en reformas específicas dirigidas al sector financiero, incluyendo planes de reestructuración en línea con las normas de la UE sobre ayudas estatales y reformas estructurales horizontales del sector financiero nacional.
Invitamos al Fondo Monetario Internacional (FMI) a apoyar la implementación y el control de la asistencia financiera con informes regulares.
Fuentes: Diario Público y El País

¿QUÉ REVELA Y OCULTA LA CRISIS FINANCIERA?


Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga

La crisis que estamos viviendo se ha producido como consecuencia de la quiebra prácticamente generalizada de la banca internacional que en los últimos años había acumulado un riesgo inmenso creando y difundiendo productos financieros muy rentables pero también cada vez más peligrosos.

Para ocultar ese riesgo recurrió a estratagemas fraudulentas con la ayuda de las agencias de rating (que daban la máxima calificación a los productos derivados de las iniciales hipotecas basuras que iban difundiendo por todo el sistema financiero mundial) y con la complicidad de las autoridades públicas que miraron a otro lado para dejarles hacer.

Cuando las hipotecas a partir de las cuales nacían todo esos productos dejaban de pagarse, se producían pérdidas en los bancos, que llegaron a ser tan grandes que fueron provocando su quiebra, a pesar de las artimañas contables aprobadas para disimularlas. Entonces se cerró el grifo de la financiación y la economía se vino abajo, multiplicándose el cierre de empresas y aumentando el desempleo.

Los gobiernos, en lugar de dejar caer a los bancos irresponsables y quebrados, les proporcionaron billones de dólares de liquidez para salvarlos, aduciendo que eran demasiado grandes, pero, a pesar de ello, la magnitud del agujero que ellos mismos se habían provocado era tan grande que su salvamento fue incapaz de devolver el crédito y la normalidad a las economías.

Finalmente, los gobiernos tuvieron que inyectar grandes cantidades de dinero a la economía para evitar su colapso y como sus ingresos caían paralelamente al disminuir la actividad económica, se generó un problema gigantesco de deuda.

Lo que hay detrás de todo esto es fácil de deducir:

– Una gran desigualdad que ha concentrado cada vez más riqueza en manos de los grandes propietarios de capital.

– Una desregulación del sistema financiero concebida para convertir la economía mundial en un casino especulativo en el que las entidades financieras aplican sus recursos en lugar de dedicarlos a crear riqueza productiva.

– El privilegio que tiene la banca de crear dinero (obteniendo así beneficio y poder) generando deuda, lo que hace que ésta tienda a multiplicarse indefinidamente.

– El gran poder económico, político y mediático acumulado por los financieros y grandes propietarios que ha permitido que todo esto se haya podido hacer sin dificultades e incluso con el asentimiento y sumisión de la mayoría de la población.

Publicado en Agenda Viva, nº 27 (2012)

Los Mercados tienen nombre y apellidos

Geoffrey Geuens en Le Monde Diplomatique 
Los socialistas europeos denuncian con virulencia “las finanzas” que reinan sin restricciones en el mundo y que habría que controlar mejor. Sin embargo, la imagen descarnada de los “mercados” tiene como efecto dejar en las sombras a los verdaderos beneficiarios de la crisis y de las medidas de austeridad en curso.

El ex banquero socialista Jean Peyrelevade, que pasó de la banca pública a las finanzas privadas, y de Francois Mitterrand a M. Francois Bayrou, explicaba en 2005: “El capitalista ya no es directamente identificable (…) ¿Con quién se rompe cuando se rompe con el capitalismo? ¿Qué instituciones hay que atacar para poner fin a la dictadura del mercado, fluido, mundial y anónimo?”. Este ex director adjunto del gabinete del primer ministro Pierre Mauroy concluía: “A falta de un enemigo identificado, Marx es impotente” (1).

Que un representante de las altas finanzas –presidente del grupo Banca Leonardo (familias Albert Frère, Agnelli y David-Weill) y gerente del grupo Bouygues– niegue la existencia de una oligarquía, ¿debe realmente sorprender? Más extraño es que los medios de comunicación dominantes difundan esa imagen desencarnada y despolitizada de las poderosos de las finanzas. La cobertura periodística de la designación de Mario Monti como presidente del Consejo Italiano bien podría constituir, en ese sentido, el ejemplo perfecto de un discurso-pantalla que hace referencia a “tecnócratas” y “expertos” allí donde se conforma un gobierno de banqueros. Incluso pudo leerse en el sitio internet de algunos diarios que “personalidades de la sociedad civil” acababan de tomar las riendas (2).

Puesto que el equipo de Monti también cuenta en sus filas con profesores universitarios, la cientificidad de su política fue establecida de antemano por los comentaristas. Aunque, observado de cerca, la mayoría de los ministros del equipo integraban los directorios de los principales trusts de la península.

Corrado Passera, ministro de Desarrollo Económico, es director ejecutivo de Intesa Sanpaolo; Elsa Fornero, ministra de Trabajo y profesora de economía de la Universidad de Turín, ocupa la vicepresidencia de Intesa Sanpaolo; Francesco Profumo, ministro de Educación e Investigación y rector de la Universidad Politécnica de Turín, es director de UniCredit Private Bank y de Telecom Italia –controlada por Intesa Sanpaolo, Generali y Mediobanca– y ya pasó por Pirelli; Piero Gnudi, ministro de Turismo y Deportes, es gerente de UniCredit Group; Piero Giarda, encargado de las relaciones con el Parlamento, profesor de Finanzas Públicas de la Universidad Católica de Milán, es vicepresidente del Banco Popolare y gerente de Pirelli. En cuanto a Monti, fue asesor de Coca Cola y de Goldman Sachs, y director de Fiat y de Generali.

No tan distintos

Si bien los dirigentes socialistas europeos carecen actualmente de palabras lo suficientemente duras como para calificar la omnipotencia de los “mercados financieros”, la reconversión de los ex referentes del social-liberalismo se opera sin que sus antiguos compañeros expresen realmente su indignación. El ex primer ministro de los Países Bajos, Wim Kok, integró los directorios de los trusts neerlandeses ING, Shell y KLM. Su homólogo alemán, el ex canciller Gerhard Schröder, también se recicló en el ámbito privado como presidente de la empresa Nord Stream AG (joint-venture Gazprom/E.ON/BASF/GDF Suez/Gasunie), gerente del grupo petrolero TNK-BP y asesor para Europa de Rothschild Investment Bank. Esta trayectoria a primera vista sinuosa en realidad no tiene nada de singular. Varios antiguos miembros de su gabinete, miembros del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), también cambiaron el traje de funcionario público por el de hombre de negocios: el ex ministro del Interior Otto Schilly asesora actualmente al trust financiero Investcorp (Bahrein), donde se encontró con el canciller austríaco conservador Wolfgang Schüssel, el vicepresidente de la Convención Europea Giuliano Amato o incluso Kofi Annan, ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El ex ministro de Economía y Trabajo alemán, Wolfgang Clement, es socio de la firma RiverRock Capital y gerente de Citigroup Alemania. Su colega, Caio Koch-Weser, secretario de Estado de Finanzas de 1999 a 2005, es vicepresidente del Deutsche Bank. Finalmente, el ministro de Finanzas del primer gobierno de Angela Merkel, el SPD Peer Steinbrück, es gerente de ThyssenKrupp. En cuanto a los “dignos herederos” (3) de Margaret Thatcher y ex líderes del Partido Laborista, juraron a su vez lealtad a las altas finanzas: el ex ministro de Relaciones Exteriores David Miliband asesora a las empresas VantagePoint Capital Partners (Estados Unidos) e Indus Basin Holdings Ltd. (Pakistán); el ex Comisario Europeo de Comercio, Peter Mandelson, trabaja para el banco de negocios Lazard; en cuanto al mismo Anthony Blair, ejerce simultáneamente los cargos de asesor de la empresa suiza Zurich Financial Services y administrador del fondo de inversión Landsdowne Partners y el de presidente del comité consultivo internacional de JPMorgan Chase, junto a Annan y Henry Kissinger.

Esta enumeración que lamentamos infligirle al lector resulta sin embargo indispensable cuando los medios de comunicación omiten constantemente dar a conocer los intereses privados de las personalidades públicas. Más allá de la porosidad entre dos mundos que se muestran fácilmente como distintos –si no opuestos–, la identificación de sus dobles agentes es necesaria para la buena comprensión del funcionamiento de los mercados financieros.

Así, y contrariamente a una idea en boga, las finanzas tienen uno o, más bien, varios rostros (4). No el del jubilado de Florida o el pequeño tenedor europeo complacientemente descrito por la prensa, sino más bien los de una oligarquía de propietarios y administradores de fortunas. Peyrelevade recordaba en 2005 que el 0,2% de la población mundial controlaba la mitad de la capitalización bursátil del planeta (5). Estas carteras son administradas por bancos (Goldman Sachs, Santander, BNP Paribas, Société Générale, etc.), empresas de seguros (AIG, AXA, Scor, etc.), fondos de pensión o inversión (Berhshire Hathaway, Blue Ridge Capital, Soros Fund Management, etc.); instituciones que invierten además sus propios fondos.

Esta minoría especula con la cotización de las acciones, de la deuda soberana o de las materias primas, gracias a una gama casi ilimitada de productos derivados que revelan la inagotable inventiva de los ingenieros financieros. Lejos de representar el resultado “natural” de la evolución de economías maduras, los “mercados” constituyen la punta de lanza de un proyecto que, tal como advierten los economistas Gérard Duménil y Dominique Lévy, fue “concebido para incrementar los ingresos de la clase alta” (6). Un éxito innegable: el mundo cuenta actualmente con alrededor de 63.000 “centimillonarios” (poseedores de al menos 100 millones de dólares), que representan una fortuna combinada de aproximadamente 40 billones de dólares (es decir, un año de Producto Interno Bruto mundial).

Irresponsables de ayer, sabios de hoy

Esta encarnación de los mercados puede resultar molesta, pues a veces es más cómodo luchar contra molinos de viento. “En esta batalla que se libra, voy a decirles cuál es mi verdadero adversario –exclamaba el entonces candidato socialista a la elección presidencial francesa, François Hollande, en su discurso de Bourget (Seine-Saint-Denis), el pasado 22 de enero–. No tiene nombre, ni rostro, ni partido; nunca presentará su candidatura, nunca será, pues, elegido. Este adversario es el mundo de las finanzas”. Atacar a los verdaderos actores de la alta banca y de la gran industria habría podido conducirlo igualmente a nombrar a los dirigentes de los fondos de inversiones que deciden, con plena conciencia, lanzar ataques especulativos sobre la deuda de los países del Sur de Europa. O incluso, a cuestionar el doble rol de algunos de sus asesores, sin olvidar el de sus (ex) colegas socialistas europeos que pasaron de una Internacional a la otra.

Al elegir como jefe de campaña a Pierre Moscovici, vicepresidente del Círculo de la Industria, un lobby que reúne a los dirigentes de los principales grupos industriales franceses, el candidato socialista señalaba a los “mercados financieros” que decididamente alternancia socialista ya no rimaba con ruptura revolucionaria. ¿Acaso no estimó Moscovici que “no había que tenerle miedo al rigor”, al afirmar que en caso de triunfar, los déficits públicos serían “reducidos a partir de 2013 por debajo del 3% (…), cueste lo que cueste”, lo que implicaría “tomar las medidas necesarias”? (7).

Figura obligatoria de la comunicación política, la denuncia de los “mercados financieros”, tan virulenta como inofensiva, sigue siendo hasta ahora letra muerta. Al igual que el presidente Barack Obama, que otorgó su indulto presidencial a los responsables estadounidenses de la crisis, los dirigentes del Viejo Continente perdonaron en muy poco tiempo los excesos de los especuladores “ávidos” que ponían en el banquillo de los acusados. Sólo quedaba entonces recuperar el prestigio injustamente mancillado de los dignos representantes de la oligarquía. ¿Cómo? Designándolos a la cabeza de comisiones encargadas de elaborar nuevas reglas de conducta para los mercados, ¡por supuesto! De Paul Volcker (JPMorgan Chase) a Mario Draghi (Goldman Sachs), pasando por Jacques de Larosière (AIG, BNP Paribas), Lord Adair Turner (Standard Chartered Bank, Merrill Lynch Europe) o incluso el barón Alexandre Lamfalussy (CNP Assurances, Fortis), todos los coordinadores encargados de brindar una respuesta a la crisis financiera mantenían estrechos lazos con los más importantes operadores privados del sector. Los “irresponsables” de ayer, como por obra de gracia, acababan de metamorfosearse en “sabios” de la economía, alentados por los medios de comunicación e intelectuales dominantes que, poco tiempo antes, no tenían palabras lo bastante duras como para denunciar la “suficiencia” y la “ceguera” de los banqueros.

Finalmente, ya no existen dudas de que algunos especuladores hayan podido sacar provecho de las crisis que se sucedieron estos últimos años. Sin embargo, el oportunismo y el cinismo del que dan muestras los “depredadores” en cuestión no debe hacer olvidar que contaron, para alcanzar sus objetivos, con el apoyo de las más altas esferas del Estado. ¿Acaso John Paulson, luego de haber ganado más de 2.000 millones de dólares en la crisis de las subprime, de la que fue el principal beneficiario, no contrató al ex patrón de la Reserva Federal, Alan Greenspan, entonces asesor de Pimco (Deutsche Bank), uno de los principales acreedores del Estado estadounidense? Y qué decir de los principales administradores internacionales de hedge funds: el ex presidente del National Economic Council (bajo el gobierno de Obama) y ex secretario del Tesoro de William Clinton, Lawrence Summers, fue director ejecutivo de la firma D.E. Shaw (32.000 millones de dólares de activos); el fundador del grupo Citadel Investment, Ken Griffith, oriundo de Chicago, financió la campaña del actual presidente de Estados Unidos; en cuanto a George Soros, contrató los servicios del laborista Lord Malloch-Brown, ex director del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo…

Las finanzas tienen rostros:  se les puede ver desde hace mucho tiempo en los pasillos del poder.

Notas:

1. Jean Peyrelevade, Le Capitalisme total, Seuil/La République des Idées, París, 2005, págs. 37 y 91.

2. Anne Le Nir, “En Italie, Mario Monti réunit un gouvernement d’experts”, www.la-croix.com, 16-11-11; Guillaume Delacroix, “Le gouvernement Monti prêt à prendre les rênes de l’Italie”,www.lesechos.fr, 16-11-11.

3. Keith Dixon, Un Digne héritier. Blair et le thatchérisme, Liber/Raisons d’Agir, París, 2000.

4. Léase “Où se cachent les pouvoirs”, Manière de voir, N° 122, abril-mayo de 2012 (en kioscos).

5. Jean Peyrelevade, Le Capitalisme total, ob. cit. 1% de los franceses posee el 50% de las acciones.

6. Gérard Duménil y Dominique Lévy, The Crisis of Neoliberalism, Harvard University Press, Cambridge (MA), 2011.

7. “Pierre Moscovici: ‘Ne pas avoir peur de la rigueur’”, www.lexpress.fr, 8-11-11.

  • Geoffrey Geuens es Profesor de la Universidad de Liège. Autor de La Finance imaginaire. Anatomie du capitalisme: des “marchés financiers” à l’oligarchie, Aden, Bruselas, 2011.
  • Traducción: Gustavo Recalde

MOTIVOS PARA LA DESOBEDIENCIA CIVIL

José Antonio Pérez - ATTAC Madrid

¿Debemos obedecer las leyes cuando quienes las promulgan y aplican se conducen de manera inmoral?

¿Debemos seguir pagando impuestos cuando se destinan a fines inmorales?

Con el Rey a la cabeza, los representantes del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, se están comportando de manera tan indecorosa que sobrepasa los límites del espectáculo.

Tras su escandaloso desplome, Bankia, la entidad financiera llevada a la bancarrota por los gestores políticos del Partido Popular va ser salvada por el Estado. Algo que no podrán decir los enfermos que mueran por falta de asistencia sanitaria. El ministro Luis de Guindos ha anunciado en el Congreso que el Estado, a través del FROB, “apoyará plenamente cualesquiera necesidades de capital que tenga la entidad”.

O sea, que hay dinero para Bankia pero no lo hay para la Sanidad ni para la Educación públicas, que están sufriendo severos recortes presupuestarios. ¿Recuerdan cuando Mariano Rajoy pedía “unos pocos euros al mes” refiriéndose al tope que deberán pagar los pensionistas por los medicamentos en función de su renta? Un esfuerzo, decía, “necesario e imprescindible, porque en este momento no hay dinero para atender el pago de los servicios públicos. No hay dinero porque hemos gastado muchísimo en los últimos años”.

Pero hay dinero a espuertas para Bankia. En un primer momento, Guindos estimó que necesitará 9.000 millones de euros adicionales entre capital y provisiones, el grueso de los cuales serán aportados por el sector público. Pero todo apunta a que la inyección final será de alrededor de 23.000 millones de dinero del contribuyente. La aportación de dinero público en Bankia, supone:

Dos veces el tijeretazo a sanidad y educación. Equivale prácticamente a la mitad de todo el esfuerzo dramático que se está llevando a cabo para rebajar el déficit del nuevo dato del 8,9% al 5,3% impuesto por Bruselas.

Cuatro años de todo lo que se gasta en investigación: La inyección en Bankia equivale a multiplicar por cuatro todo el dinero que el Estado gasta en investigación en un año.

El 80% de la factura de la deuda: La crisis, que primero aumentó el volumen de deuda del Estado y la llevará hasta el 79% del PIB a final de este año, ha incrementado también con fuerza el dinero que se debe destinar a pagar los intereses por financiarse ante el aumento de la desconfianza sobre España. Este año, a esta partida se destinarán 28.800 millones de euros. La paradoja es que, en lugar de endeudarse para invertir en áreas productivas o en investigación, la mayor parte de este dinero se tiene que destinar a pagar vencimientos de deuda anterior. Entre la deuda a corto plazo (letras) y los bonos, que son emisiones a largo, el país tiene que devolver unos 145.000 millones de euros a lo largo de este ejercicio. Fuente: El País.

Mientras tanto, se descubre que Hacienda le concedió al banquero Botín tiempo suficiente para regularizar sus cuentas opacas y esquivar el delito fiscal. Emilio Botín, su hermano Jaime y todos sus hijos se han salvado de la cárcel y de unas fuertes sanciones gracias a la benevolencia de la Agencia Tributaria —implacable perseguidora del contribuyente que cometa el menor desliz— que, en junio de 2010, en vez de mandarles a la inspección les concedió un tiempo precioso para regularizar su situación. Los Botín pagaron 200 millones de euros sin ser sancionados. Ahora, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu archiva la causa confirmando en el auto que esta regularización basta para conceder la llamada “excusa absolutoria”.

Cuando la Justicia es un cachondeo

En 1985, el alcalde de la ciudad de Jerez, Pedro Pacheco, pronunció una frase que ha hecho historia: “la Justicia es un perfecto cachondeo”. En 2012, la afirmación mantiene plena vigencia por obra y gracia del presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar. Cuyo comportamiento ha colmado el vaso de la credibilidad de la Justicia.

Así que no es de extrañar que otro juez corrupto se acabe de librar de la cárcel pese a haber sido condenado por soborno. En abril de 2007, el exmagistrado de Marbella (Málaga) Francisco Javier de Urquía cobró 60.000 euros de Azan Khan, un imputado en el «caso Hidalgo» de blanqueo, a cambio de dejarle en libertad bajo fianza tanto a él como a su esposa y a su hijo. Condenado por soborno, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha librado a Urquía de entrar en prisión para cumplir una condena de dos años por este delito. 

Recortes para todos, menos para la Iglesia y el Rey

La Iglesia Católica seguirá sin tener que pagar por ley el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) y no tendrá tampoco que sufrir ningún recorte presupuestario en la cantidad que recibe del Estado. La mayoría absoluta del PP y el apoyo de CIU han vuelto a frenar la propuesta de la izquierda política para que también la Iglesia participe de la austeridad generalizada.

Según IU, el Estado entrega a la Iglesia Católica más de 9.000 millones de euros anuales entre portaciones directas e indirectas: asignaciones tributarias vía IRPF, exenciones en distintos tributos, financiación de personal que imparte religión católica y de centros de ideario católico, transferencias para asistencia sanitaria y obra social, financiación de funcionarios capellanes, mantenimiento de patrimonio artístico de su propiedad, y otras subvenciones y financiación de eventos religiosos o para asociaciones de ámbito local.

La austeridad impuesta a los españoles tampoco se aplicará al cazador mayor de elefantes del Reino, el augusto suegro de Iñaki Urdangarín. Los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE, se han negado a rebajar la asignación de la Casa del Rey. En 2012 la familia real percibirá 8,26 millones de euros, un 2% menos que en 2011. El diputado Joan Tardá, de ERC, ha criticado que el monarca cobre “cien veces más” que el presidente del Gobierno y gane en un solo día lo mismo que un mileurista en todo un año.

El ciudadano que proteste cívicamente en la calle contra este repugnante panorama se encontrará con la represión policial. La única respuesta que es capaz de dar un Estado caído en manos de los auténticos antisistema: los que corrompen el sistema democrático.

Una muestra de la actuación de los policías formados en la misma escuela policial en la que aprendió maneras Romero, el madero.

El informe anual de Amnistía Internacional sobre El estado de los derechos humanos en el mundo da cuenta de las informaciones que denuncian “el uso excesivo de la fuerza” contra las manifestaciones del 15-M, también conocido como los indignados. Aún así, debemos perder el miedo. No hay policía suficiente para hacer callar al inmenso conjunto de parados, precarios y gentes de todo tipo y condición empobrecidas por esta banda organizada de sinvergüenzas con puñetas.

Carnet de Paro