La estafa financiera más grande de la historia de Europa

Cómo explicar de manera sencilla qué significa que la Comisión Europea esté preparando sanciones económicas a seis gigantes financieros europeos y, lo más importante, cómo hemos llegado hasta aquí: no es que el euríbor haya sido manipulado, es que, según los requisitos de nuestra legislación, directamente no ha existido.

El euríbor cae a mínimos de junio (0,506 por ciento) tras la rebaja de los tipos del BCE

Gráfico que muestra la evolución del euríbor en los últimos 12 meses. / Efe

Todo empezó en junio de 2011, con las plazas aún calientes tras las acampadas del 15-M. Durante esos días, el abogado Juan Moreno Yagüe (@hackbogado) andaba revolucionado por un caso en el que tenía que defender a un peluquero sevillano en una demanda en la que CajaSol le exigía unos intereses disparatados por una pequeña deuda contraída por despiste. La gran sorpresa, me contaba entonces @hackbogado, había sido examinar las tablas que publicaba el Banco de España sobre el índice interbancario español (míbor), que se utilizaba como referencia para préstamos antes de la entrada en vigor del euríbor. Sigue leyendo “La estafa financiera más grande de la historia de Europa”

RECORTES (2ª parte): La Crisis internacional, la Estafa y su aprovechamiento. Algunas fechas clave.

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Crisis

2007

9 de agosto.  La crisis hipotecaria hace caer las bolsas de Estados Unidos y Europa. El Banco Central Europeo (BCE) inyecta 95.000 millones de euros a 49 entidades bancarias con problemas de financiación, debidos, en parte, a la crisis especulativa y crediticia en EE UU, cuyo detonante fue el estallido de la burbuja inmobiliaria con las hipotecas basura (“subprime”). Sigue leyendo “RECORTES (2ª parte): La Crisis internacional, la Estafa y su aprovechamiento. Algunas fechas clave.”

El euro no tiene problemas; las clases populares sí que los tienen

Vicenç Navarro

Una de las frases frecuentemente repetida en los círculos económicos en Estados Unidos (y en menor medida en Europa) es “el euro va a desaparecer”. Las personas que repiten esa frase una y otra vez parecen ignorar cómo se fundó el euro, por quién y para beneficio de quién.

 Si supieran la historia del euro, se habrían dado cuenta de que a las fuerzas principales que hay detrás del euro les ha ido muy bien y así les sigue yendo. Mientras ellos sigan beneficiándose de la existencia del euro, el euro va a seguir existiendo.

Empecemos con la historia del Euro y la razón principal de su creación. Después de la caída del Muro de Berlín, parecía que la Alemania Oriental y la Occidental podrían reunificarse y, como era el deseo del establishment de Alemania Occidental, volver a ser, de nuevo, una Alemania unida. Esta posibilidad no era del agrado de la Europa democrática. En dos ocasiones en el siglo XX, la mayoría de los países europeos tuvieron que ir a la guerra para detener las ansias expansionistas de la Alemania Unida. Los gobiernos europeos no estaban contentos de ver a la Alemania del post-nazismo reunificada. El presidente de Francia, François Mitterrand llegó a decir irónicamente que: “Amo a Alemania tanto que prefiero ver dos Alemanias en lugar de una.”

La única alternativa para los gobiernos de la Europa democrática era asegurarse que la Alemania unida no se convirtiera en un país aislado en frente de todos los demás. Alemania tenía que integrarse a Europa. Tenía que ser europeizada. Mitterrand pensaba que una manera de hacerlo era reemplazar la moneda alemana, el marco, por una nueva moneda europea, el euro. Así es cómo se planeó integrar la Alemania unificada del post-nazismo a la Europa democrática.

El establishment alemán puso dos condiciones para aceptar la sustitución del marco alemán por el euro. Una condición fue establecer una autoridad financiera, el Banco Central Europeo, el BCE, que gestionara el euro con el único objetivo de mantener la inflación baja. El BCE debía estar bajo la fuerte influencia (es decir bajo el control) del Banco Central de Alemania, el Bundesbank. La otra condición era establecer el Pacto de Estabilidad, que impone la disciplina financiera a los Estados miembros de la Eurozona. Sus déficits públicos tendrían que mantenerse por debajo del 3% de su PIB, incluso en momentos de recesión.

Para entender por qué los otros países aceptaron estas condiciones, uno tiene que entender que el neoliberalismo (que se inició con el presidente Ronald Reagan en los Estados Unidos y con la primer ministro Margaret Thatcher en el Reino Unido) era la ideología dominante en esos países. Un objetivo importante dentro de ese dogma neoliberal era reducir el papel del Estado tanto como fuera posible, fomentar la financiación privada y restar importancia a la demanda doméstica como la manera de estimular la economía. En este punto de vista, el principal motor de la economía debía ser el crecimiento de las exportaciones. Éstas son las raíces del problema, no del euro, que está en buen estado de salud, sino del empeoramiento del bienestar de la población en esos países.

El Banco Central Europeo no es un Banco Central

¿Qué hace un Banco Central? Entre otras cosas imprimir dinero  y, con ese dinero, comprar bonos públicos del Estado, asegurándose que las tasas de interés de esos bonos son razonables y no llegan a ser excesivas. Un Banco Central protege a los Estados contra la especulación de los mercados financieros. El BCE, sin embargo, no lo hace. Las tasas de interés sobre la deuda pública de los Estados, en algunos países, se ha disparado debido a que el BCE no ha comprado deuda pública desde hace bastante tiempo. España e Italia son plenamente conscientes de ello.

Lo que hace el BCE, sin embargo, es prestar un montón de dinero a los bancos privados a una tasa de interés muy baja (inferior al 1%) y con este dinero compran bonos públicos emitidos a un interés muy alto (6% a 7% en Italia y España). ¡Se trata de una oferta fantástica para estos bancos!

Desde el pasado mes de diciembre, el BCE ha prestado más de 1 billón de euros  a los bancos privados, la mitad (500.000 millones de euros) a los bancos españoles e italianos. Esta transferencia de fondos públicos (el BCE es una institución pública) para el sector financiero privado se justifica argumentando que esta ayuda era necesaria para salvar a los bancos y, por tanto, asegurar el crédito que se ofrece a la pequeña y mediana empresa y a las familias. Este crédito, sin embargo, no ha aparecido y tanto los individuos como las medianas y pequeñas empresas siguen teniendo dificultades para obtenerlo.

En ocasiones, el BCE compra bonos públicos en los mercados secundarios de los Estados que están en problemas, pero los compra de manera casi clandestina, en dosis muy pequeñas y por períodos muy cortos de tiempo. Los mercados financieros son conscientes de esta situación. Esta es la razón por la que los intereses de los bonos públicos bajan, cuando el BCE los compra, pero luego vuelven a subir, siendo así muy difícil para los Estados poder mantener bajos los intereses de su deuda pública.

El BCE debería anunciar abiertamente que no permitirá que el interés de los bonos públicos sobrepase un cierto nivel, lo que haría imposible para los mercados financieros poder especular con ellos. Pero el BCE no lo hace, dejando a los Estados sin protección frente a los mercados financieros.

En esta situación, el argumento de que España e Italia deben reducir su déficit público para recuperar la confianza de los mercados financieros no es creíble. España ha estado reduciendo su déficit público, mientras que los intereses de su deuda pública ha ido en aumento, lo que demuestra que es el BCE, no los mercados financieros, quien determina el valor de la tasa de los intereses de la deuda.

¿Quién controla el sistema financiero europeo?

En teoría, se suponía que el BCE era el gerente del euro. Pero quien realmente controla el Euro y el sistema financiero europeo es el Bundesbank, el Banco Central alemán. Se diseñó de esa manera, como he señalado anteriormente. Pero ha habido otro hecho que ha incrementado el control del sistema financiero europeo por el Bundesbank y los bancos alemanes: el conjunto de decisiones tomadas por el gobierno alemán, en concreto por el gobierno de Schroeder socialdemócrata (Agenda 2010), y continuada por los gobiernos conservadores de Merkel, que hicieron hincapié en el sector exportador como el principal motor de economía. Oskar Lafontaine, el exministro de Finanzas de Schroeder, quería situar la demanda doméstica como el principal motor de la recuperación económica alemana. Para ello propuso aumentar los salarios y el gasto público. Él perdió y dejó el partido socialdemócrata, formando un nuevo partido, Die Linke  (La Izquierda), y ganó Schroeder (que ahora trabaja para una industria orientada a la exportación). Como consecuencia de que la actividad económica centró el énfasis en las exportaciones (la mayoría a la zona del euro), los bancos alemanes acumularon una enorme cantidad de euros. En lugar de utilizar estos euros para aumentar los salarios de los trabajadores alemanes (lo que habría estimulado no sólo la economía alemana, sino la economía europea en su conjunto), los bancos alemanes optaron por exportar euros, invirtiéndolos en la periferia de la zona euro.

Esa inversión fue la causa de la burbuja inmobiliaria en España. Sin el dinero alemán, los bancos españoles no podrían haber financiado esta burbuja, basada en una especulación enorme.

¿Cuándo aparece la crisis en España?

Cuando los bancos alemanes dejaron de prestar dinero a España como resultado de su pánico (al enterarse de que ellos mismos estaban contaminados con productos tóxicos procedentes de los bancos de Estados Unidos), la burbuja inmobiliaria se derrumbó, creando un agujero en la economía española equivale al 10% de su Producto Interior Bruto (PIB), todo ello en tan solo unos meses. Se trataba de un tsunami económico, un desastre auténtico. Inmediatamente, se pasó de un superávit a un déficit público enorme, como consecuencia de la caída de los ingresos a los Estados. Tal déficit no fue un resultado del crecimiento del gasto público (España tiene una de las tasas más bajas de gasto público per cápita entre la UE-15), sino del dramático descenso de los ingresos debido al colapso económico. El énfasis de la “troika” (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) en que España necesita reducir su gasto público está profundamente equivocado, pues el déficit público no ha sido causado por un crecimiento de los gastos (como han sugerido los comentarios frívolos de la Canciller Merkel sobre la “extravagancia del sector público español”). Esos recortes están dando lugar a otra recesión.

¿Cuál es la finalidad de la ayuda financiera?

La retórica oficial afirma que las autoridades financieras de la zona euro han puesto a disposición de España 100.000 millones de euros para ayudar a sus bancos. La realidad, sin embargo, es muy diferente. Los bancos españoles y el Estado español están profundamente en deuda. Le deben mucho dinero a los bancos extranjeros, incluidos los bancos alemanes, que han prestado casi 200.000 millones de euros a España. Estos bancos están gritando al cielo para recuperar su dinero. Es por eso que los 100.000 millones de euros han sido aprobados por el Parlamento alemán. Peter Bofinger, asesor económico del gobierno alemán, lo expresó muy claramente:

“Esta ayuda no es a estos países en problemas (como España), sino a nuestros propios bancos que poseen una gran cantidad de deuda privada en esos países.” (Pratap Chatterjee “Bailing out Germany: The Story Behind the European Financial Costs” [28/05/42]). No se podría haber dicho mejor.

Si las autoridades europeas hubieran querido ayudar a España deberían haber prestado ese dinero a un interés muy bajo a las agencias de crédito públicas españolas (como el ICO, Instituto de Crédito Oficial), a fin de resolver el enorme problema de la falta de crédito en España. Esta alternativa, por supuesto, nunca fue tenida en cuenta.

¿Dónde está el supuesto problema con el euro?

El hecho de que España tiene un enorme problema de falta de liquidez no significa que el euro esté en problemas. Muchos gobiernos regionales no pueden pagar sus servicios públicos debido a la falta de dinero. Es un hecho que las enormes diferencias en la disponibilidad de crédito dentro de la zona del euro están beneficiando a los bancos alemanes. Hoy en día, hay un flujo de capital desde España a Alemania, enriqueciendo a los bancos alemanes y determinando que los bonos públicos alemanes sean muy seguros. El hecho de que hay una crisis enorme, con grandes tasas de desempleo en los países periféricos no significa, sin embargo, que el euro esté en crisis. Estaría en crisis sólo si estos países periféricos, entre ellos España, abandonaran el euro. Eso significaría el colapso de los bancos alemanes y del sistema financiero europeo. Pero esto no va a suceder. Las medidas que se están adoptando en España y otros países de la periferia (con el apoyo de la Troika) por sus gobiernos son las medidas que las fuerzas conservadoras que tales gobiernos representan siempre han soñado: recortar los salarios, eliminar la protección social, desmantelar el Estado del Bienestar, y así sucesivamente. Tales gobiernos dicen que lo están haciendo debido a las instrucciones que reciben de Bruselas, de Frankfurt y/o de Berlín. Ellos están transfiriendo la responsabilidad a los agentes extranjeros, que supuestamente les están obligando a hacerlo. Es la exteriorización de la culpa. Su lema principal es: “No hay alternativa”.

Cuando el Sr. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, pide al Sr. Mariano Rajoy, el presidente del gobierno español (el gobierno más conservador en la Unión Europea, próximo a la ideología del grupo ultraneoliberal conocido como  el Tea Party de los Estados Unidos), él le dice que con el fin de ayudarlo, tendrá que hacer reformas en el mercado de trabajo (es decir, facilitar a los empleadores a despedir a los trabajadores). Rajoy está muy abierto a tal instrucción. En una reciente conferencia de prensa (9 de agosto de 2012), el Sr. Draghi fue muy claro. El BCE no va a comprar bonos públicos españoles a menos que el gobierno español tome medidas difíciles, impopulares como la reforma del mercado laboral, la reducción de las prestaciones de jubilación, y la privatización del Estado del Bienestar. El gobierno de Rajoy estará encantado de seguir estas instrucciones. Ya ha hecho muchos recortes y tiene proyectados 120.000 millones de euros más en recortes dentro de los próximos dos años.

El euro y su sistema de gobierno están trabajando muy bien para aquellos que tienen la voz principal dentro de la Eurozona hoy en día. El BCE está instruyendo a los gobiernos de la zona monetaria a desmantelar la Europa social y lo están haciendo. Es lo que mi buen amigo Jeff Faux, fundador del Economic Policy Institute en Washington, solía llamar “las alianzas de las clases dominantes a nivel internacional”, es decir, la alianza entre las clases dominantes de todo el mundo. Esa alianza está claramente operando en la zona del euro en la actualidad. Es por ello que el euro va a existir  por mucho, mucho tiempo.

EL POR QUÉ DE LOS RECORTES

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 12 de julio de 2012

Este artículo señala que una de las causas reales de los continuos y constantes recortes de gasto público incluyendo el gasto público social que están debilitando enormemente el Estado del Bienestar español es la exigencia de que España pague la deuda a los bancos europeos, y muy en especial, a la banca alemana.

Una de las tesis que se promueven con mayor ahínco en los círculos neoliberales del país es que España entró y permanece en crisis por su excesivo gasto público y falta de disciplina fiscal. De esta tesis se concluye que hay que reducir el gasto público y recuperar la famosa disciplina fiscal, reduciendo el déficit público para alcanzar el nivel exigido por el Pacto de Estabilidad (el 3% del PIB).

Esta tesis es fácilmente demostrable que carece de credibilidad. El Estado español era, en realidad, el modelo de rectitud ortodoxa neoliberal. Tenía un superávit en las cuentas del Estado en los años 2005, 2006 y 2007, y su deuda pública era de las más bajas de la Eurozona. Durante el periodo 2004-2007, tal deuda pública bajó del 46% al 36%. España no podía ser más modélica desde el punto de vista neoliberal. Los responsables de la política económica y fiscal del Gobierno español recibieron el aplauso de las autoridades europeas que gestionan y dirigen la Eurozona (desde el Consejo Europeo y la Comisión Europea al Banco Central Europeo) y como no, del Fondo Monetario Internacional.

En realidad, la sensación de euforia era tal que el Gobierno socialista español, bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, decidió bajar los impuestos, identificando tal medida con ser de izquierdas. Su slogan más conocido en aquellos años fue que “bajar los impuestos es de izquierdas”. Esta bajada de impuestos aumentó el déficit estructural del Estado, es decir, el déficit público, que determinan los ingresos y gastos estructurales y no coyunturales. Este aumento del déficit estructural permaneció ocultado o ignorado por el aumento de los ingresos al Estado, resultado de la situación coyuntural provocada por la burbuja inmobiliaria. Ahora bien, cuando esta burbuja explotó, el déficit estructural apareció con toda claridad y contundencia. Los ingresos al Estado bajaron en picado, resultado, en gran parte, de que la estructura fiscal del Estado español depende excesivamente de las rentas del trabajo y muy poco de las rentas del capital. Cuando la actividad económica se colapsó y el desempleo se disparó, los ingresos al Estado bajaron y mucho. De ahí el déficit público del Estado. No tiene nada, nada que ver con el aumento del gasto público, el cual, medido en gasto público por habitante, ha ido bajando, no subiendo. Y los datos así lo muestran. Se están recortando y recortando, y en cambio el déficit público apenas baja y el crecimiento económico está decreciendo. ¿Qué evidencia esperan los círculos neoliberales para poder ver que están profundamente equivocados?

Por otro lado, un punto clave poco estudiado y con escasa visibilidad mediática es ¿por qué la burbuja inmobiliaria explotó? La causa primordial es que la mayoría del dinero que estaba detrás de la burbuja inmobiliaria procedía de bancos alemanes, franceses, holandeses, belgas, entre otros. En realidad el enorme flujo de dinero (lo que se llama inversión financiera) a España explica que la balanza de pagos (la diferencia entre el capital que entra y el que sale del país) se disparara en aquellos años de burbuja inmobiliaria. El hecho de que la banca europea alimentara a la banca española se debía, como no podría ser de otro modo, a que eran inversiones financieras extraordinariamente beneficiosas. Su rentabilidad era enorme. Pero cuando esta banca europea contaminada por los productos tóxicos procedentes de la banca estadounidense se paralizó, el dinero dejó de venir a España y la burbuja inmobiliaria explotó, creando un agujero en el PIB español equivalente a un 10% de su tamaño. Y todo ello en cuestión de meses.

Ahora España tiene un problema enorme porque debe mucho dinero a los bancos europeos, que no puede pagar. Y los bancos europeos tienen un problema incluso mayor, porque han prestado tanto dinero a España y a los otros países intervenidos (Grecia, Portugal e Irlanda) que si éstos no lo pagan, tienen un problema gravísimo. En realidad, muchos de ellos se colapsarían. Los bancos alemanes habían prestado en 2009 la enorme cantidad de 704.000 millones de euros a los países PIGS (España, Grecia, Irlanda y Portugal), convertidos en GIPSI con la inclusión de Italia. Esta cantidad es muchas veces superior al capital en reserva de la banca alemana. Si estos países no pudieran pagar su deuda, la banca alemana colapsaría. El establishment financiero alemán y su Gobierno, presidido por la Sra. Merkel, es plenamente consciente de este hecho. Y de ahí su énfasis en que el objetivo prioritario de las políticas de austeridad que está imponiendo a aquellos países y de la supuesta “ayuda financiera”a sus bancos, sea el de que la banca alemana recupere el dinero prestado.

El objetivo de los recortes es salvar la banca alemana

Y así nacieron las políticas de recortes. Como bien escribía recientemente nada menos que el editor senior del Financial Times, el Sr. Martin Wolf (25.06.12) el objetivo de estos recortes en España tiene poco que ver con recuperar la economía española y sí con que se pague a los bancos europeos, incluyendo los alemanes, lo que se les debe. Así de claro.

Ahora bien, como las cosas no se pueden decir tan claro, el argumento que se utiliza por los economistas y políticos neoliberales, es que hay que reducir el déficit público para “inspirar confianza a los mercados financieros” de manera tal que éstos vuelvan a prestar dinero a España. Según tal argumento, la desconfianza de los mercados hacia España determina que la prima de riesgo española haya subido tanto, ignorando que el que marca los intereses de la deuda pública no son los mercados, sino el BCE, que es el lobby de la banca, y muy en especial de la banca alemana. El hecho de que el BCE no haya comprado deuda pública española durante más de tres meses es la mayor causa de que la prima de riesgo se haya disparado. Lo que le importa más a la banca alemana (y a su instrumento, el BCE) es que continúe la austeridad, que sigan y se profundicen los recortes por parte del Estado español a fin de que éste y la banca privada a la que el Estado español ha estado subvencionando y ayudando en cantidades exuberantes (más de un 10% del PIB) paguen ahora lo que deben a aquellos bancos europeos, incluyendo los bancos alemanes. Y los famosos 100.000 millones de euros que el Gobierno Rajoy ha solicitado de las autoridades que gobiernan la Eurozona irán destinados a continuar ayudando (todavía más) a los bancos, y todo ello financiado por el ciudadano normal y corriente que paga al Estado y sostiene la deuda pública. En realidad, incluso dirigentes del Gobierno alemán así lo han reconocido. Uno de los consejeros económicos del Gobierno alemán, Peter Böfinger, así lo ha dicho. “Las ayudas a la banca (de los países en dificultades) no tienen que ver con el intento de ayudar a tales países en sus problemas, sino ayudar a nuestros bancos que tienen gran cantidad de deuda de aquellos países” (Chatterjee, Pratap, Bailing Out Germany: The Story Behind The European Financial Crisis).

En realidad, si de verdad tanto el Gobierno Rajoy o el Consejo Europeo desearan ayudar a la economía española, no transferirían estos 100.000 millones a la banca (que no ha estado ofreciendo crédito ni a las familias ni a las medianas y pequeñas empresas), sino a organismos estatales como el Instituto de Crédito Oficial (ICO), con el mandato de ofrecer crédito accesible y razonable (no el que provee la banca hoy) a la ciudadanía y a medianas y pequeñas empresas españolas. Tales transferencias públicas podrían también estimular el establecimiento de bancas públicas (tanto centrales como autonómicas) o cooperativas de crédito que garantizaran la existencia de crédito, uno de los mayores problemas que existe hoy en la España endeudada.

Pero lo que las autoridades europeas desean más que nada es que la banca española y el Estado español paguen a los bancos alemanes, franceses, holandeses, belgas y otros lo que les deben, a fin de -según dicen ellos- recuperar la confianza de los mercados. Pero este argumento asume que existen mercados, lo cual es fácil de demostrar que no ocurre. En un mercado, la responsabilidad de un préstamo fallido es compartida. Es un fallo de la persona o institución que pidió el préstamo, pero lo es también de la persona o institución que ofreció el préstamo. Y esto no está ocurriendo. En esta situación se está penalizando al primero a fin de salvar los intereses del segundo. Esto es lo que está haciendo, entre otros, el Gobierno alemán, que acusa y critica al Estado español por haber permitido la formación de la burbuja inmobiliaria sin citar el papel clave que el Estado alemán y la banca alemana jugaron en el establecimiento y explosión de tal burbuja. No se puede hablar de prestatarios irresponsables sin hablar también de los prestamistas irresponsables. Y el Gobierno alemán está imponiendo las políticas de austeridad para asegurarse de que a la banca alemana irresponsable se le pague la deuda con intereses (que, por cierto, alcanzan niveles estos últimos que cubren varias veces el coste de la deuda en sí).

Y así estamos.

BIENVENIDOS A LOS AÑOS TREINTA

Por: Paul Krugman* 

Draghi
Mario Draghi, presidente del BCE.

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Martin Wolf es mordaz (y con razón). “Hasta ahora nunca había comprendido cómo pudo suceder lo de los años treinta”, escribía el columnista de The Financial Times en una tribuna de opinión publicada el 5 de junio. “Ahora sí. Lo único que se necesita son unas economías frágiles, un régimen monetario rígido, un debate intenso sobre lo que hay que hacer, la creencia generalizada de que sufrir es bueno, unos políticos miopes, una incapacidad para cooperar y el no anticiparse a los acontecimientos”.

En el momento justo, el Banco Centra Europeo (BCE) se negó a rebajar los tipos de interés o anunciar otras políticas que pudieran ser de ayuda. Porque, ¿qué razón podía existir para tomar cartas en el asunto?

Los estudios indican que la economía de la eurozona está hundiéndose, y España se encuentra al borde del abismo. ¿Y la inflación? Está cayendo rápidamente, lo cual es malo teniendo en cuenta las circunstancias. Dudo que la decisión del BCE entrañe una lógica económica concebible. Creo que solo puede interpretarse como una especie de negativa a reconocer, aunque sea implícitamente, que algunas decisiones del pasado fueron erróneas.
Al igual que Wolf, empiezo a ver cómo sucedió lo de los años treinta.
Las ganas de castigar
He oído varios intentos de explicar la extraña negativa del BCE a bajar los tipos de interés pese a la escalada del desempleo y el descenso de la inflación y, por encima de todo, los problemas particulares de una unión monetaria que probablemente no sobrevivirá a menos que la demanda general sea fuerte. El argumento más popular parece ser que el BCE quiere “tener a los políticos contra las cuerdas”, haciéndoles saber que no serán rescatados a menos que hagan lo necesario (sea lo que sea eso).Realmente, esto no tiene ningún sentido. Si hablamos de imponer austeridad y recortes salariales en la periferia, ¿cuántos incentivos más necesitan esas economías? Si hablamos de una unión fiscal más amplia o algo similar, ¿qué parte del inminente desmoronamiento de todo el sistema no entienden supuestamente los alemanes?

¿Es lógico suponer que reducir las tasas de recompra en 50 puntos básicos socavaría en cierto modo medidas que de lo contrario se tomarían?

Lo que a lo mejor sí tiene sentido es una explicación en dos partes.

En primer lugar, el BCE no está dispuesto a reconocer que sus políticas anteriores, sobre todo las subidas de los tipos de interés, fueron un error.

En segundo lugar –y esto es más serio– sospecho que estamos ante la vieja mentalidad del “trabajo de las depresiones” de Joseph Schumpeter: la idea de que todo sufrimiento cumple de algún modo un objetivo necesario y que sería una equivocación mitigar ese sufrimiento aunque solo sea ligeramente.

Esta doctrina tiene un atractivo emocional innegable para la gente que se siente cómoda.

También es una completa locura si tenemos en cuenta todo lo que hemos aprendido sobre economía estos últimos 80 años.

Pero corren tiempos de locura enfundada en trajes caros.

- Traducción de News Clips
* Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957). Cuando recibió el premio Nobel en 2008, ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

¿Por qué las políticas de austeridad son profundamente erróneas?

Vicenç Navarro en Público

Una de las explicaciones que se han dado con mayor frecuencia a la crisis financiera actual que sufren los países GIPSI (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia) es la que indica que los Gobiernos de tales países han gastado más de lo que deberían haber gastado, endeudándose demasiado. De ahí la respuesta a la crisis dada por la Troika -el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI)- así como por el Consejo Europeo y el Gobierno alemán presidido por la canciller Angela Merkel, exigiendo a los Gobiernos que reduzcan su déficits y su deuda pública, medida fundamental para que los países recuperen su crecimiento económico. Esta explicación ha alcanzado niveles de dogma en los últimos años, dogma reproducido en la mayoría de los medios de mayor difusión donde la sabiduría convencional se transmite. Dentro del mundo económico, el mayor defensor de este dogma ha sido Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), fundación financiada por los mayores bancos y mayores empresas del país.

El mayor problema que tiene tal explicación es que la evidencia científica no la sustenta. Si hubiera sido cierta, tendríamos que haber encontrado en todos estos países, cuando la crisis se inició, déficits y deudas públicas elevadas, lo cual no es cierto.

En realidad, España, al inicio de la crisis, en 2007, tenía un superávit en sus cuentas del Estado (+2.23% del PIB) y una deuda pública del 36,2% del PIB, que estaba muy, muy por debajo del límite permitido por el Pacto de Estabilidad (60%), y muy por debajo del promedio de los países de la Eurozona. La deuda neta (es decir, eliminando la deuda que el Estado se debe a sí mismo) era sólo un 26,7%. No puede, por lo tanto, argumentarse que el Estado español se hubiera endeudado demasiado.

Una situación semejante aparece en Irlanda, donde también había superávit (+0,1% del PIB) en las cuentas del Estado y una deuda pública del 24,8% del PIB, por debajo del nivel máximo permitido por el Pacto de Estabilidad (con una deuda neta del 11,1% del PIB). Portugal sí que tenía un déficit público (-3,2% del PIB), pero era muy cercano al nivel permitido por el Pacto de Estabilidad (-3%), y una deuda pública, 68,3% del PIB, muy cercana al nivel permitido (60%). A ninguno de estos tres países, España, Irlanda y Portugal, se les puede atribuir la crisis a su excesivo endeudamiento público.

Italia tenía un déficit público minúsculo (-1,5% del PIB) en 2007 y una deuda pública de 103,1% del PIB, mayor de la permitida por el Pacto de Estabilidad.

Grecia, sin embargo, sí que tenía un déficit público elevado (-6,7% del PIB) y una deuda pública también elevada (105% del PIB). Ahora bien, estas cifras eran asumibles si se le hubiera permitido crecer económicamente. El crecimiento económico es una manera de reducir el déficit y la deuda pública, pues el crecimiento genera más recursos al Estado. Pero en lugar de permitir que siguiera unas políticas expansivas de gasto público, se le impusieron unas reducciones draconianas de tales gastos, de manera que crearon una caída de tal crecimiento, cayendo en una gran recesión. Como consecuencia, en Grecia el déficit público aumentó, alcanzando un 10,6% del PIB en 2011. Y lo mismo ocurrió con su deuda pública, que aumentó a un 160,8% del PIB (también en el 2011).

A la luz de estos datos es imposible sostener que la causa de la enorme recesión, que tales países han estado sufriendo, se deba a que los Estados se han endeudado demasiado. Sólo Grecia y en parte Italia (debido a su elevada deuda pública) podrían mostrarse como prueba de tal tesis. Ni a España, ni a Portugal ni a Irlanda, se les puede acusar de tal comportamiento público. No es cierto que el Estado fuera excesivamente prolijo y que el gasto se hubiera descontrolado, tal como afirman, errónea o maliciosamente, los autores neoliberales.

En realidad, han sido las políticas impuestas por la Troika, así como por el Consejo Europeo y por el Gobierno Merkel, con la ayuda, hasta hace poco, del Gobierno Sarkozy, las que han causado la recesión existente en estos países y en la Eurozona. Sus políticas de austeridad, con recortes del gasto público, incluyendo del gasto público social, así como su énfasis en disminuir los salarios (lo que llaman devaluación doméstica), han creado un descenso de la demanda, y con ello un descenso muy marcado del crecimiento económico. Como ha mostrado Mark Weisbrot, co-director del Center for Economic and Policy Research, hay una relación directa entre la austeridad seguida en un país y el descenso del crecimiento económico. A mayor austeridad, menor crecimiento (y con ello mayor crecimiento del déficit y de la deuda pública). Grecia ha sido el país al cual le han impuesto mayores recortes y donde ha habido un mayor descenso de su PIB. Una situación semejante ha ocurrido en España, Portugal, Irlanda e Italia. Los países nórdicos han sido los que han tenido menos recortes y han crecido más rápidamente.

¿Por qué EEUU está creciendo y la Eurozona no?

Y ahí está gran parte del problema. Las políticas de austeridad han sido la mayor causa de la recesión, no sólo en estos países sino en toda la Eurozona. Es ilustrativo en este sentido comparar el estancamiento de tal zona monetaria con una recesión que está afectando muy negativamente al bienestar de la población en la mayoría de países, con la mayor recuperación que ha experimentado EEUU, resultado de seguir distintas políticas publicas. En EEUU, resultado del estallido de la burbuja inmobiliaria, la economía casi colapsó, perdiendo nada menos que 1,5 trillones (1.500 billones) de dólares. La Administración Obama aprobó un plan de estímulo económico aumentando el gasto público 300 billones (una cantidad muy insuficiente para cubrir el enorme agujero creado por aquel estallido, como bien han criticado muchos autores como Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Mark Weisbrot, Dean Baker, y muchos otros) que se gastaron en crear empleo en los servicios sanitarios y sociales públicos y a crear infraestructuras físicas en el país.

El Gobierno federal, a través de su Banco Central (el Federal Reserve Board), también redujo los intereses bancarios de una manera muy acentuada, e inyectó 2,3 trillones de dólares en la economía. Inyectar quiere decir que el Banco imprimió dinero y con él compró deuda pública, ayudando así al Estado federal a que dependiera menos de los préstamos de la banca privada (como ocurre en la Eurozona). Hoy, los bonos públicos del Estado federal tienen los intereses más bajos de todos los bonos públicos de la OCDE (el club de países más ricos del mundo) mostrando la falacia de los autores neoliberales que cuestionan la viabilidad de tal deuda pública estadounidense.

El contraste con el comportamiento en la Eurozona es enorme. En primer lugar, las políticas de estímulo han brillado por su ausencia en la Eurozona. Sólo ahora el nuevo Presidente de Francia, el señor François Hollande, ha pedido que se desarrolle una política de estímulo. Pero incluso ahora, las cantidades citadas en sus propuestas, 30.000 millones de euros, son dramáticamente insuficientes para estimular las economías de la Eurozona en recesión, sobre todo teniendo en cuenta que se mantienen –en tales propuestas- las políticas de austeridad que han sido responsables de la recesión. Las políticas de crecimiento complementan en tales propuestas, no sustituyen, a las políticas de austeridad, lo cual es un profundo error.

La segunda gran diferencia es el comportamiento del Banco Central Europeo, que ha impreso mucho menos dinero que el FRB, y otra gran diferencia es que tal Banco ha prestado dinero a la banca privada de los países de la Eurozona a intereses muy bajos (1%), los cuales han comprado la deuda pública (los bonos públicos del Estado) con un interés repercutido mucho más elevado (6% en el caso de España), con lo cual la banca privada se ha beneficiado enormemente a costa de los Estados. Es más, esta banca ha especulado con la deuda pública, creando artificialmente la sensación de crisis a fin de que los Estados se vean forzados a pagar intereses muy elevados.

Los resultados de este comportamiento diferencial en las políticas fiscales y monetarias son claros. EEUU salió de la crisis ya en 2009, dos años después de que se iniciara, con un crecimiento anual del 2,4% del PIB. En los países de la Eurozona, el crecimiento no ha alcanzado ni el 1,5% y con una previsión negativa para el próximo año (-0.3%).

“Siete principios para liberar nuestras sociedades de la dominación de los mercados financieros”

Comunicado de la Red Europea de ATTAC

Desde 2007, una crisis global convulsiona la economía mundial y la UE está en el centro de ello. Sus políticas económicas están agravando la crisis social, económica y ecológica, poniendo la democracia en peligro. El Banco Central Europeo (BCE) y el Euro son símbolos de estas políticas, que están entregando las llaves de la economía a bancos privados y mercados financieros bajo el pretexto de la llamada crisis de la deuda pública. Al mismo tiempo, la Troika (la Comisión Europea, el BCE y el FMI) junto con los gobiernos de la UE están desmantelando el estado de bienestar e imponiendo medidas de austeridad destructivas, haciendo que la gente pague por deudas de las que no son responsables. El modelo neoliberal de integración europea ha ensanchado la brecha entre los países del núcleo y de la periferia y aumentado las desigualdades existentes tanto dentro como fuera de Europa al alentar el dumping social, medioambiental y fiscal. Los gobiernos de la UE han ido un paso más allá en la renuncia de la democracia, imponiendo un proceso tecnocrático a su gente y Parlamentos, en ocasiones incluso instalando a sus propios representantes (como en Grecia e Italia), para llevar a cabo políticas destructivas de reducción de deuda. El funcionamiento democrático de la UE queda además comprometido por la creación de un consejo de administración informal – el llamado “Grupo de Frankfurt” consistente en la canciller alemana, el presidente de Francia, el presidente del BCE, el presidente del Eurogrupo, la directora del FMI, el presidente de la Comisión Europea y el presidente del Consejo Europeo – que emite decisiones políticas estratégicas en nombre de la urgencia de la crisis. En este sentido, la ya frágil legitimidad de la UE y su proceso de toma de decisiones quedan aún más socavados. La Red Europea de Attac se opone firmemente a la forma actual de integración europea y al Euro y su forma actual de funcionamiento ya que subordinan los intereses y las necesidades de la gente a los intereses de los mercados financieros. La cuestión sobre si salirse del Euro o profundizar la forma actual de integración europea no responde a los principales elementos de la crisis actual. La urgencia actual es liberarse de la dominación de los mercados financieros y promover un conjunto de medidas coordinadas que aborden de manera progresiva políticas económicas, monetarias, sociales y ecológicas. Para esta finalidad, los ciudadanos y los movimientos sociales han de luchar a nivel nacional y europeo para cambiar las reglas que subyacen en el sistema económico e institucional actual – y hacer otra Europa posible!

  • Para liberar nuestras sociedades de la dominación de los mercados financieros y coordinar políticas progresistas económicas, monetarias, sociales y ecológicas, debemos perseguir los siguientes siete principios:
  1. Sacar las finanzas públicas de los mercados financieros: permitir una financiación pública democrática, mediante un banco central controlado democráticamente que preste directamente a los gobiernos.
  2. Escapar de la trampa de la deuda: finalizar las políticas de austeridad y establecer auditorías de la deuda que conduzcan a cancelaciones de la deuda. Bancos y actores financieros privados deben responsabilizarse de su parte de pérdida.
  3. Dotar a las finanzas públicas de una base sostenible: incrementar los impuestos a la riqueza y los beneficios corporativos y armonizar los impuestos a los niveles altos para erradicar la desigualdad fiscal. Acabar con la evasión fiscal e implementar un “embargo financiero” a los paraísos fiscales.
  4. Desarmar a los mercados financieros y poner al sector bancario bajo control: prohibir mecanismos especulativos dañinos (por ejemplo negociación de alta frecuencia, ventas en corto descubiertas, especulación con derivados, acuerdos extrabursátiles) e imponer un impuesto a las transacciones financieras a una tasa de al menos el 0,1%; una regulación bancaria estricta (por ejemplo separar los bancos comerciales tradicionales de los bancos de inversión, desmantelar los bancos “demasiado grande para caer”).
  5. Permitir una forma de financiación pública y democrática de la economía: construir un sector bancario público y cooperativo bajo control democrático, para asegurar la financiación de las necesidades sociales y económicas, garantizar los derechos sociales y financiar una transición ecológica. Las políticas comerciales deberían ser revisadas para adherirse a estos objetivos, en cooperación con los países en desarrollo.
  6. Europa para la gente, no para los beneficios: promover políticas económicas y sociales a nivel europeo, y restituir y ampliar los servicios públicos democráticamente controlados para reducir desequilibrios, promover la transición ecológica de las economías, fomentar empleo de calidad, promover equidad de género y ampliar derechos básicos económicos y sociales (salud, educación, vivienda, movilidad, comida, acceso al agua y la energía, información, cultura, bienestar social, etc.) y asegurar que se proveen mediante una red de servicios públicos.
  7. Democracia Real ya: entablar un proceso constitutivo dirigido a democratizar la toma de decisiones a todos los niveles; elaborar democráticamente un nuevo Tratado ratificado por referéndum en todos los países, y apoyar y promover un debate público, transparente y responsable sobre las visiones para Europa y sobre políticas europeas alternativas.