LA CUESTIÓN SOCIAL

Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique

Bajo el lema «¡Alto a la miseria!», la Unión Europea (UE) ha declarado 2010 «Año de la pobreza y de la exclusión social». Y es que ya hay, en la Europa de los Veintisiete, unos 85 millones de pobres (1)… Un europeo de cada seis sobrevive en la penuria (2). Y la situación se sigue degradando a medida que se extiende la onda expansiva de la crisis. La cuestión social vuelve a colocarse en el corazón del debate. La ira popular se manifiesta contra los Planes de austeridad en Grecia, Portugal, España, Irlanda, etc. Las huelgas y las protestas violentas se multiplican. Muchos ciudadanos expresan también un rechazo a la oferta política (crece la abstención y el voto en blanco) o una adhesión a diversos fanatismos (sube la extrema derecha y la xenofobia). Porque la pobreza y la desesperación social ponen en crisis al propio sistema democrático. ¿Asisteremos a una explosiva primavera del descontento europeo?

En España, el 20% de la población, o sea unos diez millones de personas, se hallan ya en la pobreza (3). Con casos particularmente indignantes como el de los hijos de extracomunitarios (más de la mitad de ellos viven en la indigencia), y el de las «personas sin hogar», nivel máximo de exclusión social (4). Hay más de 30.000 personas sin hogar (en Europa, cerca de medio millón). Centenares de ellas, cada invierno, mueren en la calle…
¿Quiénes son esos pobres de hoy? Campesinos explotados por las grandes distribuidoras, jubilados aislados, mujeres solas con hijos, jóvenes con empleos basura, parejas con hijos viviendo con un único sueldo, y obviamente la gran cohorte de activos que la crisis acaba de dejar sin empleo. Jamás hubo en la UE tantos parados: 23 millones (cinco más que hace un año). Lo peor es que la violencia del desempleo golpea sobre todo a los menores de 25 años. En materia de paro juvenil, España ostenta la tasa más catastrófica de Europa: 44,5% (la media europea: 20%).

Si la cuestión social se plantea hoy de modo tan espinoso es porque coincide con la crisis del Estado de bienestar. Desde los años 1970, con el auge de la globalización económica, salimos del capitalismo industrial para adentrarnos en una era de capitalismo salvaje cuya dinámica profunda es la desocialización , la destrucción del contrato social. Por eso se están respetando tan poco los conceptos de solidaridad y de justicia social.

La transformación principal se ha producido en el ámbito de la organización del trabajo. El estatuto profesional de los asalariados se ha degradado. En un contexto caracterizado por el desempleo masivo, la precariedad deja de ser un «mal momento transitorio» mientras se encuentra un empleo fijo, y se convierte en un estado permanente. Lo que el sociólogo francés Robert Castel llama: el «precariado» (5), una nueva condición infrasalarial que se ha extendido por toda Europa. En Portugal, por ejemplo, un asalariado de cada cinco tiene ya un contrato llamado «recibo verde». Aunque trabaje desde hace años en la misma oficina o la misma fábrica, con horarios fijos, su patrón es un simple cliente al que factura un servicio y quien puede, de la noche a la mañana, sin ninguna indemnización, romper el contrato.

Semejante degradación del estatuto de asalariado agrava las desigualdades porque excluye de hecho a un número cada vez mayor de personas (sobre todo jóvenes) del sistema de proteccion del Estado de bienestar. Las aísla, las margina, las rompe. ¿Cuántos suicidios de trabajadores en su lugar mismo de trabajo? Abandonados a sí mismos, en feroz competencia de todos contra todos, los individuos viven en una especie de jungla. Lo cual desconcierta a muchos sindicatos, otrora poderosos, y tentados hoy de colaborar con las patronales.

La eficacia económica se ha convertido en la preocupación central de las empresas, que descargan sobre el Estado sus obligaciones de solidaridad. A su vez, el Estado desvía estos imperativos hacia las Organizaciones no gubernamentales (ONG) o las redes humanitarias privadas. De ese modo, lo económico y lo social se van alejando permanentemente el uno del otro. Y el contraste entre los dos resulta cada vez más escandaloso.

Por ejemplo, en España, mientras el número de parados alcanzaba en 2009 la cifra de 4,5 millones (3,1 millones en 2008), las empresas cotizadas en Bolsa repartían 32.300 millones de euros a sus accionistas (19% más que en 2008). El año pasado, los beneficios de los diez principales bancos europeos superaron los 50.000 millones de euros… En un continente castigado por la peor recesión desde 1929… ¿Cómo es posible? Porque a partir de la crisis del otoño de 2008, los Bancos centrales prestaron masivamente, con tipos de interés minimos, a la banca privada. Ésta utilizó ese dinero barato para prestar a su vez, con tipos más elevados, a las famlias, a las empresas… y a los propios Estados. Así ganó esas millonadas. Ahora, la deuda soberana alcanza niveles excepcionales en varios países -Grecia, Irlanda, Portugal, España…- cuyos gobiernos han tenido que imponer drásticos Planes de austeridad a sus ciudadanos para satisfacer las exigencias de los actores financieros… causantes de la crisis del 2008. Una desvergüenza que exaspera y enfurece a millones de asalariados europeos.

Los ricos siguen enriqueciéndose mientras crece el número de personas sin empleo o en la precaridad, con un poder adquisitivo más reducido, en condiciones de trabajo degradadas, soportando la violencia física y simbólica de unas relaciones sociales endurecidas en una sociedad cada vez menos cohesionada. ¿Cuánto aguantará el hastío popular? ¿Acaso no advirtió el propio Fondo Monetario Internacional (FMI), el pasado  17 de marzo, que si no se reforma el sistema financiero «habrá revuelta social»?

Notas:
(1) Es «pobre» la personas que vive con menos del 50% de la Renta media disponible neta (Rdn) del país correspondiente. En España, el ingreso medio mensual se sitúa en torno a los mil euros.
(2) Cf. The Social Situation in the European Union 2007 , Bruselas, 2008 (http://ec.europa.eu/ employment_social/spsi/reports_social_situation_fr.htm).
(3) Léase Informe de la Inclusion social en España , Fundació Un sol mon, Caixa Catalunya, Barcelona, 2008.
(4) Consúltese: http://www.enredpsh.org
(5) Robert Castel, La Metamorfosis de la cuestión social , Paidós, Barcelona, 1997.

Berlusconi, imputado por robar con sus negocios televisivos

SANDRA BUXADERAS – ROMA para Público

Le acusan a él y otros 11 altos cargos de haber robado 34 millones de euros entre 2003 y 2005

El imperio televisivo Mediaset, que a través de Telecinco posee una importante participación de Sogecable y Cuatro, vuelve a estar en el punto de mira de la Justicia italiana. El fiscal de Milán, Fabio de Pasquale, pidió ayer la imputación de 12 altos cargos, entre ellos el primer ministro Silvio Berlusconi, por fraude fiscal y apropiación indebida. Les acusa de haber robado 34 millones de euros entre 2003 y 2005, desviándolos hacia cuentas bancarias de paraísos fiscales, y de haber evadido a Hacienda ocho millones hasta noviembre de 2009.

El sumario se conoce como caso Mediatrade y la Justicia sospecha que los acusados siguieron el mismo método que en un caso previo, el de Mediaset. La empresa supuestamente contrató a una intermediaria para comprar derechos televisivos en Hollywood, en lugar de adquirirlos directamente. Después, esa empresa parece haber desviado parte del dinero cobrado hacia cuentas controladas por Berlusconi.

Escudo legal

El primer ministro, sin embargo, no será juzgado de momento, porque el presidente de la República, Giorgio Napolitano, firmó el jueves la ley del «legítimo impedimento» aprobada por la derecha italiana. Esta norma, de dudosa constitucionalidad, permite a Berlusconi paralizar durante 18 meses cualquier proceso judicial, en espera de que el Parlamento apruebe un escudo judicial definitivo.

En cambio, el hijo de Berlusconi y vicepresidente de Mediaset, Pier Silvio, sí podría ser procesado si el juez instructor atiende la petición de la fiscalía.

LA GENERAL MOTORS (GM) DE BRASIL QUIERE IMPEDIR A SUS EMPLEADOS SER SOLIDARIOS CON HAITÍ

INFORMATIVO ATTAC  Nº 545

La empresa quiere prohibir las donaciones de sus trabajadores a las víctimas del terremoto.

El caso será discutido por la OAB y la OIT en Brasilia y el Sindicato de Metalúrgicos de San José de Campos y su región.

En una arbitaria actitud y a contrapelo de las acciones solidarias hacia Haití, la General Motors de Brasil anunció que bloqueará las donaciones hechas por sus empleados a los trabajadores haitianos. La donación forma parte de la campaña que CONLUTAS (Coordinadora Nacional de Luchas) y el sindicato de Metalúrgicos de San José están organizando con los trabajadores un descuento único del 1% de sus salarios, de sus planillas de pago.

El caso será discutido por el presidente nacional de la OAB (Asociación de abogados de Brasil) Ophir Cavalcante y por el Ministro del Tribunal Superior del Trabajo (TST) y el miembro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Lelio Bentes.

Los trabajadores de GM ya habían aprobado la donación en una asamblea con más de seis mil votantes realizada el día 11 de febrero. Se estima que solo entre los obreros de la empresa llegaría a los 300 mil R$ Ese dinero sería enviado directamente a las organizaciones obreras y populares como BatayOyvryie para ayudar al pueblo haitiano a reconstruir su país. Y como parte de esa campaña CONLUTAS ya envió más de R$ 160 mil a Haití.

Pero la última semana la dirección de General Motors informó al Sindicato de Metalúrgicos de San José do Campos que no realizará el descuento, a pesar de la decisión soberana de los trabajadores. No existe ningún impedimento técnico para efectuar ese descuento.

En la reunión, se discutirá la postura de GM como una posible represalia antisindical. El problema será debatido en el gabinete del Ministro Lelio Bentes, miembro de la Comision de Peritos en Aplicación de las Normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La reunión fue agendada por el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la subsección de la OAB de San José do Campos, Aristeu Cesar Pinto Neto y asistiría también el presidente del sindicato de Metalúrgicos de San José do Campos, Vivaldo Moreira Araújo

En una nota CONLUTAS repudia la actitud de GM “La actitud de la multinacional usamericana es inadmisible y vergonzosa. Además es totalmente autoritaria y va contra los intereses de los trabajadores y del pueblo haitiano. Hay que destacar que esta planta de montaje está actualmente mayoritariamente controlada por el gobierno de los EEUU, que intensificó la ocupación militar de Haití después del terremoto”

El sindicato de Metalúrgicos de San José de Campos y CONLUTAS continuaran exigiendo a la empresa que respete la decisión de los trabajadores y al pueblo de Haití, realizando el descuento.

Fuente: BRASIL DE FATO.com.br               –             Traducción Susana Merino

Qué le dice un ‘broker’ a un cardenal

Isaac Rosa, en Público

Como prueba de mi profunda preocupación he escrito una carta pastoral sobre esta dolorosa situación de los abusos de menores.” -Benedicto XVI, Papa de la Iglesia Católica-

Lo contaré como un chiste, aunque no da risa: esto es un ejecutivo de Wall Street que entra en un bar. Se sienta junto a la barra y descubre a su lado, en un taburete y cabizbajo ante un whisky, a un cardenal del Vaticano, con su sotana, solideo y todos los adornos habituales.

“Monseñor, ¿se encuentra bien?”, pregunta el broker al purpurado, que suspira y habla en voz baja: “Regular, hijo, regular. No levantamos cabeza con los casos de pederastia. Cada vez salen más denuncias, y no ha hecho más que empezar. El Santo Padre está desesperado, no sabe qué hacer para salvar la imagen de la Iglesia. Estamos en crisis.”

“¿Crisis?”, responde el ejecutivo, sonriendo. “De eso yo sé mucho. ¡Crisis! Hace un año estaba yo como usted, hundido y pensando que era el final. Y míreme ahora. Tan tranquilo. Si quiere, puedo darle algunos consejillos.” El cardenal se gira y lo toma por los hombros: “Por favor, hijo, cuéntame cómo lo hicisteis.”

“Se lo explicaré con sencillez”, dice el ejecutivo, que saca su blackberry para mostrarle un powerpoint. “Lo primero es dejar claro que se trata de casos aislados, individuales, que nada tienen que ver con el funcionamiento del sistema. Nosotros culpamos a la codicia de unos cuantos; ustedes pueden denunciar la lujuria de unos pocos. Pero que los fieles tengan claro que no hay nada en el sistema católico que favorezca esos abusos. Ni el celibato, ni el secreto, ni las relaciones de dominación, ni la homofobia, nada. Todo es culpa de unos pocos pecadores, manzanas podridas que hay que apartar.”

“Segundo, propósito de enmienda. Ya me entiende. Prometan algo grande, generen expectativas: digan que van a refundar la Iglesia, que han aprendido la lección, que no volverá a pasar.”

“¿Crees que funcionará?”, pregunta el cardenal, con un brillo en los ojos. “Claro, padre. Nosotros ya hemos conseguido que la culpa de la crisis sea de los trabajadores, de sus sueldos y su baja productividad. Si me hace caso, en un año acabarán echando la culpa a los niños, por ir provocando. ¿Pedimos otra copa?”

LA TRAGEDIA GRIEGA

R. Krätke*

La Unión Europa es una potencia económica mundial que se comporta como si no lo fuese en absoluto, algo que, más que una necedad, es un error. Porque la comunidad de estados de la zona euro no puede permitirse abandonar Grecia a los tiburones de los mercados financieros, ni tampoco a España, Portugal, Irlanda o Italia (los llamados países PIIGS).

Es igualmente imposible expulsar a uno de estos estados o a todos ellos de la unión monetaria. La UE no puede pues más que defenderlas: está condenada a la solidaridad. Tanto da en qué forma se organice la ayuda financiera para Atenas: cuando llegue, el Tratado de Maastricht estará prácticamente condenado a muerte. Se prohíbe el pésame.
Los países de la zona euro ya no siguen más al margen, en la medida en que han de defender la moneda común contra la especulación internacional. Cuando fue introducido el euro en 1999 se establecieron tres dogmas incontestables, a saber: la política fiscal es ineficaz, la inflación vendrá motivada a través de las reservas monetarias y los mercados, cuando lo permitan, corregirán los desequilibrios de manera automática.
Los gobiernos de todo el mundo han retornado a la política fiscal con la crisis económica que estalló en el 2008. Para ocultar el desplome de los mercados financieros, los han sumergido en dinero barato, aunque la inflación no ha cesado. En consecuencia, tampoco en el tercer año de la crisis hay nada nuevo a reseñar. Refutar los dogmas no es por descontado aún una respuesta a la pregunta de cómo debería ser en el futuro la zona euro y, en general, la Unión Europea. ¿Seguirá moviéndose al compás de los mercados financieros que le están agradeciendo tan a su manera el haberlos rescatado de la crisis financiera mundial que ellosmismos han causado? ¿Quieren los europeos ser algo más que un mercado de bienes y capitales con más libertad de movimientos para los ciudadanos europeos?

¿Quién quiere el superestado europeo?

En términos económicos, la Unión Europea es el espacio geográfico más fuertemente integrado del mundo. Más del 60% de las exportaciones alemanas terminan en países europeos vecinos, cuya dependencia del comercio exterior del de la propia Unión Europa apenas se puede diferenciar. A pesar de ello, los países de la zona euro se comportan como si pudiesen seguir desarrollando una política económica, financiera y social exclusivamente nacional. Una ilusión, un dogma, véase como se quiera. No es necesario sacar del armario al fantasma de un superestado europeo para poder concebir un federalismo a escala europea que siguiese el modelo de los EE.UU.
En ningún caso puede la Unión Europa seguir haciendo como si no fuese más que un conglomerado de economías nacionales. Todos los indicios apuntan a que, si se lograse evacuar el nacionalismo de las cabezas de sus países miembros, la Unión de los 27 sería vista como lo que ya es. Es por ello que, en primer lugar, se necesita una reordenación de las finanzas de la Unión Europea. También se necesita un mayor presupuesto europeo y un Banco Central Europeo (BCE) que no esté cortado por el patrón del Bundesbank alemán. Se trata de conseguir un instituto de la política económica europea en vez de esconderse tras dogmas monetaristas. Existen las condiciones para la creación de una Oficina europea única de supervisión financiera y para una legislación única para bancos y bolsas. La City de Londres, por supuesto, se quejará y gritará. El miedo a una regulación europea es en última instancia la razón para que una convaleciente libra esterlina deje de merodear ante las puertas del museo de la historia de la moneda. Y existen, por encima de todo, las condiciones para el fin de la locura de las competencias en materia de impuestos a las que cada país –también la rica República federal alemana– se ve arrojada, un idilio impositivo cuyo fin es cortejar la gracia de los grandes financieros internacionales.

¿Quién salva al estado?

En el discurso de la clase política alemana prevalece la idea de mantener al contribuyente lejos del peligro. Que de ese modo debió percatarse de la política que, con miles de millones de dinero procedentes de los impuestos, ha salvado banco tras banco – y con ello también a sus entidades hermanas en el extranjero. La tragedia griega termina de un modo u otro en el contribuyente alemán. En esta ocasión no son sino los bancos alemanes quienes se encuentran en el filo del despeñadero, por lo que aseguradoras como Allianz han puesto sumas considerables en préstamos gubernamentales a los países PIIGS, que pierden rápidamente su valor. Mientras tanto, se beneficiaron espléndidamente de todo ello las altas finanzas internacionales, a la cabeza de las cuales los bancos de inversión de Wall Street y la City de Londres, a costa de la miseria financiera de unos cuantos miembros de la UE (sólo Goldman Sachs, al menos 300 millones de dólares).
Se debería intervenir tenaz y duraderamente en los “asuntos internos” de los estados de la UE. De ahí la sensación de una unión económica que capitula ante la lógica de la unión monetaria. En el futuro próximo deberemos enfrentarnos al en cierto modo peculiar sistema de pensiones griego, por no hablar del italiano. Habremos de preguntarnos si cada uno de nuestros socios europeos puede permitirse el lujo de formar sus ejércitos nacionales con latinoamericanos. La proliferación de pequeños estados en la gran Europa aparece también como contratiempo y como obstáculo a estos planes. La política común de préstamos del BCE pertenece a la unión monetaria, incluso como política común europea, de la que debería tener cuidado la Comisión europea. Y a día de hoy faltan ambas.
El problema es, sin embargo, no sólo la acumulación de deuda de los estados miembros –los EE.UU. y el Reino Unido tienen cuotas de déficit más altas (alrededor del 13%) que Grecia, Portugal o Italia–, sino una creciente desigualdad económica entre ellos. No debería tolerarse la existencia de hogares pobres, tampoco en Alemania, país que se permite tener la capital de Europa con una mayor población viviendo en la pobreza. Para enfrentarse a estas desigualdades se hará necesaria una igualación de las finanzas europeas, también en una reducción de la autoridad impositiva de los estados nacionales.

Recién acabamos de descubrir al estado como salvador del capitalismo en dificultades. Se habló de un renacimiento del estado: una deliciosa exageración, pues el estado nunca había desaparecido. Ahora, unos pocos meses después, flota en el aire la pregunta: ¿quién salvará al estado de su particular crisis financiera? Los bancos no harán nada, y los mercados financieros van a la caza de la oportunidad del siglo para desplumar a los estados más ricos del mundo. Los estados sólo pueden salvarse por sí mismos o ser salvados por otros estados. La zona euro ofrece como ningún otro lugar las condiciones para ello. Y de no ser así entonces deberían forjarlas y constituir la Unión Europea como una comunidad que se ha liberado del yugo financiero e ideológico de los mercados financieros.

*Michael R. Krätke, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de política económica y derecho fiscal en la Universidad de Ámsterdam, investigador asociado al Instituto Internacional de Historia Social de esa misma ciudad y catedrático de economía política y director del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Lancaster en el Reino Unido.
Traducción para http://www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

EL PODER QUE NADIE HA ELEGIDO

NOAM CHOMSKY

Los desplazamientos -actuales o potenciales- del poder en el mundo constituyen un animado asunto entre los estrategas de la política y los observadores. Una de las preguntas es si China desplazará (o cuándo) a Estados Unidos como protagonista dominante global, tal vez junto a India. Este cambio provocaría que el sistema mundial volviera a ser algo parecido a como era antes de las conquistas europeas. China e India han experimentado un rápido crecimiento económico y, gracias a que rechazaron las políticas occidentales de desregulación financiera, han sobrevivido a la recesión mejor que la mayoría de países.

Sin embargo, surgen interrogantes. Uno es el referido a la situación de la población. Una medición estándar de bienestar social es el Índice de Desarrollo Humano de la ONU, cuyos datos más recientes corresponden a 2008. India ocupa el puesto 134 -ligeramente por encima de Camboya, y debajo de Laos y Tayikistán-, aproximadamente el mismo sitio que ha ocupado durante años. China se ubica en el lugar 92, empatado con Belice, un poco por encima de Jordania y por detrás de la República Dominicana e Irán. India y China tienen mucha desigualdad, así que más de mil millones de sus habitantes caen todavía más en la escala.

Otra preocupación es la deuda de EEUU que, se teme, coloque al país bajo el yugo de China. Aparte de un breve interludio, desde hace mucho Japón ha sido el principal poseedor internacional de deuda del Gobierno estadounidense. Además, el estancamiento de los prestamistas está sobrevalorado.

En una dimensión, la del poder militar, EEUU se yergue completamente solo. Y Obama está imponiendo niveles históricos con su presupuesto militar. Casi la mitad del déficit estadounidense se debe al gasto militar, intocable en el sistema político.

Al considerar los otros sectores de la economía estadounidense, el premio Nobel Joseph Stiglitz y otros economistas advierten de que debemos cuidarnos del «fetichismo deficitario». El déficit estimula la recuperación y puede superarse con una economía al alza, como sucedió después de la II Guerra Mundial, cuando el déficit era mucho peor. Respecto a la deuda, se espera que crezca, debido principalmente al ineficiente sistema privatizado de cuidado de la salud -también virtualmente intocable, gracias a la habilidad de las empresas de superar la voluntad pública-.

Sin embargo, el marco de estas discusiones es engañoso. El sistema global no sólo es una interacción entre estados donde cada uno busca cierto «interés nacional» ajeno a la distribución del poder en el interior del país.

Esto se ha entendido desde hace mucho tiempo. Adam Smith concluyó que los «principales arquitectos» de la política en Inglaterra eran los «comerciantes y manufactureros», quienes se aseguraban de que sus propios intereses fueran «atendidos de la forma más peculiar», sin importar sus «penosos» efectos sobre los demás, incluyendo el pueblo inglés. La máxima de Smith sigue siendo cierta, aunque actualmente los «principales arquitectos» son las corporaciones multinacionales y, particularmente, las instituciones financieras, cuya participación en la economía se ha disparado desde los años setenta.

En Estados Unidos hemos visto un ejemplo espectacular del poder de las instituciones financieras. Durante la última elección presidencial, aportaron el núcleo de la financiación del presidente Obama. Naturalmente, esperaban ser recompensados, y así fue, con los Programas de Alivio de Activos en Problemas (TARP) y con mucho más. Por ejemplo, Goldman Sachs, la firma más dominante en la economía y el sistema político, hizo una fortuna vendiendo títulos respaldados por hipotecas e instrumentos financieros más complejos. Conocedora de la fragilidad de los paquetes que ofrecía, la compañía aceptó apuestas con la gigantesca aseguradora American International Group de que las ofertas iban a desplomarse. Cuando el sistema financiero colapsó, AIG también se vino abajo.

Los arquitectos de la política, gente de Goldman, no sólo negociaron un paquete de rescate para Goldman, sino que también lograron que los contribuyentes salvaran a AIG de la bancarrota, rescatando también por esa vía a Goldman. Ahora Goldman está registrando ganancias históricas y pagando voluminosos bonos. Junto con algunos otros bancos importantes, es más grande y fuerte que nunca.

El pueblo está furioso. La gente puede ver que los bancos que fueron agentes principales de la crisis están prosperando enormemente, mientras que la población que los rescató se enfrenta a un desempleo de casi el 10%. El descontento popular finalmente evocó un cambio de retórica de la Administración, que respondió acusando de codiciosos a los banqueros y formulando algunas sugerencias políticas que a la industria financiera no le agradan (la Regla Volcker y otras propuestas).

Dado que se suponía que Obama iba a ser su hombre en Washington, los principales arquitectos del poder perdieron poco tiempo antes de lanzar sus instrucciones: a menos que Obama se alineara nuevamente, enviarían sus fondos a la oposición política. En pocos días, Obama informó a la prensa de que los banqueros eran buenos tíos, singularizando a los dos principales, JP Morgan Chase y Goldman Sachs: «Al igual que la mayoría de los estadounidenses, no tomo a mal la riqueza o el éxito de la gente. Es parte del sistema de libre mercado» -del modo en que se interpretan los «mercados libres» en la doctrina del capitalismo de Estado-. Ese cambio radical de Obama es una fotografía reveladora de la máxima de Smith en acción.

Los arquitectos de la política también están operando un verdadero cambio de poder: el de la fuerza mundial de trabajo al capital transnacional. Martin Hart-Landsberg, economista y especialista en China, explora la dinámica. China se ha convertido en la planta ensambladora de un sistema de producción regional. Japón, Taiwán y otras economías asiáticas desarrolladas exportan a China partes y componentes de alta tecnología, donde se ensamblan y exportan los productos terminados.

El creciente déficit comercial de EEUU con China ha generado preocupación. Se ha hablado menos de que este se ha reducido marcadamente con Japón y el resto de Asia conforme toma cuerpo el nuevo sistema de producción regional. Las manufactureras estadounidenses están siguiendo el mismo camino, enviando partes y componentes a China para que esta ensamble y exporte, en su mayoría de regreso a EEUU. Para las instituciones financieras, comercializadoras gigantes de venta minorista y los dueños y gerentes de industrias manufactureras, estos desarrollos son celestiales.

Y bien entendidos. En 2007, Ralph Gomory, director de la Fundación Alfred P. Sloan, declaró ante el Congreso que «en esta nueva era de globalización, los intereses de las empresas y los países han divergido. En contraste con el pasado, lo que es bueno para las empresas globales estadounidenses ya no es necesariamente bueno para los estadounidenses».

La riqueza fluye hacia pocos bolsillos, llevando probablemente a la mayor desigualdad de la historia de EEUU

Examinemos a IBM. A finales de 2008, más del 70% de los 400.000 trabajadores de la empresa estaba en el extranjero, según la revista Business Week. En 2009, IBM redujo su nivel de empleo en EEUU otro 8%. Para la fuerza de trabajo, el resultado podría ser «penoso», según la máxima de Smith, pero es bueno para los principales arquitectos de la política.

Las investigaciones actuales indican que aproximadamente una cuarta parte de los empleos estadounidenses será extranjerizado en dos décadas, y los que queden se enfrentarán a beneficios y sueldos menores debido a la mayor competencia de los trabajadores reemplazados. Este patrón sigue a 30 años de estancamiento o desplome para la mayoría, mientras la riqueza fluye hacia pocos bolsillos, llevando probablemente a la mayor desigualdad de la historia estadounidense.

Pese a que China se está convirtiendo en la ensambladora y plataforma de exportaciones del mundo, los trabajadores del país están sufriendo junto al resto de la fuerza laboral mundial, como sería de prever en un sistema diseñado para concentrar riqueza y poder y para que los trabajadores compitan entre ellos globalmente. En el mundo, la participación de los trabajadores en el ingreso nacional se ha reducido en muchos países -de manera radical en China-, generando una inestabilidad creciente en esta sociedad altamente desigual.

Así que tenemos otro cambio importante en el poder mundial, de la población general a los principales arquitectos del sistema global, proceso asistido por el socavamiento de la democracia funcional en los países más poderosos. El futuro depende de cuánto esté dispuesta a soportar la gran mayoría, y si se puede desarrollar una respuesta constructiva que confronte los problemas en el centro del sistema capitalista de estado de dominación y control. De lo contrario, los resultados podrían ser tétricos, como lo revela más que abundantemente la historia.

*Noam Chomsky, distribuído por The New York Times Syndicate.

Con absoluta desfachatez, políticos alemanes recomiendan a Grecia vender islas para saldar deudas

Berlín, 4 mar (EFECOM).-  El liberal Frank Schaffler y el cristianodemócrata Josef Schlarmann han tenido la cara dura de recomendar al gobierno de Grecia desprenderse de algunas de sus islas para hacer frente al grave endeudamiento del país, según recoge hoy el diario alemán «Bild».

«El Estado griego debe desprenderse de forma radical de sus participaciones en empresas y también vender terrenos, como por ejemplo, sus islas deshabitadas», sostiene Schaffler, quien argumenta, además, que la canciller Angela Merkel «no debe prometer ayudas» a Grecia.

MICHAEL MOORE ENTREVISTADO POR NAOMI KLEIN: ‘EL CAPITALISMO ES LA LEGALIZACIÓN DE LA CODICIA’

Habla sobre su último film, critica a Wall Street y opina sobre Barack Obama

A continuación, los extractos más importantes del audaz diálogo que protagonizaron el director de cine norteamericano Michael Moore con la autora del best seller anti-capitalista «No Logo», Naomi Klein, y que fuera publicado, recientemente, en las páginas del diario estadounidense The Nation.

En la entrevista, Moore comenta su última película, Capitalismo, una historia de amor, un film mordazmente crítico que se interna en las raíces de la crisis financiera presente e indaga sobre la movilización social y mediática de la ultraderecha contra el gobierno del presidente de Estados Unidos Barack Obama.
– Bueno, la película es estupenda.
– ¡Enhorabuena! Como mucha gente ya sabe, se trata de una resuelta llamada a la rebelión contra la locura capitalista. Yo espero que tu película sirva de despertador y catalizador para que todo esto cambie.
– No sabría decir si todo eso son revueltas en favor del capitalismo o si se trata más bien de un fenómeno espoleado por dos tipos distintos de agendas políticas. Una de ellas viene del hecho de que un número importante de norteamericanos no acaba de aceptar la presidencia de un afroamericano. No creo que les guste eso a las grandes empresas. Las compañías dedicadas al negocio de la salud y otros intereses empresariales están contribuyendo a encauzar lo que parece un estallido espontáneo de ira ciudadana. Pero el otro componente de esto es lo que siempre he admirado de la derecha: están organizados, trabajan con abnegación, están prontos a librar sus luchas. De nuestro lado, no veo realmente esa clase de compromiso. Cuando se estaban manifestando en los mitines urbanos en agosto, esos mitines estaban abiertos a todo el mundo. ¿Dónde estaban los nuestros? Yo pensaba, ¡Huau! ¡En agosto! ¡Trata tú de organizar algo de izquierda en pleno agosto!
– ¿Y no podría deberse eso a que la izquierda, los progresistas, o como quiera que nos llamemos, hemos estado en una suerte de estado de confusión con respecto a la administración Obama?
– Sí. Y por eso necesitamos gente para articular el mensaje y ponernos a la cabeza de eso y dirigirlo. Obama, creo yo, se percata ahora de que, fuera lo que fuere lo que intentaba hacer con el bipartidismo, manteniendo en alto la rama de olivo, el otro lado no tiene el menor interés en nada que no sea la total destrucción de cualquier cosa que él proponga o trate de hacer. Así, si (el congresista neoyorquino Anthony) Weiner o cualquier otro miembro del Congreso quiere dar un paso hacia adelante, ahora es el momento de hacerlo. Y yo desde luego estaría en la calle. Estoy en la calle. Quiero decir, que yo aprovecharía este momento, justo éste, para juntar realmente a la gente, porque creo que la mayoría del país quiere esto.
– Volviendo a Wall Street, me gustaría hablar un poco más sobre el extraño momento en que nos encontramos. Toda la rabia contra Wall Street, contra los ejecutivos de la (aseguradora) AIG, cuando la gente se manifestaba, no sé qué pasó con todo eso.Lo que yo siempre temí es que esa enorme rabia que puede verse en tu película, esa especie de insurrección ante el rescate financiero a las elites, contra las gentes que crearon el desastre, si no se canalizaba en un proyecto real para cambiar el sistema, entonces podría fácilmente reorientarse y dirigirse en contra de la gente más vulnerable en nuestra sociedad, quiero decir, los inmigrantes, degenerando en rabia racista. Lo que trato de averiguar es esto: ¿se trata de la misma rabia o crees tú que son dos corrientes completamente distintas de la cultura norteamericana? Las gentes que estaban indignadas con AIG, ¿son las mismas que expresan ahora su indignación contra Obama y el ideal de la reforma del sistema de salud?
– No creo que sea eso lo que ha pasado. No estoy nada seguro de que sea la misma gente. Por lo que he podido ver en mis viajes por todo el país cuando filmaba mi película hay algo más que está rugiendo cerca de la superficie. No puedes evitar el estallido de indignación en algún momento cuando una de cada ocho hipotecas ha terminado penalmente o con desahucio, cuando hay un desahucio cada 7,5 segundos y la tasa de desempleo sigue creciendo. Eso tiene su propio punto de saturación. Y lo triste de todo eso es que, históricamente, cuando todo esto ha ocurrido, la derecha ha sido capaz de manipular con éxito a quienes han sido duramente golpeados, sirviéndose de su rabia para apoyar a lo que solían llamar fascismo. ¿Qué ha pasado desde el crac? Hace un año ya. Yo creo que la gente sintió que, votando por Obama seis semanas después, saldría del sistema, y que Obama sería capaz de encauzar bien las cosas. Y lo cierto es que Obama promete parsimoniosamente hacer bien muchas cosas, pero luego cumple muy poquitas. Bueno, eso no quiere decir que yo no esté muy contento con ciertas cosas que le he visto hacer. Y tal vez sea yo un poco demasiado optimista aquí, pero Obama fue educado por una madre sola y los abuelos, y no creció con dinero. Y aunque fue lo suficientemente afortunado para ir a Harvard y licenciarse, no fue allí para estudiar algo que pudiera hacerles rico y decidió trabajar en los barrios de la ciudad de Chicago. ¡Ah! Y decidió cambiar su nombre, para volver a lo que figuraba en su certificado de nacimiento: Barack. Lo que no es precisamente el paso que daría alguien que pensara en convertirse en político. Así que, creo yo, nos ha mostrado a lo largo de su vida muchas cosas reveladoras de dónde está su corazón, y durante la campaña electoral tuvo el desliz de decirle a Joe el Fontanero, que creía en la distribución equitativa de la riqueza. Obama tendrá que hacer más para destruir lo que ha de ocurrir en este país en términos de participación en su democracia. Así que espero que entienda la carga que lleva sobre sus espaldas y haga lo correcto.
– Bien, me gustaría pincharte un poco más al respecto, porque entiendo lo que dices sobre el modo en que Obama ha vivido su vida y, desde luego, sobre el carácter que parece tener. Pero, después de un año, todavía no ha puesto en vereda a Wall Strett. Nombró a (Ben) Bernanke.
– Exactamente.
– Entonces, lo que me preocupa es esta obsesión por psicoanalizar siempre a Obama y lo que yo oigo decir a menudo es que estos tíos lo traen engañado. Pero estos tíos los ha elegido él, y por qué no juzgarle por sus acciones y decir: “Esto es cosa de él, no de ellos”.
– Estoy de acuerdo. No creo que lo traigan engañado; creo que es más listo que ellos. Cuando acababa de nombrarlos, yo estaba acabando de entrevistar a un ladrón de bancos que no actuaba como tal en la película, pero que es un ladrón de bancos que contratan los grandes bancos como asesor para evitar robos bancarios. Bueno, pues para no caer en una desesperación negra y profunda, esa noche me dije a mí mismo: ¡Eso es lo que está haciendo Obama! ¿Quién mejor que quien lo creó para sacarnos del atolladero? Los ha subido al carro para poner orden en el desastre que ellos mismos causaron. Sí, sí. Eso es. Eso es. Repite conmigo: “Hogar, dulce hogar”.
– Y ahora resulta que se les subió al carro para que siguiera el latrocinio.
– En efecto. Ahora es Obama quien tiene que mover pieza.

– De acuerdo. Hablemos un poco más de la película. Te vi con (Jay) Leno y me llamó la atención que una de las primeras preguntas que te hizo fue para plantearte esta objeción, que lo malo no es el capitalismo, sino la codicia. Y eso es algo que oigo muchas veces, esta idea de que la codicia o la corrupción es una especie de aberración de la lógica del capitalismo y no el motor y la pieza central del capitalismo. Y creo que, probablemente, eso es lo que se oirá a propósito de la soberbia secuencia que se dedica en tu película a los jueces corruptos de Pensilvania que enviaban a chicos a prisiones privadas a cambio de sobornos. Creo que la gente dirá: eso no es capitalismo, eso es corrupción. ¿Por qué resulta tan difícil ver la conexión? ¿Qué les dices tú a la gente que te viene con esto?
– Bueno, la gente quiere creer que no es el sistema económico lo que está en la base de esto. Ya sabes, la idea de las manzanas podridas. Pero el hecho pertinente que está en la base, como le dije a Jay (Leno), es que el capitalismo es la legalización de esta codicia. La codicia ha estado entre los seres humanos desde siempre. Hay un buen número de cosas en nuestra especie que podrías llamar el lado obscuro, y la codicia es una de ellas. Si no pones por obra determinadas estructuras o restricciones en esas partes de nuestro modo de ser que vienen de ese lado obscuro, entonces se salen de madre. El capitalismo hace lo contrario. No sólo no le pone restricción alguna, sino que la estimula, la recompensa.Me planteo esta cuestión a diario, porque la gente se queda muy sorprendida al final de mi película al oírme decir que hay que eliminarla completamente. “¿Qué hay de malo en ganar dinero? ¿Por qué no puedo abrir una zapatería?”, me dicen. Y me doy cuenta de que, como no se nos enseña economía en el bachillerato, no pueden entender qué significa todo esto. El asunto es que cuando tienes capitalismo, el capitalismo te incentiva para que pienses en formas de ganar dinero o de ganar más dinero. Y los jueces jamás habrían podido llegar a recibir sobornos, si el condado no hubiera antes privatizado la reclusión juvenil. Pero como en los últimos veinte años ha habido tal deriva en la privatización de los servicios públicos, que han sido sacados de nuestras manos y puestos en manos de gentes cuya única preocupación es la responsabilidad fiduciaria contraída con sus accionistas o con sus propios bolsillos, pues eso lo ha puesto todo patas arriba.
– Lo que a mí me resulta más conmovedor de la película es tu muy convincente montaje sobre los puestos de trabajo gobernados democráticamente como alternativa a este capitalismo de ‘saquea y lárgate’. Me pregunto si cuando viajas por ahí constatas interés por esa idea.
– A la gente le gusta esta parte de la película. Pero, claro, yo lo he montado en la película como un asunto patriótico. Si crees en la democracia, la democracia no puede consistir en votar cada dos o cuatro años. Tiene que formar parte de cada día de tu vida. Hemos logrado grandes cambios en muchas relaciones e instituciones, porque decidimos que la democracia es un modo mejor de organizar. Pero dedicamos entre ocho y doce horas diarias de nuestras vidas a trabajar, y en el puesto de trabajo no tenemos voz ni voto. Creo que cuando los antropólogos nos excaven dentro de 400 años –si llegamos a tanto–, se dirán: “Mira tú, estos tíos; pensaban que eran libres, decían vivir en democracia, pero se pasaban diez horas al día en una situación totalitaria y permitían que el uno por ciento más rico de la población tuviera más riqueza financiera que la suma de riquezas del 99 por ciento situado en los tramos inferiores”. Se van a reír de nosotros.
– Pero una de las mayores resistencias a las cooperativas de trabajadores que yo me he encontrado en mis investigaciones no viene de gobiernos o empresas renuentes, sino de los propios sindicatos. Obviamente, hay excepciones, como el sindicato que aparece en tu película, United Electrical Workers, que se mostraba realmente abierto a la idea de que la fábrica de Republic Windows & Doors se convirtiera en una cooperativa, si los trabajadores así lo querían. Pero en la mayoría de los casos, sobre todo en lo que hace a los sindicatos grandes, tienen su guión, y cuando se cierre una fábrica, su labor consiste en que el trabajador reciba una gran indemnización por la pérdida del puesto de trabajo, tan grande como se pueda. Y tienen una dinámica que opera con este postulado: los más poderosos, los que toman las decisiones, son los propietarios. Tú tuviste una sesión de estreno de la película en el congreso de (la mayor federación sindical de los Estados Unidos, la) AFL-CIO. ¿Viste a sus dirigentes receptivos a esta idea? ¿Están abiertos o te dijeron: “Eso es irrealizable”?
– La otra noche estaba sentado en un teatro con cerca de 1.500 delegados del congreso de la AFL-CIO y yo estaba un poco nervioso cuando iba acercándose el momento de esta parte de la película. Yo me temía que la gente se quedara un poco fría aquí. Todo lo contrario. Lo festejaron. Un par gritaron: “¡Eso es, exactamente eso es lo que hay que hacer!”. Yo creo que los sindicatos, llegados a este punto, se han visto tan derrotados, que están abiertos a nuevas formas de pensar y a ciertas ideas nuevas. La verdad es que me animó mucho ver eso.
– Volviendo al asunto de hace un ratito, a la incapacidad de la gente para comprender teoría económica básica: en tu película hay una gran escena en la que no consigues que nadie, por instruido que sea, pueda explicar lo que es un derivado financiero.
– Entonces, la cosa no tiene que ver con instrucción básica. Lo que pasa es que se usa la complejidad como un arma contra el control democrático de la economía. Tal era el argumento de (Alan) Greenspan: que los derivados financieros eran tan complicados, que los legisladores no podían regularlos. Es casi como si se necesitara de un movimiento en favor de la simplicidad en los asuntos económicos y financieros, algo en lo que Elisabeth Warren, la congresista que encabeza la vigilancia crítica de los procesos de rescate, ha venido insistiendo: la necesidad de simplificar la relaciones de las gentes con los prestamistas.
– ¿Que gente como Warren exista, te da esperanzas?
– Totalmente.
– ¿Puedo sugerir una candidatura presidencial para 2016 o para 2012, si Obama nos falla? Marcy Kaptur (congresista por Ohio) y Elisabeth Warren. Me encanta. Son las heroínas de tu película. Votaría por esa candidatura. Estaba pensando en cómo rotular esta entrevista y lo que voy a sugerirle a mi editor es: “El maestro norteamericano”, porque la película es un increíble modelo de educación popular al viejo estilo. Una de las cosas que cuenta mi colega en The Nation, Bil Greider, es que no se estila más este tipo de educación popular. Los sindicatos destinaban antes una parte de su presupuesto a enseñar este tipo de cosas a sus miembros, para hacerles accesibles la teoría económica y lo que pasa en el mundo. Ya sé que tú te ves a ti mismo como alguien que entretiene y divierte, pero me pregunto si te ves también como un maestro.
– Me honra que uses este término. Me gustan los maestros.
Por Naomí Klein Fuente: Miradas al Sur