El “Guernica”

 

En su octogésimo aniversario.

Separador

.

Quizá ni hagan falta, porque el dramatismo de esta obra habla por sí mismo, pero lógicamente existen diversas interpretaciones del esta composición pictórica. Esta es una de ellas:

.

Algunas de las geniales reinterpretaciones del Guernica del pintor estadounidense Ron English:

20170429_122819-01

20170429_122721-01

20170429_123103-01

20170429_123138-01

A cuerpo de rey

“Juan Carlos, el crepúsculo de un rey”

  • Canal+Francia ha emitido el lunes 18 del pasado mes de Noviembre este documental de elaboración propia.

El documental emitido dentro del programa ‘Especial Investigación’ de Canal+, es un retrato sin concesiones del Monarca español. A la luz de los escándalos que han hundido la imagen de la Corona, los autores, Caroline du Saint e Ibar Aïbar, abordan con un ojo muy crítico todos los aspectos de la trayectoria de Juan Carlos, desde la muerte de su hermano Alfonso hasta su papel en el golpe de Estado del 23-F pasado por sus infidelidades y su tren de vida.

Los príncipes de Asturias conversan en presencia del Rey en el desfile militar que se celebró el pasado año con motivo de la Fiesta Nacional.Durante los 52 minutos que dura el programa, la Corona aparece como una institución anacrónica y decadente. A partir de la fotografía de la familia real unida en el Palacio de Marivent, un lejano verano del 2007, traza la historia de un “rey popular que se ha convertido en rey maldito” con una esposa “humillada desde hace años por las supuestas infidelidades de Juan Carlos” y “un yerno que habría desviado millones de euros y se arriesga a 10 años de prisión”.

La instantánea del safari del Rey en Sudáfrica “a 45.000 euros la semana” junto al cadáver de un elefante merece comentarios como este: “Un hobby extraño para el monarca de un país en quiebra”.

UN REY ENTRE ALGODONES

Manolo Saco en Público

El otro día el rey nos echó una bronca, con esa media lengua graciosa de zangolotino, que no sabes si está de coña o acaba de beberse la cosecha entera de Vega Sicilia del 94. La cosa venía de largo, pues la majestad suya estaba molesta con los medios de comunicación que venían especulando últimamente sobre su salud y su extraña forma de andar, como si hubiese tenido algún percance desafortunado con un apretón intestinal. Aunque a los bien pensados como yo aquello nos parecía más un asunto de pérdida de movilidad que de otras pérdidas.

Pero el hombre se lo tomó a mal, y en una rabieta infantil se acercó a un grupo de periodistas para echarles en cara que querían matarlo o “plantarle un pino en el estómago”. ¿Un pino en el estómago? Como las normas de protocolo son tan rígidas, ninguno de los presentes se atrevió a contestarle que lo de matarle es innecesario, y lo del pino, una crueldad: bastaría con que renunciara al trono y dejase paso a la tercera república.

Así se entiende que el protocolo aconseje a don Juan Carlos no salirse jamás de la fila ni hablar fuera del guión escrito, en esa existencia suya de gusano protegido del mundo exterior en su capullo, dicho sea, majestad suya, con todo el respeto que le merecemos los periodistas. Por eso a los monarcas entre algodones no puedes tocarles, ni darles la mano, a no ser que ellos la extiendan primero, ni besarles en la mejilla; un protocolo medieval nos manda saludarles de una manera vergonzante, con una inclinación de cabeza (los hombres) y una genuflexión (las mujeres); reyes a los que en los banquetes oficiales hay que ponerles alimentos libres de espinas y de huesecitos, como a nuestros niños pequeños.

Nosotros tenemos la culpa. Mientras lo mantengamos así, entre algodones, haciéndole creer que es un rey de verdad, nunca aprenderá a comer solo, seguirá hablando como un bebé y quizá tendré que aguantar que, en otra rabieta de niño consentido, un día de estos me pregunte: Manolo, ¿po ké no te cayas?