El exterminio de Gaza

EN 2014 IGUAL QUE EN 1948: ¿UNA SEGUNDA NAKBA?

La «solución» para Gaza

La ola de violencia impune contra la población de Gaza exacerba los apetitos de las diferentes facciones israelíes. El vicepresidente del parlamento israelí y rival de Netanyahu en el seno del Likud, Moshe Feiglin, propone expulsar de una vez a toda la población de Gaza (1,5 millones de personas), territorio que el «Estado judío» anexaría de inmediato. Según Ahmed Abul Gheit, ex ministro egipcio de Exteriores, Estados Unidos organizó en 2011 la caída de Hosni Mubarak precisamente porque este último se oponía a la solicitud de Washington de desplazar la población de Gaza para el Sinaí.

| 27 DE JULIO DE 2014

JPEG - 21.5 KB
Moshe Feiglin, vicepresidente del parlamento israelí y miembro del Likud.

A la sombra del secretario de Estado John Kerry, el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, altamente agradecido ante el «compromiso dinámico» del jefe de la diplomacia estadounidense, está buscando en Jerusalén la manera de «poner fin a la crisis de Gaza». Pero Ban Ki-moon parece ignorar que existe alguien que ya encontró esa solución. El vicepresidente del parlamento de Israel, Moshe Feiglin, ha presentado, en efecto, un plan para «una solución en Gaza» [1].

Ese plan se compone de 7 fases:

1) El ultimátum, impuesto a la «población enemiga» a la que se intimida para abandonar las áreas donde se encuentran los combatientes del Hamas «trasladándose al Sinaí, no lejos de Gaza».

2) El ataque, desencadenado por las fuerzas armadas de Israel «en toda Gaza con el máximo de fuerza (y no con una parte minúscula de esa fuerza)» contra todos los objetivos militares y la infraestructura «sin consideración alguna por los escudos humanos y daños al medio ambiente».

3) El asedio, simultáneo con el ataque, para que «nada pueda entrar en Gaza ni salir de Gaza».

4) La defensa, para «golpear con plena fuerza y sin consideración por los escudos humanos» cualquier lugar de donde haya partido un ataque contra Israel o contra sus fuerzas armadas.

5) La conquista, emprendida por las fuerzas armadas israelíes, que «acabarán con todos los enemigos armados en Gaza» y «tratarán conforme al derecho internacional a la población enemiga que no haya cometido fechorías y que se haya separado de los terroristas armados, [población] que será autorizada a abandonar Gaza».

7) La soberanía, sobre Gaza, «que se convertirá para siempre en parte de Israel y será poblada por judíos», contribuyendo así a «aliviar la crisis de alojamiento en Israel». A los habitantes árabes, quienes «según los sondeos en su mayoría quieren abandonar Gaza», se les ofrecerá «una generosa ayuda para la emigración internacional», ayuda que sin embargo se concederá solamente a «aquellos que no estén implicados en actividades anti israelíes». Los árabes que opten por quedarse en Gaza recibirán un permiso de estancia en Israel y, después de cierto número de años, «los que acepten la dominación, las reglas y el modo de vida del Estado judío en su propia tierra» podrán convertirse en ciudadanos israelíes.

Ese plan no sale de la mente de un simple fanático sino del cerebro de un político que está obteniendo un creciente consenso en Israel. Moshe Feiglin es el jefe de Manhigut Yehudit (en español, «Liderazgo judío»), la facción más grande en el seno del Comité Central del Likud, o sea el partido en el poder. En 2012, durante la elección de la dirección del Likud, Moshe Feiglin hizo campaña en contra de Benyamin Netanyahu y obtuvo un 23% de los votos. Su ascenso ha sido continuo desde aquel momento, tanto que en julio de 2014 agregó a su cargo de vicepresidente del parlamento israelí el de miembro de la influyente Comisión de Relaciones Exteriores y de Defensa.

Si se analiza el plan que Feiglin está promoviendo activamente, tanto en Israel como en el extranjero (principalmente en Estados Unidos y Canadá), puede comprobarse que la actual operación contra la franja de Gaza incluye casi íntegramente las 4 primeras de las 7 fases previstas.

Visto desde esa perspectiva se percibe además que el verdadero objetivo de la retirada de los colonos israelíes de la región de Gaza –en 2005– no era otro que dejar el campo libre a las fuerzas armadas de Israel para la posterior realización de la operación «Plomo fundido» –en 2008/2009.

También se percibe que la actual operación «Margen protector» no es una simple respuesta a una acción anterior sino que, al igual que las operaciones anteriores, forma parte de un plan preciso, respaldado al menos por una parte consistente del Likud y tendiente a ocupar de manera permanente la franja de Gaza y a colonizarla expulsando de allí la población palestina. Y Feiglin seguramente ya tiene listo también el plan para «una solución en Cisjordania».

Fuente
Il Manifesto

.

- Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la versión al francés de Marie-Ange Patrizio.

Palestina: EE. UU. cómplice de genocidio

Chomsky: “EEUU brinda a Israel apoyo militar, político e ideológico para la matanza de palestinos”

Noam Chomsky lingüista y filósofo estadounidense de origen judío, ha acusado a Estados Unidos de ser el principal responsable de la matanza de la población palestina en la Franja de Gaza, en la reciente ofensiva militar emprendida por Israel contra el enclave costero.

“EEUU brinda a Israel apoyo militar, político, diplomático e ideológico para la matanza de palestinos de una manera directa y explícita”, ha dicho el activista político en una entrevista exclusiva concedida a la agencia turca de noticias Anadolu, publicada el viernes.

El activista político ha subrayado que Washington debería ser reconocido como “responsable de derramar sangre palestina”, y ha arremetido contra el mundo y los organismos mundiales, como la Organización de Naciones Unidos (ONU), por cerrar los ojos ante la escalada de crímenes que comete a diario Tel Aviv contra los civiles palestinos.

“Hoy en día, el mundo sólo actúa según sus intereses propios. EEUU apoya a Israel, de acuerdo con sus intereses estratégicos en la región. Además, a la ONU no le importa lo que está sucediendo en Gaza. Igual, la Unión Europea no se preocupa por lo que está pasando hoy en Gaza, mientras el mundo árabe está sufriendo una profunda división que le priva de la facultad de hacer cualquier cosa”, ha sostenido Chomsky.

Ha denunciado la actuación parcial de la ONU en relación a los acontecimientos que ocurren en el mundo, incluido en Gaza y ha explicado que esta instancia internacional no es un actor fuerte e independiente en el mundo de la política, sino que es un cuerpo que lleva a cabo los deseos de los países más poderosos del mundo.

Asimismo, ha hecho hincapié en que la masacre de civiles y el dolor y el sufrimiento de los palestinos en Gaza ha puesto de relieve que en el mundo no hay algo como una “comunidad internacional”, ya que es inútil esperar que esta haga algo para frenar la agresión israelí.

“El concepto de la comunidad internacional, no es más que un término vacío y sinsentido, un truco y una ilusión para la gente ordinaria”, ha subrayado.

Chomsky, conocido crítico de las políticas extremistas de Tel Aviv, había acusado anteriormente a dicho régimen de “cometer crímenes que eran “mucho peor” que los perpetrados por el régimen nacionalista blanco en Sudáfrica”.

Al menos 1000 palestinos muertos y otros 5860 heridos es la cifra que ha dejado la ofensiva israelí, iniciada el 7 de julio, contra la Franja de Gaza, según las fuentes locales, citando al Ministerio de Salud del enclave costero palestino.

Julio de 2014, nuevo ataque terrorista a Gaza

Gaza y su estrecha franja es una de las partes aisladas en las que el espansionismo criminal de Israel ha dejado aislado el territorio palestino.

No tiene ejército y sin embargo está siendo brutalmente atacada por tierra mar y aire por uno de los ejércitos más poderosos del planeta.

¿Nadie va a parar los actos genocidas de un estado terrorista como de facto es el israelí?

Palestina, ataque a Gaza 2014

Gaza: el gas en la mirilla

Y sigue la guerra por el gas. Después de haber atacado Siria y haberse repartido el gas de ese país antes de lograr conquistarlo, los occidentales atacaron Irak –utilizando para ello el Emirato Islámico– para cerrar el camino al gaseoducto entre Irán y Siria. Y ahora están tratando de acabar con Hamas que es, como las demás ramas de la Hermandad Musulmana, un aliado de Washington, pero se opone al saqueo del gas palestino.

JPEG - 40.5 KB

Para encontrar una de las causas del ataque israelí contra Gaza hay que profundizar porque esa causa se halla exactamente a 600 metros por debajo del nivel del mar y a 30 kilómetros de la costa de la franja de Gaza. Allí, en las aguas territoriales palestinas, se encuentra un importante yacimiento de gas natural, el llamado Gaza Marine, estimado en 30 000 millones de metros cúbicos y de un valor de varios miles de millones de dólares. Según un mapa elaborado por la agencia gubernamental estadounidense U.S. Geological Survey también existen otros yacimientos de gas y de petróleo en tierra firme, en Gaza y en Cisjordania.

En 1999, mediante un acuerdo firmado por Yaser Arafat, la Autoridad Palestina confía la explotación de Gaza Marine a un consorcio conformado por British Group y la compañía privada palestina Consolidated Contractors, que disponen respectivamente del 60 y el 30% de las acciones. El 10% restante correspondería al Fondo de Inversiones de la Autoridad Palestina. Se perforan 2 pozos, Gaza Marine 1 y Gaza Marine 2. Pero nunca llegan a iniciar la producción porque Israel, que quiere todo el gas a precios ínfimos, los bloquea.

A través del ex primer ministro británico Tony Blair, enviado del «Cuarteto para el Medio Oriente», se prepara un acuerdo con Israel, que priva a los palestinos de las tres cuartas partes de los futuros ingresos del gas y pone la parte que les toca en una cuenta internacional bajo control de Washington y Londres.

Pero, inmediatamente después de ganar las elecciones de 2006, Hamas rechaza ese acuerdo, calificándolo de robo, y exige su renegociación. En 2007, el actual ministro israelí de Defensa Moshe Ya’alon declara que «el gas no podrá extraerse sin una operación militar que ponga fin al control del Hamas en Gaza».

En 2008, Israel desata contra Gaza la operación «Plomo Fundido». En septiembre de 2012, la Autoridad Palestina anuncia que, a pesar de la oposición de Hamas, ha reanudado las negociaciones con Israel sobre la cuestión del gas. Dos meses después, la admisión de Palestina en la ONU como «Estado observador no miembro» fortalece la posición de la Autoridad Palestina en las negociaciones. Pero Gaza Marine sigue bloqueado, lo cual impide que los palestinos puedan explotar la riqueza natural existente en su territorio.

La Autoridad Palestina se lanzó entonces por otro camino. El 23 de enero de 2014, durante el encuentro del presidente palestino Abbas con el presidente ruso Putin, se discutió la posibilidad de confiar a la compañía rusa Gazprom la explotación del yacimiento de gas de las aguas de Gaza. Así lo anuncia la agencia Itar-Tass, subrayando que Rusia y Palestina tienen intenciones de fortalecer la cooperación bilateral en el sector energético. En ese marco, además de la explotación del yacimiento marítimo de gas, se prevé también la de un yacimiento de petróleo en los alrededores de la ciudad palestina de Ramallah, en Cisjordania. Y la compañía rusa Technopromexport está dispuesta a participar en la construcción de una termoeléctrica de una potencia de 200 MW en la misma zona.

La formación de un nuevo gobierno palestino de unidad nacional, el 2 de junio de 2014, acrecienta las posibilidades de concretar el acuerdo entre Palestina y Rusia.

Diez días después, el 12 de junio, se anuncia el secuestro de los 3 jóvenes israelíes, encontrados muertos el 30 de junio, proporcionando así el casus belli que da inicio a la operación «Margen protector» contra la franja de Gaza. Operación que forma parte de la estrategia de Tel Aviv, que busca apropiarse de las reservas energéticas de toda la cuenca del Levante, incluyendo las de Palestina, las del Líbano y las de Siria.

Y también encaja en la estrategia de Washington que, con su apoyo a Israel, trata de garantizarse el control de todo el Medio Oriente impidiendo que Rusia vuelva a ganar influencia en la región.

Estamos ante una mezcla explosiva, cuyas víctimas son –otra vez– los palestinos.

Fuente
Il Manifesto

Manlio Dinucci Geógrafo y politólogo. Últimas obras publicadas:Geocommunity Ed. Zanichelli 2013 ; Geografia del ventunesimo secolo, Zanichelli 2010 ;Escalation. Anatomia della guerra infinita, Ed. DeriveApprodi 2005.

Ya poca Palestina queda: Paso a paso, Israel la está borrando del mapa

 

Eduardo Galeano*

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes.

Palestina, futuro

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados. Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador.

Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen. Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó. Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.

Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera.

Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa. No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo. En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.

Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros. ¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA.

.

¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad?

¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos? El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales.

En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica. Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.

La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro? Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.

La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.

  • (Este artículo está dedicado a mis amigos judíos asesinados por las dictaduras latinoamericanas que Israel asesoró)

.

*Escritor y periodista uruguayo, autor de "Las venas abiertas de América Latina”.
  Fuente: Mapocho Press, Santiago – Chile http://alainet.org/active/60633 

INSISTIR EN GAZA. Rumbo a Gaza


Estelle.jpg

Santiago Alba Rico

Se puede describir como injusto, sin duda, un mundo en el que, en contra del derecho internacional, se ocupan y bombardean países, se somete a poblaciones enteras a castigos colectivos o se encarcela, se tortura y se mata para consolidar dictaduras políticas o económicas. Pero se puede decir que un orden es radicalmente injusto cuando es la denuncia de la injusticia, y no la injusticia misma, la que despierta sospechas, es la indignación la que está obligada a justificarse y es la solidaridad la que debe dar explicaciones. ¿Por qué experimentar como propio el dolor del otro? ¿Por qué reaccionar frente a la injusticia? ¿Por qué solidarizarse con sus víctimas? ¿Por qué reclamar el cumplimiento de las leyes internacionales? ¿Por qué Palestina? ¿Por qué Gaza?

¿Por qué -es decir- el ser humano? ¿Por qué la ética? ¿Por qué la normalidad civilizada? ¿Por qué la nieve es blanca? Hay algo viciado y destructivo en invertir las preguntas para obligar a responder, en tono acusatorio, a quienes deben -todos nosotros- demandar sin falta una respuesta: ¿por qué Palestina no? ¿Por qué sigue el bloqueo de Gaza? ¿Por qué se desprecia el derecho y la justicia? ¿Por qué la nieve se vuelve repentinamente negra?

Lo natural es que las piedras caigan y los pájaros vuelen; lo natural es que las mareas suban y bajen; lo natural es que, cumpliendo las leyes del movimiento y de la solidaridad humana, los barcos intenten llegar a Gaza. En el verano de 2010 Israel se apropió el mar Mediterráneo para asaltar el Mavi Marmara y matar a una parte de su pasaje.

En el verano de 2011 Israel extendió el bloqueo hasta las costas de Europa para impedir zarpar a la Flotilla de la Libertad II. Ahora, desde el pasado mes de julio, una tercera Flotilla intenta de nuevo este restablecimiento de la naturaleza; partiendo de Suecia, recorre ya y recorrerá el Báltico, el Atlántico y el Mediterráneo para reivindicar el derecho del sol a salir por el este, el del color verde a verdear las hojas y el de los niños a patear una piedra y jugar al balón.

¿Una flotilla? El hermoso velero Estelle constituye -como diría Thoureau frente a la esclavitud- “una mayoría de uno”. Mayoría porque, con independencia de su número, tiene razón. Pero mayoría también porque tiene de su parte el viento: el aliento de las miles y miles de personas en todo el planeta que han hecho materialmente posible el viaje y el de los millones y millones que lo apoyan. Si hay algo que la mayor parte de la población mundial sabe que está mal en el mundo, es sin duda la ocupación de Palestina; si hay una injusticia que la mayor parte de la población mundial sabe que los gobiernos occidentales no van a reparar, es la ocupación de Palestina. Un puñado de intereses y mucho dinero pueden producir un misil asesino; un gran racimo de voluntades y un enorme esfuerzo colectivo pueden parir un velero. El Estelle es la Madre-Humanidad surcando las aguas, es la Niña-Solidaridad surfeando en las olas.

¿Por qué insistir? La respuesta más obvia es la insistencia de Israel en mantener el bloqueo. Seis años después, el lento deterioro de la situación ha abocado a la franja de Gaza, el territorio más densamente poblado del planeta, a una “catástrofe humanitaria” de la que los niños (el 44% de los gazatíes tiene menos de 14 años) son las principales víctimas. El paro, la pobreza, la falta de combustible y la deficiencia creciente del suministro eléctrico conducen a Gaza -según un informe de Oxfam de febrero- “a un colapso total de los servicios esenciales”. La organización Save The Children cifra en un 58% el número de niños en edad escolar que padece anemia y advierte contra el aumento de las fiebres tifoideas y las diarreas, sin vacilar a la hora de atribuir responsabilidades ni de proponer soluciones: “como una cuestión de urgente prioridad para la salud y bienestar de los niños de Gaza, Israel debe levantar el bloqueo por completo para permitir el libre movimiento de personas y de bienes dentro y fuera de Gaza, incluyendo Cisjordania y Jerusalén Oriental”. Amnistía Internacional, por su parte, tampoco tiene dudas: “el factor fundamental causante de esta crisis humana es el bloqueo de Israel, el cual constituye un castigo colectivo (lo que es una violación del derecho internacional) y afecta particularmente a los niños y niñas, y a las personas enfermas”. Los recientes a ataques de Israel y de EE. UU. a la UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas responsable del suministro de alimentos y de la gestión de la educación, amenaza con agravar a corto plazo los problemas endémicos de desnutrición y dejar a miles de niños sin acceso a escuelas y centros de estudio. El bloqueo es una bomba silenciosa que estalla todos los días hiriendo de muerte a 1.700.000 personas.

Pero, ¿por qué insistir? Obviamente el Estelle, si llegara a su destino, no va a resolver los problemas de la población gazatí con los sacos de cemento y las pelotas de fútbol que alberga en sus bodegas. No es ese el propósito. La potencia de la iniciativa que en el Estado español coordina Rumbo a Gaza se mide más bien por sus efectos simbólicos y políticos y puede resumirse, a mi juicio, en tres iluminaciones.

La primera es al mismo tiempo simbólica y material. La idea de salir de Suecia y detenerse en diferentes puertos de tres mares distintos opera, en efecto, una especie de liberación territorial subrogada. El año pasado -lo recordábamos más arriba- Israel “bloqueó” las costas de Europa. Gaza está en cada puerto donde atraque el Estelle; cada puerto es Gaza. Por lo tanto, aún antes de llegar a su destino en Palestina, el velero parido por la Humanidad habrá levantado muchas veces el bloqueo, devolviendo a las naciones europeas la soberanía que sus gobiernos no supieron defender el año pasado en Grecia. El Estelle, en algún sentido, está restableciendo la legalidad de la UE y liberando nuestras costas de la ilegal ocupación israelí.

La segunda iluminación tiene que ver con su evidente carácter de denuncia. Las revueltas árabes han obligado a EE. UU. y a las potencias europeas, complacientes con las dictaduras derrocadas, a intervenir en nombre de la democracia y los derechos humanos. Pero este discurso hipócrita no hace sino subrayar la excepcionalidad de Palestina o, mejor dicho, la excepcionalidad de la dictadura israelí, contra la que ningún gobierno occidental está dispuesto a intervenir, ni siquiera en forma de condenas o sanciones. La travesía del Estelle denuncia la complicidad criminal de esa Europa que utiliza los discursos humanitarios -y hasta las bombas humanitarias- para defender mejor sus intereses y los de Israel en la región. Insistir en Gaza, mientras el mundo árabe sigue sacudido por las réplicas sísmicas de los movimientos populares y de la contrarrevolución imperialista, ayuda precisamente a distinguir a las distintas fuerzas en litigio y garantiza el horizonte anticolonial de las transformaciones en la zona. Palestina -con Gaza como rescoldo vivo en su centro- irradia luz en todas direcciones. Recordar Gaza es recordar que la lucha de los pueblos empieza y acaba necesariamente en Palestina.

La tercera iluminación, vinculada a la anterior, tiene que ver con la desnuda afirmación del carácter universal de los derechos humanos. Que las potencias occidentales manoseen y malversen leyes e instituciones internacionales, poniéndolas al servicio de intereses espurios, no debe llevarnos a cuestionar las fuentes. Fuera de las leyes, al margen del derecho, la fuerza es suya; y si no tenemos la fuerza para imponer las leyes y el derecho, las leyes y el derecho tienen la fuerza para recordar a los pueblos de qué lado está la justicia y por qué estamos legitimados a resistir y a luchar por la liberación. La fuerza es suya, el derecho nuestro. En la Edad Media la cultura encontró refugio en los monasterios; y hoy hay bancos de semillas donde se conservan ejemplares de todas las plantas en previsión de una catástrofe. Pues bien, el Estelle, vástago de la Madre-Humanidad, es el cofre donde se guardan la carta fundacional de la ONU, las convenciones de Ginebra y los tratados internacionales; es en el velero unánime, y no en los aviones de la OTAN o en las reuniones del G-20, donde la humanidad protege la Declaración de los Derechos Humanos y las leyes internacionales que tantos sacrificios y tantos muertos costó conquistar.

¿Por qué insistir en Gaza? Hay una cuarta razón tan elemental como el derecho del sol a salir por el este, el derecho del color verde a verdear la hierba y el derecho de los niños a patear una piedra y saltar un muro. El Estelle declara sencillamente nuestro derecho genético a sentir el dolor del otro, a protestar contra la injusticia y a abrazar, pueblo a pueblo, por encima o por debajo de los intereses nacionales, a todos los que amamos en cualquier lugar de la tierra.

Insistamos. Insistiremos. El Estelle es de momento uno; el viento somos todos.