PAPANDREU NOS TOMÓ EL PELO

Ha convertido una herramienta democrática tan importante como el referéndum en una utilidad táctica para sus propósitos.

Una vez más se ha evidenciado la incompatibilidad existente entre Democracia y Capitalismo.

MOCIÓN DE CONFIANZA: A medianoche de hoy se votará la moción de confianza al Gobierno que solicitó el primer ministro Yorgos Papandreu y como consecuencia de ello -si la pierde- se puede producir una terrible paradoja que sería la posibilidad de que pudiera retomar el poder el partido conservador «Nueva Democracia» -creado por Constantinos Karamanlís- y que fue el partido que gobernó hasta 2009 y que ocultó y mintió sobre las deudas del Estado con la complicidad de la arquitectura financiera de Goldman Sachs y sus ejecutivos, como Mario Draghi, ahora recién elegido presidente del BCE. Actuaciones éstas que llevaron a la actual quiebra del estado Griego.

Παπανδρέου μας πείραζαν

Η δημοκρατία έχει γίνει ένα εργαλείο τόσο σημαντικό όσο το δημοψήφισμα σε μια χρήσιμη τακτική για τους σκοπούς σας.

Για άλλη μια φορά απέδειξε την ασυμβατότητα μεταξύ της δημοκρατίας και του καπιταλισμού.

Πρόταση εμπιστοσύνης: Ένα απόψε τα μεσάνυχτα θα ψηφίσει για την πρόταση εμπιστοσύνης στην κυβέρνηση ζήτησε ο πρωθυπουργός Γιώργος Παπανδρέου και ως εκ τούτου, αν χάσει, θα μπορεί να παράγει μια τρομερή ειρωνεία ότι θα ήταν η δυνατότητα που θα μπορούσε να επιστρέψει στην εξουσία του Συντηρητικό κόμμα «Νέα Δημοκρατία», που δημιουργήθηκε από τον Κωνσταντίνο Καραμανλή, και ότι ήταν εκείνος ο οποίος κυβέρνησε μέχρι το 2009 και ότι απέκρυψε και ψέματα για τα χρέη του κράτους με τη συνενοχή της χρηματοπιστωτικής αρχιτεκτονικής της Goldman Sachs και τα στελέχη τους, συμπεριλαμβανομένων των Mario Draghi, τώρα ακριβώς εξελέγη πρόεδρος της ΕΚΤ. Αυτές οι ενέργειες που οδήγησαν στη σημερινή ελληνική χρεοκοπία του κράτους.

PAPANDREU ANUNCIA REFERENDUM

El órdago (democrático) de Papandreu

 

Convocar un referéndum popular en la cuna ateniense de la democracia no debería sacar de quicio a esa Europa que presume de gozar del menos malo de los sistemas de convivencia.

Yorgos Papandreu no es el primer mandatario que se plantea pedir la opinión ciudadana antes de cargar con la responsabilidad exclusiva de decisiones que marcarán el futuro de varias generaciones de compatriotas. En su día lo hicieron, por ejemplo, Felipe González o François Mitterrand, y también pusieron de los nervios a la comunidad internacional.

Será discutible el momento elegido por el jefe del Gobierno griego para anunciar la consulta, pero no su derecho a convocarla. Papandreu busca legitimidad interna para aplicar precisamente las medidas que le imponen los socios del euro y el FMI como condición previa a la concesión de nuevas ayudas. Sabe que la mayoría de los griegos rechazan los draconianos recortes aunque tampoco quieren quedarse fuera de la moneda única, porque significaría más calamidades aún de las que ya sufren. Así que el resultado de este órdago de Grecia, si no cae antes el propio Papandreu, dependería mucho de la redacción literal de la pregunta, convertida en ultimátum para que los ciudadanos elijan “susto o muerte”.

Lástima que no se observe la misma presión sobre Merkel para que levante su veto a los eurobonos o a un papel más activo del BCE contra los ataques al euro. Esa actitud sí que es irresponsable, y no la de consultar al pueblo.

Jesús Maraña en Público

Islandia, el camino que no tomamos

Al revés que el resto, Islandia dejó arruinarse a los bancos y amplió su red de seguridad social

PAUL KRUGMAN en El País

Crowdsourcing Islandia

Los mercados financieros están celebrando el pacto alcanzado en Bruselas a primera hora del jueves. De hecho, en relación con lo que podría haber sucedido (un amargo fracaso para ponerse de acuerdo), que los dirigentes europeos se hayan puesto de acuerdo en algo, por imprecisos que sean los detalles y por deficiente que resulte, es un avance positivo.

 Pero merece la pena retroceder para contemplar el panorama general, concretamente el lamentable fracaso de una doctrina económica, una doctrina que ha infligido un daño enorme tanto a Europa como a Estados Unidos.

La doctrina en cuestión se resume en la afirmación de que, en el periodo posterior a una crisis financiera, los bancos tienen que ser rescatados, pero los ciudadanos en general deben pagar el precio. De modo que una crisis provocada por la liberalización se convierte en un motivo para desplazarse aún más hacia la derecha; una época de paro masivo, en vez de reanimar los esfuerzos públicos por crear empleo, se convierte en una época de austeridad, en la cual el gasto gubernamental y los programas sociales se recortan drásticamente.

Nos vendieron esta doctrina afirmando que no había ninguna alternativa -que tanto los rescates como los recortes del gasto eran necesarios para satisfacer a los mercados financieros- y también afirmando que la austeridad fiscal en realidad crearía empleo. La idea era que los recortes del gasto harían aumentar la confianza de los consumidores y las empresas. Y, supuestamente, esta confianza estimularía el gasto privado y compensaría de sobra los efectos depresores de los recortes gubernamentales.

Algunos economistas no estaban convencidos. Un escéptico afirmaba cáusticamente que las declaraciones sobre los efectos expansivos de la austeridad eran como creer en el «hada de la confianza». Bueno, vale, era yo.

Pero, no obstante, la doctrina ha sido extremadamente influyente. La austeridad expansiva, en concreto, ha sido defendida tanto por los republicanos del Congreso como por el Banco Central Europeo, que el año pasado instaba a todos los Gobiernos europeos -no solo a los que tenían dificultades fiscales- a emprender la «consolidación fiscal».

Y cuando David Cameron se convirtió en primer ministro de Reino Unido el año pasado, se embarcó inmediatamente en un programa de recortes del gasto, en la creencia de que esto realmente impulsaría la economía (una decisión que muchos expertos estadounidenses acogieron con elogios aduladores).

Ahora, sin embargo, se están viendo las consecuencias, y la imagen no es agradable. Grecia se ha visto empujada por sus medidas de austeridad a una depresión cada vez más profunda; y esa depresión, no la falta de esfuerzo por parte del Gobierno griego, ha sido el motivo de que en un informe secreto enviado a los dirigentes europeos se llegase la semana pasada a la conclusión de que el programa puesto en práctica allí es inviable. La economía británica se ha estancado por el impacto de la austeridad, y la confianza tanto de las empresas como de los consumidores se ha hundido en vez de dispararse.

Puede que lo más revelador sea la que ahora se considera una historia de éxito. Hace unos meses, diversos expertos empezaron a ensalzar los logros de Letonia, que después de una terrible recesión se las arregló, a pesar de todo, para reducir su déficit presupuestario y convencer a los mercados de que era fiscalmente solvente. Aquello fue, en efecto, impresionante, pero para conseguirlo se pagó el precio de un 16% de paro y una economía que, aunque finalmente está creciendo, sigue siendo un 18% más pequeña de lo que era antes de la crisis.

Por eso, rescatar a los bancos mientras se castiga a los trabajadores no es, en realidad, una receta para la prosperidad. ¿Pero había alguna alternativa? Bueno, por eso es por lo que estoy en Islandia, asistiendo a una conferencia sobre el país que hizo algo diferente.

Si han estado leyendo las crónicas sobre la crisis financiera, o viendo adaptaciones cinematográficas como la excelente Inside Job, sabrán que Islandia era supuestamente el ejemplo perfecto de desastre económico: sus banqueros fuera de control cargaron al país con unas deudas enormes y al parecer dejaron a la nación en una situación desesperada.

Pero en el camino hacia el Armagedón económico pasó una cosa curiosa: la propia desesperación de Islandia hizo imposible un comportamiento convencional, lo que dio al país libertad para romper las normas. Mientras todos los demás rescataban a los banqueros y obligaban a los ciudadanos a pagar el precio, Islandia dejó que los bancos se arruinasen y, de hecho, amplió su red de seguridad social. Mientras que todos los demás estaban obsesionados con tratar de aplacar a los inversores internacionales, Islandia impuso unos controles temporales a los movimientos de capital para darse a sí misma cierto margen de maniobra.

¿Y cómo le está yendo? Islandia no ha evitado un daño económico grave ni un descenso considerable del nivel de vida. Pero ha conseguido poner coto, tanto al aumento del paro como al sufrimiento de los más vulnerables; la red de seguridad social ha permanecido intacta, al igual que la decencia más elemental de su sociedad. «Las cosas podrían haber ido mucho peor» puede que no sea el más estimulante de los eslóganes, pero dado que todo el mundo esperaba un completo desastre, representa un triunfo político.

Y nos enseña una lección al resto de nosotros: el sufrimiento al que se enfrentan tantos de nuestros ciudadanos es innecesario. Si esta es una época de increíble dolor y de una sociedad mucho más dura, ha sido por elección. No tenía, ni tiene, por qué ser de esta manera.

Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008. 2001. New York Times Service. Traducción de News Clips.